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El Rodrigazo y las coordinadoras de gremios del 75′, por Leónidas Ceruti
“Si los patrones coordinan para explotar, los trabajadores coordinamos para erradicar la explotación”.
ANTECEDENTES ECONÓMICOS DEL “RODRIGAZO”
Fallecido Perón y con la asunción de su esposa Isabelita, se fortaleció el poder de José López Rega, creció la ofensiva de la derecha peronista y de la “Triple A”, aumentaron los desaciertos económicos; todo lo cual fue creando un clima de crisis económica, social y política.
Las condiciones de la economía capitalista mundial hasta principios del ‘74 permitían que los capitalistas de la Argentina vendieran caro y compraran relativamente barato. Eso se expresó en la balanza comercial y de pagos favorable (1.000 millones de dólares en 1973). En consecuencia, buenas reservas de oro y en divisas; por ende, posibilidades de emisión monetaria que no equivalía a la falsificación de billetes, expandiendo aún más el mercado; y, por otra parte, el crédito abundante, ágil y barato era un factor más para compensar la caída de la tasa de ganancia.
La caída de Gelbard, en octubre de 1974, fue la expresión del fin de las posibilidades del “distribucionismo” iniciado en 1973. La firma del Acta de Compromiso Nacional en febrero del ‘75 fue su certificado de defunción, ya que las “partes” que inicialmente pactaron voluntariamente la distribución dejaron de poder concertar y el Estado -en febrero del ‘75- impuso a las “partes” el 15%, lo que para “unos” era demasiado poco y para “otros” excesivo.
El Gobierno -que nació apoyado en la Unión Nacional de la mediana y gran burguesía industrial por un lado y el proletariado por el otro- perdió aceleradamente el respaldo de ambos y sólo conservó el sostén del cascarón burocrático sindical, partidista y empresario, que fue quedando más vacío de contenido.
El proletariado marchaba a su constitución fabril, generando nuevas formas organizativas; los empresarios de la CGE dejaron de responder a Broner y pasaron a seguir a los ex dirigentes de la UIA o a los de la gran burguesía nucleados en la Asamblea Permanente de Entidades Empresarias. El Partido Justicialista sufrió, además de la fragmentación, los efectos de su aislamiento de la clase obrera.
CAMBIOS POLÍTICOS Y NUEVAMENTE LA REPRESIÓN
Luego del 25 de mayo de 1973, toda la legislación represiva sancionada por la Dictadura Militar fue derogada y disuelto el Fuero Antisubversivo. Pero esa primavera duró poco y comenzó una etapa signada por la represión. Todo empezó con el envío de un proyecto del Poder Ejecutivo a las Cámaras para modificar el Código Penal. La reforma fue considerada de la misma naturaleza que las leyes promulgadas por el régimen militar que gobernó el país entre 1966 y 1973.
La primera respuesta vino del General Perón, quien advirtió que si la ley no era aprobada se apelaría a las mismas armas que se buscaba combatir; y el 23 de enero de 1974 declaró al diario La Nación: “Nosotros vamos a proceder de acuerdo a la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley, también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente. Porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer, no tenga la menor duda”.
Después de la muerte de Perón se tomaron distintas medidas represivas. En septiembre de 1974 se aprobó la ley de represión del terrorismo, que penaba la difusión de información relacionada con esos hechos y la obstrucción al trabajo cuando el conflicto era declarado ilegal. De acuerdo a esa ley, el Ministerio de Trabajo prohibió las huelgas por motivos salariales, los paros y las ocupaciones de plantas, y comenzó a intimar, amenazar y suspender personerías gremiales.
Pero al poco tiempo, el Ejecutivo Nacional sancionó el Decreto Nº 261, en el que se anunció oficialmente que se había ordenado a las Fuerzas Armadas tomar intervención en la “lucha antisubversiva”, firmado por la presidenta María Estela de Perón y los ministros Rocamora, Ivanissevic, Vignes, Savino, López Rega, Gómez Morales, Otero. En el Articulo Nº 1 se decía que “El Comando General del Ejército procederá a ejecutar todas las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos…”.
En octubre de ese año se sancionó el decreto 2770, por el cual se creó el Consejo de Seguridad Interna, fijando sus atribuciones, y el Consejo de Defensa. Ese decreto llevaba la firma del presidente provisional Italo Luder y los ministros Arauz Castex, Vottero, Ruckauf, Emery, Cafiero y Robledo.
Hasta ese momento, la participación de las Fuerzas Armadas en forma abierta era “evitada” y la lucha era encabezada por grupos paramilitares, “ejecutores del trabajo sucio”, a través de la Triple A.
En el mes de noviembre se declaró el estado de sitio en todo el país. Fue en esa circunstancia que fueron detenidos cientos de militantes y puestos a disposición del Poder Ejecutivo.
La represión a la clase obrera apareció con toda su magnitud el 20 de marzo de 1975 en Villa Constitución, a través de las fuerzas conjuntas reclutas por la SIDE, que incluían a la Policía Federal, Provincial, Ejército y Gendarmería, grupos de choque -entre los cuales iban armados los guardias blancos pagados por las acerías de Martínez de Hoz- y miembros de la Triple A. Las órdenes firmadas por Rocamora, Savino y López Rega eran claras: ahogar en sangre a los obreros y activistas de Villa Constitución.
LAS LUCHAS DE JUNIO-JULIO DE 1975 EN LA ZONA NORTE DEL GRAN ROSARIO Y EL PAÍS

En los primeros meses de 1975, ante el deterioro del salario tras la trepada de los precios, creció la preocupación en el movimiento obrero.
Debían reunirse las Comisiones Paritarias, congeladas por dos años desde 1973. La convocatoria del Gobierno no estipulaba topes en la discusión salarial.
En marzo, el Ministerio de Economía concedió un aumento de emergencia de 400 pesos mensuales y devaluó la moneda en un 50%.
