La filósofa del anarco-capitalismo, por Eddie Abramovich

La mujer de la foto es Ayn Rand (Alisa Zinóvievna Rosenbaum, San Petersburgo, 2 de febrero de 1905-Nueva York, 6 de marzo de 1982) creadora del «objetivismo», pseudo filosofía que considera que los «derechos positivos» son esencialmente amorales.

Autora de cabecera – declarado públicamente por él – del presidente Macri, asiduo lector de sus libros El Manantial y La Rebelión de Atlas. También la inspiradora de Espert y otros adherentes al postulado de que los derechos humanos, la desigualdad y otras materias de la agenda mundial contemporánea son «mitos».

Hace unos años extraje de sus escritos algunos ejes de su pensamiento aporófobo y esencialista, con el fin práctico de que, al hablar sobre su «legado», lo hagamos con datos y no con impresiones o sensaciones. Buena parte de los textos que transcribo no forman parte de sus libros publicados en vida sino de sus notas llenas de ira contra John Rawls, que había publicado su primera de las tres versiones de Teoría de la Justicia.

Ford, Greenspan, Rand y su esposo Frank O’Connor.

Estas reacciones de Rand al pensamiento de Rawls se compartieron en circuitos exclusivos del establishment; Rand tenía buena relación con Greenspan, jefe de la Reserva Federal con Gerald Ford, éste mismo un admirador de la filósofa. Uno de sus seguidores, co fundador de Wikipedia, recopiló éste y otros materiales de Rand en la entrada dedicada a ella.

Una primera lectura podría sugerir la existencia de un debate público Rawls vs Rand, pero no tengo constancia de que ello haya ocurrido. Veamos:

– «… algunos hombres nacen con mejores cerebros y hacen mejor uso de ellos que otros. La nueva ‘teoría de la justicia’ exige que los hombres contrarresten la ‘injusticia’ de la naturaleza mediante la institucionalización de la más obscenamente impensable injusticia: privar a aquellos ‘favorecidos por la naturaleza’ (esto es, las personas con talento, inteligentes, creativas) del derecho al fruto de su trabajo (esto es, el derecho a la vida) y conceder a los incompetentes, los estúpidos, los vagos el derecho al disfrute de bienes que no podrían producir, no podrían imaginar y ni siquiera sabrían qué hacer con ellos».

– «Cuando digo ‘Capitalismo’, quiero decir Capitalismo completo, puro, incontrolado, no regulado, laissez faire. Con una completa separación del Estado y de la economía del mismo modo y por las mismas razones por las que existe separación entre el Estado y la Iglesia».

– «El capitalismo no es meramente ‘práctico’, sino que es el único sistema moral de la historia».

– «Toda interferencia gubernamental en la economía consiste en conceder un beneficio no ganado, extraído por la fuerza, a algunos hombres a expensas de otros».

– «El valor económico del trabajo de un hombre está determinado, en un mercado libre, por un solo factor: El consentimiento voluntario de aquellos con la voluntad de comerciar con él a cambio de sus productos o de su trabajo».

–  «Se nos ha enseñado que el ego es sinónimo de mal y el altruismo el ideal de la virtud. Pero mientras el creador es egoísta e inteligente, el altruista es un imbécil que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Esas son funciones del ego». (Fin de las citas)

O sea, la pobreza no solamente es un estado «natural» que corresponde a los hombres perezosos y sin talento, sino que además ambas – pobreza y pereza – son hereditarias. El objetivismo propone un estado mínimo: justicia, registro de la propiedad y policía. Nada público, ni salud, ni educación, ni servicios, ni agencias contra el monopolio, ni siquiera correo.

Si el actual gobierno pudiera llamar a una asamblea constituyente, probablemente buscaría derogar el artículo 14 bis, que establece los derechos positivos; el artículo 125, que otorga jerarquía constitucional a las convenciones de derechos humanos – también derechos positivos -, y todos los nuevos derechos y garantías incorporados en 1994: 39, ambientales; 42, usuarios y consumidores, etcétera.

No se trata de meter miedo, solamente de estar advertidos acerca de la esencia de la meritocracia.  

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