¿Flan casero o salame fascista?, por Federico Lorenz

El griterío de Casero donde habla del flan que reclaman los que se les quemó la casa, que será el hit antipopular por un tiempo, es de vieja data. Un secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson lanzó la idea de que había que elegir entre producir mantequilla o cañones, con tanto éxito que, prensa mediante, la retomó Mussolini y, en 1936, a quien erróneamente se le suele atribuir la frase a Hermann Goering, jefe de la Luftwaffe y uno de los más altos jerarcas nazis. En italiano, vale citarla, la disyuntiva es entre «burro o cannoni».

Más recientemente, en nuestro país, durante la guerra de Malvinas, la revista «Búsqueda» replicó la idea. Una calcomanía pegada en la tapa planteaba la disyuntiva entre producir «Pucarás o caramelos».
O sea que el exabrupto de Casero no es exabrupto, tiene una genealogía cultural que se alimenta en una metáfora desafortunada pra hablar de la maximización de beneficios y quiénes pagan esa decisión. Invierte la carga de la responsabilidad. Durante la guerra, producir cañones y dejar de hacer manteca sólo era escoger entre dos formas de que murieran hijos del pueblo.
Qué lástima que ahora voy a ver Cha Cha Cha con sabor amargo.
Y qué lástima que tantos lean tan poco, y que confundamos la cacofonía con la discusión.

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