Los obreros del Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos (SOEPU) de San Lorenzo (Pcia. de Santa Fe), durante varias semanas, discutieron en la fábrica la situación que se les planteaba. Comenzaron los contactos con otros sindicatos y las reuniones se intensificaron. El punto central de las deliberaciones era cómo organizarse, cómo encarar la lucha por las paritarias y señalaron:
“Es indudable que la carestía crece día a día y, por lo tanto, es lógico que los trabajadores tengan expectativas sobre la posibilidad de conseguir importes reivindicaciones. Estas expectativas han venido generándose especialmente a partir de las falencias que ha venido teniendo este gobierno. Por eso los trabajadores tratan de conseguir en las paritarias partes de esas reivindicaciones tanto tiempo postergadas. Lo del ‘arbitraje obligatorio’ no es nuevo. Ya estamos acostumbrados desde la época de la dictadura militar y ahora lo vemos de nuevo con este ‘gobierno popular’. Tampoco son nuevas las maniobras de la burocracia sindical contra las aspiraciones de los trabajadores. Nosotros creemos, lo venimos sosteniendo y pregonando desde hace tiempo: los trabajadores de base deben tener la máxima participación en la elaboración de los anteproyectos de convenio. El proceso de discusión debe venir desde abajo, impulsado por los delegados y activistas de cada sección y luego a través de las asambleas de cada lugar de trabajo y gremio.” (1)
Con el antecedente inmediato de la experiencia de la Intersindical de San Lorenzo (1969-1973), se pensó en la “coordinación de las luchas”. Luego de varias asambleas en Sulfacid, los obreros se pronunciaron por la instancia de aunar las distintas luchas de la zona. En el SOEPU acordaban con lo resuelto:
“Los trabajadores de la zona tienen características y reivindicaciones similares. Nuestro gremio no permanece ajeno a este proceso de luchas que se va dando en toda la zona y, constantemente, cuando han surgido conflictos por reivindicaciones concretas, hemos expresado nuestra solidaridad permanente en cada uno de ellos. Creemos que ha llegado el momento en que esta solidaridad efectiva se plasme en la unidad de los trabajadores a partir de las necesidades concretas”.
“Los distintos gremios de la zona ya han intentado en varias oportunidades constituir a un organismo que los nuclee. Algunos de estos intentos tuvieron resultados más satisfactorios que otros, pero hasta ahora no se ha llegado a una coordinación solidaria efectiva y permanente. Esta ausencia ha permitido que las patronales, que sí actúan apoyándose mutuamente, derrotaran algunas luchas de gremios de la zona, que se desarrollaron en forma aislada. Las experiencias vividas no pueden caer en el vacío. Es necesario concretar este viejo anhelo de los trabajadores de la zona, que puede traducirse en la celebración de un acuerdo destinado a asegurar la mejor defensa de las luchas obreras. No queremos la desunión actual del movimiento obrero que se manifiesta en todo el país, y creemos que hay que concretar la unidad de los trabajadores sobre la base de una práctica verdaderamente democrática.” (2)
En mayo, la CGT Nacional logró un arreglo con el Gobierno: habría un aumento masivo y uniforme del 38%. El Ministro de Economía Gómez Morales manifestó su desacuerdo y renunció antes de que se firmaran los acuerdos de las paritarias.
El 2 de junio asumió en su remplazo Celestino Rodrigo, con un plan económico que constaba de la aplicación de una política de “shock” para desacelerar la inflación y favorecer la inversión mediante el aumento de la rentabilidad. Se trataba de lograr una contracción del salario real y un aumento de las tarifas tanto de los servicios públicos como de los combustibles. La devaluación beneficiaba a los exportadores de cereales y a los ganaderos y tendía a la concentración del gran capital industrial. Vía devaluación y reembolsos se apoyaban las exportaciones industriales dominadas por las multinacionales.
Tras los primeros aumentos de precios, desde el Ministerio de Economía, se ofertó un incremento salarial del 45% que no tuvo eco.
El 14 de junio, se reanudaron las paritarias. Los aumentos logrados en las mismas oscilaron desde el 60 u 80% hasta el 200%; pero éstos debían ser ratificados por el Gobierno. De homologarse lo surgido de las paritarias se daría por tierra con el Plan Rodrigo.
No fue homologado ningún convenio luego que varios gremios firmaran sus acuerdos. Sobre la última semana de junio, el Gobierno informó que finalizaba el plazo para las Paritarias.
El estado deliberativo aumentó y crecieron las movilizaciones.
Se sucedieron un Plenario de la CGT, la marcha de ocho a diez mil obreros de la Ford Motor Argentina de Pacheco, y en Rosario, se sucedieron paros de los choferes de colectivos, docentes y empleados de comercio. En la zona industrial protestaron los Ceramistas y el SOEPU dio a conocer un comunicado “ante la falta de aceptación por parte de la patronal de las justas reivindicaciones peticionadas por la organización sindical, permanecemos en estado de asamblea permanente, rechazando el aumento del 45% ofrecido por la parte empresaria. La cifra no cubre las aspiraciones mínimas de los trabajadores”, y destacando la masiva concentración de los Petroquímicos ante el Ministerio de Trabajo, para lograr el aumento del 150% y otras aspiraciones. (3)
A raíz del estado de movilización, el viernes 27 de junio, se realizó un paro con una gran concentración en Plaza de Mayo, convocado por la CGT, las 62 Organizaciones y la UOM.
Hubo agitadas gestiones sindicales ante una posible derogación de las Convenciones Colectivas del Trabajo.
Al día siguiente, la Presidenta Isabel Perón contestó y dio a conocer su determinación: la anulación de las Paritarias y el otorgamiento de un aumento general del 50 % y de un 15 % más en octubre y enero de 1976.
Con el Plan Rodrigo se había puesto de manifiesto una planificación distributiva contra el proletariado, que culminó con la anulación de los contratos colectivos de trabajo.
La anulación del contrato equivale a la anulación del derecho, al quitar al proletariado su carácter de libre vendedor de su mercancía (la fuerza de trabajo), base de su igualdad y libertad en el plano jurídico. La anulación de los contratos colectivos trascendía por ello el mero hecho económico y se transformaba en la patada inicial del golpe lopezreguista, que, anulando al ciudadano, anulaba al parlamento y transformaba al proletariado de esclavo social jurídicamente libre en esclavo social jurídicamente sometido: de ciudadano a súbito del lopezreguismo autocrático.

Frente a la voluntad de anulación del contrato por el Ejecutivo isabelino, se levantó la voluntad política del proletariado que con su movimiento autónomo le dijo “No a la No-homologación de los convenios colectivos”.
