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La Columna Vertebral

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«Solo queremos trabajar»

Lo vamos a llamar Pedro, porque prefirió evitar su nombre verdadero y fotos. ¿La razón? Está fresco el recuerdo de la manifestación que se llevó detenidos a ciudadanos venezolanos, paraguayos y un turco estigmatizado como «hippie admirador del Che» por los grandes medios y toda la bulla alrededor de la posible deportación. Entonces prefiere el anonimato. Tiene 58 años, llegó hace dos meses y medio, le robaron la documentación con sus títulos habilitantes de farmacéutico y no puede volver a pedirlos en Venezuela. Hoy vende jugos de naranja para llevar la diaria. Lo entrevistamos el sábado a la mañana en la esquina del Molino. Vale la pena escucharlo:

https://soundcloud.com/user-106881388/solo-queremos-trabajar

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Martín Bergel: “Génova 2001 fue una batalla global y una experiencia de enorme vitalidad política”

A 25 años de las jornadas de protesta contra la cumbre del G8 en Génova, el historiador Martín Bergel reconstruyó aquel episodio que marcó al movimiento altermundialista y que terminó con una feroz represión policial. En diálogo con Laura Giussani Constenla para La Columna Vertebral, Bergel recordó su participación en aquellas movilizaciones, analizó la vigencia de sus consignas y reflexionó sobre los vínculos entre Génova 2001, la crisis argentina de diciembre de ese año y las luchas sociales actuales.

En julio de 2001, mientras en Argentina comenzaba a gestarse la crisis que terminaría con el estallido del 19 y 20 de diciembre, en la ciudad italiana de Génova se desarrollaba una de las mayores movilizaciones del movimiento altermundialista. Más de 300.000 personas llegaron desde distintos países para protestar contra la cumbre del G8, en un contexto de fuerte crecimiento de los movimientos sociales que cuestionaban el orden neoliberal.

La respuesta del Estado italiano fue una represión brutal. El asesinato de Carlo Giuliani, las detenciones masivas y las torturas sufridas por cientos de manifestantes en la escuela Díaz y en la cárcel de Bolzaneto quedaron como una de las páginas más oscuras de la historia reciente italiana.

A 25 años de aquellos acontecimientos, el historiador e investigador del CONICET Martín Bergel, quien participó de las movilizaciones de Génova, volvió a reconstruir aquella experiencia a través de una serie de crónicas tituladas Retorno a Génova: memorias de una batalla global. En diálogo con Laura Giussani Constenla, repasó el contexto político de la protesta, la diversidad de movimientos que confluyeron en las calles y la vigencia de aquellas luchas en un presente atravesado nuevamente por la movilización social.

LCV: Martín, contanos brevemente qué ocurrió en Génova en el año 2001.

Martín Bergel: “En julio de 2001, en pleno verano europeo, se reunía en Génova el G8, el grupo de los ocho países más poderosos del mundo. Eran reuniones que se realizaban periódicamente y en las que se discutían cuestiones muy importantes para todos nosotros, en cualquier rincón del mundo. En ese momento se había producido un movimiento, mal llamado movimiento antiglobalización, que en Italia era conocido como movimiento no global o movimiento de movimientos, por la cantidad de organizaciones que lo integraban. Ese movimiento buscaba señalar que en esos cónclaves se estaban decidiendo cuestiones que afectaban a las poblaciones de todo el mundo y que, la mayoría de las veces, no iban en un sentido favorable para ellas. Desde algunos años antes, y particularmente desde la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, en noviembre de 1999, se había comenzado a organizar una gran galaxia de grupos y movimientos. Allí se produjo una victoria popular porque la reunión fracasó, y eso dio un enorme impulso a ese movimiento. Génova 2001 se inserta en ese contexto, entre Seattle y otras contracumbres que se fueron desarrollando en distintos lugares del mundo. En Buenos Aires, por ejemplo, hubo una movilización contra el ALCA en marzo de 2001. Génova llegó además en un contexto nacional italiano muy cargado, con movimientos sociales importantes de distintas tradiciones de izquierda. Había centros sociales autónomos, movimientos de los llamados desobedientes y una enorme diversidad de organizaciones. También estaba el contexto del gobierno de Berlusconi, que había asumido poco tiempo antes. Todo eso generó un verdadero escenario de una ciudad militarizada para proteger a los poderosos de la tierra de las manifestaciones. Las manifestaciones fueron gigantescas. Se calcula que participaron alrededor de 300.000 personas de toda Italia y de muchos otros países del mundo. Yo fui uno de esos miles de manifestantes. También hubo varios argentinos, como Hebe de Bonafini y Nora Cortiñas, además de muchísimas otras personas. Había un componente italiano muy importante, pero también sindicatos griegos, movimientos sociales españoles, grupos de Alemania e Inglaterra y distintas tradiciones políticas y sociales. Participaban movimientos cristianos progresistas, organizaciones pacifistas y una enorme cantidad de sensibilidades políticas. Fueron jornadas sumamente intensas y emotivas, pero con un saldo trágico. La cantidad de policías y de servicios especiales que llegaron desde toda Italia fue enorme. Era una cita en la que, de alguna manera, se venía preparando una batalla que finalmente se consumó en las calles.”

