Pocho, siempre Pocho, por Varón Fernández

Ilustración de Alejandra Orlandi en su blog 'gente que no'

Amigo, te cuento que hoy cuando me levante y puse la pava, me mire al espejo para asegurarme que yo sigo siendo yo, y mientras habría la puerta sentí el griterío de una bandada de loras y loros que pasaban ¿Quién sabe dónde?
Hacía un par de días que no te venías a mí y pasabas así.

Hermano, la Ramona, hace como un mes, me insistió en que le cuente lo que alguna vez -a tres días de tu partida- dije: «A pocho no lo mataron se quedó sin sangre, se murió de tanto hacer el amor.»
Todavía estoy escribiendo y buscando en qué parte del cuerpo nació eso que dije y jamás volví a repetir: Pocho se murió de tanto hacer el amor.

Compañero, ahora hace un tiempo que no pasa, pero cuando pasa, me dice. Suele sacarse  la visera y acariciar su rostro casi ya ancianoy recuerda ¿que comíamos ése día? Guiso. Se contesta. Sí, siempre con Pocho comíamos guiso. Y sigue.

Nunca lo había visto tan enojado, dijo Marulanda ¿Qué pasó? y Marulanda relata: «estábamos por comer y faltaban llegar algunos y nosotros empezamos a comer igual y cuando pocho se dió cuenta de lo que estamos haciendo vino hasta la mesa se paró en la punta nos miró y nos dijo por qué no esperamos a los demás para comer?


¿Que somos? ¿Somos revolucionarios?  ¿O que? Carlos larga una carcajada y dice, pregunta, ¿cómo le pudo haber pasado eso a Pochito? Hablamos un poco de él y menciona el viaje a su rancho.


Padre. Hoy cuatro chicos corren hacia mí al grito de balu ,balu. Quería desayunar pero ella viene, me abraza y me dan un beso. Y ellos se dan cuenta que no van a poder y enseguida cambian de estrategia y dicen: «bueno pero trae para nosotros cuatro medias lunas dulces», y ella me mira y me dice despacio al oído: «yo quiero un chocolate frío balu».

Varias veces he entrado a tu rancho y vos con un termo bajo el brazo, observando a Andrea y sus hermanos tomar algo, muchas veces era un chocolate frío.

 

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