En la Zona Norte del Gran Rosario, el estado deliberativo entre los activistas, los miembros de comisiones internas y las conducciones sindicales aumentó, con reuniones e intercambio de opiniones sobre las medidas a tomar. Lo sucedido fue narrado por un ex obrero Petroquímico:
“En PASA se convocó inmediatamente a una asamblea de fábrica. En poco tiempo nos reunimos en el galpón de mantenimiento los obreros del turno, dejando pequeñas guardias, los de la noche no fueron a sus casas. Fue una asamblea con pocas palabras. El ‘Negro’ Sosa, nuestro secretario general, hizo una panorámica de la situación, concluyendo “tenemos que sacar la lucha fuera de la fábrica. A la empresa ya la pusimos contra la pared, ahora hay que doblegar la política del gobierno”, que había demostrado su carácter de clase, a pesar de su careta popular. Los discursos eran encendidos y cortos. Impactantes, muy aclamados. Paradoja: no era contra la dictadura militar y sí contra el ‘gobierno de los descamisados’. Proponemos medidas de acuerdo con el momento y carácter de la lucha: “Tenemos que movilizarnos conjuntamente a los otros obreros de la zona”. Yo planteó con otros compañeros: “Marchemos hacia Rosario, tratando de levantar las otras fábricas”. La consigna fue “Acabar con la medida decretada, respetar los acuerdos firmados”. Todos los trabajadores de la zona industrial recibieron nuestra visita.” (4)
Comenzó la marcha hacia Rosario, tomando contacto con cada una de las fábricas de la zona. Desde los aceiteros de San Lorenzo hasta los textiles en Arroyito se fueron sumando a la caravana. “En el centro de Rosario nos encontramos con contingentes de obreros de la ciudad y de Villa Constitución. Cantando nuestras consignas nos apoderamos del centro de la ciudad. Finalmente nos concentramos frente a la CGT pidiendo a grito vivo para que los burócratas salieran al balcón. Una delegación de los sindicatos movilizados fue a pedirles que asumieran la acción que espontáneamente -no tanto- la clase trabajadora manifestaba en la calle el repudio a las medidas del gobierno peronista”. (5)
Las crónicas periodísticas destacaron “Un numeroso grupo de obreros procedente de la zona industrial comprendida entre Puerto San Martín y Granadero Baigorria recorrió en la tarde de ayer el centro de nuestra ciudad. Los manifestantes portaban un cartel que decía: ‘Plena vigencia a la Ley 14.250’ y apoyaban con estribillos esa petición. Se trataba de trabajadores petroquímicos, químicos, ceramistas, del tractor, mecánicos, jaboneros y también textiles. La manifestación tenía como objetivo pedir por la plena vigencia de la Ley 14.250, la homologación de los convenios de trabajo ya concertados y la libre discusión de los restantes, y que la CGT ratifique el pedido elevado el jueves pasado durante la movilización en la Plaza de Mayo”.(6)
Se sumaron los metalúrgicos de Rosario y de Villa Constitución, y en una columna que superaba el número de tres mil personas; recorrieron las calles céntricas, se dirigieron al local de la CGT, donde el Secretario General, desde los balcones se dirigió a los trabajadores exhortándolos a mantener la calma y reiterando la postura de la CGT Rosario de “acatamiento a todo lo que disponga la CGT Nacional”. La mayoría de los manifestantes, que exigían una posición más drástica, respondieron con silbidos e insultos, retornando hacia la zona bancaria y solicitando la adhesión de los trabajadores bancarios, mientras se sumaban a la protesta los docentes.
Durante varios días, los obreros reclamaron con masivas manifestaciones (algunas, superaban los ocho mil obreros), la libre discusión de los convenios en el marco de la Ley 14.250 y la homologación de los ya pactados. Los dirigentes sindicales de varios gremios fueron desbordados por las bases.
Ante la movilización de la clase obrera en todo el territorio nacional, la CGT Nacional adoptó la determinación de realizar un paro por 48 horas, a partir de la hora cero del día 7 de julio.
La paralización del país fue total; mientras tanto, desde el gobierno y la burocracia sindical se intentaba negociar y, cuando se estaba cumpliendo el segundo día del cese de actividades, el Gobierno cedió: los acuerdos logrados en Paritarias fueron homologados.
EL SURGIMIENTO DE LAS “COORDINADORAS”: SU SIGNIFICADO
En las jornadas de junio-julio de 1975, surgieron en los principales centros industriales las Coordinadoras. En la Zona Norte del Gran Rosario, se conformó la “Coordinadora de Gremios en Lucha” y los Petroquímicos, a través de su Boletín, sintetizaron esos momentos:
“Los trabajadores petroquímicos, ante la noticia de que no se homologarían las convenciones colectivas de trabajo y se daría un aumento por decreto del 50 %, ganamos la calle para defender con nuestra lucha lo que la clase dominante pretendía quitarnos con la lapicera. En esas jornadas nos encontramos en la calle con miles de trabajadores de distintas ramas de la producción y codo a codo luchamos hasta abortar la política económica, arrancando de los resortes del poder a los ministros del hambre popular”.
“Pero los salarios conseguidos en las paritarias van perdiendo día a día su poder adquisitivo ante la incesante alza del costo de la vida, que se refleja en el aumento de tarifas e impuestos, gas, electricidad, materiales de construcción, ropa, útiles escolares, y todos los artículos de la canasta familiar, etc. Se nota también en la quiebra de los pequeños productores, en la paralización de los planes de vivienda, en el estado calamitoso de los hospitales, desabastecimiento, en la inflación que ha alcanzado porcentajes que van desde el 200 % al 450 %; en la gran cantidad de desocupados, que genera una mayor oferta de mano de obra y por consiguiente una constante desvalorización de la misma; en la supresión de las libertades democráticas; manteniendo el Estado de Sitio, que hace que compañeros como Piccinini, Ongaro, Zamboni, etc. deban permanecer presos o irse del país sin haber cometido otro delito que defender los intereses de la clase trabajadora. En la intervención a sindicatos democráticos -Luz y Fuerza, Smata (Córdoba), UOM (Villa Constitución), Cetera (Nacional), etc.- se aprecia que nuestra victoria fue parcial en nuestros compañeros más representativos y honestos que han regado con su sangre el camino de nuestra emancipación definitiva, mudos testigos de la represión y la barbarie a la que nos somete la clase dominante”.