LCV: Una de las cosas que más impresionan al revisar los testimonios es cómo una manifestación gigantesca terminó siendo desvirtuada. Apareció el Black Bloc, comenzaron los rumores y la policía terminó realizando una verdadera cacería sobre toda la manifestación. Hubo detenidos en la escuela Díaz y en Bolzaneto, y organizaciones como Amnistía Internacional han señalado que fue una de las peores represiones ocurridas en Italia desde los años 70. Sin embargo, parece haber quedado una sensación de que quienes participaron hicieron algo mal. Incluso la consigna de las movilizaciones actuales es “Senza rimorso”, sin remordimiento. ¿Cómo explicás ese fenómeno?

Martín Bergel: “Hay varias cosas para señalar. En primer lugar, el escenario de represión se montó antes de la actuación del Black Bloc. Efectivamente, hubo mucho debate sobre su accionar. Era una tendencia que tenía un conjunto de prácticas que muchos otros manifestantes no compartíamos. Su lema era ‘Smash capitalism’, golpear al capitalismo, y entre sus prácticas estaba, por ejemplo, atacar bancos. Pero muchos otros manifestantes defendíamos la idea de la pluralidad de tácticas. Una de las riquezas de ese movimiento era precisamente que distintas sensibilidades políticas podían expresarse de modos diferentes. Eso se trató de hacer en Génova. La ciudad, además, es sumamente intrincada, con una geografía muy compleja. Había distintos grupos y distintos tipos de manifestaciones. Todo esto ocurría en un contexto en el que la ciudad estaba profundamente alterada. Se había establecido una zona roja, completamente vedada a la circulación de personas, para preservar un espacio para los presidentes que participaban de la cumbre. Finalmente, todo se desbordó y hubo una feroz represión, que se convirtió en un momento de violación sistemática de los derechos humanos, sobre todo por las torturas a cientos de manifestantes en la cárcel de Bolzaneto, en la escuela Díaz y en otros lugares. Hubo juicios y toda una historia posterior muy compleja. También se hicieron muchísimos documentales. Sin embargo, es interesante lo que señalás sobre cómo se recuerda hoy. El momento de la represión es la cara más visible y los medios italianos de aquel momento se encargaron de demonizar al conjunto del movimiento. Esa cara terminó oscureciendo la enorme vitalidad, la pluralidad y la esperanza que existían. En este momento, a 25 años de distancia, hay una recuperación de esa memoria. La alcaldesa de Génova dio un discurso muy interesante, recuperando la vitalidad de aquel momento y la participación juvenil. También señaló algo muy importante: el carácter global de ese movimiento. En Italia se lo recuerda mucho, pero en el mundo se lo ha olvidado bastante. Y, sin embargo, era realmente un movimiento global, tanto por la procedencia de sus participantes como por las resonancias que tenía en otros lugares. En Buenos Aires, por ejemplo, en esos días se hizo una acción en el barrio de La Boca evocando los vínculos entre Génova y Buenos Aires. Era también el momento de florecimiento de los grupos piqueteros. Por eso la conexión entre el 2001 de Buenos Aires y Génova no es en absoluto ociosa. Había muchos puntos de contacto, incluso en las consignas: ‘Otro mundo es posible’ o ‘Un mundo donde quepan todos los mundos’.”

LCV: En Argentina muchas veces pensamos que inventamos todo, pero en realidad había una circulación internacional de ideas y experiencias. En Italia, además, la crisis de los partidos tradicionales y la pérdida de legitimidad de las viejas izquierdas dio lugar a nuevos movimientos. ¿Cómo se relaciona aquella experiencia con las luchas actuales?

