Nora Lagos: la periodista olvidada, por Teodoro Boot

Para postrer escándalo de la progresista localidad, el 14 de febrero de 1925, en la ciudad de Rosario, en casa del señor Carlos Lagos, la dama francesa María Teresa Chauvin dio a luz a una oveja negra.
La historia santafesina de la familia se remonta a 1867, cuando el 15 de noviembre, el tipógrafo porteño, periodista y más tarde dirigente de la Democracia Progresista Ovidio Lagos funda el diario La Capital, que desde hace varias décadas pasa por ser el decano del periodismo argentino.
El nombre del diario respondía a las aspiraciones de ciertos círculos urquicistas rosarinos de fijar en Rosario la sede de los poderes nacionales.
A su muy lamentada muerte, lo sucedió su hijo Ovidio Amadeo, que fuera diputado nacional en 1914 y falleciera en 1916, cuando se hizo cargo del diario Carlos Lagos, que lo dirigiría hasta 1940.
Todo iba bien hasta que en 1953, por herencia y capacidad, cristianizada con el nombre de “Nora”, con apenas 28 años de edad la oveja negra se hizo cargo de la señera publicación. Y todo tal vez hubiera ido mejor si antes, en 1947, la joven no hubiera trabado relación con Hugo Mac Dougall, escritor y guionista de recordables obras maestras del cine nacional, como “El cura gaucho”, “Tres hombres del río”, “El tambor de Tacuarí”, “Nobleza gaucha” o “Malambo”. O si, dos años antes, el lumpen proletariado no reclamaba –¡y exitosamente!– en las calles porteñas la liberación del coronel Juan Perón, detenido en la isla Martín García. O si en el camino de su propia declinación moral, el nieto del escocés Hugh Mac Dougall, propietario de varias estancias en Entre Ríos, no se hubiera cruzado con el popular poeta, guionista y director cinematográfico Homero Manzi, alias del santiagueño Homero Nicolás Manzione, cofundador y activo militante del grupo yrigoyenista Fuerza de Orientación Radical –luego “Revolucionaria”– de la Joven Argentina, vulgarmente conocido como FORJA..
El caso fue que inficionada del virus del peronismo, la oveja negra de los Lagos puso la señera publicación, como todas las expresiones de la prensa seria, hasta ese momento alineada en la cerrada oposición al gobierno de Juan Perón, al servicio de las tenebrosas intenciones de quien en breve, apenas un par de años después, se convertiría en Tirano Prófugo.
Fue así que no bien iniciada la dictadura libertadora y democrática, la oveja negra fue depuesta y remitida a prisión, de donde en los años siguientes entraba y salía para cada vez fundar una nueva publicación, como las, naturalmente semiclandestinas, “La Argentina (Justa, Libre y Soberana)» o «Soberanía, tras lo que inevitablemente volvería a ser remitida a prisión.
Vinculada sentimentalmente y embarazada del activista del peronismo revolucionario René Bertelli, junto a su pareja y las dos hijas de su matrimonio con Mac Dougall, escapa de prisión y emprende la huida hacia Paraguay, a pie y en canoa, en el transcurso de la cual pierde a la criatura.
A fines de 1957 regresa al país, adhiriendo, como era su costumbre, activa y apasionadamente, en la línea de los impulsores del voto en blanco, opositor a las directivas del entonces Tirano Errante de votar al radical Arturo Frondizi.
Enfrentada a las estructuras orgánicas –“burocráticas”, bramará la oveja negra– seguirá militando en el sector combativo del peronismo, mientras Bertelli, buscado intensamente por la policía, formará parte del grupo inicial de las Fuerzas Armadas Peronistas.
En 1962, luego de la desaparición y asesinato de Felipe Vallese, volverá a prisión por última vez. Será el inicio de su alejamiento de la militancia activa, más no de su apasionada vinculación al peronismo. En 1973, en Ezeiza, será vista en las inmediaciones del palco aguardando el arribo de su líder, indiferente al tiroteo que tenía lugar a su alrededor. Falleció dos años después, el 23 de noviembre de 1975. Tenía apenas cincuenta años de edad.
Tal como le ocurriera a su ídolo, será víctima de la inquina del estabishment cultural del país en general y de sus familiares en particular. Su sola mención entre los Lagos, recordará el historiador Juan Carlos Jara citando a uno de sus descendientes, “equivalía a evocar a una Gorgona o a una Erinia”.
Sin embargo, nunca antes ni después de su breve paso por la dirección del diario, tuvo el decano del periodismo nacional la misma calidad que le supieron imprimir la oveja negra, sus columnistas pronto proscriptos y, muy particularmente, Hugo Mac Dougall, a cargo de la dirección del suplemento literario.
Con los años, la orgullosa publicación culminaría su decadencia al caer en manos del grupo América, propiedad de los empresarios Daniel Vila y José Luis Manzano, y más tarde en poder del holding liderado por Gustavo Scaglione.
No obstante, cuando La Capital cumplió sus primeros cien años de vida, fueron expuestas las fotografías de todos sus directores, excepto la de Nora Lagos.
Su nombre sigue siendo susurrado en voz baja entre los miembros de la decadente familia e ignorado en su ciudad natal, en el país en que vivió y en el movimiento político al que, con admirable generosidad, dio su pasión, su rebeldía, su talento y ofrendó sus mejores años.
Eso sí, por iniciativa del concejo municipal, un pasaje de su ciudad natal lleva su nombre. La oveja negra de los Lagos «se impuso a los prejuicios sociales, se rebeló a su clase y fue perseguida por su militancia peronista», expresaron los concejales en los considerandos de la resolución.

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