“Todo lo expuesto deja medianamente claro que la crisis social, política y económica día a día se agudiza. Por ello se hace necesario que los trabajadores coordinemos nuestras luchas, que nos unamos a los efectos de que unidos y organizados demos por tierra con todos los intentos del gobierno, burocracia sindical, milicos y explotadores de sumergirnos en la miseria física y social que han programado para nuestra clase, y que se viene cumpliendo tal cual lo detallamos sintéticamente en los párrafos anteriores”.
“Con ese pensamiento y esa necesidad y como consecuencia de las luchas de julio, la C.D. del Sindicato Petroquímico, junto al frente gremial docente, compañeros de John Deere, Hanomag, Construcción, UPCN, Judiciales, Municipales, Bancarios, Mercantiles, Metalúrgicos, Sanidad, Duperial, Ceramista, Vilver (Villa Constitución y Rosario), Sulfacid, etc., constituyeron la Mesa Provisoria de la ‘Coordinadora de Gremios en Lucha’ y sigue trabajando para la conformación definitiva de la misma.
“Si los patrones coordinan para explotar, los trabajadores coordinamos para erradicar la explotación.” (7)
Los Gremios de la Zona Industrial volvían a parir una nueva Organización, como lo habían hecho cuando se conformó la Intersindical en 1969. La “Coordinadora de Gremios en Lucha” estuvo integrada por algunas conducciones sindicales, comisiones internas de varias fábricas, agrupaciones obreras y activistas gremiales. Su funcionamiento se caracterizó por un amplio ejercicio de la democracia obrera en todas las instancias. (8)
Fueron quince días en que el país estuvo prácticamente paralizado, con masivas y permanentes marchas obreras en todo el territorio nacional, especialmente en los cordones industriales. Las concentraciones en Plaza de Mayo y en las principales plazas del país, a pesar de la burocracia, adquirieron un claro contenido político, exigiendo y logrando la anulación del “decretazo” de Isabel Perón y la renuncia de sus Ministros Rodrigo y López Rega.
Se fue dando un espacio donde surgieron las Coordinadoras, formas organizativas de la clase obrera, sustentadas en la acción conjunta, la solidaridad, los principios de la democracia de base y la defensa de sus intereses.
“Las gloriosas jornadas de julio muestran lo poderoso que somos cuando nos decidimos a luchar por nuestros intereses. La producción del país, en esos días, bajó considerablemente y cuando al gobierno se le ocurrió sacarnos lo que habíamos conseguido en la lucha, salimos a la calle y como un solo hombre expresamos nuestra bronca contra nuestros circunstanciales enemigos López Rega, Rodrigo, etc. Patrones, burócratas, milicos y gobierno temblaron, marcha y contramarcha, comunicados, reuniones, trataron de parar esta incontenible demostración de fuerza y combatividad. No lo consiguieron. Triunfo parcial de la clase obrera. Fue parcial porque el enemigo está asustado, pero en pie. Ya están reacomodándose: licencia presidencial, cambio de ministros, arreglo entre partidos, discursos, palabras y más palabras. Con un solo objetivo: que la crisis la paguen los obreros”.
“Fuertemente unidos, junto al resto de la clase obrera, discutiendo y decidiendo en asambleas democráticas, sin delegar en otros lo que nosotros mismos debemos resolver, nos fortaleceremos cada vez más para responderle a la patronal ante cada atropello y a las bandas armadas ante cada amenaza. Los petroquímicos hemos demostrado lo que somos capaces de hacer: recordemos la presencia masiva en el Ministerio de Trabajo, la recorrida de las fábricas, las manifestaciones en Rosario. Por ese camino iremos marchando, hasta derrotar a nuestro enemigo, haciendo pagar la crisis a los verdaderos culpables: los patrones.” (9)

En el caso de la “Coordinadora de Gremios en Lucha de la Zona Norte del Gran Rosario”, a diferencia de otras surgidas en distintos puntos del país donde las organizaciones fabriles desbordaron a los dirigentes sindicales, ésta estuvo integrada e impulsada por varias conducciones sindicales combativas y clasistas.
Adolfo Gilly afirmo “El control por el Estado desde arriba, a través de los dirigentes peronistas, el empuje y la organización de los trabajadores desde abajo marcó desde entonces (1945) a los sindicatos industriales de masas argentinas. En el ‘Cordobazo’ de 1969, pero sobre todo en la huelga general de julio de 1975, la tensión permanente entre estas dos determinaciones entró en conflicto antagónico. En ambas ocasiones, el factor decisivo de organización de las luchas fueron los organismos de fábrica. Pero en 1975 éstos desbordaron durante varios días a la alta dirección sindical, se coordinaron independientemente de ella y entraron en contradicción directa con el gobierno peronista y con el Estado”. (10)
Coincidimos con la apreciación que plantea Gilly: “cuando el consejo sale de su fábrica y se une a los de otras fábricas en una red que se extiende al cuerpo social, inevitablemente entra en un conflicto con el poder del Estado (…) Cada vez que un acontecimiento similar se ha presentado o ha amenazado presentarse, ha coincidido con un alto nivel de la actividad huelguística, social y política del proletariado, y ha provocado la inmediata reacción del Estado para recuperar sus prerrogativas amenazadas y restablecer la autoridad del capital -o del Estado- en las fábricas” (11)
En los meses posteriores a junio-julio, comenzaron a aparecer frecuentemente en el discurso de militares, empresarios, políticos y sindicalistas las apelaciones a la lucha contra la “guerrilla fabril”, “las huelgas salvajes” y los “infiltrados en el movimiento obrero”, tras lo cual “toda la potencia represiva del Estado se concentró furiosamente sobre las fábricas, los trabajadores y sus aliados con todos los medios a su alcance”.
El SOEPU denunció la represión desatada en esos días a través de un pronunciamiento -Contra la Escalada de Terror y Matonaje- en el cual plantearon: “La escalada terrorista que invade el país y que invariablemente ha quedado impune (jamás se encontró un asesino a sueldo del imperialismo), los asesinatos, cárceles, invención de falsos complots. Secuestros, amenazas a auténticos exponentes del arte popular, a políticos, etc. Las amenazas a nuestro asesor letrado y a uno de nuestros dirigentes, las amenazas a un dirigente de los obreros de Sulfacid y su familia, la inmolación del joven compañero José Polenta. No podríamos comprender la existencia del terrorismo y el matonaje impune sin entender el poder que lo nutre”. (12)
Desde 1969 se fueron dando formas organizativas democráticas, con gran participación de las bases obreras, estableciéndose así profundas relaciones interfabriles con innumerables contactos regionales y nacionales. A esto se sumó la intensificación de los vínculos y debates en el interior de las plantas industriales, de una fábrica a otra, de las zonas industriales a los barrios obreros. Por eso, el principal objetivo de la Dictadura Militar del ‘76 fue frenar ese proceso en ascenso, destruir y paralizar toda esa organización que se venía gestando. La represión más violenta fue contra los dirigentes, militantes y cuadros obreros. Los militares genocidas continuaron lo que desde hacía un tiempo venían llevando a cabo las bandas parapoliciales: asesinar delegados de fábrica.
