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Dossier LCV: “Siglo XXI, de las 8 a las 6hs” / II parte
Desde principios de abril que estamos tirando del hilo de este ovillo: cómo y por qué existe una tensión entre progreso tecnológico y trabajo. En estos últimos días dos noticias llamaron nuestra atención.
En el acto conmemorativo por el Día Internacional de la CGT por primera vez la central sindical puso el tema sobre la mesa. En consonancia con el documento oficial del Consejo Directivo y el discurso de Héctor Daer, Carlos Acuña ratificó a la salida del encuentro que la reducción de la jornada laboral será uno de los principales temas a abordar si quieren reformular la legislación laboral, las 6 horas “van a ser una realidad”.
Desde la vereda opuesta, el director ejecutivo de IBM internacional, Arvind Krishna, acaba de anunciar que reducirán en los próximos años su plantilla de empleados en alrededor de 7.800 puestos que serán reemplazados por la Inteligencia Artificial. «Estos puestos que no lidian con clientes casi llegan a los 26.000 trabajadores. Puedo ver fácilmente que 30 % de eso ser reemplazado por IA y la automatización en un período de cinco años», detalló.
La IA podría provocar el despido de 300 millones de trabajadores de las economías centrales
El banco de inversión Goldman Sachs realizó una investigación que llegó a la conclusión de que alrededor de dos tercios de las más de 900 ocupaciones que existen en el mercado laboral estadounidense estarán expuestos a algún grado de automatización a medida que avanza la tecnología en materia de inteligencia artificial. La tendencia afectaría sobre todo a las profesiones administrativas (al 46 %) y legales (al 44 %), mientras que en los oficios con trabajos físicos intensos, como la construcción y el mantenimiento, se prevé una exposición mucho más baja: 6 y 4 %, respectivamente. El mismo estudio advierte que podría producirse «perturbación significativa» que provocaría el despido de 300 millones de trabajadores en las principales economías del mundo.
Progreso y bienestar obrero no parecen ir de la mano. Por eso, el debate en el mundo del trabajo vuelve a ser la jornada laboral, esta vez de 6 horas, frente a un panorama de avance tecnológico que si no se reglamenta puede producir una desocupación masiva.
Las razones por las cuales se impulsa el recorte horario son diversas. Varios empresarios han comprobado que reduciendo la jornada laboral aumenta la productividad, es decir, ganarán más. Por su parte, los gremios impulsan esa medida, menos horas por igual sueldo, porque mejora la situación de los trabajadores.
¿Por qué los hijos de obreros recibidos en la universidad deberían regalarle todo su conocimiento y esfuerzo a las grandes empresas?
La pregunta que provocó este Dossier LCV, fue desde un inicio: ¿si el conocimiento es patrimonio de la humanidad por qué se benefician solo los dueños del capital? ¿Por qué los hijos de obreros que llegan a la universidad deben regalarle todo su esfuerzo, conocimiento y talento a las grandes empresas para aumentar sus multimillonarias ganancias?
Idas y vueltas de una conquista
En nuestra primera entrega vimos cuáles fueron los primeros países que aceptaron legislar una jornada de 8 horas. Salvo Uruguay, que lo hizo en 1916, el resto del mundo se montó a las ideas de la revolución rusa. Así lo hizo, también, la República de Weimer en Alemania surgida por una revolución socialdemócrata a fines de la primera guerra mundial. Sin embargo, las guerras son momentos de extrema producción, y vino el nazismo a poner fin a semejante ‘ambición’ trabajadora frente a las necesidades de aumentar la industria bélica.
En Estados Unidos, los primeros en implementar una reducción horaria fueron dos empresarios exitosos: W.K. Kellog (sí, el de los cereales) y Henry Ford (sí, Ford, el el del automóvil) descubrieron que jornadas laborales largas y productividad no iban de la mano. En 1926 Henry Ford otorgó una semana laboral de 40 horas, de lunes a viernes. No significó una concesión a sus obreros, más bien un frío cálculo de eficiencia. “Cuando la realidad choca contra nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo”. Definitivamente el joven emprendedor Henry Ford no lo hacía para mejorar la vida de sus trabajadores ya que era el empresario norteamericano admirado por Hittler por sus pensamientos xenófonos y racistas ¿Hay que agradecerle las 8 horas?

Era el año 1930 cuando el economista británico John Maynard Keynes creyó que los empresarios podían tener tan buenos gestos como el racista Ford, quizás por eso, en una conferencia en España se le ocurrió contar cómo imaginaba la vida en el siglo XXI. Aseguró que el mayor desafío de la humanidad sería ‘qué hacer con el tiempo libre”. Optimista irredento, Keynes vaticinó que para el año 2030 sólo deberíamos trabajar 15 horas por semana (algo así como tres horas por día) y el consumo se habría multiplicado por cuatro. El paraíso capitalista. Los Supersónicos de Keynes.
