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La Columna Vertebral

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El hombre que quiso regular la IA (y su enigmático final), por María Urruzola, desde Montevideo

Entrevista exclusiva a Daniel Mordecki, ex director de la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (AGESIC) del gobierno de Yamandú Orsi

El insólito interés de Tony Blair de convertir a Uruguay en un “laboratorio” de IA, el mismo Blair de la invasión a Irak y ahora de la teórica Junta de Paz de Trump para Gaza -que se propone crear en Palestina un balneario para ricos del mundo-, preocupó a bastante gente en la República Oriental, lo que solo se manifestó en las redes. Si bien en Uruguay el silencio tradicional del verano dura tres meses o más, pocos días antes de fin de año el gobierno despidió al novel director de la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (AGESIC), Daniel Mordecki, alguien que trabajó sin prisa pero sin pausa en sus cortos 9 meses de función para que Uruguay tuviera una regulación de la IA y del uso de los datos por parte de los milmillonarios de la Tech (grupo de empresas especializadas en tecnología que ofrecen ‘soluciones ágiles’ a los problemas corporativos). Casi todos ellos amigos de Trump y muchos de Israel.
Si bien la Agesic no es un organismo que figure en el horizonte cotidiano de los ciudadanos, es “el organismo” del gobierno que lidera las estrategias del Estado para el mundo digital. En 20 años, lo posicionó como líder en América Latina en desarrollo de las TIC y lo ubicó entre los tres países “pioneros” de América Latina en gobernanza en IA, junto a Chile y Brasil.
Que el nuevo gobierno de izquierda haya nombrado un director, conocido por su larga trayectoria, y a menos de diez meses lo haya puesto de patitas en la calle, sin mediar explicación, no solo es grave sino que preanuncia lo que algunos representantes de la derecha reclaman en voz alta: no enojar a Trump ni a sus amigos, y ceder todo lo necesario para pasar por debajo del radar patotero del nuevo orden mundial. Lo que no hizo Mordecki, que a mediados de 2025 firmó una declaración de judíos uruguayos contra el genocidio del gobierno de Israel en Gaza, exigiendo la ruptura de relaciones con ese país, y que apenas unos pocos días antes de ser despedido anunció entre 45 y 50 nuevas normativas gubernamentales para la IA, el uso de los datos y la transparencia del “ecosistema digital”. Como no se fue en silencio, sino que presentó una denuncia ante el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio, el partido de gobierno, no aceptó hablar de su caso pero sí de los problemas que plantea el nuevo mundo digital
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¿Uruguay está en condiciones de garantizar la soberanía tecnológica del país?

– Debe haber pocos temas más complejos que el de la soberanía digital, porque habría que dar otra discusión previa, interesante, sobre la soberanía y sobre si las fronteras son una buena organización para el mundo. Un ejemplo: el sindicato de la bebida festeja que trajo una planta desde Argentina a Uruguay y eso quiere decir que en Argentina sus pares se quedaron sin ese trabajo. La empresa en realidad ni ganó ni perdió nada, porque los impuesto pueden tener alguna pequeña diferencia, pero de hecho fabrica la misma bebida de un lado y del otro. Entonces, las fronteras son una cosa bastante jodida, que ahora están en plena discusión. La frontera tiene que ver con la nación de distancia o sea con la geografía y con el territorio físico, y lo digital no tiene territorio.

–No tiene territorio en el sentido geográfico, pero tiene materialidad en el sentido físico: se apoya en centros de datos, lo que antes se llamaba la autopista de la información… tiene cables, tiene aparatos…

Sí, pero no es relevante, o mejor dicho es prácticamente irrelevante dónde estén esos cables. Tú tenés un data Center de Google en Uruguay, físicamente. ¿Qué diferencia hay entre que esté en Uruguay, que esté en Argentina que esté en Arkansas?

Las fronteras son una cosa bastante jodida, que ahora está en plena discusión

Se supone que la diferencia es que usa nuestra agua, usa nuestra energía…

-Y la empresa de seguridad que cuida el local es de Uruguay. Pero lo técnicos son los mismos, los datos son los mismos. Es evidente que hay cables y hay máquinas y hay procesadores y memorias, y que eso existe físicamente, que tiene materialidad, pero el lugar es prácticamente intrascendente. El primer problema de la soberanía digital es definir qué es ser soberano digitalmente. Porque no es que estén las cosas en el territorio. El segundo problema es que prácticamente todos los sistemas están interconectados, todo o casi todo, y un sistema que no está interconectado no sirve para casi nada. Si alguien necesita seguridad realmente extrema lo que haces es desconectar Internet y desenchufar todo. O sea: tiene que ir al lugar, poner una silla y usar una máquina, que esté en el lugar. Eso se hace para determinadas cosas y está bien que se haga. Pero no es la idea que uno tiene de las gestiones y los trámites y las transacciones y la información y los blogs y las redes… eso está todo conectado, y tiene que estar todo conectado. Si te estás preguntando cómo calza un mapa en una cosa que no sabe qué son las fronteras…

Exacto. Es la preocupación que me surge cuando oigo al dueño de Oracle decir que lo primero que tiene que hacer un gobierno es poner todos los datos de su país en la nube, para que puedan ser usados por la inteligencia artificial. ¿Todos los datos de Uruguay? Se supone que por ahora están solo en manos de Agesic, de la agencia del gobierno.

–Ni siquiera. Los tiene cada organismo. Pero ahí tenés múltiples problemas. Ahora se habla mucho de resiliencia, es un palabra de moda. Pero la resiliencia está dada por la fragmentación. Te pongo un ejemplo que a mí me gusta mucho, que refiere al gas ¿por cañería o supergás por garrafa? El supergás está fragmentado. No hay una forma de impedir que cocinen en el mismo momento a todos los que tienen supergas. Puede haber problemas, de distribución, porque con todo puede haber problemas, pero no hay un punto único de falla, un lugar en el que vos te propones pegar y se acaba todo. Pero en el gas por cañería sí. Vos cerrás el caño principal y nos quedamos todos sin gas, en simultáneo. Entonces el primer problema es que la concentración trae beneficios, pero genera automáticamente puntos únicos de falla: para que deje de andar, para que lo corten, para que lo roben, para que lo tergiversen. O sean, grandes problemas. Amenazas que no existían antes, grandes problemas de seguridad en el sentido más amplio de la palabra, que la fragmentación evita de forma natural.

Como Estado, la pregunta es: qué problema quiero resolver. Porque nunca la solución precedió al problema

Pero lo que preconiza el dueño de Oracle, en el sentido de usabilidad, digamos, de todos los datos de un país, es decir datos de ciudadanos, de salud, datos económicos, fiscales, etc, para ser usados por la inteligencia artificial, nos plantea el tema de quién los usa.

