¿De qué te reís?, por Federico Lorenz.

El primer año, 2016, pocos se los tomaban en serio.
Cuestión de tiempo y chocaban la calesita, algo así.
Eso, mezclado al no procesamiento de la derrota electoral, hizo perder un tiempo enorme, tanto como la cerrazón política y los egoísmos.
Este año hay elecciones. Los que no sabían nada siguen donde están, y la hipoteca que dejarán (si es que pierden) es desproporcionada en relación con solo un mandato. O sea: en poco tiempo se puede hacer mucho daño. ¿En poco tiempo se puede aprender mucho? ¿Se puede construir una alternativa?
Está bien que nos riamos, es sano y liberador, pero no perdamos de vista que se están burlando de nosotros, que cada una de las evidencias de su brutalidad cuestas vidas y genera atraso, condiciona el futuro de nuestros hijos. 
Riámonos, pero no perdamos de vista que lo que hacen tiene consecuencias verdaderas y serias, Que sus gaffes muestran la brutalidad de una casta que es impune. Más aún, que traduce el voto como la confirmación de su impunidad. 
Que no tenemos que ser tan autocomplacientes. Mucha risa, pero cuidado con la falsa superioridad. Creo que más nos reímos de ese tipo de cosas y más se refuerzan en la convicción de que están haciendo lo correcto. Lo digo, riéndome como el que más.
Hoy, en el Congreso, escuchamos que no importa si todo empezó hace 40, 70, 100 años. Van corriendo la línea, porque el plan es hacer lo que están haciendo. Es verdad: no (les) importa.
Y entonces creo que hay que pensar en que armar una alternativa, y no un remiendo, lleva tiempo. Y que no se ha armado hasta ahora, salvo barajar nombres.
Y seguro que hay mucho para discutir.
Ojalá.
Y si no, vengan de a uno. Porque hasta ahora en lo único que pareceríamos estar de acuerdo es en que es muy divertido lo bestias que son.
Como elefantes en bazar.
Pero la vajilla somos nosotros.

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