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La Columna Vertebral

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La otra grieta: la brecha salarial entre mujeres y hombres es la más alta en tres años

Un estudio desarrollado por el portal de búsqueda laboral Bumeran reveló que en enero la brecha salarial entre hombres y mujeres fue la más grande de los últimos tres años, llegando a mostrar una diferencia del 18%.

En diciembre de 2016, la brecha mostraba un 12% a favor de los hombres. En la actualidad, a pesar de las revindicaciones exigidas por el movimiento feminista y la visibilización sobre estas desigualdades, la grieta creció un 6%. Además, la tendencia indicaría que la diferencia podría ser aún mayor con el paso de los años, dado que se observa un aumento continuo en favor del género masculino.

La otra grieta se da en el salario requerido en cargos senior: en promedio, los hombres piden $58.989, en tanto que las mujeres solicitan $49.700 promedio.

Por otro lado, las cifras más impactantes se dan en las postulaciones a cargos de mayor jerarquía: el 70% es de hombres, frente al 30% efectuado por las mujeres.

«En los últimos 3 años la brecha fue variando, sin embargo, es indiscutible la tendencia a pedir un salario más elevado de parte de los hombres. La diferencia más pequeña se encuentra en un piso del 12%. Por otro lado, en los últimos doce meses el salario requerido por las mujeres aumentó 43% mientras que el de los hombres creció 44%”, señaló el estudio.

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«La deuda, la culpa y un nosotros todavía sin nombre», por Jorge Cascallar