-Dejemos dicho que la concentración es un problema o debe ser tratada con un cuidado especial. Si a vos te propusieran tener dos sistemas que valen lo mismo, iguales, uno con la información fragmentada y otro con la información concentrada, el que tiene la información fragmentada tiene ventajas. Lo que pasa que la información fragmentada trae otros problemas, de acceso por ejemplo. Con respecto a los empresarios de la inteligencia artificial, o sea Larry Ellison y otros cinco, seis, todos ellos están en el modo: “la inteligencia artificial resuelve cualquier problema”. Pero nunca fue así. O sea: nunca una solución precedió a un problema. La pregunta que habría que hacerle a Larry Ellison sería ¿qué problema queremos resolver?

Él, está claro que busca la monetización de los datos, que no son suyos.

-Yo entiendo cuál es el problema que él quiere resolver. El quiere vender. Lo que parece razonable dado que es un empresario que se dedica a eso. Pero como Estado, la pregunta que hay que hacerse es: qué problema quiero resolver… Y te diré que no sólo como Estado… como empresa, como persona, como lo que sea, la pregunta es siempre ¿qué quiero resolver?

La IA empezó a estudiarse en la década del sesenta. En los 70 y 80 apareció el fenómeno de los ‘inviernos de la IA’. En los 90 tuvimos la ‘burbuja’ de los puntocom

¿Y eso qué significa para los gobiernos?

-Que vos como Estado no podes comprar ese juego de que la IA es un gran negocio que va a cambiar el mundo. Vos tenés que mantener la lógica de: primero el problema, la solución después. Porque primero tenemos que definir qué es la inteligencia artificial, de qué hablamos. La IA no es la capacidad de generar textos. Eso es como la cereza en la crema. La inteligencia artificial existe desde la década del 60, cuando nace la primera generación de computadoras y entonces se juntan los informáticos del momento, los más filosóficos, con psicólogos, neurólogos, lingüistas (Noam Chosky fue uno de ellos) y empiezan a hacer estudios sobre la similitud del la computadora y el cerebro, como comparables en su funcionamiento lógico. Empiezan pruebas de cómo funcionaba el lenguaje natural traducido a formatos informáticos.

Ya hubo una burbuja de las puntocom, a mediados de los 90.

-Y antes hubo lo que se llamó “inviernos” de la inteligencia artificial, en los 70-80, y luego una década después. La idea nació del “invierno nuclear” durante la Guerra Fría: momentos en los que alguien promete que las computadoras van a lograr cosas increíbles, lo mismo que prometen ahora, y empiezan a fluir los fondos, y aumentan las promesas, y el dinero mana a raudales, como una primavera, y después explota todo, se cae, y nada era como lo habían prometido. ¿Eso quiere decir que la IA no produce resultados? Sí, produce, pero no hay que centrarse en lo que hace el mercado.

La IA es un sistema probalilístico, que usa millones de datos. Los nuestros

¿Y qué es la inteligencia artificial?

-Es un sistema que genera un modelo probabilístico de qué cosas pueden pasar. Esa es una definición que abarca todo lo que se pueda llamar IA. O sea: si vos tenés un sistema de contabilidad, a los mismos datos de entrada, los mismos datos de salida. Y si ponés otro sistema, a los mismos datos (el mismo balance, el mismo plan de cuentas, etc), hace el mismo informe.
La IA es un sistema que busca entre una cantidad, no importa cómo lo hace, de datos y soluciones, y te da una, diciendo: esta es la más probable. Un sistema de previsión del clima, es un sistema de inteligencia artificial. Por ahora son todos distintos porque todos valoran cosas distintas. Y es evidente que en una infinidad de terrenos, tener un modelo probabilístico de calidad es bueno. Que a vos te digan que algo tiene el 95% de probabilidad, es muy importante.

Por eso el dueño de Oracle quiere que Inglaterra ponga todos sus datos de salud accesibles.

-Vos mirás esos datos y tenés un camino para decir: ahí debemos invertir muy fuerte. Larry Ellison no lo sabe, pero Uruguay tiene en la historia clínica nacional los datos de eventos de todos los uruguayos de los últimos 10 años. Cientos de millones de registros. Entones tú podés, a partir de esa información, prever muchas cosas, con un modelo probabilístico: para tales enfermedades, o tales situaciones clínicas, qué pacientes tienen más de 80-90% de probabilidades. No es un diagnóstico, es un modelo. Y en el momento en que entendés que lo que hace la IA es un modelo probabilístico, entendés que los errores son inherentes, y que no los van a corregir. Siempre habrá un porcentaje de error.

Uruguay, la Patria o la tumba…o la Patria y la cumbia?

¿Como funciona el que escribe texto “predictivo”?

-Si a vos te dicen en Uruguay “la patria o la…” vos decís “tumba” ¿Verdad? Esa es la palabra, es evidente. Alguien supuso que se podría hacer eso con cualquier texto, no solo con refranes: “en boca cerrada no entran….” y la palabra es “moscas”. A alguien se le ocurrió -y es alucinante que se le haya ocurrido- que si juntaba todos los textos que existen en el mundo, podía encontrar la próxima palabra. Es un sistema de lógica ¿Funciona? Para ese tipo de cosas, sí, funciona. Claro, siempre hay un Esmoris que te hace un espectáculo que se llama “La patria y la cumbia”. Entonces, ahí no funciona, porque son modelos probabilísticos.

¿En qué otro terreno la IA es evidente?

-Por ejemplo en todo lo que la Dirección General Impositiva inspecciona. Agarras todos los datos acumulados y haces un modelo probabilístico. No quiere decir que un señor concreto esté defraudando. Quiere decir que en ese sector, con ajustes que vas haciendo, si te da que el 80% tuvo problemas, entonces estás seguro de que más o menos ahí tenés trabajo para hacer. Igual quiere decir también que hay un 20 o un 30 por ciento que no defrauda.

¿En qué sectores obvios un Estado tiene que invertir en IA?

-Yo te diría que en todos. Pero no se trata de poner plata. Es como si vos te preguntas ¿quién, en un país, necesita vivienda? La respuesta es “todos”. Está claro que en todas las áreas hay problemas a resolver, y los ejemplos que te puse son bastante obvios, pero después hay que estar en cada terreno. Y saber qué querés. La gente cree que el tema de los trámites burocráticos online son complicados y que por eso muchos ciudadanos no los hacen, porque el lenguaje no es claro. Lo que es complicado es el andamiaje jurídico que hay por debajo. No es un problema de claridad. Por ejemplo el seguro de paro. ¿Sabés cuántas leyes hay de seguro de desempleo, seguro de paro, subsidio de desempleo? Hasta los nombres difieren. Y eso no se resuelve con un Chatbot. Hemos avanzado enormemente. Antes esos modelos probabilísticos de la informática nos daba números, y ahora nos da una planilla llena de gráficos, perfectamente diseñada, legible en principio por cualquier ser humano. Pero ¿quién valida que eso está bien?

