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Requiem para un luchador, por Jorge Abelardo Ramos

25 de Mayo de 1974 fallecía en Buenos Aires Arturo Jauretche.

El auge del terror anònimo ha hecho olvidar en los ùltimos años la “patriada” criolla. Acaba de morir uno de los hèroes que, como Hernàndez, luchò con las armas en el campo y luego escribiò el romance de la batalla. El propio Arturo Jauretche en su poema El Paso de los Libres, que prologò Borges en 1933 y yo en 1960, alude a su paisano Julián Barrientos, quien relata la jornada revolucionaria porque “anduvo en ella.”
La patriada consistìa en una revoluciòn civil o militar, o una mixtura de ambas cosas, herencia de la guerra civil en la patria vieja, que la proscripciòn del radicalismo, harìa reflorecer después del 30. Se “levantaban” con todos los elementos comprometidos y luchaban en pos de la victoria. Como empezaba la dècada infame, en realidad combatìan en pos de la derrota. Jauretche, soldado en el levantamiento de Corrientes, cayò prisionero, después del encuentro de San Joaquín. La decepciòn que produjo en su espìritu la cobardìa del radicalismo del City Hotel (hotel donde vivìa Alvear a su regreso de Europa, y donde parasitaba la “flor de la canela” del radicalismo alvearista) lo impulsò a reflexionar sobre el destino del movimiento fundado por Yrigoyen. El caudillo acababa de morir. Con sus restos mortales, en aquella frìa tarde de julio, parecìa sepultarse para siempre el radicalismo històrico.
Creo no equivocarme si digo que como el padre del Martín Fierro, el combatiente de Paso de Los Libres meditò sobre el significado de su derrota, y en esa prisiòn militar realmente naciò el polìtico. Porque Jauretche fue ante todo un polìtico, condiciòn desacreditada en nuestro paìs por la vacuidad doctoral, la estudiada reserva y la banalidad verbalizada de tantos Fidel Pintos que pululan en la Repùblica Argentina.
Cuando al dìa siguiente de su muerte supe por la prensa y algunos oradores que Jauretche habìa sido un escritor, comprendì cuan ràpidamente la posteridad inmediata deforma la historia antes de escribirla. En realidad, el publicista ocultò al pensador, el hombre de letras al polìtico, el fosforecente ingenio a la sustancia de su genio. La gente que lo conociò por la televisión atribuyò proyectivamente a Jauretche su propia frivolidad. Recordemos la crònica de La Prensa al morir Yrigoyen:”Ayer falleciò en esta capital Don Hipòlito Yrigoyen, que fuera comisario de Balvanera y dos veces presidente de la Repùblica.” Si Yrigoyen era un comisario retirado, Bonaparte podrìa haber sido un jurista que redactò el Còdigo Civil y Peròn un conocido autor de media docena de libros, entre otros, La Comunidad Organizada.
Jauretche fue algo màs trascendente que su cautivante personalidad cotidiana, màs profundo que el admirable conversador imposible de olvidar por todo aquel que lo haya conocido. Era el eslabón vivo que enlazò al yrigoyenismo declinante con el surgente peronismo. Estableciò con sus actos, su palabra y ocasionalmente su pluma la ìntima relaciòn dialèctica entre ambos movimientos nacionales. Fue la conciencia activa de todo lo que morìa y nacìa en 1945, el peronismo serìa inconcebible en su primera fase sin el pensamiento y la acciòn de Jauretche, que transmitìa la tradición del nacionalismo democràtico procedente de las màs antiguas raìces.
Al buscar la resurrección històrica del radicalismo, Jauretche se encontrò con la irrupción del peronismo. Eran otras clases sociales, otro caudillo, otro eje polìtico social. Pero bajo un nuevo ropaje se trataba de algo parecido a aquello qhabìa pugnado tantos años por traer al mundo. Aunque la cosecha que en 1945 se presentò a la vista del fundador de FORJA fue descomunal, pues la prèdica se trocò en multitud, personalmente lo sintiò como un fracaso.