Hay frases que parecen empíricamente absurdas y políticamente eficaces al mismo tiempo.
El diputado nacional Alberto “Bertie” Benegas Lynch encontró una explicación singular para el crecimiento de la morosidad en las familias argentinas: entre los endeudados, dijo, está “el tipo que compró la televisión para el Mundial y, ahora que Argentina no salió campeón, no quiere pagar”. Días antes, el propio Presidente había recurrido prácticamente al mismo ejemplo para explicar el fenómeno o, simplemente, para reducirlo a un conflicto estrictamente “entre privados”.
En ambos casos la operación es idéntica: invisibilizar las condiciones materiales colectivas y garantizar que la responsabilidad moral caiga sobre quien necesita endeudarse para comer.
No era el televisor. Era el supermercado. Y esa diferencia es radicalmente política. Porque cambiar el objeto cambia también al culpable. Es casi una tecnología de despolitización.
La figura del televisor permite evitar la pregunta de fondo. Construye un personaje conveniente: un irresponsable que quiso vivir por encima de sus posibilidades, adquirió lo que no podía pagar y ahora pretende que la sociedad se haga cargo de las consecuencias. Así, el endeudado deja de ser alguien cuyos ingresos han perdido capacidad de compra y pasa a ser un fallado moral. Ya no requiere una explicación económica ni una política pública: requiere una lección de conducta. Se subvierte el orden de las responsabilidades.
Primero se privatiza el problema; después se moraliza a quien lo padece. Y entonces el verbo deber duplica su carga: quien debe dinero también parece deber explicaciones.
La deuda produce algo más que intereses: produce culpa y aislamiento.
Quien no llega a fin de mes rara vez interpreta su situación como parte de un síntoma colectivo. Piensa que administró mal, que gastó a destiempo, que debió haber previsto la tormenta. Revisa sus consumos cotidianos, posterga compras esenciales, refinancia la tarjeta de crédito, pide prestado para saldar lo anterior. La deuda también captura la atención. Quien debe pasa buena parte de su tiempo calculando cómo llegar: qué pagar primero, qué postergar, qué refinanciar, a quién pedirle, de dónde sacar lo que falta. La preocupación ocupa el lugar que podría ocupar la conversación con otros. Y muchas veces, además, se calla por vergüenza.
El poder contemporáneo logra que una experiencia producida estructuralmente sea experimentada como un fracaso íntimo. Ese repliegue dificulta que un posible sujeto político encuentre el camino y, sobre todo, el lenguaje para formular un reclamo común.
Debe al banco, a la tarjeta, a la plataforma financiera, a la billetera virtual, al comercio del barrio, al familiar. La deuda contemporánea está hiperfragmentada. Cada uno recibe su resumen individual, su notificación automática en la pantalla del celular, su intimación de cobro. Cada uno saca sus cuentas en la soledad de su hogar. Los endeudados aún no se ven los unos a los otros. La deuda es masiva en su producción e individual en su experiencia.
Y, sin embargo, quizás allí habite un sujeto político que todavía no sabe que lo es.
Una persona endeudada para comprar alimentos puede parecer una desgracia privada; millones de personas endeudadas para sobrevivir constituyen un fenómeno social y político. Cuando una experiencia colectiva consigue reconocerse como tal, la dinámica cambia: aquello que se vivía como vergüenza y mancha personal comienza a articularse como pregunta colectiva. Puede entonces anudarse con otras experiencias también fragmentadas para construir una voz con mayor fuerza de interpelación.
La deuda produce una multitud sin plaza.
La deuda tiene, además, una relación destructiva con el tiempo. Quien se endeuda para cubrir las necesidades del presente compromete el flujo de su vida futura. El salario del mes próximo se consume antes de ser ganado; cuando finalmente se cobra, ya pertenece al acreedor.
Por eso la deuda no solo expropia dinero: enjaula el tiempo.
Cada deuda es individual en el contrato, colectiva en sus causas y futura en sus consecuencias.
Resulta inquietante que este dispositivo se consolide bajo una narrativa política que erigió a la “libertad” como su significante supremo. Alguien obligado a comprometer el mañana para alimentarse hoy puede ser formalmente libre, pero dispone cada vez menos de su propia vida. La libertad reducida a la capacidad de contraer deudas para comer no es libertad: es servidumbre de mercado.
Los sujetos políticos no emergen terminados ni nacen espontáneamente del sufrimiento. Se constituyen cuando una experiencia dispersa consigue reconocerse como común, encuentra palabras capaces de nombrarla y aparece también un liderazgo capaz de articular esas experiencias, condensar demandas y ofrecerles una dirección colectiva. Un líder no inventa desde afuera aquello que no existe: es reconocido porque consigue poner en palabras algo que millones viven todavía en silencio, transformar un malestar disperso en una pregunta compartida y ayudar a que una multitud fragmentada comience a reconocerse como un nosotros.
Porque el sufrimiento, por sí mismo, no garantiza organización. También puede producir resignación, miedo, resentimiento o una búsqueda desesperada de culpables todavía más vulnerables. Entre padecer juntos y actuar juntos existe una distancia política. Esa distancia necesita palabras, organización, encuentro, representación y liderazgo.
Tal vez todavía falte tiempo para que ese movimiento encuentre una forma política. Pero entre quienes hoy refinancian el plástico, pagan un crédito con otro y compran la comida con dinero que aún no ganaron, acaso esté comenzando a gestarse un silencioso nosotros: los que deben.
Quizás algo empiece el día en que descubramos que nunca se trató del televisor.
Se trataba de todos.
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Darío Arcella: “El cine comunitario es un hecho político de construcción”

Nora Anchart entrevistó en los estudios de La Columna Vertebral al director cinematográfico Darío Arcella, realizador de Los relocalizados. El cineasta habló sobre su trayectoria, el cine comunitario y la historia del barrio Ramón Carrillo, su relación con la experiencia del Albergue Warnes y las condiciones de vida de sus habitantes.

LCV: Darío, sos director del largometraje Los relocalizados, pero también tenés una larguísima trayectoria dentro del cine. ¿Cómo llegaste a ser director?

Darío Arcella: “Para el año 1981 conocí la Escuela de Cine de Avellaneda y a Rodolfo Hermida, un tremendo maestro. Después de escuchar una charla con él, yo tenía 19 años y dije: ‘Esto es lo mío’. No sé por qué, pero fue lo mío hasta hoy y sigue siéndolo.”

LCV: ¿Se vive del cine?

Darío Arcella: “Yo viví siempre de esto. En el último tiempo estuve haciendo docencia y me gusta mucho. Trabajé en la Universidad de Belgrano y después pasé a trabajar en el equipo de extensión cultural de la ENERC. Me encanta la docencia, pero jamás dejé de hacer cine. Nunca hice docencia porque el cine me empujara a hacerlo por falta de trabajo; eran las dos cosas que necesitaba. Transmitir, enseñar y aprender. Uno enseña y aprende al mismo tiempo y está bueno compartir lo que uno aprende.”

