Opinión: Crisis de la democracia representativa, por María Urruzola

Reflexiones al paso luego de la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta de Brasil.

No se trata de una persona; se trata de intereses. No se olviden que es un «sistema». No se trata de «pobres o clases media»; se trata de «necesarios e innecesarios». El «ejército de reserva» son hoy los inmigrantes (habrá 20 millones de migrantes ambientales en 20 años). ¿Recuerdan el concepto? Eran la mano de obra de las guerras. Cuando la izquierda mide su «avance» en PBI, la derecha logra que se vea amenazada la «pequeña propiedad privada» (el jardín, los electrodomésticos).

Las caretas más vendidas en Halloween

Los norteamericanos eligieron un «millonario» de presidente, pero en China hay la misma cantidad de multimillonarios que en el país del «just do it». O sea: se trata de un sistema. Que hace de cada cosa una mercancía; que hace de la ganancia la única lógica; que es capaz de generar ejércitos de innecesarios para usarlos; que convence a los jóvenes que «tener» es «ser» (y por eso hacen una cola de 20 horas para un bonus de H&M, el Tata sueco).
O sea: si es un «sistema», solo puede ser sustituido por otro. Un sistema en el que lo colectivo sea más importante que lo individual; en el que «lo ambiental» sea la medida del futuro; en el que no se trate de una «renta básica» sino de un capital «máximo» (se lo robo al flaco Castro); en el que «ser» sea sinónimo de «convivir» con otros; y un etc que muchos conocen. Zygmunt Bauman ya lo dijo hace mucho tiempo: no se trata de saber qué hacer, sino de saber quién tendrá el coraje de hacerlo. Creíamos que la izquierda «liberal» lo tendría. Pues no. Hay que seguir buscando. Y sobre todo, hay que dejar de «delegar» y empezar a «actuar». Perdonen tanta comilla, pero no es fácil «el decir» que ha dicho tanta gente. ¿La democracia representativa sigue siendo el mejor sistema? Y si la respuesta fuera no: ¿qué sería? ¿La autogestión? Ay!, qué trabajo!

 

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