Martín Bergel: “En estos 25 años hubo muchos momentos de recuperación de la memoria de Génova. No es la primera vez que se la recuerda. Todos los años, por ejemplo, se recuerda a Carlo Giuliani, cuyo nombre es muy conocido en Italia y también en otros lugares del mundo. En la segunda edición del Foro Social Mundial, en Porto Alegre, el campamento de la juventud se llamó Campamento Intercontinental Carlo Giuliani. Ha habido muchos momentos de rememoración, pero es cierto que, por el contexto político italiano, primero con los gobiernos de Berlusconi y luego con el gobierno de Meloni, esta memoria tendió a quedar soterrada o a ocupar un lugar menor. Y ni hablar del resto del mundo, donde la experiencia quedó bastante evaporada. Sin embargo, en este contexto particular de los 25 años hay un revival general que tiene muchos puntos de contacto con las luchas actuales. En Génova, por ejemplo, fue muy importante la acción de los trabajadores portuarios. También hay movimientos contra el rearme y contra los bloqueos de puertos y trenes. Hay un tejido muy interesante de luchas. En marzo de este año estuve en Roma y participé de una manifestación muy grande del movimiento No Kings. Tiene muchos elementos de contacto con aquella experiencia. Son movilizaciones que, cuando las convoca un partido político, no suelen ser tan multitudinarias, pero en estos casos la gente sale masivamente a la calle, incluso sin saber si habrá represión o no.”

LCV: También llama la atención que en Italia se esté hablando tanto de desindustrialización. Parecía un problema exclusivamente argentino, pero ahora aparece con fuerza en Europa. ¿Qué ves en ese sentido?

Martín Bergel: “Sí, absolutamente. En estos días pude ver varias situaciones de conflictos laborales. En Génova hay una fuerte movilización de trabajadores portuarios. También hay fábricas que están cerrando y trabajadores que ocupan los lugares de trabajo. La desindustrialización es un problema muy importante en Italia y está generando conflictos en distintos lugares. Hay una continuidad entre las luchas de aquel momento y las luchas actuales, aunque naturalmente el contexto es diferente. La memoria de Génova funciona como un punto de referencia para muchas de estas experiencias.”

LCV: Hay algo que también me parece muy importante: en 2001 las redes sociales estaban comenzando y tenían una lógica muy diferente a la actual. Existía Indymedia, por ejemplo, y había una posibilidad de organizar acciones globales de manera horizontal. ¿Qué lugar ocupó esa experiencia?

Martín Bergel: “El año 2001 es fascinante y trágico al mismo tiempo. Es el año de las Torres Gemelas, del 19 y 20 de diciembre en Argentina y también un momento muy importante para la evolución de las redes sociales. En muchos sentidos, las redes de ese momento eran bastante más interesantes que las actuales. El correo electrónico tenía un primer momento revolucionario. Podías enviar un mensaje a diez personas en diez ciudades del mundo y organizar algo conjuntamente para el día siguiente. Las redes sociales no estaban todavía atravesadas por la oligarquización que tienen hoy, donde unas pocas personas concentran el poder sobre las plataformas. Indymedia es un símbolo de ese momento. Había una verdadera fascinación porque existía la idea de que era posible construir una alternativa al poder mediático mundial. Era una red organizada por ciudades, con nodos en Italia, Buenos Aires, Santiago de Chile, distintos lugares de África y muchas otras partes del mundo. Era una verdadera internacional mediática de la contrainformación. También proponía una nueva forma de hacer periodismo, donde la frontera entre el activista y el periodista era mucho más anfibia. Uno de sus lemas era ‘Don’t hate the media, be the media’: no te limites a decir que los medios mienten, sino construí tus propios medios. Había quizás un exceso de optimismo, pero también una enorme creatividad y una convicción de que era posible construir herramientas de comunicación alternativas. Esa experiencia forma parte de la vitalidad que tuvo aquel movimiento.”

LCV: Se nos está terminando el tiempo, pero seguramente vamos a volver a convocarte porque es muy interesante hablar con un historiador que, además, participó de los acontecimientos que analiza.

Martín Bergel: “Para mí fue una de las experiencias más fuertes de mi vida. Estas crónicas que estoy escribiendo tienen un sentido que no es solamente académico. Yo escribo libros y trabajos académicos, pero estas crónicas tienen también una dimensión afectiva. Estoy escribiendo una serie de textos que se titulan Retorno a Génova: memorias de una batalla global. En principio van a ser cuatro crónicas y quizás, si me da el tiempo y la energía, pueda convertirse en un pequeño libro. Hay muchos resortes afectivos en esta historia. Algunos amigos que participaron de aquellas movilizaciones murieron en estos 25 años. También murió recientemente en Roma un activista muy importante, muy conocido. Todo eso forma parte de una memoria personal y colectiva. Las crónicas se publican en la revista mexicana Común, que realizan historiadores, intelectuales y jóvenes profesores con una perspectiva internacional. Me pone muy contento que puedan circular en castellano y que también puedan publicarse en La Columna Vertebral.”