Las limitaciones de esas luchas de junio-julio de 1975 pueden ubicarse en que las Coordinadoras no pudieron evitar que la burocracia sindical negociara con la fuerza de las movilizaciones, a lo que se sumó la posterior derrota infligida al proletariado por parte de la burguesía, con la represión desatada en los meses siguientes. Por otra parte, numerosos protagonistas de esas jornadas, destacaron la falta de formas organizativas de autodefensa, para la protección de los activistas, militantes y miembros de comisiones directivas.
Desde esos días hasta el golpe de 1976, los fenómenos que caracterizaron la situación del país fueron los siguientes:
– Imposibilidad de mantener la conciliación de clases en el terreno de la producción
– Se puso al rojo vivo la contradicción entre economía y política
– La burguesía se debatió en su impotencia para gobernar, que se expresó en: debilitamiento del ejecutivo, ruptura de la prescindibilidad de las Fuerzas Armadas y necesidad del reforzamiento de sus instituciones
– Indisciplina social y productiva. La indisciplina fabril y la anarquía social carcomían el “cuerpo social”.
REFLEXIONES SOBRE LAS LUCHAS DE JUNIO-JULIO DE 1975
La lucha por el derecho a la organización sindical del proletariado, en tanto vendedor de fuerza de trabajo y organizado en sindicatos, signó toda una etapa de la historia de la clase obrera en la cual se dispuso a discutir con la burguesía el valor de cambio de su mercancía.
La clase obrera se organizó en los Sindicatos para resistir bajo una forma que se destaca porque el proletariado pugna para que dinero-mercancía se pague por más dinero. Por supuesto que la mercancía es fuerza de trabajo. Pero, para entender mejor esto, ¿cómo resiste el proletariado? Igual que el tendero, porque regatea con su mercancía: como libre vendedor de su fuerza de trabajo exige más dinero; en el caso que se lo nieguen, no vende y hace huelga.
En todo ese largo camino de resistencia del proletariado a la burguesía, los libres vendedores de fuerza de trabajo fueron necesitando de una organización externa a las fábricas. Porque: ¿Quién organiza al proletariado dentro de la fábrica? La burguesía. ¿Dónde y cómo se organiza el proletariado?, en los sindicatos, en las asambleas.
Estar dentro o fuera de las fábricas no consiste simplemente en un hecho geográfico; fuera están los libres vendedores de fuerza de trabajo y dentro están los obreros desposeídos de su fuerza de trabajo. Dentro de las fábricas, la fuerza de trabajo es posesión del capital y el salario se ha convertido en capital variable. El vendedor de fuerza de trabajo está siendo desplazado por el desposeído, en la que el libre ciudadano, en el plano del intercambio, está siendo reemplazado por el esclavo asalariado en el plano de la producción.
La Organización Sindical, organización de los libres vendedores de fuerza de trabajo, no se proponía -por lo menos en su surgimiento- más que el papel de resistencia a la explotación capitalista, ya fuere en lo concerniente a las condiciones de trabajo como en el plano salarial. Y la organización sindical por rama de la producción pasó a ser estimulada por la propia burguesía, que necesitaba planificar la producción y, por ende, necesitaba planificar el precio de la mercancía fuerza de trabajo. Surgieron así los Contratos Colectivos de Trabajo, que inclusive fueron incorporados por la legislación del Estado burgués y pasaron a ser la forma más difundida del contrato de trabajo.
Los contratados ya no eran los obreros individuales sino el conjunto de los obreros en cada rama de la producción. Es decir, se constituía el monopolio de los propietarios de la mercancía fuerza de trabajo, en oposición a los intentos de monopolización de la fuerza de trabajo por parte de la burguesía. Esto era expresión también de que se terminaba la etapa de libre cambio entre los propios obreros y era equivalente, en lo atinente a la venta de la fuerza de trabajo, de lo que es la expansión capitalista en la fase de los monopolios.
El contrato colectivo de trabajo, por ley, no es ley para el conjunto, pero sí es ley para las partes. El Estado se limita al papel de “guardián” para que lo acordado entre las partes se cumpla. O sea, hay una injerencia del Estado, el cual si bien no toma parte en la libre contratación, sí vela por su cumplimiento. Pero en realidad, ¿qué es lo que se está haciendo al firmar el convenio colectivo de trabajo? Se está planificando la venta de la fuerza de trabajo a tiempo fijo por rama de la producción.
Con las Paritarias, como órgano de discusión, continuaron afirmándose los convenios colectivos, conteniendo la posibilidad que arbitrase el Estado en caso de desacuerdo entre las partes. El Estado aparece así reglando “por encima” de las clases, claro está, de las clases “compradora y vendedora”. Esto evidencia una contradicción mayor entre el proletariado y la burguesía -que ya no podían ponerse de acuerdo- aunque más no sea en la esfera del intercambio. Por eso, el guardián del “interés general” -el Estado burgués- debió comenzar a intervenir, decidiendo lo que las partes no podían conciliar.
La contradicción entre “compradores” y “vendedores”, aunque las partes aparecen como iguales ante la ley, se expresa primero en la esfera del intercambio, pero termina por introducirse en la esfera de la producción: el valor de cambio de la fuerza de trabajo, vía Convenios Colectivos y Paritarias, progresivamente se transformó en una limitación al uso capitalista indiscriminado de la fuerza de trabajo.
Así, “los vendedores” le fueron arrancando a la burguesía una serie de derechos laborales bajo la forma de derechos especiales de los trabajadores, lo que significaba una profundización del reconocimiento de que el obrero es un ser humano. Esto no representaba otra cosa que la tan mentada “humanización” del capitalismo.
