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La tragedia de Néstor, por Laura Giussani Constenla
Hoy se me dio por recordar a un trabajador, un luchador, de esos que quedaron en el olvido. Nacido en una familia pobre de toda pobreza, que tuvo que hacerse cargo de cuatro hermanitos por la muerte de su papá cuando solo tenía siete años. Es una historia larga, complicada -como todas las historias- así que se las voy a contar al mejor estilo de ‘Te lo resumo así nomás’.
Siete años dije que tenía cuando empezó a trabajar de pastor, arriando vacas y ovejas en verano y concurriendo en invierno a la escuela. A los 12 lo contrataron unos alemanes mennonitas. Ahí fue cuando, junto a sus compañeros, conoció las injusticias y el odio de clase.
El pibe, de nombre Néstor, nació en un lugar raro llamado Guliaipole, en un momento histórico incierto -como casi todos los momentos-: tenía 27 años de mucha vida laburando y puteando al patrón, sobre todo cuando se tomaba algún trago demás, cuando en 1917 supo de una revolución en Rusia que cambiaría su vida para siempre.
Todavía sus ideas no eran tan claras, o sí, sabía que había que reconocer el trabajo de los peones y obreros. Eran tiempos en los que anarquistas, socialistas o bolcheviques andaban de la mano tratando de cambiar el mundo. Aquí y allá.
El ‘aquí’ de Néstor Majnó -tal su nombre completo- era Ucrania. Apoyó la revolución de Lenín cuando todavía ni se sabía bien de qué se trataba, pero todo cambio es bienvenido cuando querés cambiar algo. Mientras en Rusia huía el Zar y tomaba el poder un gobierno provisional , nuestro niño/joven campesino se convirtió en Presidente del Sóviet local, de la Unión de Campesinos Regional y de la Unión Profesional de Obreros Metalúrgicos y Carpinteros.

Lograron hacer caer al gobierno de Ucrania, su organización creció, y comenzó a expropiar las haciendas de los terratenientes y las propiedades de industriales.
Había nacido en un lugar raro, Ucrania, que allá por el año 882 se llamaba Rus de Kiev. La Rus de Kiev y la habitaban diversas tribus de eslavos orientales. Pronto se convirtió en el Estado más grande y poderoso de Europa. Créase o no, Kiev fue la ciudad más grande y con más población del continente en esa época. Mucho no se sabe de aquel momento de esplendor porque en 1256 fue invadida por loa mongoles que convirtieron la ciudad en cenizas y junto a ella su cultura. Con el tiempo, fueron y vinieron gentes de otras lenguas, austríacos, alemanes, rusos, judíos, griegos y los mismos ucranianos.

Pero volvamos a Néstor Majno, el obrero campesino de Gulialpole que en tiempos de revolución se convirtió en líder y terminó conformando un verdadero ejército de campesinos, obreros, bandidos, y todo aquel que se le animara a la lucha. Con un accionar de guerra de guerrillas, atacando de forma inesperada, permitió que los soviéticos entraran triunfantes a Ucrania.
Tuvo sus idas y vueltas con los bolcheviques, Néstor Majno se identificó más con los anarquistas que con los bolcheviques, no le interesaba un gran Estado proveedor y autocrático, no entendía eso de ‘dictadura del proletariado’, prefería la libertad del proletariado y que fueran los trabajadores quienes decidieran cómo vivir.