Eso va a cambiar automáticamente muchas reglas de juego hasta ahora conocidas.

-Sí, como internet cambió la sociedad. La IA generativa, la que genera textos, imágenes, cambiará muchas cosas, cambiará las reglas de juego, pero no en el modo en que nos lo quieren vender ahora. Te diría que no es predecible la manera en cómo cambiará. Hay indicios, pero hay que tener cuidado: que una aplicación me haga un resumen de un informe de 60 páginas, no me dice qué está bien y qué está mal, en qué vale la pena usar nuestro análisis y en qué no. En broma, hay colegas que dicen que cuando una línea está torcida, es que la hizo un humano. Es una referencia.

Alexa responde porque siempre nos está escuchando ¿Sabés qué dice el contrato que firmás sobre lo que escuchan?

Entonces, la inteligencia artificial por ahora es esa capacidad de usar millones de datos para resumir, simplificar y traducir con su probable margen de error. Muchísimos oficios se verán alterados o suprimidos.

-Sí, formas prácticas de hacer algo. Pero ahí entra una pregunta que es muy relevante, sobre las multinacionales y el poder que tienen. El problema es el nivel de acumulación de datos. La materia prima de las multinacionales son los datos. El ejemplo de “orientales la patria o la tumba” es muy útil. Imaginate la cantidad de textos que hubo que revisar para encontrar una suficiente cantidad de frases parecidas, para adivinar cuál era la palabra que seguía. Millones, de millones, de millones. El secreto es que las multinacionales usan los datos que están a su alcance, en particular los de los teléfonos. Aquellos que tienen habilitado Siri o Alexa, le dicen… “decime… buscá…”, y el sistema responde. ¿Cómo hace Siri o Alexa para que vos le hables y se prenda? Porque está escuchando, ¿no? ¿Qué dice el contrato que vos tenés de tus aplicaciones sobre lo que están escuchando?

No sé.

-Yo te lo digo: lo pueden usar. Pueden usar todo lo que genera tu teléfono… cuando navegas, cuando usas el GPS, cuando sacas fotos, cuando usas el reloj en la muñeca que controla tus pulsaciones, tu presión… tu ritmo cardíaco, cuánto dormís, qué ejercicio haces…. todo lo pueden usar. Lo registran y lo almacenan, y lo usan para hacer predicciones de comportamiento. Ahí vos entendés el problema político.

¿Y cómo frenas eso?

-No se puede. Mi respuesta es que lo que sí se puede es reducir el impacto de eso, reducir el daño, buscar equilibrios. Educando a la gente en el uso, pero además regulando y limitando el derecho que esas multinacionales tienen. El derecho que tienen a llevarse los datos no lo vas a limitar, porque eso significa que la gente por ejemplo no use el GPS y cuando le decís eso a alguien, la respuesta es “no me importa, prefiero que se lleven mis datos y yo usar el GPS”.

La gente razona que sus datos, con nombre y apellido, es decir qué hago yo persona, no les importa a las multinacionales.

-Es que esos datos, junto con millones de otros, se los van a vender a alguien. Los dueños de las multinacionales también son dueños de parte de mi actividad. Si yo vendo en Amazon, en MercadoLibre, en Facebook, en Marketplace, en Google Ads, y me cierran la cuenta, porque violé una norma que ellos pusieron, no tengo a dónde llamar, porque aunque parezca que sí, no atiende nadie. Si yo soy una pequeña empresa (aún a las grandes, muchas veces no las atiende nadie), si yo vivo de esa actividad, me va bien, importo cosas y las revendo… no estafo, no robo, solo trabajo, y por la razón que sea me cancelan mi acceso a mi cuenta, a mi correo, a lo que sea… me quedo sin trabajo. Y tengo que ir a reclamar a California, que es lo que dice la letra de lo que aceptamos. Eso lo podemos regular, poner que deben aceptar la jurisdicción de Uruguay, los tribunales de Uruguay.

En la balanza están de un lado las ganancias de unos pocos y del otro los derechos de todos nosotros

¿Y eso es posible?

-Sí es posible, es una decisión política. Ellos te van a decir que se van, y te van a decir una cantidad de cosas, pero en realidad la vida va demostrando que no se van. Y la pregunta es: ¿se irán? Porque por ahora en el capitalismo la respuesta es: vendrá otro a suplantarlo y ocupará ese lugar. La experiencia que hay en el mundo es que cuando Francia le dijo a Google que tenía que pagarle a los medios impresos por las publicaciones que hacía y Google dijo que no, vino Microsoft y dijo que sí.

¿Por qué se negarían a usar la jurisdicción uruguaya?

-Por plata, porque si aceptan las leyes uruguayas, que es un mercado de quinto o sexto orden, quiere decir que están aceptando las leyes de todos los países, más de 190, por lo que tienen que estar preparados para litigar en 190 jurisdicciones diferentes, con leyes diferentes, y tienen que tener 190 bufetes de abogados especializados, a los que tienen que pagar, y además coordinar, y eso significa también que tendrán muchísimos más juicios, porque cada usuario puede ir a la defensoría del consumidor de su país. Es decir: les va a costar muchísimo más caro. La ecuación, para las grandes multinacionales, es entre sus ganancias y los derechos de la gente. Eso es lo que está en los platos de la balanza. Y poner reglas es una decisión política. Las preguntas siempre tienen que ser: para qué y hasta dónde. La persona que va a tomar una decisión política se tiene que hacer esas preguntas.

¿Y los jerarcas se hacen esas preguntas respecto a las grandes tecnológicas?

-Te puedo decir que el país quiere inversiones. Por ejemplo traer un Data Center. Pero la pregunta es para qué…¿Cuánto derrama y cuánto tenemos que entregar? ¿Quién gana qué?

Si usan nuestra agua y nuestra energía…

-El que se instaló de Google cambió el modelo de refrigeración. Lo hacen ahora por circuito cerrado. Pero la pregunta es: ¿hay que regular? Yo creo que sí, que hay que regular. ¿Vas a minimizar el problema de que se lleven todos los datos de los usuarios? No, eso no lo vas a resolver.

Uruguay tiene el perfil de ‘país boutique’. Chiquito, super controlable, correcto.

¿Por qué a Tony Blair le puede interesar Uruguay, al punto de definirlo como un laboratorio de IA?

-Es que Uruguay tiene el perfil de un “país boutique”. Como un hotel boutique: chiquito, super controlable, correcto. Uruguay es un país super culto, súper estable, con un régimen normativo sólido y estable, y que no le importa a nadie. Es un laboratorio perfecto para probar cosas. Pero no creo que eso tenga que ver con el objetivo del dueño de Oracle de unificar datos. No está planteado en el Estado unificar datos. Lo que está planteado es unificar los sistemas, hacer que todos los organismos dialoguen entre sí, que todos accedan, que interoperen.

¿En eso trabaja la Agesic?