Y relacionando esos conceptos con las luchas de junio-julio de 1975 debemos preguntarnos: ¿Por qué se desató el conflicto?, ¿Cuál fue el conflicto?, ¿Qué tipo de respuesta tuvo la clase obrera ante la No Homologación por parte del Gobierno Nacional de los aumentos salariales acordados en Paritarias?, ¿Qué expresó la lucha en esas jornadas?

Durante esos días, el Estado no homologó lo acordado entre los compradores y los vendedores; el Estado “reguló por encima de las partes, por sobre las clases”. Los obreros reaccionaron como ciudadanos “libres vendedores de su fuerza”, ante una medida política del gobierno. La lucha fue de lo económico a lo político, se enfrentó la disposición política de “regular por encima de las partes, por sobre las clases”. Se pasó de la discusión en Paritarias, de los acuerdos entre “las partes”, no sin conflictos y amenazas de huelgas, a enfrentar el Decretazo de la Presidenta Isabelita y su Gobierno Nacional. Se produjeron grandes movilizaciones contra esa medida, en una lucha política contra el mismo Gobierno y surgieron las Coordinadoras, como nuevas formas organizativas de la clase obrera.
El resultado fue el logro de la homologación de lo convenido en las distintas Paritarias y las renuncias pedidas de los Ministros Rodrigo y López Rega.
En esas jornadas se consiguió un nexo activo y articulador entre los Comités de Fábricas, Comisiones Internas, delegados de fábrica, algunas Comisiones Directivas con mandatos de Asambleas y activistas gremiales, lo que dio lugar al surgimiento de las Coordinadoras de Gremios, como la de la Zona Norte del Gran Rosario, La Plata, el Gran Buenos Aires y Córdoba.
Fue el vínculo de los obreros entre sí, la conexión de los libres vendedores de su fuerza de trabajo fuera de las fábricas, la cual enfrentó una medida arbitraria del gobierno que laudaba por sobre las partes, por encima de las clases.
CITAS
(1) Revista “Política Obrera” – Abril 1975.-
(2) El Petroquímico Nº 32.-
(3) La Capital – 17 de Junio de 1975; pág. 6.-
(4) Dowling, Juan Alfonso. “Petroquímicos. La Intersindical y la Democracia. Una experiencia de lucha en la Zona Industrial de San Lorenzo”. En: Autores Varios. Nuevas Tendencias en el Sindicalismo Argentina – Brasil. Editorial Biblos / Fundación Simón Rodríguez, 1992.-
(5) Dowling, Juan Alfonso. op. cit..-
(6) La Capital – 1º de Julio de 1975; pág. 5.-
(7) El Petroquímico Nº 33.-
(8) El Petroquímico Nº 33.-
(9) El Petroquímico Nº 33.-
(10) Gilly, Adolfo. “Los Consejos de Fábrica: Argentina, Bolivia, Italia”. En: Coyoacan – Revista Marxista Latinoamericana Año II Nº 5 pág. 51. Ediciones El Caballito, 1978.-
(11) Gilly, Adolfo. op cit..-
(12) El Petroquímico Nº 33.-
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Ernesto Alonso: «La selección nos recordó que Malvinas sigue siendo una causa del pueblo argentino»
En diálogo con Nora Anchart en La Columna Vertebral a Ernesto Alonso, excombatiente de Malvinas, fundador y director del CECIM La Plata. En la conversación repasó el vínculo construido entre el Centro de Ex Combatientes y la Selección Argentina, el significado de la bandera de Malvinas desplegada tras la consagración en el Mundial y reflexionó sobre la defensa de la soberanía nacional como una causa vigente.
LCV: Contame un poquito cómo nació el vínculo entre el CECIM y la Selección Argentina.
Ernesto Alonso: «Con la selección tenemos una relación que comenzó a través del preparador físico, Luis Martín, que es de La Plata. A partir de ese contacto empezamos a vincularnos y él se acercó al CECIM. Desde entonces mantuvimos una relación muy cercana. Tenemos en nuestra sede una camiseta de la selección campeona de la Copa América y también dos banderines de la AFA firmados por el cuerpo técnico. El año pasado, cuando volvimos a Malvinas para seguir el proceso de identificación de los soldados en el cementerio de Darwin, dejamos uno de esos banderines en la cruz mayor del cementerio argentino, como un homenaje y también por pedido del cuerpo técnico.»
LCV: Esa camiseta que tienen ustedes también está firmada por varios de los jugadores campeones. Frente a quienes descalificaban a la selección diciendo que era un grupo de millonarios ajenos a la realidad del país, ¿cómo interpretás vos el compromiso que demostraron?
Ernesto Alonso: «La selección demostró que es un grupo humano enorme. Son muchachos muy humildes. Si uno compara con otras épocas, cuando algunos jugadores parecían molestarse por tomar una bandera argentina, la diferencia es enorme. Luis Martín incluso nos pidió una bandera del CECIM para llevar al Mundial. Para nosotros hubo dos finales: una con Inglaterra y otra con Francia. La verdadera final fue con Inglaterra. Había una enorme carga simbólica y mucha presión alrededor de ese partido.»
LCV: ¿Qué tipo de presión percibían?
Ernesto Alonso: «La presión tenía que ver con volver a enfrentar a Inglaterra después de tantos años. Nosotros entendíamos que no era un partido más, aunque públicamente Scaloni dijera que sí porque era lo políticamente correcto. Por eso enviamos una carta al plantel, que después tomó estado público, donde les pedíamos que jugaran tranquilos, con el corazón, como siempre lo hacen. Les recordábamos que el pueblo argentino ya había encontrado una reparación simbólica en México 86, apenas cuatro años después de la guerra, y que esta vez disfrutaran del fútbol. Pero nosotros sabíamos que, emocionalmente, ese partido tenía un significado muy especial.»
LCV: En esos días también hubo una fuerte discusión por la presencia de símbolos vinculados a Malvinas y por las declaraciones del Gobierno nacional. ¿Cómo analizás esa situación?
Ernesto Alonso: «Este gobierno está muy alejado de cualquier defensa de la soberanía nacional y eso se refleja todos los días. El episodio con la ministra de Seguridad fue una muestra más. Todos los argentinos, desde el Presidente para abajo, tenemos el mandato constitucional de sostener el reclamo de soberanía sobre Malvinas. Nuestro país sigue siendo un país colonizado: los británicos ocupan cerca de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio argentino y, después de 1982, ampliaron todavía más esa ocupación. Buena parte de las dificultades que atraviesa nuestro pueblo también tienen relación con esa realidad colonial. Lo que vemos hoy es una profundización de ese proceso.»
