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La Columna Vertebral

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Editorial Nora

Tránsfugas

Nora Anchart comenzó el programa hablando sobre la definición de «tránsfuga» y cómo en España se habla de «transfuguismo politico»

 
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Destacada

Editorial Nora Anchart 17 de agosto: «Los viejos, como los libros: imprescindibles»

Así, tranquilitos, tranquilitos. Vamos a andar un camino que habla de los dos extremos de la vida. Cuando sos niñito, antes eras el único privilegiado. Hoy tu vida se ha complicado como niñito. Primero, nacen muchos menos niños, pero además se les ha complicado la educación, se les ha complicado la alimentación y la salud.

Hay gente estúpida que pide que no te vacunen y hay otra gente más tonta que cree que sos una molestia en la vida de las personas, una carga. Bueno, sí, ya sé lo de la elección personal, bla, bla. Pero el niño no deja de ser la criaturita, como dicen algunas amigas mías, no dejan de ser bendiciones una vez que la vida llegó a tu casa.

Para este gobierno, para esta época en el mundo, la cuestión de las criaturas está bastante desatendida, al punto que en algunos países se han declarado en estado de emergencia y empezaron a mirar cómo hay que cuidar a esas generaciones y además lograr que nazcan más niños. Para que nazcan más niños, indudablemente, más allá de las razones intelectuales y biológicas y un montón de elección de un montón de gente, hay una razón fundamental y es, sin ningún lugar a dudas, la económica y la social.

Tener un Estado de bienestar como el de Finlandia, como el de otros lugares en donde la gente puede planificar tener pibes porque tiene la salud y la educación garantizadas. Y además tiene garantizada la prosecución de la educación. Digo, la educación no es un privilegio, es un devenir. Primero hacés la primaria, después la secundaria, después hacés el terciario o la universidad, después te recibís, después tenés trabajo, después, si querés, te casás, si querés tenés pibes, pero seguramente lo que sí te va a pasar acá y en aquellos países, acá solamente si conservás el trabajo, acá solamente si lográs haberte insertado por 30 años en un sistema laboral, pero de todos modos, lo que por edad te va a llegar en algún momento es la jubilación.

Y entonces pasamos a la otra edad, el otro extremo, y es la tercera, cuarta edad, no sé, se extendieron tanto los plazos ahora que lo que me importa decir es poner el plazo legal de la jubilación, 60 años o más. Económicamente te dicen inactivo. Sin embargo, nueve de los diez taxis que yo tomo semanalmente están manejados por jubilados.

Nueve de cada diez kioscos están manejados por jubilados. Nueve de cada diez tareas manuales, eventuales y demás son por jubilados y jubiladas que, por un lado, no les alcanza y, por el otro, quizás más bonitamente han decidido que su vida útil, su cerebro y su fuerza es mucho más allá de los 60 años.

En la universidad consideran a los profesores de más de 70 años en el descarte y lo jubilan. A lo mejor es cierto que pueden estar un poco cansados, pero estamos hablando de universitarios. No sé si en ese momento óptimo de haber transitado por lo menos 40 años de sabiduría y carrera es el momento de desechar.

En los países adelantados, con estas personas, universitarios o gente que acumula una experiencia impresionante en las empresas y demás, se les da un lugar senior, o sea, se les da el lugar de la formación de los próximos que van a llegar, el lugar del consejero.

¿Cómo era en las tribus? ¿Cómo eran en las tribus de cualquier palo y país lo que se llamaba el consejo de la tribu, el consejo de ancianos? De los saberes de los adultos mayores.

Hablaba de esta manera Joan Manuel Serrat. Llamo Juan Manuel Serrat. Algunos de ustedes me conocerán. Escribo canciones y las canto. Tengo 82 años, gozo de buena salud y un estado de conservación más que aceptable. 82 años tiene. Está muy bien para su edad. Eso me dicen, esperando que les devuelva el cumplido.

¿Será que la gente quiere lucir joven, verse en el retrato de Dorian Gray? De momento, yo estoy encantado de estar aquí compartiendo la clausura de estas jornadas de reflexión acerca del colectivo al que se conoce como la tercera edad, las personas mayores, en fin, lo que llamaremos en confianza los viejos.

Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Brigner llama el veranillo de la vida, o sea, ese tiempo de propina en que a menudo el alma suele conversar con sí misma. Este es un buen momento para soltar el alma.