-Ahora no sé, porque me echaron sin decirme porqué… pero la primera cosa es consolidar la infraestructura, y luego, otra cosas, es unificar los sistemas. Consolidar la infraestructura es un problema físico, y hoy en día es una necesidad imperiosa. Eso significa poner todos los datos en una sola unidad o unas pocas, y que maneje toda la infraestructura del Estado. Que haya tres o cuatro Data Centers, conectados y que ahí esté todo el Estado.

¿Como tiene Corea del Sur?

-Del estilo. Tiene sentido que Antel tenga tres Data Center, fragmentados por seguridad, es lo que hablábamos de la resiliencia, pero hay que decidir dónde está toda la infraestructura del Estado. Pero no un solo sistema, eso es otra cosa. Cada organismo sigue manejando su sistema, y lo que tienen que hacer es interoperar hacia adentro.

La ciberseguridad total es imposible, pero hay muchas cosas que se pueden hacer

¿Como si hablasen Esperanto todos ellos? El Esperanto de la informática, pero cada uno habla su idioma.

-Algo así. El tema es que cuando yo consolido una infraestructura para el Estado, pongo condiciones. Sobre todo las de seguridad. Si viene alguien del Estado a poner su infraestructura y no acepta las reglas de inter-operabilidad, entonces no lo dejo instalar. ¡Vos no podrías creer las cosas que hacen en diferentes lugares del Estado! Y los programas truchos que instalan por todos lados… Siempre está el riesgo de que te roben. Pero una cosa es que vengan, desconecten la alarma, rompan la reja, entren y te roben tal y tal cosa, y otra es que dejes la bici en la puerta sin cadena. Nosotros, Estado, tenemos todas las bicis ahí afuera… bueno, no todas, tenemos algunas cosas muy bien hechas.

Vayamos a la soberanía digital.

-Es un tema de los más áridos y complejos, porque la definición de soberanía es de por sí complicada, pero hay algunas cosas que se pueden entender. La primera es que hay niveles: la continuidad del negocio y el del acceso a los datos. Son dos problemas separados. El primero es: yo uso o pongo una aplicación en un entorno que no controlo. No importa si es fuera del país, o si es acá. Yo pongo mi aplicación en un proveedor en Uruguay, tengo un contrato firmado, dice que la jurisdicción es de Uruguay, pero Donal Trump en USA le dice que apague la llave. Y la empresa qué hace: ¿la apaga o no? La apaga, obvio. Es decir, hay un primer problema que es el de continuidad del negocio. ¿Qué hago yo si me bajan la llave o me cortan el cable? Y ese es un problema que te saca de la territorialidad. Acá en Uruguay hay tercerizaciones (outsourcing) con empresas brasileras, con capitales de otros países, también en Estados Unidos, una cantidad.

¿Qué hago yo si me bajan la llave o me cortan el cable? Es un problema que te saca de la territorialidad.

¿Es algo que se puede controlar?

-Sí, si se regula. Regulaciones del Estado. Hay un decreto muy viejo, el decreto 92 del 2014, que reguló (estuvo muy bien para la época), la territorialidad de determinada cosas. Es decir, que ciertas cosas estén en el territorio. Era la época en que había secretarías de ministerios que tenían sus correos con @yahoo.com o gestión humana con @gmail… Ese decreto, que hay que actualizar, parte digamos de la lógica de continuidad del negocio y de seguridad.

¿Y los datos?

-Hay dos terrenos allí: ¿confías o no en los contratos? Uno es un problema de política pública y otro es un problema de defensa. Si vos firmas un contrato con una empresa y vos asumís antes de firmar que no lo va a respetar, entonces tenés un problema de Defensa Nacional, que hay que ver cómo se resuelve.

El Ministerio del Interior no parte de la base de que las empresas van a incumplir los contratos, el de Defensa sí.

Tenemos ahora el ejemplo de la relatora especial de la ONU para los territorios ocupados en Palestina, Francesca Albanese, a quien USA declaró como enemiga y ordenó cortarle todo el acceso a todo: cuentas, salud, viajes, hoteles, mails, absolutamente todo. Al punto que el Parlamento Europeo, a donde debía ir para presentar un informe, se enteró que la empresa de reserva de hoteles era norteamericana y le anuló la reserva que tenía para ella en Bruselas, porque su software respondía a la regulación americana.

-Exacto. Cancelarla de cualquier sistema de existencia. Eso le puede pasar a cualquiera y también le puede pasar a un país. Por eso digo que hay temas de los cuales se ocupa el Ministerio del interior, por ejemplo la seguridad de cada individuo, pero hay otros que son resorte del Ministerio de Defensa. El Ministerio del Interior no parte de la base de que las empresas van a incumplir sus contratos, el de Defensa sí. Entonces yo te diría que el problema de la soberanía de los datos es un problema casi insoluble, sin cambios profundos en la gobernanza mundial. En el mundo mundial, en la geopolítica mundial. Trump ya dijo que todos los datos que manejan las empresas norteamericanas, son de Estados Unidos. Incluidos los datos extranjeros, pero que los manejan empresas norteamericanas. Eso son los datos de medio mundo. Más o menos de medio mundo, incluidos los nuestros. Lo que está diciendo, traducido, es que más allá de lo que digan los contratos, todos las empresas norteamericanas tiene un cable por atrás que le permite a él leer todos esos datos cuando quiera. Cada vez que yo acepto comprar los servicios de una empresa que está en USA, estoy aceptando que la realidad eventual es esa. Y te diría que todo lo que hace la gente en sus teléfonos, todo o casi, está allí. Es infinito.

Organismos, empresas, personas…

-Pensar que hay muchos datos que están acá, es una falsa impresión. Porque ¿dónde están acá? ¿Qué software usan? ¿Qué sistemas operativos? Todo nuestro Estado usa IBM, o Microsoft, u Oracle. Todo. No hay otra cosa. Salvo que pienses en la alternativa china. Pero el problema es el mismo: el que corta el cable es el gobierno de China. Y la discusión no puede ser cuál imperio es mejor, si el norteamericano o el chino.

Entre los tecnofanáticos y los tecnoescépticos, el deber es tener un plan B

¿Y cómo se plantean este problema las personas que están al nivel de decisión que estabas tú?

-Me acaban de echar, pero te diré que se lo plantean tal cual te lo digo: no podemos hacer nada. Pero hay recursos que se podrían usar. Por ejemplo, dividir el problema entre la continuidad del negocio frente al de la propiedad de los datos, ya que en el terreno de la continuidad sí podes hacer. Porque podes -o debes- tener un respaldo de todos tus datos, y un plan B que te permita reconstruir todo en 15 días. ¿Lo puedo tener? Claro. Sale plata. Pero puedo tener un crédito en un banco alemán, o indio, que me financie eso. O sea, alternativas. Un plan B, y tal vez un plan C, y un plan D.