LCV: Quiero llevarte a un plano más personal. Cuando apareció la bandera con la inscripción ‘Las Malvinas son argentinas’ sobre el campo de juego, ¿qué sintió aquel excombatiente que conocí hace tantos años?
Ernesto Alonso: «Fue un impacto enorme. La cámara giró y de repente apareció esa bandera. Después vino toda la escena de los jugadores desplegándola con un respeto y una delicadeza impresionantes. Más tarde me enteré de que había sido pintada por hinchas que la arrojaron desde la tribuna. En ese momento sentí que aparecía Diego Maradona. Me lo imaginé levantándose la camiseta y mostrando el tatuaje de las Malvinas. A pesar de todas las posiciones contrarias a la soberanía que se escuchan desde algunos sectores del poder, apareció la verdadera argentinidad. Malvinas sigue movilizando desde la emoción y ahora el desafío es transformar esa emoción en una comprensión más profunda de por qué defendemos esa causa.»
LCV: ¿Creés que este gesto de la selección puede tener un impacto duradero?
Ernesto Alonso: «Sí, porque generó preguntas en las nuevas generaciones. Al día siguiente muchos chicos llegaron a la escuela preguntando qué significaba esa bandera y pudieron hablar de Malvinas en clase. Eso es maravilloso. Nosotros venimos trabajando muy fuerte dentro de una coalición en defensa de la tierra porque creemos que este gobierno ha puesto el territorio argentino en venta. Ojalá algún día podamos tener una foto junto a estos jugadores, porque entendieron el valor simbólico de Malvinas y ayudaron a que miles de chicos vuelvan a interesarse por esa historia.»
LCV: ¿Qué reflexión final te deja todo lo que ocurrió?
Ernesto Alonso: «Esta selección nos hizo sufrir, disfrutar y emocionarnos, pero sobre todo nos ayudó a comprender de qué hablamos cuando hablamos de Malvinas. Hay que seguir trabajando con las nuevas generaciones. Tengo un nieto de casi tres años que no quiere sacarse la camiseta de la selección y lo veo junto a otros chicos jugando vestidos de celeste y blanco. Ahí está el futuro. Pero también necesitamos un gran acuerdo político basado en la defensa de la soberanía nacional. Sin políticas soberanas va a ser muy difícil que la Argentina pueda salir adelante.»
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AMET Entre Ríos rechaza la reforma previsional impulsada por Frigerio y anticipa medidas gremiales y judiciales
En diálogo con Nora Anchart para La Columna Vertebral, el secretario general de AMET Entre Ríos, Jorge Besel, cuestionó el proyecto de reforma previsional impulsado por el gobierno de Rogelio Frigerio. Advirtió que la iniciativa implica un recorte de derechos para los actuales y futuros jubilados, denunció que reduce el haber previsional y confirmó que el gremio continuará con medidas de fuerza, gestiones legislativas y acciones judiciales si la ley es finalmente aprobada.
LCV: El gobierno de Entre Ríos, a cargo de Rogelio Frigerio, ha avanzado con una reforma previsional. Decime exactamente en qué consiste y cuál es la postura de ustedes.
Jorge Besel: «En realidad, el proyecto fue aprobado por el Senado y ahora pasa a la Cámara de Diputados. Está claro que allí el gobernador tiene mayoría, por lo que, si bien seguimos insistiendo para que esta reforma no salga porque para nosotros es muy negativa, tanto para los jubilados actuales como para quienes nos vamos a jubilar en los próximos años, sabemos cuál es el escenario político. Nosotros cuestionamos desde el inicio la forma en que el gobernador presentó la iniciativa. Primero difundió un documento con supuestos ejes de discusión que no constituían un proyecto de ley y recién diez días antes de su ingreso a la Legislatura apareció el texto definitivo. Es un proyecto elaborado por la Fundación Mediterránea de Córdoba, muy parecido a las reformas que ya se implementaron en Córdoba y Santa Fe, con la misma orientación política. La semana pasada estuve justamente en Córdoba con compañeros y abogados analizando las presentaciones judiciales que allí realizaron contra esa reforma. Nosotros estamos estudiando hacer lo mismo en Entre Ríos si finalmente Diputados aprueba la ley. Uno de los principales cambios es que hoy en Entre Ríos existe el 82% móvil, es decir, un jubilado cobra el 82% del salario del trabajador activo. Con esta reforma ese porcentaje caería aproximadamente al 65 o 66%, aunque todavía no hay una cifra definitiva. Eso implica perder entre 12 y 13 puntos del haber jubilatorio. Además, se amplía el período para calcular el promedio salarial: en lugar de tomarse los últimos diez años pasarían a considerarse los últimos quince. También se le otorgan facultades extraordinarias al gobernador y al presidente de la Caja de Jubilaciones, algo con lo que no estamos para nada de acuerdo porque entendemos que es inconstitucional y que esas atribuciones corresponden a la Legislatura. En síntesis, no es un proyecto que mejore la calidad de vida de los jubilados ni de quienes nos vamos a jubilar. Muy por el contrario, atenta contra la posibilidad de llegar al final de la vida laboral con una jubilación que permita vivir con tranquilidad.»
LCV: ¿Qué acciones van a llevar adelante para intentar impedir esta reforma? ¿Ya es un tema definido o todavía creen que puede frenarse? ¿Y qué camino quedaría si finalmente se aprueba?
Jorge Besel: «Hoy estamos llevando adelante una medida de fuerza y no hubo inicio de clases en Entre Ríos. El paro responde, por un lado, al rechazo de esta aprobación en el Senado y, por otro, a la propuesta salarial del Gobierno provincial, que tampoco estuvo a la altura de las circunstancias. El gobernador había prometido que los salarios no iban a perder frente a la inflación, pero ya estamos alrededor de quince puntos por debajo en lo que va del año entre los aumentos otorgados por decreto y la evolución del proceso inflacionario. En relación con la reforma previsional, vamos a seguir trabajando con los diputados para intentar convencerlos de que no aprueben este proyecto. Paralelamente, ya estamos trabajando con nuestros abogados porque entendemos que tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo tienen la decisión política de avanzar con esta iniciativa. Si no logramos frenarla en la Legislatura, iremos a la Justicia porque, según nuestros asesores legales, existen varios artículos que son inconstitucionales. Además de la protesta, también presentamos un proyecto alternativo para generar recursos destinados a la Caja de Jubilaciones mediante distintas fuentes de recaudación, modificaciones impositivas y una reorganización de partidas presupuestarias. Esa propuesta fue presentada en la Legislatura como una alternativa para fortalecer el sistema previsional sin recortar derechos, pero lamentablemente los legisladores no avanzaron en su tratamiento.»