Eran los años treinta y quizás no se daban cuenta. La gran depresión. ¿Cómo comprender este entrevero de luchas, represiones, guerras y generosidad empresaria? Con la ventaja de cien años de distancia, entrevistados por Jesús Rocamora, Alex Williams y Nick Srnicek, autores del libro ‘Inventar el futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo’, publicado en el 2017, sostienen:
“Nuestra sensación es que hubo una ruptura fatal durante la Gran Depresión. Se abrieron entonces dos opciones para responder al paro masivo: reducir la jornada laboral y repartir el trabajo, o bien crear empleo y mantener la jornada laboral. En Norteamérica se optó por la primera opción como respuesta inicial. Se llegó a poner sobre la mesa una legislación para recortar la semana laboral a 30 horas. Pero el mundo de los negocios presionó en la otra dirección y el gobierno terminó cambiando de idea. Y así la posibilidad de resolver el paro a través de semanas de trabajo más cortas se aparcó.”
Seguimos atados a un viejo y obsoleto conjunto de relaciones sociales
Williams y Srnicek ya habían movido el tablero intelectual al escribir su ‘Manifest for an Accelerationist Politics‘, un conjunto de veinticuatro tesis tendientes a apostar por un futuro poscapitalista gracias a una aceleración de la automatización técnica junto a una política contrahegemónica planetaria. Unos años después, en ‘Inventar el futuro’, escriben:
“En la actualidad, buena parte de las demandas clásicas de izquierda –menos trabajo, eliminación de la escasez, la democracia económica, la producción de bienes útiles para la sociedad y la liberación de la humanidad– son materialmente más factibles que en cualquier otro momento de la historia. Sin embargo, a pesar de la brillante apariencia de nuestra época tecnológica, seguimos atados a un viejo y obsoleto conjunto de relaciones sociales.”
Esos raros empresarios nuevos
Curiosamente, fueron los japoneses quienes dieron el envión a estas pruebas de productividad con menos horario. En el 2020, la sede en Tokio de Microsoft realizó un verano de prueba de reducción horaria. Por el mismo sueldo trabajaron solo cuatro días por semana, un total de apenas 32 horas. La experiencia fue un rotundo éxito. La empresa aumentó un 40% su producción y se ahorró el 23% de gastos en servicios. Prueba piloto que demostró que la alegría de los trabajadores por tener más horas libres se traducía en capacidad de concentración y voluntad de producción. También se redujo el pedido de días libres y las interminables reuniones fueron más cortas y efectivas.
Según la periodista española Esther Miguel Trulla, responsable de ‘calidad, procesos e innovación’ de Webedia: “El éxito fue tal que Microsoft incorporó el experimento a otras oficinas. Es bien conocido que Japón es uno de los países con las jornadas laborales más largas e insostenibles, y que pese a ello, o precisamente por ello, es el país menos productivo del G7. Tamaña cultura del sobreesfuerzo existe a menores niveles en el resto de países. De modo que una hipotética reducción de la jornada salarial no sólo es una cuestión económica, sino también de salud pública.”

La primera compañía en poner en práctica esta modalidad fue la también japonesa Toyota que en el 2003 aplicó con buenos resultados una reducción horaria en su planta ubicada en la ciudad sueca de Gotemburgo.
Las experiencias fueron avanzando. El pasado 7 de febrero, Fingersoft, compañía desarrolladora de videojuegos con sede central en Oulu (Finlandia), anunció que los empleados que lo desearan podrían trabajar seis horas diarias, cinco días a la semana, percibiendo el 90% del salario. Jaakko Kylmäoja, CEO de la compañía, dijo que el experimento probó que “hay maneras para mejorar el bienestar de los trabajadores mientras la productividad se mantiene o incluso aumenta”.
Ya existe un movimiento denominado 4 Day Week que coordina desde hace unos años diversos ensayos a lo largo del mundo para imponer una jornada laboral de cuatro días cobrando el 100% del salario.
Así como vimos en la primera parte de este informe cómo los Estados se fueron amoldando a principios de mil novecientos al reclamo de 8 horas de trabajo, ya aparecieron los países precursores en la experiencia de las 6 horas en el siglo XXI. De ellos nos vamos a ocupar en la tercera parte de este dossier LCV.
Investigación y texto: Laura Giussani Constenla
4 de mayo de 2023
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«Autorrepresentación y mitos de la memoria obrera». Charla con el historiador italiano Camillo Robertini
Camillo Robertini es un historiador italiano que tuvo un intercambio universitario en Argentina y eligió para su tesis de doctorado la historia de la Fiat en Argentina. Hijo de una familia de izquierda, llegó al ‘país de las revoluciones’ con una mirada impregnada de imágenes del Cordobazo o el Rosariazo, de puebladas y rebeliones. Comprobó que había cantidad de estudios, ensayos y bibliografía sobre la lucha obrera en nuestro país. Curiosamente, nadie apuntó su mirada hacia aquellos trabajadores que no fueron igual de combativos. Cuyos líderes no eran Tosco, Piccinini ni Ongaro.