En Francia hackearon varios hospitales públicos que de golpe se quedaron sin acceso a las agendas, a las historias clínicas, a todo el sistema de funcionamiento, y debieron usar el lápiz y el papel para poner algún orden. Eso, por hackers que piden rescate para liberar el sistema de datos.

-Sale plata tener plan B. Es un problema de negocio puro y duro. Y un problema político. Porque te sale plata una cosa que vos no exhibís, que tiene cero visibilidad. Lo que se evita no se premia. O sea: vos ponés plata para evitar cosas, y eso solo se utiliza cuando suceden las cosas. Si no suceden, no se usan. El problema es ¿quién te da un presupuesto para eso? Porque no es un respaldo en línea, que también se pueden llevar, es un respaldo en cinta, digamos, y ¿cuantos tenés? Tengo tres juegos, en lugares diferentes. Porque uno se me puede quemar, otro me lo pueden roba. Bueno, entonces el mueble donde tenés un juego tiene que ser ignífugo. Todo eso es cash, trabajo y plata. Eso es una decisión política. Que siempre implica analizar hasta qué nivel de riesgo aceptas o te podés permitir. Si hay una invasión extraterrestrre o una bomba nuclear, es obvio que ningún sistema funcionara y no se podrá recuperar nada. Si sos el hospital, por ejemplo, de repente puedo recuperar una parte, pero no todo, y no voy a tener la información de las historias clínicas de diez años hacia atrás. Eso, asumo perderlo, pero no todo. Porque el negocio del riesgo es un negocio infinito. En algún momento vos tenés que asumir que vas a perder una parte. Incluso en tu casa. Salvo que pongas un domo de vidrio que proteja la propiedad, como en los Simpson, blindado. Y hasta puede venir un jet de combate y derribarlo. Es interminable. Entonces, en un momento tenés que parar y decirte: eso no lo puedo resolver.

El Estado debe tener un respaldo de todos sus datos, y un plan B para reconstruir todo en 15 días. Pero eso sale plata y no tiene visibilidad

¿Hay conciencia en el Estado de esos dilemas?

-No es pareja la conciencia del problema. Hay lugares que están muy bien, que tienen planes de contingencia y los ponen a prueban cada año. Porque ese es otro asunto: hay que probar el sistema de respaldo para ver si funciona. Lo único inadmisible es que no haya ninguna evaluación y que estés sometido al riesgo total sin verlo. El problema de la soberanía no es solo el de la geopolítica y el del dominio de alguien sobre todo. Hay un problema práctico, mucho más tangible, que tiene que ver con la soberanía, que es cómo me recupero. Porque también puede pasar que haya un proveedor que se funda. Que tu respaldo deje de funcionar.

En el actual estado del mundo ¿cuánta gente que tiene cargos de dirección en temas de tecnología asume la nueva situación?

-Son temas de conversación permanente. Sin duda. Pero el espectro va de los tecnofanáticos, que piensan que siempre habrá una solución tecnológica que nos salvará, a los tecnoescépticos, que no creen que la tecnología salve al mundo. Recomiendo que lean un libro que se titula “La era del capitalismo de vigilancia”, que es de una socióloga norteamericana, Shoshana Zuboff, que explica cómo extraen y qué hacen con los datos.
A nivel del Estado o del gobierno, te diría que hay una corriente más preocupada por los derechos y por el para qué, y otra corriente mucho más preocupada por los números de la economía. El “para qué” es fundamental, en mi opinión. ¿Para qué queremos Facebook? Pros y contras. ¿Para qué queremos que vengan a instalar Data Centros? Si les vamos a dar una Zona Franca, si no van a pagar impuesto, si los técnicos van a estar en el exterior, si van a usar nuestra energía, si solo van a contratar guardias de seguridad ¿Para qué? Entonces está el corto plazo, y el largo plazo. Yo te diría que casi todas son decisiones políticas. No hay decisiones técnicas. Los técnicos te presentan modelos, desde “cero confianza a nadie” en la ciberseguridad, a grados crecientes de confianza. La decisión siempre es política y tiene que ver con el corto o largo plazo. Y con quien quiere cortar la cinta públicamente.

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El nuevo esquema impone obligaciones de inversión al privado por más de USD 2.000 millones y un Plan de Acción contractual de $2,89 billones para el quinquenio 2027-2031. No obstante, la experiencia histórica en el país enseña que las metas de expansión en manos de concesionarios privados suelen quedar subordinadas a la rentabilidad financiera y al ajuste tarifario. Cuando los números no cierran para las empresas, los platos rotos los pagan los usuarios con tarifas impagables o con la suspensión de obras esenciales en la periferia.

Los trabajadores y las mayorías, los olvidados de siempre

El argumento de «cuidar los recursos de los pagadores de impuestos» encubre una retirada del Estado de su rol garante de derechos humanos fundamentales. El agua potable y el saneamiento no son mercancías sueltas en un mostrador de oferta y demanda; son condiciones esenciales para la salud pública, la dignidad y la vida.

Mientras las autoridades nacionales celebran que «la libertad y la Argentina avanzan» al ritmo de la enajenación del patrimonio público, los trabajadores del sector y las familias que aún esperan por una conexión de agua potable ven con incertidumbre cómo el acceso a un derecho primordial queda, una vez más, supeditado a la rentabilidad del mejor postor.

 

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Daniel Filmus: «En tres años cayó a la mitad la matrícula de los institutos de formación profesional»

Daniel Filmus analizó en La Columna Vertebral el proyecto educativo del Gobierno nacional, el rol del Estado en la educación, la propuesta de educación virtual y el sistema de vouchers. También cuestionó el impacto del ajuste sobre la educación técnica y explicó la relación entre formación profesional, industria y trabajo.

LCV: ¿Qué nos está pasando en Argentina y en América Latina con el tema educación?

Daniel Filmus: «Cada país tiene sus particularidades. Está claro que en la Argentina tenemos un gobierno que se denomina anarcocapitalista, o una conjunción trágica del anarcocapitalismo con el neoliberalismo y un oscurantismo en lo que respecta a la ciencia y el conocimiento, que proclama y milita la idea de que el Estado no tiene que hacerse responsable de la educación; que la educación, como plantea el proyecto de ley que ellos han presentado, que tiene como nombre ‘Educar para la libertad’, es una responsabilidad de la familia; que el Estado solo tiene que intervenir en aquellas condiciones en que la familia no está en posibilidades de hacerlo. El caso máximo lo planteó Benegas Lynch cuando en la Cámara y en varios reportajes dijo que si un padre necesita que el chico trabaje, ¿para qué va a ir a la escuela? Es interesante que en ese proyecto, si bien la educación aparece como obligatoria, no aparece como obligatoria la escolaridad. Es decir, que vos podrías tener educación en tu casa, educación virtual o una educación en una escuela de cualquier lugar del mundo en forma virtual.»

LCV: Por lo menos incorporaban la virtualidad.

