Senador bonaerense propone estatizar Vicentín

Franisco Durañona, senador del Frente de Todos y ex intendente de San Antonio de Areco, planteó la posibilidad de estatizar Vicentín, holding de empresas que se declaró en default por «estrés financiero» tras tomar una deuda de casi 18.000 millones de pesos con el Banco Nación.

El legislador explicó que no planea expropiar la empresa, sino “aprovechar los créditos a favor del Estado nacional y provincial para tener participación en el paquete accionario”. Vicentín fue la empresa que más aportes realizó a la segunda campaña presidencial de Mauricio Macri, con más de 13.000 millones de pesos.

Actualmente, el total de su deuda asciende a los $23.500 millones y el resto de los acreedores son los bancos Provincia, Hipotecario y Macro, entre otros.

LA OSCURA HISTORIA DETRÁS DE VICENTÍN

El grupo económico Vicentín fue creado en 1929 en Avellaneda como un almacén de ramos generales. Con el paso de los años y la creación de otros negocios relacionados con el algodón y las semillas, llegó a posicionarse como el segundo grupo económico de exportación de aceites.

Pero tras la historia de éxito económico (por lo menos hasta tomar esta gigantesca deuda con Banco Nación) que enriqueció a tres generaciones de la familia Vicentín se esconde un turbio pasado que conecta a los propietarios con la dictadura militar de 1976.

Por lo menos 22 obreros fueron secuestrados entre enero y noviembre de 1976, muchos dentro de la misma fábrica y señalados por el jefe de personal, en autos con nafta pagada por la patronal y con telegramas de despido coordinados con el ejército mientras estaban desaparecidos.

La fortuna de la empresa se construyó sobre la represión de los trabajadores y la instigación de delitos de lesa humanidad. Según contó Efrén Venturini, ex obrero de la fábrica detenido durante la última dictadura cívico militar, “Vicentín hacía inteligencia, había mucha persecución a los trabajadores y corrompían a los dirigentes gremiales”.

Venturini recuerda cómo, en noviembre del 76, el jefe de personal lo señalaba para ser secuestrado junto a toda la Comisión Directiva y el cuerpo de delegados. Según cuenta Efrén, la estrategia de enviar telegramas al día siguiente para que se presentaran a trabajar en 24 horas a riesgo de ser despedidos le permitía a la empresa librarse de trabajadores problemáticos y a la vez ahorrarse una fortuna en indemnizaciones.

Actualmente, Venturini dejó todo el calvario detrás, pero no olvidó: fue denunciante en la CONADEP y está esperando los juicios sobre la responsabilidad de los empresarios Vicentín en los delitos de lesa humanidad cometidos contra él y sus compañeros.

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