LCV: Sirva esta primera comunicación con Martín Bergel, a quien seguramente volveremos a convocar. Cerramos este espacio recordando Génova 2001 y a Carlo Giuliani, asesinado por la policía durante aquellas jornadas. Porque no se puede disparar a matar contra un joven de 23 años por el simple hecho de que un policía tenga miedo de que pueda arrojarle algo. Nos despedimos hasta la próxima.

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Mariano Pacheco: La crítica como género de combate, por Álvaro Hilario

En estos tiempos, en este mundo, dominados por la imagen, lo digital, lo inmediato y la brevedad, es de entusiasmar que alguien reivindique lectura y escritura como herramientas para la transformación social, para la reflexión, para el pensar, el enseñar y aprender, para el goce y el deleite.

Durante muchos años, desde el campo popular, se ha primado la urgencia de la visibilidad, de hacer llegar el mensaje, postergando la experimentación y el saber que deviene de la palabra pausada. Mariano Pacheco, en “Literatura y Revolución” (Nido de Vacas, 2026), con una prosa suave y aterciopelada, aboga por bucear en la lectura y, sobre todo, por recuperar la crítica literaria como un “género de combate”.

Bajo la premisa de literatura y revolución, Pacheco se encuentra con ocho autores argentinos en sendos ensayos: Saer, Puig, Piglia, Fogwill, González Tuñón, Viñas, Rozitchner y Perlongher. Diferentes obras, épocas, estilos, poéticas y personalidades.Todos son interpretados a través de los diferentes recursos que la crítica literaria proporciona: contextualizando obras y autores con los diversos momentos históricos, las sociedades que transitaron; analizando los temas que trataron y buscando el imperceptible hilo común que los une: la violencia oligárquica que siempre habitó la Historia argentina y las resistencias que le hicieron frente, la identidad argentina que reflejan y a cuya construcción también contribuyeron.

Porque, como Mariano señala, acá y allá, la literatura argentina siempre tuvo voluntad de dar fe de los conflictos políticos que jalonan su Historia, tradición crítica reflejada en sus temas, en esa mezcla de política, violencia y resistencia. Toda una realidad y un imaginario en el que bucean desde diferentes perspectivas.

Crítica como género de lucha, para aprender a leer, releer, interpretar y desde estas poesías, prosas y ficciones plantear soluciones a presente y futuro desde una óptica revolucionaria.

Un libro encantador que invita a la lectura (o relectura) de estos autores. Indispensable.

Literatura y revolución”, Pacheco, Mariano.

Editorial Nido de Vacas

Buenos Aires, 2026

152 páginas

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Ernesto Alonso: «La selección nos recordó que Malvinas sigue siendo una causa del pueblo argentino»

En diálogo con Nora Anchart en La Columna Vertebral a Ernesto Alonso, excombatiente de Malvinas, fundador y director del CECIM La Plata. En la conversación repasó el vínculo construido entre el Centro de Ex Combatientes y la Selección Argentina, el significado de la bandera de Malvinas desplegada tras la consagración en el Mundial y reflexionó sobre la defensa de la soberanía nacional como una causa vigente.

LCV: Contame un poquito cómo nació el vínculo entre el CECIM y la Selección Argentina.

Ernesto Alonso: «Con la selección tenemos una relación que comenzó a través del preparador físico, Luis Martín, que es de La Plata. A partir de ese contacto empezamos a vincularnos y él se acercó al CECIM. Desde entonces mantuvimos una relación muy cercana. Tenemos en nuestra sede una camiseta de la selección campeona de la Copa América y también dos banderines de la AFA firmados por el cuerpo técnico. El año pasado, cuando volvimos a Malvinas para seguir el proceso de identificación de los soldados en el cementerio de Darwin, dejamos uno de esos banderines en la cruz mayor del cementerio argentino, como un homenaje y también por pedido del cuerpo técnico.»

LCV: Esa camiseta que tienen ustedes también está firmada por varios de los jugadores campeones. Frente a quienes descalificaban a la selección diciendo que era un grupo de millonarios ajenos a la realidad del país, ¿cómo interpretás vos el compromiso que demostraron?