A pesar de que no se llevaba bien con Lenin, nunca cayó en la tentación de traicionarlo, como le ofrecieron en más de un momento. Con todas sus disidencias, luchó hasta el final con su ejército obrero y campesino, a caballo, con infantería propia, haciendo uso de los carros típicos de Ucrania tirados por dos caballos que tan bien manejaban los campesinos, manejando las riendas de pie, firmes, como sus propias vidas.
Sin dudas, Majnó era un tipo díscolo y desobediente para la disciplina soviética, estuvo preso más de una vez, atrapado por unos y otros, pero en la cárcel consolidaba su ideología con los libros que tenía a mano.
Como imaginarán, para los soviéticos era un aliado circunstancial, podían perseguirlo o entregarle un ejército con igual naturalidad. No era para menos, era un líder nato. Gracias a su falta de nacionalismo ucraniano y de antisemitismo, contó entre sus colaboradores a personas de todas las nacionalidades, religiones, clases e ideologías: judíos, rusos, griegos o ucranianos, anarquistas urbanos, soldados, obreros, bandidos y campesinos. Eran los dorados años utópicos de la revolución, allá por el 19 o 20, y en las zonas bajo su control, derrumbó las cárceles y liberó a los presos, creando un gobierno libertario hostil a la implantación de cualquier poder estatal o partidario. En su ejército los comandantes eran elegidos por los soldados. Se llamaba el Ejército Negro.

¿Qué hacer con un líder tan popular y un soldado eficaz y fiel que logró crear el primer soviet ruso en Ucrania? Obviamente, destruirlo. A mediados de enero de 1920, el Comité Central del Partido Comunista Ucraniano, declaró proscripto a Néstor Majnó. Su vida fue rocambolesca, con muchas emboscadas, heridas y cárceles de las que siempre lograba salir vivo, pero un día se cansó y en agosto de 1921, con un ejército diezmado en el que solo quedaban 50 jinetes, el Ejército Rojo le había dado el golpe de gracia al Ejército Negro, partió primero a Rumania y luego se exilio en París, donde murió en 1934.

Cinco años después estallaba la segunda guerra mundial en la que murieron un número incierto de personas, de un lado y del otro, dicen que entre 40 y 50 millones, el doble o triple de heridos y otros 50 millones de desplazados forzosos o deportados.
Hitler era un enemigo a derrotar. Se estima que el número total de asesinados durante el Holocausto fue de 17 millones: 6 millones de judíos y otros 11 millones incluidos civiles soviéticos, polacos, prisioneros de guerra, discapacitados.
Tampoco se sabe con rigor cuántas fueron las víctimas del régimen de Stalin entre fusilados, asesinados en ‘interrogatorios’, exiliados, presos y enviados a los Gulags o Siberia. Los más prudentes hablan de 4 millones de muertos en la gran purga stalinista. Según la «Encyclopædia Britannica» hubo, además, entre seis y ocho millones de personas murieron debido a la hambruna, siendo la mayoría de los fallecidos de origen ucraniano.

En una encuesta realizada en el 2017 por el centro de estudios Levada, se puso de manifiesto que para la población rusa Joseph Stalin, resulta «el más sobresaliente» personaje del país. La popularidad de Stalin, sin dudas, creció en los últimos años. Allí está Putin para demostrarlo.
En tanto, Occidente se rasga las vestiduras por la invasión a un país soberano, como si nunca lo hubiesen hecho. También el capitalismo tiene sus millones de víctimas en guerras y golpes y conspiraciones. Provocaron varias de las mayores masacres del mundo, algunas estridentes y otras silenciosas y se auto proclamaron gendarmes de la libertad al mejor estilo superhéroes nacidos de una imaginación frondosa que difundió al mundo a través de comics y películas.
Al final de la 2da guerra mundial los vencedores se repartieron el planeta como si fuera un tablero de TEG. No olvidemos que fue allí cuando empezó el ‘conflicto palestino’, se creó el Estado de Israel y Estados Unidos puso sus piezas en Medio Oriente. Europa se partió literalmente al medio, y la línea que trazaron llegó a dividir una ciudad en dos con un muro desquiciado. Los vencedores de uno y otro lado hicieron descalabros.
Una sola cosa es cierta, el pibe campesino, el guapo Néstor Majno, jamás imaginó que toda su lucha iba a desembocar en este mundo que hoy sufrimos todos.

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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»