El nacimiento de la CGTA

Por Eduardo Pérez, 28 de marzo 2018

Un día como hoy, hace 50 años, comenzaba el Congreso Normalizador de la CGT, cuyo propósito era nombrar las autoridades de la central obrera. Lo logró después de tres días de deliberaciones, enfrentando a «participacionistas» y «conciliadores» que, agotadas las maniobras para imponer sus nombres, se retiraron del Congreso.
Con el liderazgo del dirigente gráfico Raimundo Ongaro, la CGTA había nucleado desde su nacimiento a varios de los cuadros sindicales y políticos que habían enfrentado con mayor dureza al nuevo régimen militar. Los dirigentes Ricardo De Luca, de obreros navales y del Movimiento Revolucionario Peronista; Julio Guillán, de los telefónicos; Lorenzo Pepe, de la Unión Ferroviaria; Amancio Pafundi, de los estatales: Jorge Di Pasquale, de los empleados de farmacia; Benito Romano, de los obreros azucareros, estaban entre los fundadores o en el consejo directivo.
Los recién electos eran la nueva autoridad de la central, por lo tanto no significó una división, aún cuando con el correr del tiempo, los favores oficiales, la negativa a entregar el edificio y la evidente protección de los funcionarios instaló, en los hechos, la existencia de dos centrales.
El local de Paseo Colón de la Federación Gráfica Bonaerense, donde funcionó la CGTA, se convirtió rapidamente en escenario de permanentes reuniones de los grupos de la tendencia revolucionaria del peronismo –con dirigentes como Gustavo Rearte, Envar El Kadri o Raimundo Villaflor– y de varias organizaciones de izquierda, que empezaron a coordinar sus acciones políticas con las de la propia central.
La huelga portuaria que había empezado algo antes del nacimiento de la CGTA, la de los petroleros de Ensenada en setiembre y octubre de 1968, las luchas de los trabajadores de los ingenios de Tucumán y las movilizaciones sociales en Tucumán y Rosario tuvieron a la central como instrumento de apoyo activo.
A través de la relación de su conducción nacional y de su filial cordobesa con Agustín Tosco, la CGTA participó del armado en el lugar y de principal estructura de apoyo nacional a las jornadas del Cordobazo, entre el 28 y el 30 de mayo de 1969. Y protagonizó sus ulterioridades más inmediatas, con la convocatoria al paro nacional para el 1 de julio de ese año, mientras la CGT Azopardo, que reunía a vandoristas y participacionistas, se echaba atrás ante las presiones del gobierno del general Juan Carlos Onganía y su ministro de Trabajo, Rubens San Sebastián.
El enfrentamiento con el régimen militar se profundizó dramáticamente el 30 de junio de 1969, cuando un comando ingresa en el local central de la Unión Obrera Metalúrgica y da muerte a Vandor. Muy pocas horas después, el gobierno concretaba la ocupación e intervención de la Federación Gráfica Bonaerense y la mayor parte de los sindicatos integrantes de la CGTA. Sus principales dirigentes, con Ongaro a la cabeza, van a compartir la cárcel con Agustín Tosco y Elpidio Torres, los dos líderes visibles del Cordobazo.
De allí en más, la CGT de los Argentinos ingresa en una etapa de luchas constantes, y en un proceso de lento desgaste de su poder organizativo. Se trata de un desgaste que es a la vez transformación. Sus cuadros de dirigentes, sus activistas, van integrándose en otras formas de lucha, en organizaciones políticas y en organizaciones armadas. El propio Ongaro, Di Pasquale y algunos otros dirigentes de CGTA aparecerán, cuatro años después, en el congreso fundacional del Peronismo de Base.

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