Cortocircuito, por Laura Giussani Constenla

Chispas, chispas y más chispas. Una leve descarga sobre los cuerpos que finaliza cuando la luz, por suerte, se corta. Oscuridad total, el mundo desaparece por un instante. A ciegas, tratamos de encontrar una salida. Hay quien grita, otros lloran, los más quedan paralizados y no faltan los que empiezan a tantear. El pánico nos vuelve irascibles, a los que gritan les molestan los que se quedan quietos y lo que se mueven a tientas detestan el escándalo de los llorones. Todos estamos asustados por igual, desconcertados, indignados, desesperados. Al cabo de un tiempo, los ojos se acostumbran a la penumbra y empiezan a distinguir ciertos contornos. Algo parecido a la placidez invade este universo gris. Si la luz volviera de pronto quizás no la agradeceríamos, quedaríamos nuevamente enceguecidos.

Llevamos más de dos años preguntándonos cómo fue posible tanta oscuridad. La Marcha Federal del viernes llegó luego de haber pasado por todos los estados que impone esta realidad negra. Gritos, llantos, parálisis, tropezones, angustia. Pero esta vez fuimos con la mirada preparada.

En esta semilumbre en la que todo está desfigurado, algo permanece entero, distinguible. En principio, los movimientos sociales. Aquellos que en el comienzo del nuevo siglo eran pequeños colectivos territoriales hoy se convertían en el motor de la resistencia. Durante la década pasada se dedicaron a consolidarse y se organizaron como pocos. Acaso la historia enseñe, de nada valen las declamaciones o una noche de gloria insurrecta si lo único que quedará en el camino será un tendal de muertes jóvenes.

Saben que nada pueden hacer solos y tendieron redes no solo con los gremios combativos que los acompañan desde un inicio como ATE, CTA y la Izquierda, sino con la mismísima CGT que después de un trabajo fino de los de adentro y de los de afuera aceptó convocar a una movilización sin conducirla.

Fueron muchos los que llegaron tarde y se subieron al palco para la foto. A nadie parecía importarle demasiado, bienvenidos sean. ¿Palazzo quiere hablar? Pues que hable. “Acá está el compañero Palazzo que quiere dar un saludo” fue la lastimera presentación. Curiosamente no habló Juan Carlos Schmid quien sí estuvo sentado junto a ellos en el Congreso presentando las cinco leyes de emergencia que ponen sobre el tapete una realidad que ya no se soporta. Tampoco discurseó Pablo Moyano, aunque puso a disposición su estructura en más de una ocasión. En ocasiones, ceder la palabra provoca un mensaje más importante que utilizarla.

Vivimos estos dos años creyendo que lo único que pasaba era Macri. Y es cierto, y es terrible, pero por el momento es lo que hay, es lo que se votó, y no está la revolución a la vuelta de la esquina. No es menos cierto que otras cosas van creciendo, desde el pie, por abajo, subterráneas, explosivas.

Pañuelazo en Trelew

El movimiento de mujeres y el feminismo son otro ejemplo. Estamos asistiendo a un cambio socio-cultural de dimensiones insospechadas. Una ola que no se detiene, que atraviesa partidos y gremios. Y tampoco nació de un día para el otro. Fueron años y años de encuentros, talleres, charlas. Hasta que estalló el Ni Una Menos. La convicción de que el Patriarcado se va a caer, es tan virulenta que casi no caben dudas. ¿Significa eso que cae el sistema? No sé, imagino que no, pero no tengo dudas de que recuperar la dignidad de la mitad de la población puede traer sus consecuencias.

Vamos juntando nuestros pedacitos desperdigados, con todos nuestros muertos y nuestras muertas, nuestros apaleados e ignorados. No es trabajo fácil pero en eso andamos. Enhorabuena. Que nadie nos enceguezca con verdades iluminadas. Acá estamos todos tanteando en la penumbra.

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