Señor Mercado, por Laura Giussani Constenla

Señor Mercado, por Laura Giussani Constenla

El verdadero autor del pánico planetario se llama Mercado. Este señor no tiene nada que ver con el entrañable lugar del barrio donde uno acude en busca de frutas y verduras. Es un todopoderoso terrorista sin rostro, que está en todas partes, como Dios, y cree ser, como Dios, eterno. Sus numerosos intérpretes anuncian: “El Mercado está nervioso”, y advierten: ‘No hay que irritar al Mercado’.”

Eduardo Galeano, 22 de diciembre de 2002, Página 12

El sábado, un día antes de las elecciones, en plena veda electoral, un editorial del diario Clarín, firmado por Ricardo Roa, decía: “Si los mercados votan, Macri ya ganó las PASO o las perdió por muy poco o por tan poco como para dar vuelta el resultado si no en octubre en el balotaje de noviembre. En un día en que las bolsas del mundo terminaron para abajo, las acciones argentinas volaron acá y en Wall Street, algunas por arriba del 10% y encima mejoraron los bonos de la deuda y el riesgo país cayó casi el 4%. Ahora hace falta que vote la gente. Finalmente, el voto que cuenta.” Sí, Roa, finalmente el voto cuenta y los mercados no votan, como habrás visto. Casi casi que los mercados ni existen si no les damos entidad. Son una entelequia, un invento económico y cultural.

En distintas oportunidades habló Eduardo Galeano de don Mercado. Una de ellas fue en una manifestación contra la decisión del Frente Amplio de permitir la construcción de Botnia, en zona franca, sin ventaja real alguna salvo una inversión inicial, declaró ante las cámaras: “Ahora, me dicen amigos, gente querida, compañeros, me dicen: ‘Eduardo, vos no entendés que el mercado está satisfecho’. Les digo: ‘¿El mercado?’. Me dicen: ‘Esto no, porque el mercado no quiere’. ¿El mercado? Y pregunto: ‘¿Y ese señor Mercado es uruguayo? ¿Tiene credencial cívica? ¿Votó? ¿Fue votado? ¿Quién votó por el señor Mercado?’.”

Volviendo a Ricardo Roa, tendríamos de deducir que el señor Mercado votó por Macri el viernes y dejó de votarlo el lunes, después de los resultados. Poca paciencia el buen Mercado, no le dio ni cinco minutos de chagüí. ¿Le están haciendo el famoso Golpe de Mercado al mismísimo Cambiemos? El gobierno quiere hacernos creer que ‘los mercados’ le temen al kirchnerismo. No figura entre sus hipótesis pensar que lo abandonaron, no lo votan más, quieren que se vaya de inmediato. Basta escuchar a los voceros periodístios de éste señor Mercado para darse cuenta que ‘Macri ya fue’. Leuco y Majul y Feinman hoy daban vergüenza ajena. De pronto descubrían que el país con Macri era inhabitable, invivible, insufrible. Y le reprochaban su intransigencia, y la de Marcos Peña, y la negación y el ocultamiento. Ni que fueran kirchneristas, no veían la realidad.

Da la impresión de que, en este momento, el señor Mercado está en pleno enamoramiento con Alberto, y él se dedica a seducirlo con ganas. Ambos seguirán con ese juego que implica ‘gobernabilidad’ -porque el señor Mercado no vota pero gobierna-.

Después de diciembre del 2001, en pleno cambio de milenio, como bien recordaba Galeano, John Hollowey, a quién podríamos considerar un romático político, un utopista, alguien que cree que realmente el mundo se puede poner patas para arriba, dió una conferencia en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, en la calle Puán. Estaba embelesado con la idea del ‘Que se vayan todos’ que siginifcaba, a su entender, ‘vete Capital, vete’. Era un país de fábricas y territorios y edificios ‘recuperados’.

Desde el mundo entero venían a tratar de entender qué pasaba en el país de Maradona. Holloway estaba en éxtasis, como muchos otros, y explicaba: “¿Cómo decirle al capital “Vete, largate! Esta relación ya duró demasiado. Ya vete, fuera!”? La cuestión está planteada con una sencillez brillante por los eventos recientes en Argentina. “¡Que se vayan todos, todos y que no quede ni uno solo!” es el grito de un pueblo que ha perdido todo respecto por sus políticos, que quiere solamente que se vayan, todos, sean del partido que sea. Para muchos el “todos” se refiere no solamente a los políticos, sino también a sus amigos capitalistas, sus cómplices en la corrupción y explotación galopante de los últimos años. Pero para muchos, el grito se refiere a todos aquellos que explotan o que viven como parásitos de la explotación. La rabia contra el capitalismo, contra este sistema que es un desastre tan evidente, toma un color personal, se voltea no solamente contra el capital sino contra los capitalistas, contra todos aquellos que viven explotando la miseria de otros. ¡Que se vayan todos!”.

A dieciocho años de aquella experiencia todos sabemos que no se fue nadie -salvo De la Rua- y mucho menos el señor Mercado.

La cita que inicia ésta nota se escribió un año después de aquel 2001 en la contratapa de Página 12, un mundo nuevo que Galeano veía así: Paisaje del nuevo milenio: gente que no sabe si mañana encontrará qué comer, o si se quedará sin techo, o cómo hará para sobrevivir si se enferma o sufre un accidente; gente que no sabe si mañana perderá el empleo, o si será obligada a trabajar el doble a cambio de la mitad, o si su jubilación será devorada por los lobos de la Bolsa o por los ratones de la inflación; ciudadanos que no saben si mañana serán asaltados a la vuelta de la esquina, o si les desvalijarán la casa, o si algún desesperado les meterá un cuchillo en la barriga; campesinos que no saben si mañana tendrán tierra que trabajar y pescadores que no saben si encontrarán ríos o mares no envenenados todavía; personas y países que no saben cómo harán mañana para pagar sus deudas multiplicadas por la usura.”

Para muchos, llegar al año 2000 significaba un dibujito de ciencia ficción con autitos voladores. Y aquí estamos, en el segundo milenio después de Cristo y los tangos de incios del ‘900 nos caen de perillas: al mundo le falta un tornillo.

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