El movimiento nacional al que Jauretche tanto habìa contribuido no le hizo el lugar que legítimamente habrìa podido corresponderle. Al fin y al cabo, la burguesìa argentina habìa llegado demasiado tarde a la Historia, estaba demasiado preocupada por sus redescuentos bancarios y por su insignificante existencia como para no haber percibido, ella o sus intèrpretes, que Jauretche era su Diderot y que podìa haber sido su Colbert.
De su marginaciòn polìtica naciò su ingreso a la Repùblica de las Letras, cuando al caer el peronismo en 1955, no habìa nadie para defendero a no ser Jauretche y Scalabrini en El 45 y Què y nosotros en Lucha Obrera.
Satirizò con inigualable poder disolvente a la petrificada y apolìnea literatura de la factoría, a ese gelido mundo procedente de Groussac y Larreta que habìa venido a parar en Borges. A la literatura cortesana, inclinada ante la supremacía terrateniente y enferma anglofilia, opuso Jauretche la risa de Rabelais ( o de Mansilla). Dirìa que en su estilo verbal y escrito habìa algo del desenfado de Sarmiento en este adversario del autor de Facundo. Realizò la tarea de demolición polìtico- estètica que era imperioso hacer ante la cultura aristocràtica y logrò conmover en sus gustos a las clases medias que en esa esfera, como en todas las demàs, copiaban a la oligarquía.
Pero su musa perpetua fue la polìtica. Comprendìa como pocos en la Argentina sus cambios bruscos, con frecuencia su inescrutable carácter y su peculiar ingratitud. Era uno de esos raros argentinos que sabìa advertir detràs de un conservador a un posible alsinista, o que la palabra comunista no constituìa ninguna garantìa de una polìtica revolucionaria, asì como recordar lo que hubo de eco popular en aquellos demócratas de Còrdoba que procedìan del juarizmo o què diablos significaban los autonomistas de Corrientes y por què sus hijos en la Facultad de Derecho correntina podìan trajinar como izquierdistas mientras llegaba el momento de hacerse cargo de la estancia. Conocìa la Patagonia y su fauna, la puna y su viejo dolor; demostraba con extrema simplicidad el mecanismo ìntimo del comercio de exportaciòn e importación, y era capaz de revelar diafànamente la desintegración de la sociedad criolla.
Podìa describir cada centímetro cuadrado del paìs y la naturaleza de sus problemas. Uno de sus rasgos màs notables era su ausencia de vanidad y empaque.
Proveìa de ideas al por mayor y se apoderaba de otras ajenas que podìan ser útiles a su visiòn del mundo, con igual indiferencia. Recuerdo còmo le atrajo el concepto marxista de la “renta diferencial” en la pampa hùmeda, que permitìa descifrar el poder econòmico de la oligarquía bonaerense y al mismo tiempo su formidable parasitismo, asì como su resistencia a invertir. La categoría que Marx emplea en “El Capital” fue utilizada luego por Jauretche en sus escritos.
Su prosa se emparentaba con la antigua tradición argentina de Hernàndez, Sarmiento, Mansilla, Palestra, Wilde, Fray Mocho. Era literalmente una prosa hablada, pues Jauretche rara vez escribìa. Dictaba siempre, después de imaginar sus artìculos, sus argumentos y ocurrencias. Conocì muchos artìculos que me contò y que luego no llegò a publicar porque no tenìa una dactilògrafa a mano. Cuesta pensar que este hombre extraordinario ya no existe. Asimismo es preciso admitir que la hegemonìa culturaloligàrquica, contra la que tanto luchò Jauretche ha sido destruìda pero no ha sido reemplazada por otra.
Por esa razòn la muerte de Jauretche no ha conmovido al paìs y las juventudes, aun las que se dicen revolucionarias, no han dicho ni pìo. Es cierto que el pueblo ha recuperado el poder. Pero en el orden de la cultura y sus valores, seguimos pidiendo permiso a Francia para abrir un libro. Cuando las obras de Jauretche circulen por los colegios nacionales y Universidades con la misma profusiòn con què hoy circulan obligatoriamente tantos ladrillos encuadernados, podrà decirse que el reflejo intelectual de las patriadas y de los ideales nacionales ha entrado por fin en la formación de las nuevas generaciones argentinas.
Por eso no puedo decirle adiòs a Jauretche:”Lo tendràn en su memoria/ para siempre mis paisanos.”