Soy un hombre agradecido con la vida y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo de moledor me imponen con el paso de los días. Aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis, las gafas, los audífonos, en fin, esas cosas.

Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación, en tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades.

A los viejos se les abandona en la soledad porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Rescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria.

Vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad.

Qué grande el Nano. Qué grande el Nano. Tratar mal a los viejos es como quemar los libros. Tal cual. Le agradecemos muchísimo a la periodista y amiga personal y de la casa de La Columna Vertebral, Graciela Ruso, por haberme acercado este maravilloso material que yo no lo había percatado en las redes.

Realmente un lujo. Muchísimas gracias. Y a vos, Nano, ¿qué te voy a decir? Cada loco con su tema.

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Editorial Nora

La Columna Vertebral y los Martin Fierro

Miguel Ángel González, reconocido estilista teatral de MB Salón, fue premiado con el Martín Fierro al mejor trabajo en estilismo, maquillaje y caracterización por su labor en Kinky Boots, una obra que brilló tanto en Buenos Aires como en el exterior. Conversamos con él a pocos minutos de subir al escenario del Teatro Astral, donde se encontraba presentando Personas, lugares y cosas. A través de esta charla con LCV, descubrimos no solo la emoción del reconocimiento, sino también el minucioso proceso de creación detrás del estilismo teatral, una pieza clave en la construcción de personajes y universos escénicos.

LCV: «Ahí estás así como a mil y nosotros acá en el medio estamos tratando de mostrarle a la gente… porque viste que se dan los Martín Fierro a los actores y todo eso está bien, está maravilloso y a todos nos gusta porque es lo visible, pero lo tuyo es el trabajo que todos admiramos pero que no conocemos quiénes son sus autores. Por lo tanto, yo felicito terriblemente que haya este Martín Fierro al estilismo, la creatividad y el maquillaje. Contanos por qué obra fue, eh… y nada, ¿qué sentiste? ¿Qué te pasó cuando dijeron que te ternaban y qué te pasó cuando te dijeron que eras vos?»

Miguel Ángel González: «Mirá, cuando te ternan, ya el hecho de estar ternado y que estén observando tu trabajo es algo hermoso. Y decís: ‘Bueno, me están mirando, están viendo nuestro trabajo’. Creo que todo artista trabaja… no sé si todo artista trabaja para que lo vean, sino que lo hace desde el amor y desde adentro. Entonces me pareció moderna, me pareció generosa de parte de APTRA porque es la primera vez que se hace… los premios Martín Fierro, y sobre todo de teatro, ¿no? Como contabas al principio, de teatro. Entonces es como sentirlo desde el amor y decir: ‘Bueno, a ver, podemos ganarlo, sí. Podemos ser ternados nada más, sí, también’. Entonces bueno, vamos con esto. Fue muy emocionante. Y la familia MB estaba muy expectante, y estaba muy atenta a todo lo que ocurría.»

LCV: «Ay, me imagino… tus chicas del salón, ¿estaban todas juntas mirándolo?»

Miguel Ángel González: «Cada una en su casa, pero cruzando los deditos ahí, estando conectadas en el chat que tenemos del grupo. Estaban todas atentas.»

LCV: «No sabés… yo casi me infarto, te quiero decir, porque lo puse de curiosa, porque soy muy teatrera, vos lo sabés. Y entonces quería ver, a ver… ¿sabés que la mayor parte de las obras que fueron premiadas las vi? Menos, tengo que reconocer, Tootsie y Kinky Boots, pero bueno, no puedo estar en todo. Y entonces de repente te miro y digo: ‘Ese es Miguel Ángel’. Y después… ¡ay, primero es Miguel Ángel y se lo ganó! Porque además puse el Martín Fierro cuando ganaste vos. O sea, fue ahí, en ese momento. Fue en ese preciso momento. Maravilloso. ¿Qué sentiste?»

Miguel Ángel González: «Sentí mucha emoción, sentí mucha gratificación y, sobre todo, por mis colegas y por la gente que trabaja con nosotros, porque teníamos un equipo hermoso en Kinky Boots. El maquillador Nazareno Matías, Noe Viaucci, quien les habla, González Miguel… Estábamos siempre trabajando juntos en todo. Y lo que pasó con esto es que hicimos todos los diseños de… bueno, Buenos Aires, por supuesto, dos temporadas, Mar del Plata, Villa Carlos Paz y España. Así que bueno, nuestros diseños fueron premiados porque esto se utilizó para que Kinky Boots sea y se expanda.»