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Alejandro Gramajo, sec.gral UTEP: «La unidad es el camino para frenar el ajuste»
En diálogo con Nora Anchart en La Columna Vertebral, Alejandro Gramajo afirmó que la Selección argentina dejó una enseñanza que trasciende al fútbol: el valor del trabajo colectivo, la solidaridad y la identidad popular. A partir de esa reflexión, el dirigente de la UTEP planteó la necesidad de trasladar esa experiencia de unidad a la defensa de los derechos de los trabajadores y los jubilados, y confirmó que este miércoles 22 de julio la organización participará de una movilización junto a la CGT y las dos CTA como parte de un plan de lucha que continuará en las próximas semanas.
LCV: ¿Cómo viviste el día de ayer y qué le querés decir a nuestra Selección?
Alejandro Gramajo: «Como todos los argentinos y argentinas, con el dolor de no haber podido ganar la final, pero también con un enorme orgullo por esta Selección. Nos enseñó que se puede pelear hasta el último minuto y que lo más importante es el trabajo colectivo. Más allá de tener al mejor jugador del mundo como capitán, lo que distinguió a este grupo fue la construcción colectiva. Durante estos años mostraron lo mejor de la Argentina: jóvenes humildes, esforzados, que nunca olvidaron de dónde vienen. Ellos mismos dijeron que muchos de sus triunfos eran para quienes no llegan a fin de mes o no tienen trabajo. Saben que cada victoria les regaló una alegría a millones de argentinos. Por eso, aunque exista la tristeza de haber perdido la final, también queda la satisfacción de haber sido contemporáneos de un grupo extraordinario que nos dio tantas alegrías y tantas conquistas.»
LCV: Hay quienes, tanto desde la derecha como desde la izquierda, sostienen que el Mundial fue una distracción frente a los problemas sociales. ¿Qué les respondés?
Alejandro Gramajo: «La mejor demostración de que esa mirada está equivocada fue lo que hicieron los propios jugadores. Después del triunfo frente a Inglaterra volvieron a poner en agenda mundial la causa de Malvinas con un gesto tan sencillo como mostrar una bandera. No solamente los argentinos hablaron otra vez de Malvinas, sino el mundo entero. Además, quienes más sufren las dificultades económicas también tienen derecho a un momento de felicidad, a abrazarse con sus familias, con sus amigos y con sus compañeros. El fútbol y los deportes populares son parte de nuestra cultura y de nuestra identidad. Ayer, aun después de perder la final, el pueblo salió a agradecerles porque nos hicieron vivir momentos hermosos. Pensar que una persona no puede emocionarse, reírse o disfrutar porque atraviesa dificultades económicas es desconocer la condición humana. Justamente la lucha por mejores condiciones de vida también necesita del amor, de la alegría, del encuentro y de la esperanza. En la construcción política nunca puede perderse ese sentido humano.»
LCV: También marcabas que tanto Maradona, Messi como el papa Francisco nunca perdieron esa identidad popular.
Alejandro Gramajo: «Exactamente. Argentina le ha dado al mundo figuras extraordinarias como Diego Maradona, Lionel Messi y el papa Francisco, cada uno desde lugares distintos, pero todos mantuvieron intacta su humanidad y su identidad. Diego nunca dejó de ser el pibe de Villa Fiorito que enfrentaba al poder; Messi, aun habiendo ganado todo, sigue acordándose de quienes no llegan a fin de mes; y el papa Francisco, hasta el último día de su vida, defendió a los migrantes y a los sectores más vulnerables. Lo mismo ocurre con muchos de estos jugadores, que reivindican con orgullo sus orígenes humildes, las madres empleadas domésticas, los padres obreros y las historias de esfuerzo. Cuando algunos los descalifican por ser millonarios o por expresar su fe, me parece que están reproduciendo una forma de pensar, tanto desde cierta derecha como desde cierta izquierda, que terminó abonando el terreno para fenómenos tan preocupantes como el de Javier Milei.»
LCV: ¿Creés que esa sensibilidad que despertó la Selección puede trasladarse a la defensa del trabajo y de los derechos sociales?
Alejandro Gramajo: «Sí, creo que es posible porque todo forma parte de un proceso. Cada uno, desde el lugar que ocupa, ya sea en un medio de comunicación, en una organización social, sindical, política o incluso desde el deporte, tiene la responsabilidad de transformar esas experiencias colectivas en conciencia. Así como la Scaloneta o el papa Francisco dejaron enseñanzas con su ejemplo y con su práctica, nosotros tenemos que procurar que esa energía no se apague cuando termina un campeonato. Tiene que convertirse en un proceso que contagie, eduque y fortalezca el compromiso de quienes tenemos responsabilidades públicas o sociales. La tarea es hacer que toda esa experiencia de unidad y de solidaridad no haya sido en vano.»
LCV: Contanos cómo será la movilización del miércoles y cómo se fue construyendo la unidad entre la UTEP, la CGT y las CTA.
Alejandro Gramajo: «La articulación entre nuestras organizaciones viene desde mucho antes y se profundizó durante estos años tan difíciles. En distintos momentos logramos acciones conjuntas y en otros no, pero siempre buscamos construir unidad frente al avance sobre los derechos de nuestro pueblo. La pelea contra la reforma laboral fue un punto importante de encuentro y, una vez terminado el Mundial, entendimos que era necesario retomar una agenda común. En esta oportunidad decidimos acompañar de manera conjunta a los jubilados, que vienen dando un ejemplo enorme de resistencia porque, con más o menos participación, todos los miércoles sostienen su jornada de lucha. Por eso impulsamos esta primera acción junto con la CGT y las CTA, pero también estamos trabajando en una hoja de ruta que contemple nuevas movilizaciones para mantener la unidad en la acción y visibilizar los problemas que atraviesa la mayoría de nuestro pueblo. Entre ellas, estamos organizando una movilización al Ministerio de Economía para mediados de agosto.»