LCV: ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos como director?

Darío Arcella: “Mi primera película la hice junto a Luis Campos, un compañero y amigo de aquel entonces. En 1990 hicimos Warnes aparte. Esa película estuvo en el Festival de San Sebastián y recorrió muchos lugares. En lo personal la quiero muchísimo. Sé que fue hecha en un momento en que era necesario hacerla, más allá de quién la haya realizado. Era necesario hacer esa película en ese momento.”

LCV: No apelás solamente al cine de coyuntura, sino a un relato que persiste en el tiempo.

Darío Arcella: “Exactamente. La continuidad en el tiempo se la da la propia coyuntura. Trabajamos y estudiamos mucho con Fernando Birri y Prelorán, y tuve la oportunidad de inaugurar con esas bestias. A mí me interesa mucho el cine comunitario, entendido no como una postura a priori, sino como un hecho a realizar con y para la comunidad. El director o realizador, aunque no sea de la comunidad, se integra a ella con su saber, que es hacer una película y utilizar sus herramientas. Y la comunidad aporta sus saberes y sus herramientas.”

LCV: ¿Cómo fue esa primera experiencia comunitaria?

Darío Arcella: “En Warnes aparte, lo primero que hicimos fue convocar a la comunidad. Estaban muy organizados y cada piso tenía sus delegados. Solicitamos una reunión con la comisión, presentamos el proyecto y la comisión lo discutió en cada piso. Después se hizo una pequeña asamblea con todos los vecinos para explicar qué queríamos hacer y así fue avanzando un acuerdo con la comunidad. Yo no digo que la película sea comunitaria solamente en los términos de una construcción política, pero ahí es donde entiendo el cine comunitario en profundidad: es un hecho político de construcción, un relato compartido y construido entre todos.”

LCV: ¿Qué realidad encontraron en Warnes?

Darío Arcella: “Nuestros intereses tenían que ver con mostrar una realidad de un determinado lugar con un gran poder simbólico. Hablamos de gente que venía del interior, expulsada de sus provincias. Muchos campesinos habían sido expulsados de sus tierras por el proceso de ampliación de la frontera agrícola. Llegaban chaqueños, tucumanos y gente atravesada por la crisis económica. Además, nosotros hicimos la película en plena hiperinflación. Nosotros veíamos el poder simbólico que tenía ese lugar para representar la historia del país y ellos tenían la necesidad de mostrar cómo estaban viviendo. En ese momento comenzaba el proceso de reubicación de las villas y había siete villas, entre ellas Warnes, que iban a ser erradicadas y relocalizadas. Por eso el título Los relocalizados lo puso la propia realidad.”

LCV: La película muestra también la llegada al barrio Carrillo.

Darío Arcella: “Sí. Ahí están las imágenes de la mudanza de Warnes y la llegada al Carrillo en 1990. Así era Carrillo, con esas casitas pequeñas, y así es hoy, con casas de cuatro pisos. Todo se hizo rápido y todo lo que se hace rápido se hace precario y mal. Se hicieron 700 casas en 90 días, sobre un terreno de relleno. En la película uno de los bloques temáticos es el plomo en sangre: chicos con plomo en sangre por jugar con esa tierra. Como no había obra, las calles eran de tierra y el agua exudaba. Incluso habían pavimentado, pero duró muy poco porque era una capa de apenas dos centímetros.”

LCV: Y todavía hoy hay problemas con las escrituras.

Darío Arcella: “Los terrenos tienen distintas medidas y están fuera de mensura. Catastro no puede mensurarlos y por eso todavía no tienen escritura. Es un desastre.”

LCV: ¿Cómo nació Los relocalizados 25 años después?

Darío Arcella: “Todo este material de la mudanza que se veía en pantalla era material que había sobrado de la primera película. Veinticinco años después, Marina, que además de ser mi novia es productora y realizadora, me preguntó por qué no hacía una película que tuviera que ver con qué había pasado 25 años después. Estábamos ordenando en casa y aparecieron los casetes de la mudanza. Yo me negaba completamente, no quería revisitar ese material porque ya estaba trabajando en otra historia, pero me sedujo la idea. Me puse en contacto con la gente de Carrillo, con los habitantes de Warnes que estaban en Carrillo, y me pareció muy interesante retratar lo que había pasado.”