Jorge Abelardo Ramos.

Este texto del discurso pronunciado por J. Abelardo Ramos está incluido en: “Adiós al Coronel”. Editorial Del Mar Dulce. 1983.

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“La ultraderecha es el cuco que saca la burguesía para imponer la agenda”, por Álvaro Hilario

Luego del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo, conversamos con Alvaro Hilario, corresponsal de La Columna Vertebral en el País Vasco, para analizar el significado de lo que se presenta como una victoria generalizada de la ultraderecha en ese continente. Aquí sus principales definiciones.

“Existe un gran desapego en general por la elecciones del Parlamento Europeo. Los títulos de Clarín, por ejemplo, que buscan extrapolar el hecho de que no se trata de elecciones nacionales, y habla de una victoria de la ultraderecha en Europa es engañoso. Aunque no deja de ser preocupante el resultado.”

“Quien quedó peor parado fue Macron, un fenómeno a analizar. Clarín está intentando ligar la victoria de la ultraderecha en Francia para legitimar la extrema derecha también en España, obviando que son elecciones europeas, que poco tienen que ver con la legitimidad que eso puede tener en cada país. La escasa participación en Francia, que es un país muy politizado y movilizado, puede llegar a indicar un rechazo a definir su situación con el voto, algo parecido a lo que pasaba en Argentina en el año 2000. Es una situación muy interesante.”

Macrón ya tenía pensado adelantar las elecciones legislativas para solucionar su minoría en el Congreso.

“Este triunfo de la ultraderecha francesa, en donde votó el 52% del electorado, tuvo como consecuencia inmediata que el presidente haya adelantado las elecciones legislativas. Pero no fue una decisión tomada en caliente porque las encuestas ya anunciaban el resultado. En Francia el régimen es presidencialista, el presidente tiene mucho poder, el legislativo también, y Macrón no tiene mayoría en el parlamento por lo cual le está costando sacar cualquier ley. Por eso, esto ya lo tenía pensado. Esto que ha pasado en Francia, decir que Macron ha escuchado al pueblo y por eso quiere las elecciones legislativas, es una trampa. Macron ya lo tenía pensado desde antes. Está intentando solucionar este atasco que tiene en la legislatura, es una trampa, es una salida hacia adelante.”

De los grandes temas europeos, como ser la guerra, los presupuestos, la industria armamentística o la inmigración, no se ha dicho nada en campaña

“Algo parecido hace Pedro Sánchez en España, presentarse como que la opción fuera ‘él o la barbarie’. Identificarse como el defensor de los valores republicanos contra la extrema derecha. De esta forma pretende concentrar todo el voto que no sea de ultraderecha para su partido. Durante la campaña, en España se embarró la cancha con chicanas como la supuesta corrupción de la mujer de Sánchez, pero de los grandes temas europeos como ser la guerra, los presupuestos, la industria armamentística, la inmigración, entre otros, de eso no se ha hablado, salvo la derecha con las típicas cantinelas sobre la inmigración y la delincuencia. Otra cosa que hay que tener en cuenta es que en la mayoría de los estados no se han llegado al 50 %, en muchos de ellos apenas arañaron un 20 o 30%.”

“El fenómeno Macron complica a la socialdemocracia europea porque está desarrollando una política que ya quisiera aplicar la extema derecha. Una política muy antisocial, muy antipopular, que está levantando protestas en la calle, huelgas generales, una rebelión que viene desde hace cinco años con los chalecos amarillos en adelante. Macron se ha puesto la soga al cuello.”

