El frío trae desgracias, por Laura Giussani Constenla

 

En este invierno que pega tan duro / está lejos tu boca que me ama / y se me desdibuja en el futuro, /y junio me arde rojo aquí en la espalda”, canta Jorge Fandermole y la idea de “Junio arde rojo” se echó a andar como una revelación.

Mes fuerte el de junio. El de la noche más larga y el frío más frío y la muerte más muerte. Muerte sonora. Muerte obscena y explosiva. De esas muertes que cuesta hacer morir.  “El frío trae desgracias’ dice la mamá de Agustina y la realidad no la desmiente. 

El frío trae desgracias, y el odio también

Debía hacer frío el 16 de junio de 1955 cuando algunos escuadrones de aviación naval intentaron un golpe de Estado contra Perón. Bombardearon la Plaza de Mayo, la Casa Rosada y la CGT. Perón no estaba allí y el golpe fracasó. Los sindicatos salieron a la calle a defender al presidente y entonces las cargas de metralla fueron contra los manifestantes. Dicen que hubo 300 muertos. Finalmente el golpe fue en septiembre, esa vez la CGT no movilizó, la masacre de junio había servido de advertencia. Un año después, el 9 de junio de 1956, doce civiles fueron fusilados sin juicio previo en un basural de José León Suarez. Imaginemos esa última noche invernal en donde unos parroquianos sospechados de formar parte de la conspiración del Teniente Coronel Juan José Valle, respiraron el gélido aire de la quema. La historia está narrada en Operación Masacre, libro que escribió Rodolfo Walsh cuando un vecino le dijo: “hay un fusilado que vive” y lo encontró, Livraga se llamaba el sobreviviente. 

Junio, el de la noche más larga, el frío más frío y la muerte más muerte

Entre el 9 y el 12 de junio de 1956, 27 civiles y militares fueron fusilados. Cuentan que Valle, muy deprimido por los fusilamientos, decidió entregarse.  El por entonces Capitán Francisco Manrique fue el mediador y le aseguró que se respetaría su vida. No fue así. A las 8 de la noche del 12 de junio avisaron a su familia que a las 10 sería fusilado en la Penitenciaría que hoy es el Parque Las Heras. Dos horas de vida le quedaban y escribió varias cartas que entregó a su hija. Una de ellas estaba dirigida al fusilador, General Eugenio Aramburu y decía: 

«Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado…. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos. Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía».

El frío trae desgracias. Y el odio también.

El 20 de junio de 1973 millones de personas fueron a Ezeiza para recibir al General Perón que volvía del exilio a un país ya presidido por el peronismo. Un peronismo de izquierda, otro de derecha, y en el medio una gran masa que solo tenía gratitud con el general que les había cambiado la vida allá por el 45. Desde los puentes y el palco ametrallaron a las columnas del peronismo revolucionario. Nunca se sabrá cuántos murieron. Lo que debía ser una fiesta fue el día más triste del peronismo en el gobierno: corridas desesperadas, gritos, torturas en los hospitales. 

Y hubo otros junios más recientes. Esta semana, el 25 de junio, en la Boca, una multitud recordó el asesinato del Oso Cisneros un militante popular asesinado hace 15 años por un narco vinculado a la comisaría 24. En una acción espontánea sus compañeros tomaron la comisaría en señal de protesta y para mostrar en dónde estaban los que daban la orden de disparar. Hoy, D’Elía está preso por esa causa. En el acto se pidió por su liberación. Dicen que su salud en el penal está cada vez peor, tiene diabetes, dos by pass y el frío siempre el frío. Iniciaron una campaña para que le den prisión domicilaria. Un día después, el 26 de junio, el Puente Pueyrredón quiso homenajear como todos los años a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Ese día del 2002 no solo hubo dos asesinados, también treinta heridos de bala de plomo, decenas de balas de goma o golpes y caídas. Podrían haber sido muchos los muertos, por eso siempre se la llamó Masacre. Junio es junio, el de la noche más larga y el frío más frío y la muerte más muerte.

Otros meses, en cambio, son exuberantes y festivos. Octubre, por ejemplo. El de la revolución rusa y el día de la Lealtad. Cuando nació Perón y murió el Che, que como todos sabemos no murió sino que liberó una energía revolucionaria que sacudió el mundo. Octubre es mes de cambios. Será cuestión de hacerle caso al ingeniero Alsogaray: hay que pasar el invierno. Porque el frío trae desgracias. 

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