Destacada
Fernando Martin Peña: «El cine es muy frágil y estamos perdiendo una enorme cantidad de material»
Fernando Martín Peña, investigador, docente e historiador de cine, se refirió al reclamo por la puesta en práctica de la ley 25.119 impulsada por Pino Solanas y sancionada en 1999, la cual estipula la necesidad de un Cinemateca Nacional que recupere y preserve el material cinematográfico nacional.
Peña acompañó a Pino Solanas en la creación de la ley y luego luchó junto al cineasta por once años hasta que eventualmente se firmó su reglamentación. Sin embargo, más allá del logro y los años pasados, la ley nunca se puso en práctica. ¿Cuáles son las razones?
-No tengo una hipótesis sobre por qué no existe. Lo que te puedo decir yo es lo que te puede decir cualquiera que esté en tema: son variedades, internas de la política, cosas así. Creo que hay mucha conciencia en general respecto de la memoria porque el estado de la mayoría de los acervos patrimoniales es bastante desastroso desde siempre. Aunque hayan mejorado un poco en los últimos años siempre hay problemas con la memoria nuestra. Siempre nos olvidamos de las cosas. En el caso particular del cine esto es especialmente catastrófico porque el cine es bastante frágil en su materialidad, entonces necesita cuidados que tienen que ser constantes en el tiempo y que son bastante más caros que por ejemplo tener libros en un estante. Hay que tener espacios climatizados, hay que restaurar películas en el caso nuestro particular porque ha pasado muchos años y se han perdido muchas cosas, hay que rastrear cosas que se saben que están pero en otros países. Hay que hacer un trabajo enorme que se vuelve cada vez más grande a medida que pasa el tiempo.
LCV: Hay que dedicar un presupuesto.
-Hay que dedicar un presupuesto importante.

«La comunidad cinematográfica se muestra de acuerdo con la Cinemateca, pero cuando hay que destinar recursos para hacerla desaparecen»
SOBRE EL ROL DE LA COMUNIDAD CINEMATOGRÁFICA ARGENTINA
LCV: Que una interna política se lleve puesta la cultura de un país habla de la incultura absoluta de nuestro sector político.
-Sí. Cuando la ley se aprobó por unanimidad nosotros pensamos que la causa era transversal. Pero hacia dentro del problema, si vos hablas con la «comunidad cinematográfica», con los que viven del cine, si los agarras individualmente todos te van a decir sí, es fundamental, es importantísimo. De hecho te van a contar de cuando fueron a España a visitar la filmoteca española o de cuando fueron a México y visitaron todas cinematecas que hay en México, etc. Ahora, cuando se trata de destinar recursos para efectivamente hacer eso, ahí los miembros de la comunidad cinematográfica desaparecen. Se juntan solamente para pedir plata para producir. Muy pocas veces lo han hecho para difundir eso que producen, lo que para mi es un error garrafal porque producir cultura que después la gente no consume… y no porque no sea buena, en el exterior todos los festivales internacionales de los últimos treinta años incluyen el cine argentino en su programación, cosa que antes no pasaba. Es decir que la labor cultural de una producción subsidiada por el Estado se cumple, el problema es llegar al público argentino y eso no se cumple básicamente porque son muy pocos los miembros de la comunidad cinematográfica que lo piden. La tercera pata del tema que es preservar aquello que el Estado está produciendo, directamente no la pide nadie. Es como si quedara librada toda esa cuestión a los dueños de las películas que jamás han cuidado nada, como si de alguna manera se hiciera solo eso, cosa que no pasa. Entonces uno dice: ¿cómo puede ser primero que el Estado ponga plata en la producción cinematográfica desde el año ’47 y ni un centavo de esa plata que puso haya ido a cuidar eso que el Estado produjo o contribuyó a producir? En esa paradoja es en la que vivimos. Entonces lo de la política entra indirectamente porque ningún político va a hacer nada que no le pidan o que no le reclamen y acá no se lo reclama nadie más que un grupo de los que conocemos el problema.
LCV: Acá era el cine de los ’60, ese cine de tan avanzada, cuando lo ves hoy está tocando temas que algunos aún piden permiso para tocar
-Sí. Hay mucho cine que es extraordinario y que funciona perfectamente con las nuevas generaciones cuando vos lo difundís. Cuando yo era chico el vínculo que existía entre el público, incluso el joven, con las películas clásicas era otro porque vos tenías todo el tiempo en la televisión abierta a la tarde una o dos películas argentinas. Sobre todo en vacaciones. Me acuerdo que vi todo el cine argentino posible en la televisión abierta. Eso no pasa desde hace tantos años que la gente que hoy tiene veinte no tiene ni la menor idea de qué es la Guerra Gaucha, era una película que nosotros veíamos dos veces por año, nos tenía podridos. Si hoy preguntas qué es entre la generación de estudiantes de cine que yo tengo en tres universidades distintas ninguno levanta la mano porque no tienen ninguna oportunidad de verla, salvo que alguien te lo indique en Youtube en una calidad horrible, mientras que cualquier clásico de cualquier país se ve extraordinariamente bien porque se han conservado los negativos. Del negativo se puede sacar una copia muy buena y entonces no hay dificultades para acceder a la calidad. En cambio acá se ha vuelto un problema.
LCV: ¿Cuál es tu película clásica favorita?
-Hay muchas. Son muy reacio a hacer listas de títulos porque me parece que siempre estás dejando cosas importantes afuera. Para mí toda la filmografía como director de Hugo del Carril es fundamental y hasta relativamente poco era casi totalmente ignorada. No digo las de él como actor que son buenas también, digo las de él como director. Hizo por ejemplo «Las aguas bajan turbias», que es la más conocida, pero hay muchas otras. Hay un policial metafísico que se llama «Culpable» y es rarísima; «Más allá del olvido», uno de los dramas más extraordinarios del cine latinoamericano que antecede en su trama a «Vértigo» de Hitchcock que es la misma trama pero do años antes; «Una cita con la vida» que prefigura esa ola argentina que mencionabas antes; «Las tierras blancas» que es una obra maestra y también se anticipa al cine social. Hugo del Carril tuvo una visión del cine nuestro y fue el gran cronista social del siglo XX porque se ocupó de conflictos como la huelga de los algodoneros en el Chaco que nunca llegó al cine salvo en una película suya, o «La calesita» que es un musical donde la música es una excusa para recorrer distintos momentos históricos de Argentina desde el siglo XIX. Entonces tenés enfrentamientos antisemitas de la década del ’30 que tampoco habían llegado al cine nunca. Además un gran cineasta, un tipo que sabía filmar como pocos en su momento. Si tengo que elegir a uno es él, pero me parece igual de importante el cine de Leonardo Favio también. Hay muchísimo cine hecho en Argentina y por eso es trágico que no se lo haya conservado. No es que estamos perdiendo algo superficial o muy insignificante en términos de cantidad, estamos perdiendo una enorme cantidad de material de una importancia cultural invaluable y que como no la conocemos no nos importa.
Destacada
Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
Destacada
Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
Destacada
Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»