Cómo entender lo que pasó en el país si nadie estudiaba a ‘los otros obreros’? Los que no estaban dispuestos a dar sus vidas por la revolución. Eligió la planta de Palomar de la FIAT, cuyos delegados obedecían al vandorismo en los sesenta. Entrevistó a decenas de obreros, consultó archivos estatales, militares, policiales, empresarios, tanto argentinos como italianos, y escribió «Erase una vez la Fiat en Argentina (1964-1980)». Un material imprescindible para comprender el ascenso y caída del desarrollismo, el mito del progreso o del ascenso social. Aquí la versión completa de la charla realizada por Zoom por Laura Giussani C. desde el corazón de Italia, su centro geográfico en Umbria, y el profesor Robertini desde el sur profundo, en Messina.
En tiempos de Reforma Laboral, mientras Patricia Bullrich arenga empresarios para volver a aquellos buenos tiempos en los que cada fábrica negociaba con el sindicato local, y la FIAT Palomar tenía una dirigencia por demás dialoguista, en donde los obreros respondían a la propaganda del buen empresario paternalista que los invitaba a formar parte de una gran familia, que se jubilaba en el mismo establecimiento en el que había obtenido su primer trabajo, mientras la policía provincial realizaba informes sobre posibles organizadores subversivos. En esa planta ‘no combativa’ igual fueron secuestrados 14 obreros. Una entrevista sin prejuicios, que nos ayuda a entender que buena parte de esa clase media argentina, que apoyó el golpe, estaba conformada por obreros e hijos de obreros, también. Muchos de los cuales entraron a formar parte del país pobre y endeudado que los militares dejaron y la democracia no quiso o no pudo revertir. Hoy el 50% de los habitantes no ganan lo suficiente para comprar una canasta básica. Por eso, tenemos que revisar nuestra historia, no apelar sólo a la memoria. Agradecemos a Camilo Robertini por ayudarnos en este recorrido.
Internacionales
El día que todos gritamos «No al Rey».
Planeta Giussani desde Italia. El día que todos gritamos No King. No sólo en Estados Unidos, en varios países europeos también. Roma tuvo la marcha más grade de la región, con 300.000 personas en Roma y una convocatoria a 10, 100, 1000 plazas que se hizo sentir en ciudades y pueblos. Aquí el relato de Laura de una ‘giornata particolare’
LCV
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
El año pasado, una investigación especial de LCV echaba luz sobre las características de Agustín Laje y otros personajes que impulsan el discurso de la memoria completa, educados por el Opus Dei y una escuela de anti-insurgencia del Pentágono. Más allá de las ideologías, como concepto es inadecuado pensar en una ‘Memoria Completa’.
La búsqueda de una explicación única y absoluta, buscar una ‘completitud´de la memoria es simplemente imposible. Alguien decía por ahí, «las cosas no son como son sino como se las recuerda». Tampoco es acertado analizar lo que significó el golpe militar sin darle una proyección histórica. No basta la memoria, aún si la Historia tampoco es completa, al menos se basa en documentación que puede ser contrastada o complementar los conocimientos ya adquiridos. En este caso, carecemos de documentación por estricta decisión del gobierno militar que no aportó los datos necesarios para dar con los desaparecidos.
Si hablamos de razones históricas, disputar entre números de muertos no sólo es mezquindad asesina, también inconducente -inútil repetir que no es lo mismo la acción de grupos revolucionarios o sectores de oposición que la violación sistemática de reglas elementares de humanidad de parte del Estado-. Sin mencionar que era un gobierno ilegal que se apropio de todos los recursos del Estado gracias al apoyo de los grandes grupos económicos, sectores eclesiásticos y la venia de Estados Unidos que aportó su escuela de la Américas para enseñar los últimos avances en represión y tortura. Un horror por dónde se lo vea.
El tema es porqué necesitaron utilizar esa crueldad. Es cierto que todos sabíamos que se venía un golpe. Algunos lo esperaban con alivio, otros pensaban que formaría parte de la ya conocida experiencia de gobiernos militares en el país desde el año 1930 en adelante. Nadie -nadie- imaginó que habría campos de concentración en Argentina, con un plan de tortura y persecusión de una crueldad inenarrable. Tanta fue la perversidad, que dejaron que algunos de los sobrevivientes de las catacumbas salieran y pudieran contar lo que allí ocurría. Necesitaban sembrar el terror, y lo hicieron. Para qué?