LCV: ¿Cómo trabajaron la producción de la película?

Darío Arcella: “Quise darle una vuelta de tuerca a esta participación y al trabajo común con un objetivo comunitario. Armamos dos talleres sin decir inicialmente que íbamos a hacer una película: uno sobre la historia y actualidad del barrio y otro de realización cinematográfica. Los iniciamos antes de conseguir presupuesto. Después tuvimos la suerte de que fuera aprobada como producción por el Instituto de Cine Digital, pero era un presupuesto apenas suficiente. Me alcanzaba para hacer el rodaje o la postproducción, pero no para las dos cosas. Los talleres duraron nueve y seis meses respectivamente. Fuimos juntando temas, información e intereses de la comunidad. Ahí surgieron cuestiones como las escrituras y las cloacas.”

LCV: Un barrio de aproximadamente 10.000 personas en Capital Federal que jamás tuvo cloacas.

Darío Arcella: “Jamás tuvo cloacas. Estaba todo: la estación de bombeo, la línea hacia el Riachuelo, pero nunca se conectó. Es casi una metáfora de la Argentina: tener los recursos por un lado y por otro, pero nunca saber cómo conectarlos para potenciarlos.”

LCV: Y también aparece una sensación permanente de frustración.

Darío Arcella: “Totalmente. Esa sensación de frustración y fracaso está presente a lo largo de los dos trabajos. Por otro lado, del taller de realización surgieron cinco chicos muy participativos, especialmente Alejandro, Gladis y Celeste, que empezaron a hacer tomas con un sentido documental. Nuestro sueño era armar una agencia de noticias, dejar los equipos ahí, que ellos generaran sus propias noticias y hacer un canal de YouTube o el que correspondiera. Lamentablemente eso no terminó de funcionar porque faltó organización.”

LCV: Pero quedó todo ese material.

Darío Arcella: “Sí. Ellos filmaron durante esos seis meses y después los incorporamos al equipo y les dimos cámaras. Filmaban gran parte del material que aparece en la película. Y yo te digo que es muy difícil distinguir qué tomas hizo Osvaldo de Curnex, que es un gran camarógrafo y fotógrafo, y cuáles hicieron los chicos.”

LCV: También está la escena de la implosión de Warnes.

Darío Arcella: “Eso lo filmamos con siete cámaras. Mientras tanto teníamos otra cámara que también aparece en la película y en el tráiler. Había cámaras tomando los rostros de los habitantes de Warnes mientras ocurrían las explosiones y los sacudones. Es muy impresionante porque empezó con risas y terminaron todos llorando.”

LCV: La película se estrenó hace algunos años, pero sigue teniendo una actualidad enorme.

Darío Arcella: “Sí. La película se estrenó en 2017, pero la temática sigue completamente vigente. Ayer la presentamos en Parque Chas y pasó algo muy interesante. Estaba el hijo de uno de los dirigentes que aparecen en la película, Quique Enríquez. Su hijo, Ivo, tomó la posta después de que su padre falleciera.”

LCV: Hablás de dirigentes sociales, una figura que hoy hace mucha falta.

Darío Arcella: “Totalmente. Son dirigentes que conocen el territorio, que son el territorio, que lo construyen día a día y que no tienen un asesor que les diga qué discurso dar. Ivo me planteaba que hoy las organizaciones están muy partidizadas internamente, lo que produce un desajuste y una separación muy grande. Él está rescatando a esos dirigentes que aparecen en la película, que recorren el barrio y muestran al Instituto de la Vivienda todos los problemas que existen.”

LCV: Y hay un juicio con sentencia firme desde hace once años.

Darío Arcella: “Exactamente. Hay una sentencia firme que tiene que cumplir la Municipalidad y hacer los arreglos correspondientes. Hace once años que está firme. Esto es también un juicio a la clase política, porque pasaron todo tipo de gobiernos durante estos años.”

LCV: Es una deuda de la clase política que después de décadas de democracia todavía haya sectores del país sin cloacas.

Darío Arcella: “Sí. Son 50 años de democracia y el 50% de nuestro país no tiene cloacas. A eso me refería. Lo alarmante es el incumplimiento de la ley.”

LCV: Para cerrar, ¿dónde se puede ver Los relocalizados?

Darío Arcella: “Nosotros tenemos un sitio, www.grupodocumenta.blogspot.com, donde están todas las películas. No están directamente colgadas, pero hay que solicitarlas y, de acuerdo con la organización, se arma la actividad. Ahora tenemos tres producciones en curso y seguimos trabajando. Sin un peso, pero no nos van a torcer el brazo, amigo.”

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Federico Ledesma: “El endeudamiento general de los argentinos es la enfermedad de fondo”

Federico Ledesma, secretario de Asuntos Sindicales de AEFIP Capital, dialogó con Nora Anchart sobre el informe de endeudamiento argentino elaborado por la Mesa Directiva Nacional de AEFIP. Analizó la pérdida del poder adquisitivo, el aumento de las tarifas y las tasas de interés, el crecimiento de la deuda de las familias y las consecuencias sociales de la crisis.

LCV: Federico, el informe de AEFIP sobre el endeudamiento argentino fue llevado a la mesa de discusión de la CGT. ¿Qué fue lo que encendió la alerta sobre este fenómeno que algunos llaman una burbuja financiera?

Federico Ledesma: “Lo que empezamos a ver, aproximadamente en octubre o noviembre de 2025, fue que comenzaba un ciclo en el que la variación de los salarios respecto del mes anterior quedaba permanentemente por debajo de la inflación de cada mes. Empezamos a notar un ciclo de pérdida permanente de los salarios frente a la inflación. Esto arrancó en septiembre de 2025 y para noviembre, después de tres meses consecutivos, dijimos: ‘¿Qué estará pasando acá?’. Empezamos a explorar qué podía estar generando esto en las familias.”

LCV: ¿Y cuál fue la primera hipótesis?

Federico Ledesma: “La primera hipótesis fue que las familias se estaban empezando a endeudar. Además, en los recorridos, las oficinas y las asambleas empezábamos a escuchar a los compañeros hablando de las tarjetas de crédito y de las dificultades para pagar. Cuando llegaba el aguinaldo en diciembre, el comentario habitual era: ‘Yo ni lo voy a ver porque se lo lleva la tarjeta’. Todas esas señales nos hicieron prestar atención al fenómeno y empezamos a estudiarlo.”

LCV: Algunos de los números son impresionantes. Por ejemplo, la inflación acumulada entre noviembre de 2023 y julio de 2026 es del 328,59%. ¿Cómo se explica?

Federico Ledesma: “Es una acumulación de más de 30 meses. Nosotros tomamos noviembre como base 100 y analizamos cuánto acumuló este gobierno de inflación, considerando que la inflación es uno de sus principales caballitos de batalla. Después empezamos a mirar los distintos agregados del índice. Uno puede abrir el índice general y ver educación, alimentos y bebidas, calzado o tarifas. Encontramos que el peor de todos es vivienda, agua, electricidad y gas, que incluye tarifas y alquileres, y está por encima del 616%. También tenemos educación y comunicación, con aumentos del 452% y 439%. En cambio, otros agregados, como calzado o alimentos y bebidas, están por debajo del promedio del 328%. Lo llamativo es que los agregados que más aumentaron son aquellos sobre los que tiene incidencia el Estado, como tarifas, educación y comunicación.”

LCV: Es decir que son decisiones políticas concretas.

Federico Ledesma: “Exactamente. Se hace mediante aumentos o mediante quita de subsidios, pero son decisiones políticas concretas. Por un lado, cambió tremendamente la distribución del ingreso que hacemos las familias en nuestros gastos. Antes gastábamos mucho más en recreación, alimentación o calzado y ahora tenemos que gastar muchísimo más en tarifas, comunicación, celulares, colegios y transporte, que están bastante por encima del nivel general.”

LCV: El gobierno plantea que el endeudamiento es un problema entre privados y que el Estado no tiene nada que ver. ¿Cómo lo ves?

Federico Ledesma: “De ninguna manera. Esto es una política llevada a cabo por el gobierno. Primero, pisar las paritarias y casi congelar los aumentos salariales es una decisión política. Segundo, implementar una política selectiva de tarifazos que empieza a quitar poder adquisitivo es otra decisión del gobierno. Tercero, mantener un nivel de tasas muy por encima de la inflación y muy por encima de lo que recibe una persona por un plazo fijo en el Banco Nación. Hoy el Banco Nación puede pagar una tasa nominal anual del 19,25% y los bancos pueden cobrarte un 110 o 111% anual por una deuda de tarjeta de crédito. Esa diferencia entre lo que obtiene el ahorrista y lo que gana el banco también es una decisión de política del Estado. Hay una definición del Banco Central de mantener tasas altas, supuestamente con el objetivo de bajar la inflación. Todas estas decisiones hacen que las personas y las familias, para poder mantener un poco su nivel de vida, tengan que recurrir al crédito, ya sea mediante plataformas, tarjetas de crédito o créditos personales bancarios.”

LCV: Entonces, aunque uno tome el crédito con una entidad financiera particular, el contexto en el que lo hace lo construye el gobierno.

Federico Ledesma: “Exactamente. Ese es el punto. El crédito puede ser tomado con una entidad financiera particular, pero el contexto en el que las familias llegan a esa situación está construido por las políticas del gobierno.”

LCV: Según el informe de AEFIP, el 58,7% de la población adulta está endeudada y hay casi cinco millones de personas en mora. ¿Qué significa estar en mora?

Federico Ledesma: “Significa gente que no está cumpliendo con los mínimos de sus vencimientos. Eso también condiciona su vida crediticia futura. Para salir del Veraz es muy difícil. Es fácil entrar y muy difícil salir.”

LCV: Y esto está llevando a situaciones trágicas. El 30% de los encuestados reconoció que ya gastó sus ahorros.

Federico Ledesma: “Nosotros analizamos también los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y encontramos que son aspectos de la misma situación. El 30% de los encuestados contestó que ya había gastado sus ahorros. Además, el 14% reconoce que le debe dinero a familiares o amigos. Incluso hay un 8% que ha tenido que vender alguna pertenencia personal para pagar deudas.”

LCV: Es terrible el auge de los lugares donde se venden joyas y pertenencias para conseguir dinero.

Federico Ledesma: “Es horrible sostener esa mirada: si te hace falta plata, vendé tus cosas, tu memoria, tus pertenencias, si las tenés. El auge de ese tipo de empresas y de esas pequeñas firmas que compran joyas a precios muy bajos también muestra la gravedad de la situación. Hay cosas que tienen además un valor afectivo imposible de mensurar.”

LCV: El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires habló de un incremento de delitos vinculados con la usura barrial, como amenazas, piedrazos, ataques a locales y tiros en las piernas para cobrar las deudas. ¿Esto forma parte del clima social?

Federico Ledesma: “Claro. En definitiva, lo que está mostrando la morosidad, que ya de por sí es un número importante, es la enfermedad de fondo. Y la enfermedad de fondo es el endeudamiento general de todos los argentinos. Nosotros tenemos 19,5 millones de argentinos que son deudores hoy en día. Prácticamente la mitad de la población tiene deudas y en algunos distritos la deuda alcanza a prácticamente toda la población. Por ejemplo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 82% de la población adulta tiene deudas. En Tierra del Fuego es alrededor del 75 o 76%, en Santa Cruz el 76%, en Neuquén el 70% y en Chubut y Río Negro ronda el 70%. En la Patagonia también hay niveles altísimos de endeudamiento.”

LCV: ¿Y qué puede pasar con las empresas si las familias están cada vez más endeudadas?

Federico Ledesma: “Nosotros estamos trabajando ahora en una segunda etapa del informe para analizar cómo están las empresas. Obviamente, esta restricción del gasto de las familias hace que baje muchísimo el movimiento del consumo. Es la teoría del derrame al revés. El 70% de la producción nacional la consumen las familias. Nosotros no somos grandes exportadores de producción, somos principalmente exportadores de materia prima y no de producción. Entonces, este mismo proceso de endeudamiento está empezando a ahogar también a las empresas.”

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