Pausa, por Manuel López Echagüe

Día 1. Todo bien. Lo soporto tranquilamente. Para esto entrené toda mi vida: estar encerrado. Le guiño al gato. Ahora tiene competencia. La noticia llegó al barrio; el aire en las veredas es más denso, como espumoso, como virtual. Nadie quiere arriesgarse a salir. Hay pocos en el país, pero por las dudas, viste. No vaya a ser cosa que saliendo a comprar una huevada me agarro el bicho este. No pasa nada. Respetemos y listo. Seamos buenos ciudadanos, carajo. Uh, me salió lo argentino. La abstinencia de fútbol me hace hincha de otras cosas. Raro. No importa.

Día 4. Todo bien. Lo soporto tranquilamente. Mi mascota se da cuenta que algo raro pasa. Se quedó sin comida. No quiero salir a comprarle. Pienso en sacrificarlo para salvar mi vida. Mira si me agarro el bicho, pero saliendo a comprar Cat Chow. Me mato. Empiezo a notar comportamientos extraños en el edificio de enfrente. Hablar con su esposa más de 5 minutos parece desconcertarlo. Quizás el bicho no es un ataque al sistema sanitario, sino a los matrimonios. Veremos.

Día 7. Todo bien. Lo soporto. La casa está más limpia que nunca. Otro vecino hace ejercicio en el balcón. Desvío rápidamente la mirada; por las dudas también hagamos aislamiento visual. Ya tengo el logo de Netflix quemado en las ojeras. ¿Cómo puede ser cuánto más tiempo libre tengo, peor duermo? Investiguen eso mejor, científicos. No, mentira. Sigan así que van bien. O no. Qué sé yo. Quizás el peor efecto del virus es no saber qué carajo pasa. A ver, tampoco es que antes la tenía re clara.

Día 10. Mi novia empezó a hacer ejercicio. ¿Será un síntoma del bicho? Desconfío de ella. Hago maravillosos descubrimientos en mi investigación diaria de la cuadra: uno de los de enfrente planta marihuana. Anotado. Unos escuchan música al palo. Si esto fuera Estados Unidos, tendría derecho a cagarlos a tiros. O no. No sé, no entiendo bien las leyes. Pero lo haría. Total medio que ya estoy en cana.

Día 14. Hoy se levantaba la cosa. Pero no. Hay uno por la calle. No tiene bolsa de comprar ni nada. Oficial, sálvenos. Deténgalo. Te denuncio. Mirá que te denuncio, por el bien del país. Viva Argentina. Viva Perón, el Diego, el colectivo y la birome. Perdón. Me agarra de vez en cuando. La situación no da para más; ya estoy viendo partidos de fútbol viejos. Dale, Di María. Tocala, boludo.

Día…¿18? Qué sé yo. Hubo un cacerolazo. Ayer, anteayer o hace tres semanas. No sé, me confundo. Después otro cacerolazo, pero contra el primer cacerolazo. El resto, la gente de bien, solo nos golpeamos repetidamente la cabeza contra la pared. Sin ningún motivo. Pero hay que buscar nuevas formas de entretenimiento.

Día 22. El vecino trama algo. Lo sé. Hijo de puta, te denuncio. Te lo juro por Dalma y Giannina. Los restos de mi gato descansan en mi living, como un símbolo de mi incansable lucha contra el bicho. Me puse un sombrerito de aluminio, por si todo esto es una estrategia de control mental del gobierno. Viste cómo son estos peronistas.

Día ¿?? Aléjense. Aléjense de mí. Aislamiento social, virtual, visual, corporal. Vecino, te la tengo jurada. Sé que sos un espía. Del bicho, de Alberto o de Trump. Viva Perón. Estoy bien. Estoy lúcido. No. En realidad no. ¿Quién fue el boludo? ¿Quién fue el boludo que apretó pausa?

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda