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Catamarca: Cuando el río suena
Una noticia sacudió la redacción de LCV este fin de semana. Desde Andalgalá nos llegaba un mensaje que decía: “Los vecinos auto convocados del Distrito Choya nos vemos con la imperiosa necesidad y obligación de contar lo que sucede en nuestro pueblo. El pasado viernes 27 de enero a la 01.30 de la madrugada nos despertó el ruido ensordecedor del río que avanzaba, el día 02 de febrero a la madrugada nuevamente a las 03:00 am. aproximadamente nos volvimos a despertar con un movimiento violento, las vibraciones del suelo, el olor a azufre que parece olor a podrido, ya no es olor a tierra mojada como habitualmente se sentía cuando crecía el río. En esa incertidumbre y oscuridad de la noche en la que no te ves ni las manos porque también se corta la electricidad, nos vemos en la aflicción de estar en vela porque no sabemos si lo que arrastra el río también avanza por la calle o tapando nuestro pueblo.” ¿Sería el movimiento de la tierra producido por la minera?
La Columna Vertebral se comunicó con varias vecinas del lugar para conocer la situación. Ximena Sinchicay aseguró: ‘es un miedo constante, a pesar de que desde el año pasado estamos pidiendo que paren con las obras porque sabíamos que iba a ser un verano difícil.”
Los habitantes de Choya, un pueblo que creció a los márgenes del río que lleva su nombre, con unos setecientos habitantes, saben que es época de lluvias. Lluvias generalmente bien recibidas, la cuenca seca del río se llena y permite que crezcan los frutales y pasten los animales. El agua siempre fue señal de buenas cosechas en lo que Mariano Noe dió en llamar -en su tesis de doctorado en 2011 – ‘El Corazón Membrillero’ del país.
Aunque todavía continúan las actividades frutihortícolas y pastoriles, el futuro es incierto. La lluvia ya no es lo que era. El agua se convirtió en barro. En este momento los pobladores de Choya están incomunicados, los caminos cortados, y no tienen agua potable desde hace más de quince días.
Otra vecina, Soledad, nos brindó un testimonio tan claro como desgarrador sobre la noche de pesadilla en la que pensaron que había llegado el fin: “La estamos pasando mal, se están viendo las consecuencias del movimiento de los cerros…El sábado pasado nos despertamos a la madrugada con un ruido…empezaron a temblar las ventanas, los techos, no sabíamos si era un temblor, salimos y nos dimos cuenta de que era el río, nos asustamos, yo tengo un bebé, y entré, puse en una bolsa algunas cosas, leche, pañales… y había que empezar a pensar para dónde ir y era de noche, no sabíamos por dónde venía, si por la calle, por el río, estaba todo oscuro, fue un momento de mucha angustia, no sabíamos si ir para el cerro…”
El mensaje de los autoconvocados terminaba diciendo que no hay peor ciego que el que no quiere ver: “¿Acaso debemos esperar que un alud desaparezca a nuestro pueblo para que hagan algo? ¿Debe arrastrarnos el río para que crean lo que sucede? Incluso entonces, lo seguirán negado, son tan necios y segados por la avaricia que no ven más allá de sus bolsillos y bien estar. ¿Hasta cuándo debemos aguantar esta situación? No hay ni habrá licencia social para la minería”.
“Escuchas el río?” nos preguntó Miriam, otra vecina con la que conversamos. Imposible no sentir la misma angustia.
De acuerdo a todos los testimonios recogidos por LCV, la situación empeoró hace unos diez meses.

¿Qué pasaba hace 10 meses?
El año pasado la estación de las lluvias se extendió. En marzo, los vecinos comenzaron a preocuparse. Fue por entonces que el Dr en Ciencias Geológicas, Aldo Luis Banchig -licenciado en el 89 en la Universidad de San Juan con una tesis que obtuvo un sobresaliente, y doctorado en 1995, en la misma institución, con otra tesis que recibió igual calificación y recomendación para su publicación- pasó por Choya para brindar una charla a los vecinos sobre los riesgos que podían correr ante el movimiento de tierras en el cerro. “Sera un gran daño, y tendrá graves consecuencias, cuando inicie la época de lluvias el mismo río arrastrara el cerro removido la roca removida, provocando deslizamiento de terrenos o alud y seguramente el agua no podrá utilizarse por los sedimentos”, advirtió en marzo de 2022.
La postura de Banchig, al igual que la de otros ambientalistas, fue criticada de manera sarcástica por el Colegio de Ingenieros de Minas de Catamarca como producto de una mirada apocalíptica que poco se condecía con la ciencia. Nacido en Andalgalá, Banchig estudió en San Juan y se especializó en las capas geológicas de cadenas montañosas como el Aconquija. Sus títulos e investigaciones no fueron suficiente para que el ente colegiado de los ingenieros mineros respetara su postura.

