Miguelito, por Blanca Ciccocioppo

Y cuando sentados en la Costa del Paraná con los pies en el agua pensábamos que podíamos vivir en la isla en unos años más, vos tendrías la imprenta del Partido en la parte baja de la casa del abuelo Julio y yo trabajaría de maestra en una escuela del Delta.Y cruzarías el río en canoa para ir a la fábrica Ford en Pacheco. Y discutiríamos mucho pues yo era materialista porque quería una tele y vos te arreglabas con nada o menos: un libro y el Gráfico cuando Boca ganaba algo.

Y tendríamos hijxs y todo sería bonito y natural.Vos seguirías militando y seguro tendrías que viajar.Y cuando fuéramos viejos iríamos como gran salida al cine a Buenos Aires.

Pero no fue así porque tus viejos compraron la casita para nosotros, en el pueblo y el abuelo no quería una imprenta en su casa. El quería seguir con las peras y las ciruelas y cargando chatas de madera por la que le pagaban muy poco porque no estaba actualizado con la plata. Y a vos te despidieron de la Ford porque eras gremialista y molestabas .Y con el telegrama en la billetera y tu última liquidación de sueldo y mi miserable sueldo de gastronómica nos casamos igual y después de una fiesta que duró 20 hs que nos hicieron tus viejos, nos fuimos a Huerta Grande de Luna de miel por mi obra social gratis. Previo pasar ese domingo en la popular de la Bombonera. Decías que era un comienzo auspicioso ese bautizo bostero.

Volvimos. Yo dejé mi trabajo y fui a ejercer en una escuela rural pero cercana. Y nos embarazamos.Y entonces llegaron ellos…..Y dejaste de estar. Desapareciste.

Con tu papá te buscamos y te buscamos y te buscamos. Tus compañeros nos ayudaban. Nos guiaban desde la clandestinidad. Y no entendíamos.

Aprendimos de Hábeas Corpus, de juzgados provincial y federales, de pedidos de paradero, de clasificados en los diarios que me decían que no se podía publicar un pedido de búsqueda, el Buenos Aires Herald fue el único. Conocí a los curas, a los obispos y a los arzobispos. Al Cardenal Primado de la Argentina y a otro cura que estaba en Capital Federal y era el jefe ahí.

Fuimos hasta las puertas de las cárceles, a los hospitales, a las comisarías, a los neuropsiquiátricos y a Campo de mayo. Muchas veces a Campo de mayo. Se nos reían en la cara cuando queríamos entrar a preguntar. En esa barrera, siempre en esa barrera de la puerta dos.

La verdad no me acuerdo por qué íbamos ahí. A esa puerta.Y después fuimos con tu mamá dos veces a la marcha de los jueves pero nos apuntaron y nos revisaron y nos gritaron y como andábamos con el nene de un año y pico , no volvimos más. Seguimos años con los hábeas Corpus: paradero desconocido. Sin pedido de captura.Esas eran las respuestas.

OEA.

Todas las organizaciones internacionales.

Pérez Esquivel más tarde.

Solicitadas .

Hasta que supimos que no ibas a volver más. Fue cuando Videla dijo: «No están, son desaparecidos, no tienen entidad». Nunca supimos nada. Realmente desaparecido.No sabemos a dónde te llevaron, qué te hicieron, qué cosas horribles tuviste que pasar, qué pensabas, cuánto tiempo sufriste, quiénes fueron los malditos que te dañaron, qué te humillaron, que te mortificaron.Y éso es todos los días, siempre estás ahí en esa nebulosa, mientras la vida sigue, y pasan todas las fechas, y se suceden dramas y alegrías y vos no estás y no sabemos qué hicieron con vos.

Y te cuento : ahora tenemos una pandemia. Y gobiernan otra vez los peronistas que siempre vuelven y mandaron otro satélite al espacio entre tantas cosas. Y hoy es otra vez 1 de septiembre y hoy son 44 años que te detuvieron y te desaparecieron a unos pocos metros de nuestra casita.

No olvido.

Ni perdono.

Ni me reconcilio.

Presente hoy y siempre Miguel Ángel Magnarelli, padre de David.

(Publicado en el facebook de Blanca Ciccocioppo)

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