La V Columna | Expropiación: hablemos con propiedad

¿Cuándo habrá empezado esa idea de la propiedad? Nadie lo sabe. Si todavía tenemos dudas sobre el inicio mismo del mundo, poco podemos decir de quién fue el tipo al que por primera vez se le ocurrió decir: ésto es mío.

Solo sabemos que el mundo empezó un día. Por casualidad, una chispa, un big bang; o por gracia de Dios. En ninguno de esos casos alguien fue dueño de nada. ¿O sí? ¿La ley del más fuerte? ¿Bichitos que se comían unos a otros, microbios, bacterias, animalitos que se convirtieron en gigantes dinosaurios? Quién sabe. Lo cierto es que los dinosaurios se extinguieron y entre tanta pelea por la sobrevivencia aparecimos nosotros o nosotras o nosotres. Algo parecido a lo que somos, entró en el planeta.

Nada se sabe de aquel primate que dijo ‘esto es mío’. Quizás eran mañas de animales, como cuando los perros marcan su territorio. Pero, pero, digo, digo, se supone que no está bueno hacer teorías biosociológicas, porque la humanidad se diferencia por su cultura, su lengua, la razón y la ciencia. Si fuéramos bestias, solo habría que preocuparse que venga otro más grandote, u otros chiquitos pero más organizados.

Anduve buscando por ahí algo sobre el origen de la propiedad, y encontré una grieta que se remonta a la antigua grecia. Aristóteles decía que la propiedad ha de ser privada, ya que cuando es común pocas personas se hacen cargo de su mantenimiento. Casi un problema de consorcio.

Platón, en cambio, sostenía, en su obra “República”, que un gobernante ha de poseer colectivamente la propiedad precisamente por el bien común.

En el derecho romano clásico, en el que se basa buena parte de nuestra jurisprudencia, ya aparece el concepto de “dominium” como el conjunto de derechos que una persona tiene sobre una cosa.

En definitiva, uno puede ser propietario de una cosa, no de una vida, una identidad, una cultura, un país, o un amor.

Pero, parece ser que esa ‘cosa’ que uno tiene es importantísima. Porque violar la propiedad es mucho peor que matar, discriminar, quitar la identidad, expulsar de un país, violar o hacer explotar la cordillera. Ni qué te digo de esos que te roban el corazón.

Tampoco podemos culpar a nadie por haberle robado la razón a Luis Majul. El otro día estaba enojadísimo: “¡ahora van por Vicentín pero después pueden también sacarte tu negocio, tu kiosco!”

Y, mientras se llaman a banderazos a favor de la propiedad privada porque el nieto de un empresario obtuvo un préstamo sospechoso e impagable, el mundo no se detiene. 50 muertos en el mediterráneo al hundirse sus barcazas frente a Libia. 700 contagiados en una fábrica de carne en Alemania. Coletazos del asesinato de Floyd, negros que aparecen colgados y a nadie se le ocurre averiguar si son víctimas del Ku Klux Klan, campesinos que siguen siendo desalojados de sus tierras. ‘Sus’, su propiedad. Como en Colombia o aquí nomás, en Argentina.

Curiosamente, a los desalojados de sus tierras no se le dice que los expropiaron- Tampoco a los que les roban el producto de su trabajo.  

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