Ordenan prisión preventiva para el prefecto que asesinó a Rafael Nahuel

La jueza Marian Lozano y sus pares Richard Gallego y Ricardo Barreiro ordenaron la detención del efectivo de Prefectura Naval Francisco Javier Pintos dado que consideran que se trató de un homicidio agravado y no de un exceso en la legítima defensa, cargo que le había aplicado en enero pasado el juez Leónidas Moldes.

Las pericias dictaminaron que el arma de Pintos fue la que contenía el proyectil homicida. Por otra parte, el mismo fallo determinó la «falta de mérito» de los otros prefectos que ese día también dispararon contra el grupo de jóvenes mapuches de la comunidad Lafken Winkul Mapu de Villa Mascardi.

Rafael Nahuel tenía 22 años. «Rafita», como lo llamaban quienes lo conocían, solía trabajar en diferentes oficios para «tratar de sobreponerse a una realidad familiar muy difícil y a un barrio que se come a los pibes», explicó Fernando Fernández Herrero, referente social de Bariloche. 

Nahuel había participado de la experiencia Alto Construcciones en la que jóvenes desescolarizados se integraron a una escuela de Don Bosco en Frutillar, a contraturno, para aprender un oficio y hacer una práctica laboral. Él prefería la herrería. Según cuenta Fernández Herrero, «Rafita era uno de nuestros referentes. Venía todos los días, no faltaba. Era uno de esos que poníamos con otro al que le costaba más, que tenía menos ganas. Rafita tenía ganas dobles y traccionaba». Cuando Fernández Herrero y otros referentes le dijeron a un grupo de pibes que ya debían transitar su propio camino, Rafita fue uno de los que entendió rápidamente. «Su participación en la causa Mapuche era otro importante proceso de crecimiento, porque a nuestros pibes de los barrios empiezan por quitarles las oportunidades, y después les quitan la capacidad de ser actores de la realidad. Rafita era todo lo que podíamos soñar. Lo asesinaron por la espalda».

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