Ese mismo mes, FM Independiente de Catamarca, publicaba la respuesta oficial a la falta de agua potable en Choya: “El jefe de AYSA Andalgalá, Aldo Reales, aseguró que las crecientes en esta época del año complican la potabilidad del agua en Andalgalá, descartando que los problemas provengan de las actividades de apertura de huellas que realiza la empresa MARA en el sector de Campo Grande, como se trata de instalar, sembrando desinformación en la comunidad, desde sectores anti mineros.” De acuerdo al funcionario la falta de agua potable se debía a que ‘en Choya tenemos un poco más de sedimentación a la hora de las crecidas porque un tiempo atrás hemos tenido muchos incendios en la zona del cerro, y ahora con la lluvia nos arrastra un poco de cenizas”. Un poco de cenizas.
Fue en abril cuando el proyecto MARA, de capitales canadienses y suizos con participación estatal invitaba a una conferencia de prensa a los principales medios nacionales que se hicieron eco de las palabras del contador Nicolás Bareta, alto ejecutivo de la empresa Yamana quien a pesar de su título trabajó para distintas mineras y llegó a ser presidente de la Cámara Minera de Santa Cruz hasta convertirse en el gerente general del proyecto MARA. Frente a los entusiasmados periodistas de medios como Bae, el Cronista y Ambito, el contador explicó que utilizarían la infraestructura de Alumbrera, proyecto minero que tuvo una vida más corta que la esperada.
“La Alumbrera debió cerrarse en 2014 o 2015, pero el pit Bajo El Durazno le estiró la vida. Alumbrera I debió agotarse en 2013, pero como no hubo exploración no duró los 50 años que se esperaba. Y continuó hasta junio de 2018 por que Mauricio Macri quitó las retenciones en marzo de 2016. La producción más fuerte se dio entre 2005 y 2011, esos fueron los mejores años en términos de producción”, señaló el contador. En una entrevista con el diario Ámbito agregó que por suerte ahora está previsto por ley qué hacer cuando se debe cerrar uno de estos emprendimientos mineros: “A diferencia de 1995 ahora tenemos una regulación de cierre, con líneas general esa nivel nacional, que se emitieron en el 2020. Son las guías más modernas de cierre del mundo, se trabajó con instituciones internacionales, y Catamarca muchos años antes que la Nación, en 2014, había empezado a trabajar una ley de cierres.” Todo previsto, entonces, existe un fondo de caución para los posibles daños que pudiera ocasionar una clausura temprana de las minas.
Según las palabras del mismo Barreta, la inversión prevista para construir la nueva mina en el ‘corazón membrillero’ del país está prevista en u$s2.996 millones, hasta el 2026 habrá empleo para 3.500 personas y luego quedarán trabajando en la mina solo 1.000 obreros.
Muchas voces se levantaron para advertir que dicho emprendimiento pone en riesgo la red social y económica del municipio de Andalgalá, que cuenta con 18.000 habitantes según el censo de 2010. Queda claro que los miles de millones de dólares no pasarán por los bolsillos de la población que solo podrá aspirar a mil puestos de trabajo.
En el caso de que canadienses y suizos decidieran marcharse o que se verificara un impacto ambiental que provocara su clausura, el Estado podrá hacer uso de la caución prevista por la Ley de cierre. El gerente general especificó que “el costo total para cerrar la mina después de 30 años llega a 400 millones de dólares”.
Mientras el gran anuncio se hizo en abril, ese mismo mes vino la gran represión. “Tuvimos una jornada muy violenta por parte de la policía. Hace un mes los vecinos de Choya estamos acampando y bloqueando el camino a la empresa MARA para el acceso a la mina de Capillitas. Ayer tenían que hacer el recambio de personal de la empresa, subir combustibles y demás. El fiscal (Martín) Camps de Andalgalá dio la orden de allanar el camino y la gente fue desalojada muy violentamente. Eso fue en el transcurso de la siesta”, contó al diario Tiempo Enzo Brizuela, de la Asamblea El Algarrobo. Por la noche hubo protestas y marchas a la comisaría y a la casa de Camps (¡vaya nombre para reprimir!). El lunes, el propio Camps procesó a cuatro vecinos por el bloqueo y le abrió causas por ‘desobediencia civil’ a varios miembros de la Asamblea El Algarrobo.
También en abril, El Algarrobo denunció que la propia empresa había reconocido en su informe de impacto ambiental la pretensión de instalar “una escombrera en la cuenca alta del río Choya». El colectivo planteó que «se confirman así las sospechas de vecinas y vecinos que notaron afectada la calidad del agua del río, como consecuencia del movimiento de tierras y los deslizamientos producidos por la apertura de caminos». La consigna, antes y después de la represión, es «Bajen las máquinas del cerro. No a la megaminería».