Daniel Filmus: «Lo de la virtualidad, como lo plantean ellos, también es ultramontano y del medioevo traído para la actualidad, porque, como todos sabemos, mientras que la escuela trabaja con el conocimiento, con el saber y con la verdad, las redes y los algoritmos trabajan con una verdad parcial o con fake news. Entonces, justamente, es todo lo contrario. Si vos dejás la educación en manos de las redes, de los algoritmos y simplemente de la virtualidad, podés tener un aprendizaje muy sesgado y ese sesgo va también en dirección a la individualidad. Si vos tenés una educación en tu casa sin relación con otros, imaginate cuando salgas de tu casa: ¿cómo vas a hacer para sostener la convivencia social propia de las democracias?»

LCV: En algún momento de la campaña recuerdo que me escandalicé mucho. No me acuerdo el nombre del pedagogo chileno que había tratado de inocular acá, en las filas libertarias, la idea de esas escuelas voucher que intentaron hacer en el modelo chileno de la dictadura. ¿Te acordás? Era una cosa muy extraña, que también tenía que ver con esto: que estudiara el que pudiera y que el resto quedara fuera.

Daniel Filmus: «No, no, no. Ilusión absoluta, honorable. Desgraciadamente, está textualmente, así como lo planteás vos, en el proyecto de ley que ellos presentaron al Comité de Mayo, ese comité que se formó a fines del año pasado. Ellos hicieron un proyecto que ahora mejoraron. Todavía no está presentado en el Congreso como tal, pero uno de los temas justamente es cambiar el sistema de financiamiento. La responsabilidad no es del Estado, sino de la familia. Las familias debieran pagar los estudios y el Estado solamente intervenir en aquellos casos en que la familia no tenga recursos, como con lo que decías vos recién, con un voucher. Te dan un cheque educativo que vos lo podés aplicar a una escuela pública, una escuela privada, donde vos quieras, siempre financiando la demanda y no la oferta. Con lo cual, de hecho, algo que es un derecho por la Constitución Argentina para todos los chicos y todos los jóvenes va a pasar a ser, en ese caso, no un derecho, sino una mercancía que debe ser comprada, sea con recursos públicos, aquel que no tenga en su familia recursos suficientes, o con recursos propios de la familia. Lo que tenés que tener en cuenta es que la desigualdad de las capacidades adquisitivas de las familias es de tal envergadura que esa desigualdad, como es el caso chileno, se va a experimentar después también en el nivel educativo que cada escuela tenga. Así que la gravedad es inusitada.»

LCV: Esperemos que ese proyecto nunca se llegue a presentar y que, si se presenta, haya un debate que permita rechazarlo. Porque claramente, cuando vos analizás y leés a los clásicos del anarcocapitalismo, plantean que el Estado no tiene que hacerse cargo de la educación, de la cultura ni de la ciencia.

Daniel Filmus: «En el caso de la educación, de la ciencia y de la cultura, lo que plantean es que prácticamente la filantropía es la que se tiene que dedicar a invertir en eso, porque el Estado está para otras cosas tan importantes como la seguridad o la defensa.»

LCV: Hace muy poco participaste de un ciclo sobre educación, trabajo y producción hacia un modelo de desarrollo soberano, que era obviamente un lugar de análisis entre los distintos sectores de lo que yo, como peronista, llamo la comunidad organizada, o sea, todos los sectores que intervienen en el desarrollo productivo de un país. En este marco, vos hablás de que una de las víctimas de este modelo, y no solamente de Milei, es la educación técnica. Vos y yo hemos estudiado los modelos educativos de la dictadura, donde sabemos que el retroceso en la escuela de educación técnica arranca en ese momento.

Daniel Filmus: «Sí, tal cual. El caso extremo fue el gobierno de Menem. En el proceso de desindustrialización votó una ley que se llama Ley Federal de Educación, que duró hasta que nosotros la reemplazamos con la Ley de Educación Nacional. Es decir, que tuvo una duración de prácticamente una década, en donde esa ley prohibía las escuelas técnicas. Algo ridículo que en ningún lugar del mundo ocurre: directamente definía que la educación secundaria no debía tener una orientación técnica. Tenía lo que se llamó en aquel momento Trayectos Técnicos Profesionales, TTP, que eran a contraturno, solamente de tres años, y desnaturalizaba totalmente lo que era la formación de los trabajadores técnicos que Argentina estaba orgullosa porque justamente a partir del peronismo había comenzado. Realmente, esa mirada de desvalorización de la escuela técnica nosotros la revertimos con la Ley de Educación Técnica. Es una ley del 2005, justamente una ley que no solo prevé el retorno de la educación técnica, sino que también prevé que el 0,2% del presupuesto nacional esté dedicado a este tipo de educación. Había antes un impuesto que sacó Martínez cuando universalizó el IVA, que era el impuesto al CONET, que en aquel momento era el Consejo Nacional de Educación Técnica. Milei ha vuelto a hacer lo mismo. En el presupuesto 2026 directamente eliminó de la Ley de Educación Técnica el artículo que hablaba del 0,2% de inversión en ese tipo de educación. Con lo cual, si vos no reequipás las escuelas técnicas y no tenés insumos nuevos ni maquinarias nuevas, lo que vas estudiando es la historia de la tecnología, porque hoy en día avanza tan rápido la técnica que, si no tienen recursos las escuelas para actualizarse, realmente no tienen ninguna posibilidad de tener inserción ocupacional los que se reciban.»

LCV: Daniel, ¿esto es en todo el territorio o estamos hablando de algo que está sucediendo acá con escuelas como el Otto Krause y demás? ¿Esto es en todo el territorio? ¿Los gobernadores, las gobernaciones, qué mirada tienen sobre la educación técnica?

Daniel Filmus: «No, en este caso la educación técnica sigue existiendo. No es como la Ley Federal de Educación. Todavía no se derogó la Ley de Educación Técnica, se derogó solamente el artículo por el cual se establecía la financiación. Entonces, lo que tenés vos es que, al bajar Milei el presupuesto educativo nacional en la educación básica, el 80%, nunca ocurrió en la historia argentina un corte tan abrupto. Bajó el 80%. Vos tenés que tener en cuenta que las provincias solo pueden pagar salarios porque también el gobierno nacional salió de lo que era el FONID, el Fondo Nacional de Incentivo Docente, que permitía a las provincias con eso pagar el 10 o 15% del salario docente. Al cortar el FONID del gobierno nacional, prácticamente todo el presupuesto provincial, en el caso menor, será el 90%, está dedicado a salarios. Entonces, no hay recursos para equipamiento de las escuelas, no hay recursos para edificar nuevas escuelas, no hay recursos para actualizar la tecnología que utilizan las escuelas técnicas. Entonces, realmente estamos en un problema serio. Subsisten las escuelas medias técnicas por ahora, pero de ninguna manera avanzan en cuanto a la mejora.»