En Polonia o Hungría están escarmentando la pérdida de libertades. Ya no hay diferencia entre los tres poderes.

“Otro fenómeno curioso es que en los países del ‘Este’, gobernados por la extrema derecha, también hubo una sorpresa. En Polonia, por ejemplo, perdió las mayoría el partido de extrema derecha que viene gobernando desde hace tiempo. Lo mismo ocurre en Hungría. Están escarmentando la pérdida de libertades que están teniendo. Yo no soy un defensor de esta democracia burguesa representativa, pero en sitios como en Hungría y en Polonia ha desaparecido la diferencia clásica entre los tres poderes, a un nivel que ha escandalizado a la Unión Europea.”

“Es muy difícil hablar de Europa entre 25 Estados, distintas culturas, distintas lenguas, hay que ver para qué sirve el Parlamento Europeo, si bien tiene las funciones de contralor que tiene cualquier parlamento estatal, también está su poder legislativo, pero es un poder legislativo que comparte con el Consejo. Y el Consejo son los Estados, el Consejo es la reunión de los ministros de cada rubro, la función legislativa del parlamento está subordinada a lo que ya antes han cocinado los gobiernos. En cierto modo, es una función legislativa decorativa, el Parlamento Europeo pinta bastante poco dentro del entramado en donde aún los gobiernos de cada país son los que siguen legislando en gran medida.”

Lo que hay es un trasvasamiento entre derechas. Entre partidos fascistas y conservadores

“Lo que hay es un trasvasamiento entre derechas. Entre diferentes partidos fascistas y los conservadores. Pero la ultraderecha es el mamarracho, es el cuco que saca la burguesía para imponer la agenda. Aquí supuestamente tenemos un gobierno progresista pero que está haciendo fuerza para incrementar el presupuesto militar. La socialdemocracia ha hecho suyas todas las políticas duras en contra de la inmigración, a favor de la industria armamentística, del recorte a los gastos sociales, es decir, ha hecho suyas las principales políticas de la derecha. A la socialdemocracia sólo le ha quedado la defensa de lo público frente a los recortes y frente al desarme del Estado. Por eso la abstención es principalmente de la gente de izquierda.”

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“A Teresa la mató la policía”, por Hernán López Echagüe

El sábado 8 de junio, a los 89 años, falleció Miguel Rodríguez, el padre de Teresa Rodríguez, asesinada por una bala de la policía provincial en 1997 durante la represión de uno de los primeros piquetes contra el menemismo en Cutral Có, Neuquén. Sus padres lucharon toda la vida para obtener justicia. Murieron sin tenerla. Flor, su mamá, murió en el 2021. En este relato, las razones por las que fue asesinada Teresa Rodríguez quien se convirtió desde entonces en una bandera de lucha.

En su memoria, y la de todos los argentinos, Hernán López Echagüe comparte con el Archivo LCV un capítulo de su libro “La Política está en otra parte”.

Lunes 17

“El Cutralcazo fue fundamental”, me dice Juan al tiempo que, en vano, intenta sintonizar una estación de radio. “Podría decirse que muchos de los nuevos movimientos del país lo tomaron como ejemplo de lucha”. No sé cómo diablos agradecerle semejante gentileza; ha trabajado toda la noche, hasta las seis de la mañana, y ahora, las once ya, está a mi lado, garboso, lleno de energía, conduciéndome en su auto hacia Cutral-Có, ciudad que, suficiente fue anoche comentárselo al descuido, quería conocer, por su historia y con la idea de hacerme una escapada a la casa de los padres de Teresa Rodríguez. Pasamos por Plottier, luego Senillosa; la ruta es una infinita alameda de especies encumbradas y raquíticas tras la cual se extienden miles de manzanos quemados por la helada. Durante el viaje sólo hablamos acerca de las sucesivas puebladas que han signado la historia de los últimos años de la ciudad. El primer Cutralcazo, en junio de 1996, espontánea reacción de los pobladores que resolvieron ganar las calles enterados de que el gobernador Sapag pretendía derogar un acuerdo con la empresa canadiense Agrium para establecer una fábrica de fertilizantes; los piqueteros lograron no ya expulsar a los gendarmes, también la restitución de los servicios de gas y energía eléctrica a los desocupados y cientos de subsidios de desempleo. La pueblada de abril de 1997, cuando docentes, desocupados, estudiantes y coordinadoras de padres ocuparon las rutas y cortaron puentes a lo largo de tres días; la Gendarmería y la policía provincial, aleccionadas por la derrota anterior, acrecentaron de manera inaudita el número de la tropa y, no conformes con el desalojo de la ruta, irrumpieron en la ciudad a la caza de piqueteros; el pueblo no lo toleró; más de quince mil personas salieron de su hogar para hacer frente a la demencial invasión; al cabo de la indiscriminada represión, y más allá de decenas de heridos, en el asfalto de la ruta 17 quedó tendido el cuerpo de Teresa Rodríguez, mujer de veinticinco años, casada, tres hijos, empleada doméstica, víctima del balazo que le disparó un agente de la policía. De todas las semillas confiadas a la tierra, escribió Balzac, la que mayores y más poderosos frutos rinde es la sangre vertida por los mártires. El asesinato de Teresa Rodríguez ha sido un cabal ejemplo, pues el simple grito de su nombre, no sólo en Cutral-Có, sino en todos los cantos del país, adquirió una magnitud impensada.

En el acceso a Plaza Huincul me distrae la figura de un colosal dinosaurio, verdadera mole construída con varillas de hierro. Al pie, un gran cartel: “Plaza Huincul, cuna del dinosaurio más grande del mundo”. Veinte kilómetros más adelante, llegando a la plaza central de Cutral-Có, nos encontramos con Albino Tricanao, militante de Izquierda Unida que ha vivido la cruda experiencia del Cutralcazo y forma parte de un MTD. Innecesario es que refiera su ascendencia mapuche; el pelo azabache, liso y brillante, el tono de su voz y los rasgos de su cara se encargan de comunicármelo. Le sorprende mi visita. “Después de la pueblada vinieron todos. Hebe de Bonafini, los partidos de izquierda, todos; ahora es como que no hay nadie, se han olvidado, y la desocupación ya alcanza a doce mil personas, hay mucha bronca contenida, porque además hay cientos de procesados; cada dos semanas me citan a los tribunales, por atentado a la autoridad en una, otra por no dejar desenvolver normalmente el funcionamiento del municipio; me han allanado la casa, pero nunca me han detenido”. Albino tiene 33 años, diez hermanos, y nació en una familia de “crianceros”, es decir, gente que se ocupa de la cría de animales en el campo; con amargura cuenta que de la cultura mapuche a sus padres sólo les ha quedado la sabiduría para el telar. “Al menos tengo el apellido, que significa `caminante´, y buen honor le hago”. Al igual que Mosconi, Cutral-Có y Plaza Huincul son pueblos que florecieron, y posteriormente se difuminaron, a la sombra de YPF, razón por la cual todos los jóvenes cursaban estudios en escuelas técnicas, como Albino lo hizo, con la esperanza de conseguir empleo en la empresa todavía estatal. “La privatización acabó con todo, el éxodo de gente fue grande, la desocupación increíble. Fueron los años en que el Movimiento Popular Neuquino se dedicó más que nunca al clientelismo. ¿Vos querías una vivienda? Tenías que afiliarte. ¿Querías entrar al municipio, tener un empleo público? Tenías que afiliarte”. No le guarda respeto a político alguno, y, como personajes de la historia que algún tipo de influjo han tenido en su formación, menciona, con gravedad, a Marx, Freud, el Che y Piaget. “Son hombres que han pegado su ladrillo en la pared que nos sirve a nosotros para agarrarnos y ver qué hay del otro lado del muro”, dice y entonces lo asalta la exaltación. “En el país no hay una dirección que capitalice el descontento; hay que romper los sectarismos, no tenemos que delegar el poder a nadie, tenemos que hacerlo nosotros, como ha hecho Zanon; hay que amasar el pan con las propias manos. Hoy la gente empieza a decir: dame la harina que lo voy a hacer yo. La dinámica del 19 y 20 de diciembre no se detuvo, no es una foto, continúa, estamos construyendo, y nos tropezamos, y nos caemos, pero seguimos”. Juan nos interrumpe con elegancia; está preocupado, se ha hecho tarde, debe regresar a Neuquén en dos horas. Albino, el caminante, se ofrece para guiarnos hasta la casa de los padres de Teresa Rodríguez.

Miguel y Sol, los padres de Teresa Rodríguez

Don Miguel Segundo Rodríguez nos atiende en la puerta de su casa, una construcción pequeña e inconclusa; es un hombre entrado en años, de mediana estatura, cuerpo huesudo y magro. Al parecer, hemos llegado en el momento oportuno; acaba de almorzar, todavía no se había echado a siestear, de modo que le resultará un placer conversar con nosotros. Nos sentamos a una mesa de la cocina, donde aún persiste un espeso aroma a salsa de tomates, acaso guiso de carne; en una de las paredes laterales hay un gran retrato de Teresa, y en la habitación lindera veo uno de Che Guevara. Quiere saber qué estamos haciendo por allí. Le cuento brevemente el proyecto del libro, lo hago con recato pues temo que esté harto de visitas y por tanto me mande al demonio. No. Sonríe, casi gratificado; justamente anda ofendido con el periodismo porque han dejado de investigar el asesinato de su hija. “Hicieron puro amarillismo, pero yo sigo, no voy a parar hasta aclararlo”. Arrima la cabeza, acortando la distancia con mi oreja: “Podemos hablar claro, ¿no? Porque imagino que acá somos todos compañeros. Bueno, esta justicia no existe. No hacen nada. El poder, ese señor Sobisch esconde todo. A Teresa la mató un policía, y ya me le estoy acercando. Esa gente, el poder, se cree intocable, y yo voy a seguir hasta tocarlos”. Las palabras han sonado con férrea convicción; su fuerza de ánimo es mayúscula. De repente entra la mujer, una señora de semblante satinado y mirada cálida, con un album de fotografías que apoya en la mesa. “Muchas felicidades”, nos dice mientras da un rodeo por la mesa para besarnos a cada uno en la mejilla. “No sé si son padres, pero igual no les pregunto porque por ahí son y no lo saben”. Don Miguel suelta una risotada. “Cierto, me había olvidado”, dice. “Hoy festejé como siempre; comí fideos, vinieron todos mis nietos, estuve con Teresa”. Enseguida nos cuenta que su vida, luego del asesinato de su hija, cambió por completo; antes era un hombre huraño, callado, poco afecto a la charla con los vecinos. “Ahora no, voy y vengo, hablo con uno y con otro, organizo actividades en el barrio, si me llaman de Buenos Aires para algo, voy sin problema, siempre que me paguen el pasaje, claro”. Nos entrega el volante de un taller de teatro popular llamado “Tren-Ten”. “Esto lo organizamos con mi señora, es un homenaje para Teresa”. La mujer, que se ha quedado parada a sus espaldas, los brazos cruzados sobre el pecho, asiente con satisfacción. “Ya no me gusta la gente que no se mete, la gente que no se preocupa por el prójimo”, continúa don Miguel, la vista clavada en una vieja fotografía de Teresa adolescente, una hermosa muchacha de ojos redondos, “porque esto lo arreglamos entre todos los que somos compañeros o no lo arregla ni Dios”. Nuestra visita, pese a mi presagio, lejos de importunarlo le ha causado una inocultable alegría que no está en sus planes echar por tierra. Vamos, quédense a tomar unos mates, media horita más, dice una y otra vez. No, no podemos, nos encantaría, se lo agradecemos profundamente, pero debemos irnos. Nos acompaña hasta el auto. Me palmea el hombro: “Póngalo en su libro, ponga que no voy a parar hasta tocarlos donde más les duele”. Me toma del antebrazo: “Ah, y espero que me traiga un libro, porque las cosas están difíciles”.

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Lecturas obligatorias/8, por Daniel Divinsky

La reedición relativamente reciente de la novela Pequeños combatientes de Raquel
Robles por el Fondo de Cultura Económica, hace posible acceder a este pequeño gran
libro publicado originalmente por Alfaguara en 2013.
Existen varias obras en las que los crímenes de la más reciente dictadura cívico militar
que asoló la Argentina –muertes, desapariciones forzosas, tortura, apropiación de
bebés, apoderamiento ilegal de bienes—aparecen relatadas desde la óptica infantil:
chicos o chicas que, con mayor o menor comprensión de lo que sucedía, describen
esas tremendas realidades. Citaré dos: La casa de los conejos de Laura Alcoba y El
camino de las hormigas de Laura Fernández Berro.
Lo que distingue de ellas a la novela de Robles es que la protagonista relatora tiene
conciencia política, inculcada por sus padres (luego desaparecidos), y trata de
emplearla para comprender el mundo y para transmitírsela a su hermano menor con el
que vive las diversas peripecias que resultan de la narración.

Raquel Robles es una de las fundadoras de H.I.J.O.S., ella misma hija de desaparecidos,
y ganó en 2008 el premio “Clarín” con su novela Perder. También publicó la muy
notable Papá ha muerto, un relato de ficción pero muy nutrido de datos acerca de los
acontecimientos que precedieron a la emboscada del grupo guerrillero del Che en
Bolivia y su asesinato a manos del Ejército de ese país. Como resultado de su actividad
como docente especializada en la gestión de instituciones educativas imaginó su más
reciente novela, La última lectora, también publicada por Fondo, en la que narra las
desventuras de una alfabetizadora que trabaja en las villas.


Pequeños combatientes respira autenticidad. Sin pretensiones de sofisticación literaria,
el discurso de la niña protagonista tiene una total coherencia, aunque a veces
sorprenda una agudeza política enorme, quizás desproporcionada para su edad. Hay
una expectativa: que los padres estén escondidos en alguna parte y reaparezcan. Y un
temor: que haya sucedido “Lo Peor”.


Aparecen dos abuelas, de formación y actitudes totalmente opuestas: una que no para
de sollozar apretando su pañuelito, otra que trata de ayudar más a los chicos. Hay un
viaje a Tucumán, donde visitan a unos tíos, alguno de los cuales es policía y, por
instinto y formación la niña debe ocultar lo que sabe.


Como bien se dijo en un comentario que publicó la Agencia Paco Urondo en un
reportaje a la autora, el libro “explora el universo infantil de los hijos de desaparecidos
a partir de una reelaboración del lenguaje de la militancia”. Y a la pregunta acerca de
“cómo se relaciona esta fuerza con la memoria”, la autora responde:
“Los géneros se van como trasvasando y tiñendo el uno al otro. Esa escritura bien
política tiñe mis textos. (…) en los últimos años he escrito muy preocupada por las voces, por sus construcciones. Me parece que la literatura política tiene esa condición
de tratar de rescatar las voces”.


El texto ha sido leído por gente muy joven, niños y niñas, para trabajar en las escuelas
el Día de la Memoria. Es de esperar que el retroceso que está imprimiendo el actual
gobierno a todo lo relativo a los derechos humanos y su violación en la Argentina
reciente no implique el intento de borrar estos ejercicios literarios tan necesarios.
Más allá de la profundidad de su contenido, el texto se lee de un tirón, como si se
estuviera escuchando a la chica que cuenta.

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