LCV: «¿Tenés un minuto más para explicarle a nuestra gente? Igual, cuando ya esté esto mejor y vos puedas venir acá al piso, yo quiero que me hables del trabajo del estilista teatral. Pero ahora un poquito, aunque sea, contanos cómo es el proceso de creación. ¿Vos leés la obra, te consustanciás con los personajes, elegís qué personajes hacés vos, o eso lo elige el director? ¿Cómo se diseña el trabajo?»

Miguel Ángel González: «Mirá, al principio se presenta la obra, se aceptan… están todos los creativos. Somos muy importantes dentro del circuito creativo de las obras de teatro. El estilismo tiene que ver con eso. Están todas las áreas, ¿no? Está el vestuarista, está el maquillador, está el iluminador, el guionista. Nos reunimos y cada uno tiene un papel importante dentro del circuito creativo. Nosotros, cuando tomamos la obra —sobre todo la empresa MB Salón— se sienta, diagrama, lee la obra, se especializa en cada personaje y define desde dónde lo queremos encarar. Y en base a eso proponemos nuestros estilos. Y también estamos trabajando en conjunto, mutuamente, con el maquillador. Digo esto para que se entienda: si el estilista hace una peluca rosa, el maquillaje tiene más de rosa, y viceversa.»

LCV: «Claro. Sobre todo en cosas como esto, ¿no? La comedia musical, o cosas tan trabajadas como un Kinky Boots o un Tootsie

Miguel Ángel González: «Sí. En este caso tan particular, nosotros hicimos que los hombres parezcan mujeres sobre el escenario. Y eso hay que transformarlo, y tiene que ver con el drag, y tiene que ver con que cada uno saca la mejor faceta de cada actor para que eso sea su personaje.»

LCV: «Además, ¡qué hombres! Porque, ¿quién era el protagónico de Kinky

Miguel Ángel González: «El protagónico de Kinky, en las dos temporadas que hicimos en Buenos Aires, fue Martín Bossi.»

LCV: «Claro, y después los otros drags que son bailatines muy reconocidos…»

Miguel Ángel González: «Sí, sí: Ibarra… ahora no se me vienen muchos nombres. Mariano Magnífico, Matías Villa…»

LCV: «¿Villalba, no?»

Miguel Ángel González: «Sí, un elenco impresionante. Muy premiado. Matías…»

LCV: «¿Y después vos hacés una presentación de bosquejo o la presentación ya es sobre tema físico, no?»

Miguel Ángel González: «No, sobre el tema físico. Sobre el tema del bosquejo al principio, para contar lo que nosotros pensamos y entendimos de la obra. Y en base a eso, tenemos al director que nos va guiando y va ayudando: sí o no.»

LCV: «Es maravilloso, te digo, el trabajo. No te quiero tomar más tiempo porque sé que estás contra reloj. Más allá de las y cuarto no te podías, y ya son 16. Ahora le digo a la gente: el placer inmenso que yo tengo en que se haya premiado… toda la gente que estuvo premiada ahí es gente trabajadora. El trabajador del teatro es un circuito de trabajo, es una industria. Digo, todo. Pero cuando vos sos una señora común, periodista, que va y se corta el pelo y le hace el color él, y te lo piensa para vos y toda esta historia que hace él… Y uno, cuando está mientras se está secando el pelo, lo ve a él maniobrar con esas cosas rosas, celestes… todo el tiempo creando todo.»

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Destacada

Editorial de Nora Anchart lunes 12 de mayo: «Tiempos brutos, tiempos violentos».

Apatía electoral: votó menos del 30% del padrón en tres de las cuatro provincias.
Salta, Chaco y San Luis registraron una participación muy baja del electorado en lo que va del desarrollo de los comicios. En cambio, en Jujuy se observa una tendencia distinta, con una buena intención de voto.

Esto, que ayer era simplemente un dato que Data Clave iba compartiendo como un «minuto a minuto», terminó convirtiéndose sinceramente en una tendencia.

En Salta, por ejemplo, donde se utilizó el voto electrónico, el porcentaje de votantes creció del 12% registrado durante la mañana al 25% hacia el mediodía. Sin embargo, este aumento fue insuficiente para revertir el escenario de apatía generalizada.

¿Qué nos pasa que sentimos apatía a la hora de elegir nuestro destino?
¿Estamos tan entregados que creemos que, total, siempre va a ser igual, todo va a ser malo, no vamos a poder modificar nada, y entonces preferimos directamente no participar?