LCV: Los datos oficiales ya indican que después de haber crecido la escuela técnica durante nuestro período, mucho más que la escuela media común, hoy en día cayó en los últimos tres años y cayó a la mitad la formación profesional.

Daniel Filmus: «Las escuelas técnicas tienen, fuera del horario de escolarización, formación profesional con el mismo equipamiento. Como no hay demanda profesional para trabajadores técnicos, cayó a la mitad. Es una cosa increíble que en tres años haya caído tanto el financiamiento y haya caído tanto la matrícula de los institutos de formación profesional.»

LCV: Tenemos un aliado estratégico en esto del trabajo y las herramientas para el trabajo. Estoy hablando de Mario Pergolini, que reivindica su condición de técnico y la necesidad de que esto esté vinculado a la industria argentina.

Daniel Filmus: «Mario Pergolini, por lo menos de lunes a viernes, tiene su programa y al menos en tres programas por semana reivindica su condición de técnico, de recibido en una escuela técnica, y le pregunta a todo el mundo: ‘¿Vos sabés de motores? ¿Vos sabés de esto? ¿Vos no entendés nada de producción?’. Hace todo el tiempo la reivindicación de las escuelas técnicas, la necesidad de las escuelas técnicas y la necesidad de que esto esté vinculado a la industria argentina, que también está en debacle. Inesperadamente, la primera vez que lo escuché pensé que era un chiste, me fijé y efectivamente es técnico. Su título secundario es de técnico en una escuela técnica.»

LCV: Al mismo tiempo, hay otro proceso interesante: las grandes empresas tienen sus propias escuelas de capacitación y forman a sus trabajadores, muchos de los cuales salen de escuelas técnicas, pero la escuela técnica mira mucho más a la pyme, que quizás no tiene ninguna posibilidad de formar por sí misma a sus trabajadores.

Daniel Filmus: «Las necesitan con una sólida formación del Estado. Las escuelas técnicas están muy vinculadas a las pymes. Las grandes empresas tienen sus propias escuelas de capacitación, trabajan y forman a sus propios trabajadores, muchos de los cuales salen de escuelas técnicas, pero la escuela técnica mira mucho más a la pyme, que es la que quizás no tiene ninguna posibilidad de formar por sí misma a sus trabajadores.»

LCV: Yo me fijaba que hemos sacado mucho acá durante mucho tiempo a la gente del mundo textil, a la gente de la Fundación ProTejer y demás, que tenían una escuela técnica que se proveía de técnicos y además se preocupaban de que cada vez que compraban una máquina nueva hubiera una capacitación. Cuando yo hablaba con el presidente sobre la pérdida de ese tipo de preparación en el marco de las quiebras de las empresas textiles y las pymes, ¿qué pasó?

Daniel Filmus: «Sí, mirá, te cuento una. El primero preocupado por la falta de técnicos es Pablo Roca. El segundo es el presidente de la Fundación ProTejer, que en ese momento era Caragoseam. Me vino a plantear que en Argentina egresaban, para que tengas una idea, tres ingenieros textiles por año, tres de la UTN, que era la única carrera que había. Entonces, ¿cómo hacemos? La primera reacción del sector que reaccionó ante la sustitución de importaciones que permitió Néstor Kirchner fueron los sindicatos en la formación de trabajadores en Argentina, porque yo era director de una escuela sindical, de la Escuela Sindical del Seguro, durante la época de la dictadura, lo que eran los centros educativos de nivel secundario y después los centros educativos de nivel terciario de DINEA. Fui rector de un centro educativo de nivel terciario sindical, el del Sindicato del Seguro. Y es importante porque, si no hubiera sido por los sindicatos, la dictadura cerraba todos. La dictadura cerró todas las escuelas primarias de adultos de todo el país. Sin embargo, las secundarias, aquellas que dependían de los sindicatos, fueron protegidas por los sindicatos y pudieron sobrevivir.»

LCV: Diferencia entre inclusión e igualdad.

Daniel Filmus: «Yo creo que es una enorme falla. Ahí hay muchos temas para tratar, pero en un minuto solamente decir que bienvenido Milei a la cuestión Malvinas.»

LCV: La soberanía es algo integral y es muy difícil que quien vende la soberanía, como quiere vender las tierras, después defienda las Malvinas.

Daniel Filmus: «Las Malvinas son argentinas, la Argentina también. En la cuestión de que la soberanía es algo integral, es muy difícil que quien vende la soberanía, como quiere vender las tierras, después defienda las Malvinas. Pero bienvenido porque realmente es una causa nacional y lo que no tiene que pasarnos es este caballo de Troya que nos acaban de mandar, donde una parte del proyecto de ley es buena, hay que mejorarla, pero es bueno que aumente las penas a aquellos que quieren explorar o explotar hidrocarburos en la plataforma continental argentina. Pero otra parte de la ley es de seguridad interior y tiene como objetivo incluirnos dentro del Escudo de las Américas que está proponiendo Trump y no tiene nada que ver con Malvinas.»

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Marcelo Cantelmi: “El voto de castigo al sistema también explica lo que pasó en Brasil”

El periodista y analista internacional Marcelo Cantelmi analizó desde Brasilia el resultado electoral que dejó a la derecha de Jair Bolsonaro fortalecida y a Lula da Silva frente a un escenario de creciente dificultad política. Advirtió sobre el impacto del desgaste económico, la elevada abstención y el desencanto de sectores populares que no perciben en sus bolsillos los indicadores positivos de la economía brasileña. También alertó sobre las consecuencias que un eventual avance del bolsonarismo podría tener para Brasil y para toda la región.

LCV: ¿Te sorprendieron los resultados de Bolsonaro-Lula?

Marcelo Cantelmi: «Sí, la elección sorprendió porque acá todas las encuestas tiraban que Lula iba a repetir un poco, ganar en la primera y después ver la segunda. Estábamos todos atentos a ver por cuánto se iba a producir esa victoria de Lula para medir el balotaje del 25, pero se invirtió. El mismo Lula reconoció que era inesperado lo que sucedió con la victoria del hijo mayor de Jair Bolsonaro, que ganó por cerca de dos puntos, casi dos puntos concretamente, y que tiene oportunidad de ganar en el balotaje. Para Bolsonaro necesitan en realidad cinco puntos, según dicen acá los especialistas, para tener un salto seguro y no tener que esperar, pero ciertamente está mejor que Lula. Lula, cuando le gana a Jair Bolsonaro en el 22, tenía cinco puntos y pico y, sin embargo, le ganó por 1,8%, le costó.»

LCV: ¿Qué significa este resultado para Lula y para el futuro político de Brasil?