Sobre llovido, mojado. Hacen falta autopistas
No solo no bajaron las máquinas sino que subieron más. Ahora hacía falta una autopista para llegar a la mina. El cerro se pobló de camiones gigantes, excavadoras y toda la maquinaria necesaria para domar los cerros, correr la tierra y que pudieran pasar los transportes. Lo llaman trabajo de infraestructura para la producción.
El diario Ámbito festejaba la iniciativa en un artículo del 31 de octubre de 2022: “Más de 50 vecinos y vecinas de la localidad andalgalense de Choya y 77 de la localidad de El Potrero accedieron a un trabajo formal en obras de mejoramiento del sistema de conducción de agua para riego de las fincas de ambos lugares de Catamarca, mediante una acción coordinada entre la Cámara de Proveedores Mineros local y el Proyecto Integrado MARA Agua Rica – Alumbrera.
En el caso de Choya, las obras iniciaron hace un par de meses y ya avanzaron en más de 3 mil metros de construcción y revestimiento de canales, que antes eran acequias precarias, de la mano de 3 empresas contratistas locales las que a su vez pudieron convertirse en proveedoras mineras.”
La conclusión del periódico nacional era: “Muchos consiguieron su primer trabajo formal, de calidad, registrado y en blanco, y otros tantos pudieron acceder a una fuente laboral luego de pasar varios años desocupados o haciendo changas.”
Nadie tenía intención de detener esta nueva ola de progreso industrial. ¿Quién podría estar en contra de lograr unas decenas de ‘trabajos formales’? En la página oficial del gobierno de Catamarca publicaron en enero de este año el siguiente anuncio: “El Gobierno de la provincia avanza con la obra básica y pavimentación de la Ruta Provincial Nº47, que conecta las localidades andalgalenses de Chaquiago a Choya.
La obra se ejecuta por administración con equipos y personal del Ministerio de Infraestructura y Obras Civiles y Vialidad Provincial (Camiones Tatu, Camiones Regadores de Agua, Cargador Frontal, Motoniveladora, Excavadoras, Vibrocompactador) y tiene una longitud de 9.8 kilómetros.
Inicia en el Arroyo Seco que limita con la Plazoleta de Choya, y finaliza pasando el acceso a la Planta Potabilizadora de Agua de la Localidad de Choya, casi al pie de la Cuesta de Minas Capillitas. Con la pavimentación de esta ruta se agilizarán los servicios de salud y urgencias, el transporte productivo y además se generará una nueva opción turística a uno de los lugares más hermosos de Catamarca: la cuesta de Minas Capillitas.”
Algo falló. Choya nunca estuvo tan incomunicada como ahora. Y la planta potabilizadora debió cerrarse por el aluvión de barro imposible de filtrar. Los presagios del Dr. Banchig parecían hacerse realidad.

El huevo de la serpiente
Todo empezó con Menem. El 31 de octubre de 1997, el entonces presidente asistió al acto inaugural de la Minera Alumbrera destinada a explotar oro, cobre y molibdeno, con fondos de empresas multinacionales que exportarían las materias primas para su procesamiento en el exterior. Las empresas se fueron alternando en diversos consorcios que derivaron finalmente en el proyecto Agua Rica que se propone triplicar la producción de la Alumbrera de la mano de multinacionales como Yamana Gold, Glencore y Newmont.
El 15 de febrero de 2010 fue la primera represión grave con balazos de goma, golpes y detenidos que provocó una pueblada. En marzo de 2010, página 12 publicaba: “En un hecho sin precedentes, el gobierno de Catamarca otorgó el área urbana de la ciudad de Andalgalá en concesión para explotación minera. Incluso aclaró que, de ser necesario, los vecinos dejarán sus viviendas para que la minera avance con la extracción del mineral. Andalgalá es la tercera ciudad en importancia de la provincia, fue fundada en 1658 y sus 17 mil habitantes no pueden creer que la actividad minera prevalezca sobre sus 350 años de historia.”
Hace más de doce años, la comunidad de Andalgalá marcha todos los sábados en contra de la minería. Según Darío Aranda: “Las promesas de Minera Alumbrera: 6000 puestos de trabajo, desarrollo local, un barrio para 5000 personas, un hospital de alta complejidad y cuidado del ambiente. Nada de eso se cumplió. Y en 2009 se anunció el avance del proyecto Agua Rica, un yacimiento de oro, cobre, plata y molibdeno publicitado como tres veces más grande que Alumbrera. Ubicado mucho más cerca de la ciudad de Andalgalá (a sólo 17 kilómetros), y donde nacen los ríos que proveen de agua a la región.”
Agotados los recursos de la Alumbrera en Andalgalá, la nueva minera se llama “Mara” (Minera Agua Rica-Alumbrera). No hubo resistencia que pudiera frenarla, a pesar de las marchas, las puebladas y los plebiscitos. Hoy los vecinos están a oscuras, sin agua, y con el río que suena.
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»