Lo entiendo, eh. A mí me está costando un esfuerzo sobrehumano pensar en ir a votar. Como no hice el cambio de domicilio, tengo que trasladarme de un barrio a la otra punta de la ciudad. Hacer la cola… Bueno, por suerte es boleta electrónica, y a mí me gusta, así que lo resuelvo rápido.

Comprendo lo que nos pasa, pero también tengo que estar acá, frente al micrófono, y decirte que tenemos que pelear contra esa apatía.
«¡No se queje si no se queja!», decía un viejísimo eslogan de cuando se controlaba el consumo. Creo que era de Lita de Lázari, la misma que decía: «Camine, camine por los precios, pero no se queje».

Esa frase vale la pena actualizarla. ¿Cómo podés quejarte después de que todo esté mal, si ni siquiera expresaste tu opinión a través del voto?

¿No te gusta ninguna opción? Andá igual.
Votá en blanco, si querés. Demostrás que nada te representa. Ya sabés: el voto en blanco se suma al del partido más votado, sí. Pero como expresión política de disconformidad, también vale.

No te estoy militando el voto en blanco. No puedo. A mí me cuesta pensar que mi opinión sea una no-opinión. Me da cosquillas en la mano solo imaginarlo. Pero igual prefiero eso a no ir.

Si solo contabilizamos a quienes se quedaron en casa, van a venir las excusas: que están enfermos, que llueve (aunque no creo), que no hay plata para el colectivo, que viven lejos… bla bla bla.

Estamos en la ciudad de Buenos Aires, donde el despelote tiene que ver con que las dos fracciones de la derecha se están peleando a ver «quién la tiene más grande».
De esto vamos a hablar con Pablo Touzón y con otros analistas.

Lo real es que la ciudad de Buenos Aires ya no está tan bien como antes. Perdieron el eslogan de la «buena gestión». Si querés cambiar algo, tenés que votar.
Y si no querés cambiar nada y pensás «son todos lo mismo», también tenés que decirlo votando.

Otro tema que me preocupa mucho es el de los periodistas como excusa.
Hay tres periodistas de orígenes muy distintos:

  • Ailín Bullentini, de la izquierda kirchnerista, del Destape (antes en Radio Nacional).
  • Carlos Pagni, de La Nación, con un pensamiento complejo y muy elaborado.

A ambos los acusan de haber dicho «nazi». Ese reduccionismo evita discutir lo importante: el totalitarismo de Milei. Porque es mucho más que «nazi».
La palabra «nazi» refiere a un régimen concreto, a un momento histórico y a una comunidad que sufrió lo indecible.

Pero si no sos judía, ¿no te preocupa?
Si no sos gay, ¿no te asusta?
Si no sos trans, ¿no te importa que los estén echando de los trabajos?

¡Esto nos afecta a todos!
A vos, a mí, que somos cis, heterosexuales, clase media, más o menos blancas, con determinada formación… y aun así, nos están maltratando igual.

Nos persiguen también a los periodistas. Y no lo digo solo por nosotros. El Papa mismo dijo ayer que donde se ataca la libertad de expresión, se ataca la democracia.

Mientras nos distraen con discusiones vacías, vos abrís la heladera y está más vacía que nunca:

  • El kilo de tomate a $3.000.
  • El maple de huevos a $8.500.
    Comer un huevo por día ya parece una utopía.

Estas cuatro provincias pueden ser un testeo interesante sobre la baja participación electoral. Si esto se repite, estamos en problemas.

Y no solo por lo que puedan votar a Milei en una segunda vuelta. El otro día lo admitió en una entrevista con Mariana Brey —sí, ella, que viene del espectáculo—, pero, mirá, hizo mejor papel que algunos periodistas políticos, como Luis Majul, que sólo asiente con la cabeza.

Dice «Clarín miente» y ya no sabés si está hablando Cristina o él. Usa los mismos argumentos que antes usaba el kirchnerismo con la ley de medios, pero ahora parecen un sinsentido en el contexto actual.

Lo único que te quiero decir es esto: no dejes de ir a votar.
Porque cuando todo esté mal, cuando pase como en el poema de Bertolt Brecht —»vinieron por uno, por otro, y cuando vinieron por mí, ya era tarde»—, la frase “Ni olvido ni perdón” va a ser solo eso: una frase.

Porque nadie va a tener siquiera la neurona alimentada como para entenderla.

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