Marcelo Cantelmi: «Aun si pasara el milagro, muy difícil, de que el presidente Lula da Silva logre reelegirse, se va a encontrar con una pared. Realmente lo que pasó el domingo es un cambio radical en el país que excede a la cuestión de quién gobierna, porque toda esta estructura más de derecha ha ganado mucho espacio, sobre todo en el Congreso. El Poder Judicial está bastante incendiado. Se habla ya abiertamente de que va a haber una amnistía para Jair Bolsonaro, que está preso con una condena de 27 años por intento de golpe. Obviamente que se va a descabezar a gran parte de la Corte Suprema, sobre todo al juez Alexandre de Moraes, que fue el que llevó adelante este proceso contra Bolsonaro. Además, estos senadores que han consolidado el bloque más fuerte del Partido Liberal de Bolsonaro son muy duros. Es decir, que acá la expectativa que hay es que viene un gobierno muy rígido hacia adelante. Si Lula llega a tener la renovación de la presidencia, se va a encontrar con una enorme dificultad de gobernabilidad. Eso sí está ciertamente muy cuestionado y en tensión. Es un panorama difícil, hay muchos elementos que conspiraron acá.»

LCV: ¿Qué factores explican este resultado?

Marcelo Cantelmi: «Hubo un descuido muy fuerte del gobierno y del PT, que creían que tenían la cosa segura. Bueno, no fue así. Adicionalmente está el tema del desgaste de estar en el poder. Lula está cumpliendo su tercer mandato, tiene 80 años. Y allá abajo también hay una cuestión de voto castigo, porque acá la gente que gana un sueldo básico, un sueldo básico y medio o dos, tiene muchos problemas para llegar a fin de mes. Ocho de cada diez familias de Brasil tienen deudas para pagar lo necesario, el changuito, y esto hace que el votante vea con bastante distancia la elección porque siente que no le va a cambiar su situación. Es verdad que durante el gobierno de Lula, estos cuatro años, se logró una mejora en los ingresos, pero no lo suficiente como para resolver ese problema. Así que acá hubo una parte de voto castigo, gran parte de desdén.»

LCV: La abstención fue la más alta de la historia de Brasil, del 22%. La base de sustentación que alimentó a los 20 millones de personas que no fueron a votar, ¿creés que son muchos votantes de Lula?

Marcelo Cantelmi: «Hay una gran porción de votantes de Lula. Hay una porción de gente que no vota nunca y hay una porción de votantes de Lula que, por lo que uno habla, están desencantados.»

LCV: ¿Qué te dice la gente común cuando caminás por las calles de Brasil?

Marcelo Cantelmi: «Acá es muy común que vos hables con gente del llano, gente de la calle, de clase media baja, y lo que te dice es: la verdad que está todo muy caro, el supermercado está muy caro, el combustible está muy caro, llegar a fin de mes es muy difícil y entonces se endeuda, se endeuda con la tarjeta de crédito, la tarjeta del negocio, ese tipo de cosas. Es un problema tan serio que el gobierno Lula anunció hace unos días un plan para rescatar por lo menos la deuda de los morosos. Pero este es un tema muy serio que creo que es un gran descuido. Hay que tener en cuenta que Lula en este gobierno reconstruye un Brasil que es una especie de estructura maravillosa desde la perspectiva de un buen capitalismo. Tiene números macro: unas reservas extraordinarias del Banco Central, inversión extranjera enorme, un riesgo país bajísimo y estable que no se mueve y un crecimiento en los últimos cuatro años. Es todo muy bonito, pero no llega al bolsillo del votante.»

LCV: Cuando uno no da respuestas, además hay una pérdida de interés en la calidad de a quién votás. ¿Hay algún tipo de interés en esa calidad o simplemente cambiamos para ver si me ayuda la suerte?

Marcelo Cantelmi: «Es complicada esa pregunta porque en realidad lo que uno está notando alrededor del mundo es que precisamente la concentración del ingreso está generando un voto muy crítico hacia el sistema. Se critica el sistema y se duda de la democracia. La democracia no abraza como antes. Por ejemplo, en Alemania acaba de tener un gran suceso la AfD, Alternative für Deutschland, que es un partido de orientación nazi, pero los que lo votan no son nazis ni aman a Hitler. Lo que ocurre es que están votando con la billetera en el bolsillo, una billetera magra, una clase media que vive involutivamente, vive peor que los abuelos y los padres, y eso genera una irritación, sobre todo tratándose de Europa, donde la idea de evolución individual es muy importante. En Estados Unidos, Trump le gana a Biden por lo mismo y posiblemente pierda noviembre también por lo mismo. La gente se enoja con un sistema que los ha abandonado y se vota cruzado, se vota con enojo, se vota a cualquiera con tal de marcar esta posición de irritación. En el caso de Brasil operan muchos factores, pero no hay que descuidar que hay un sector del viejo voto, del tronco del voto a Lula, que creía en algún momento en la distribución y que nota que los éxitos económicos macro no le llegan.»

LCV: No hay derrame en esta circunstancia y, además, no va a haber mucho menos a partir de ahora. Bolsonaro, por supuesto, porque el planteo de este sector es un planteo económico viejo.

Marcelo Cantelmi: «Yo me niego mucho a hablar de un Lula de izquierda. Por cierto, él también dice que no es de izquierda. Lula no es de izquierda, es un centrista socialdemócrata, muy liberal en un montón de conceptos, muy amante del libre mercado. Pero esta derecha tiene un pensamiento bastante posicionado en el comienzo del siglo pasado: la idea de que no hay reglas, que importa el poder y, adicionalmente, que si vos tenés una cuestión económica crítica, por ejemplo deuda pública o un problema de déficit fiscal, no tenés que trasladar a la gente vía un ajuste. Lo que viene va a ser una severa presión sobre estos sectores que están ya con problemas, precarizados. También, cuando uno hablaba con la gente del oficialismo lulista, te decían: ‘Sí, después de las elecciones va a haber un ajuste’. El palo venía por cualquier lado y supongo que mucha gente lo intuyó y por eso terminó votando de esta manera. Va a ser problemático, es muy problemático para la región.»

LCV: Cuando sea lo que sea el 25 de octubre, el lunes 26 volvemos a hablar y ahí me gustaría que me contaras cómo queda la Argentina en cuanto al liderazgo, si el liderazgo, con muchas comillas, de Milei es reemplazado por el de este chico Bolsonaro frente a Trump.

Marcelo Cantelmi: «Igual, en ese sentido hay que ver cuánto nos queda de Trump también, del Trump todopoderoso, teniendo en cuenta que se vienen las elecciones de noviembre.»

LCV: Por eso el 26 de octubre es mucho para analizar. ¿Dónde estás? ¿En Río?

Marcelo Cantelmi: «San Pablo, en Brasilia.»

LCV: En Brasilia. Estás en Brasilia. Bueno, un abrazo inmenso, siempre envidiándote el tema de poder hacer el periodismo que vos hacés, que es absolutamente fascinante. Y te despido con Gal Costa.

Marcelo Cantelmi: «Un abrazo.»

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