Despalabrándonos, por Laura Giussani Constenla

La filosofía -entendida como motor de ideas- tuvo su origen en el diálogo. Preguntas, respuestas, acotaciones, discusiones, pensamientos, síntesis, y podríamos seguir enumerando todo lo que conforma una charla, incluidos gestos, miradas, abrazos, trompadas o besos. Una conversación, un ida y vuelta, suerte de pelota contra el frontón, palabra que va, choca, vuelve, y es necesaria cierta destreza para darle un golpe y mantenerla en juego. Pensar siempre fue algo lúdico.

Ante el derrumbe de la palabra, el desmoronamiento del significado y la malversación de las ideas, el diálogo pasó a ser el arma que nos domina.

Las palabras antes eran invencibles. “El poder de la palabra”, se decía. Podían matarte, desmenuzarte, conquistarte, pero alguien le pondría palabras a esa historia. De ese modo nacían las leyendas y las teorías, incluso las fórmulas científicas. Lo más peligroso en estos tiempos es que nos están arrebatando las palabras.

Te invitan a dialogar, a sentarte en la mesa, “todos tienen que ceder algo”. Hasta ahora, cuando uno debatía, ganaba el que mejor argumentos esgrimía y el otro quedaba sin respuesta. Eso es un diálogo entre iguales.

Hoy las palabras cambiaron de significado, muchas de ellas se convirtieron en su contrario. ¿Cuántas lágrimas hizo derramar el gobierno de la alegría? Por ejemplo, ‘diálogo’ es igual a ‘sometimiento’. Porque hay uno que lo impone con sus reglas de juego. Entre tanto, advierten lo qué te podría pasar si no aceptás sentarte a la mesa. En lo cotidiano, te pueden despedir o burlarse de vos o ignorarte. En casos límites podés ir preso. En el peor, te matan.

Se trata de un diálogo extorsivo. En el que, además, te cambian los significados. “El campo” ya no es el campo ni está habitado por campesinos. Muy por el contrario, el Campo pasó a ser todo aquel que lo destruye. Hablan de ‘ajuste’ en lugar de ‘despidos’. La ‘realidad’ no es lo que pasa, es ‘lo que va a pasar’, presente y futuro se confunden: ¿estamos mal? No, porque estaremos bien.

¿Será que las dictaduras ya no existen tal como las conocimos porque plantaron bandera en un territorio hasta ahora liberado? Ese territorio era el pensamiento, la palabra. Una palabra arrebatada a los dioses en un inicio.

A Zeus, Prometeo le robó buena parte de sus artes y así terminó, encadenado y comiéndose el hígado. También la pecadora Eva se tentó con el fruto del árbol de la sabiduría. Quizás sea una vengaza de los cielos que pretenden retomar lo que creían suyo.

En el siglo XXI estamos en mano de parodias de dioses paganos y patéticos que apenas balbucean pero se creen dueños de la palabra. Y nos invitan a conversar ¿Suponen que iremos a la “mesa de diálogo” encadenados, sometidos, asustados? Como si fuéramos nosotros los culpables de pensar, por ejemplo, de hablar, de arrebatarle a los dioses ‘el arte de la política’.

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