Ernesto Alonso: «La selección demostró que es un grupo humano enorme. Son muchachos muy humildes. Si uno compara con otras épocas, cuando algunos jugadores parecían molestarse por tomar una bandera argentina, la diferencia es enorme. Luis Martín incluso nos pidió una bandera del CECIM para llevar al Mundial. Para nosotros hubo dos finales: una con Inglaterra y otra con Francia. La verdadera final fue con Inglaterra. Había una enorme carga simbólica y mucha presión alrededor de ese partido.»

LCV: ¿Qué tipo de presión percibían?

Ernesto Alonso: «La presión tenía que ver con volver a enfrentar a Inglaterra después de tantos años. Nosotros entendíamos que no era un partido más, aunque públicamente Scaloni dijera que sí porque era lo políticamente correcto. Por eso enviamos una carta al plantel, que después tomó estado público, donde les pedíamos que jugaran tranquilos, con el corazón, como siempre lo hacen. Les recordábamos que el pueblo argentino ya había encontrado una reparación simbólica en México 86, apenas cuatro años después de la guerra, y que esta vez disfrutaran del fútbol. Pero nosotros sabíamos que, emocionalmente, ese partido tenía un significado muy especial.»

LCV: En esos días también hubo una fuerte discusión por la presencia de símbolos vinculados a Malvinas y por las declaraciones del Gobierno nacional. ¿Cómo analizás esa situación?

Ernesto Alonso: «Este gobierno está muy alejado de cualquier defensa de la soberanía nacional y eso se refleja todos los días. El episodio con la ministra de Seguridad fue una muestra más. Todos los argentinos, desde el Presidente para abajo, tenemos el mandato constitucional de sostener el reclamo de soberanía sobre Malvinas. Nuestro país sigue siendo un país colonizado: los británicos ocupan cerca de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio argentino y, después de 1982, ampliaron todavía más esa ocupación. Buena parte de las dificultades que atraviesa nuestro pueblo también tienen relación con esa realidad colonial. Lo que vemos hoy es una profundización de ese proceso.»

LCV: Quiero llevarte a un plano más personal. Cuando apareció la bandera con la inscripción ‘Las Malvinas son argentinas’ sobre el campo de juego, ¿qué sintió aquel excombatiente que conocí hace tantos años?

Ernesto Alonso: «Fue un impacto enorme. La cámara giró y de repente apareció esa bandera. Después vino toda la escena de los jugadores desplegándola con un respeto y una delicadeza impresionantes. Más tarde me enteré de que había sido pintada por hinchas que la arrojaron desde la tribuna. En ese momento sentí que aparecía Diego Maradona. Me lo imaginé levantándose la camiseta y mostrando el tatuaje de las Malvinas. A pesar de todas las posiciones contrarias a la soberanía que se escuchan desde algunos sectores del poder, apareció la verdadera argentinidad. Malvinas sigue movilizando desde la emoción y ahora el desafío es transformar esa emoción en una comprensión más profunda de por qué defendemos esa causa.»

LCV: ¿Creés que este gesto de la selección puede tener un impacto duradero?

Ernesto Alonso: «Sí, porque generó preguntas en las nuevas generaciones. Al día siguiente muchos chicos llegaron a la escuela preguntando qué significaba esa bandera y pudieron hablar de Malvinas en clase. Eso es maravilloso. Nosotros venimos trabajando muy fuerte dentro de una coalición en defensa de la tierra porque creemos que este gobierno ha puesto el territorio argentino en venta. Ojalá algún día podamos tener una foto junto a estos jugadores, porque entendieron el valor simbólico de Malvinas y ayudaron a que miles de chicos vuelvan a interesarse por esa historia.»

LCV: ¿Qué reflexión final te deja todo lo que ocurrió?

Ernesto Alonso: «Esta selección nos hizo sufrir, disfrutar y emocionarnos, pero sobre todo nos ayudó a comprender de qué hablamos cuando hablamos de Malvinas. Hay que seguir trabajando con las nuevas generaciones. Tengo un nieto de casi tres años que no quiere sacarse la camiseta de la selección y lo veo junto a otros chicos jugando vestidos de celeste y blanco. Ahí está el futuro. Pero también necesitamos un gran acuerdo político basado en la defensa de la soberanía nacional. Sin políticas soberanas va a ser muy difícil que la Argentina pueda salir adelante.»

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