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Despidos NN: las cifras que no llegan a reflejar la gravedad de la crisis.
Según el último informe del CEPA (Centro de Economía Política Argentina) en el primer semestre de 2024 hubo más de 160.000 despidos contando los del sector privado y el estatal. Sin embargo, la información oficial del BCRA indica que en los últimos meses se cerraron 350.000 cuentas sueldos, cifra que duplicaría la informada por CEPA, posiblemente contando retiros más compulsivos que voluntarios. Construcción e industria son los sectores más perjudicados pero no los únicos. La recesión salpica a la sociedad toda, grandes, medianas y pequeñas industrias. En apenas seis meses se extinguieron 10.000 empresas pymes, según denunció la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino (Enac) a través de un documento preparado para el 9 de julio. Se “está destruyendo 50 pymes por día, en una Argentina sin plan ni rumbo económico que genere certidumbre sobre el clima de negocios”, explicaron.
Uno de los cierres que más impactó en los últimos días fue el de una marca que remueve la memoria identitaria de la sociedad: la fábrica Canale. Sí, la de las galletitas, aquella que todos llevamos en nuestra memoria con su publicidad de familias de clase media reunidas, felices en torno a una mesa. Eran los sesenta. El siglo XXI trajo otros mensajes. A fines de junio la empresa conservadora en latas entre otras cosas, cerró su planta de Mendoza dejando en la calle a 38 empleados.
Cifras que no sólo son números. Implican la destrucción de una red de producción nacional. Bien vale detenerse en el significado histórico de éstas pérdidas. Un proceso de desarticulación industrial que no fue de la noche a la mañana y tiene nombres y apellidos.
Canale
José Canale fue el inmigrante genovés que llegó a la Argentina en 1860 y abrió una panadería en pleno San Telmo: Defensa y Cochabamba. El negocio fue viento en popa y hacia finesl del 800 ya se había ganado un nombre. José -Giusseppe- murió y su viuda e hijos se hicieron cargo del negocio familiar. La panadería original se convirió en una fábrica de galletitas. Nacía el bizcochito Canale. En 1910 pegaron el gran salto y se transladaron al histórico edificio frente a Parque Lezama que inundaba con su perfume a galleta horneada el barrio entero.

La fábrica creció y sumó productos: fideos, mermeladas, conservas y harinas, hasta que llegó la dictadura. El plan de Martínez de Hoz un un incendio los puso al borde del abismo que lograron superar tercerizando la producción durante un par de años. Recién en 1986 comenzaron a levantar cabeza pero las ventas no alcanzaban. Fue entonces que apareció Franco Macri, dueño de Socma, que a modo de ‘salvataje’ compró el 71% de la empresa. Eran los noventa. La empresa se diversificaba y a las galletas se le sumaban las latas. Tres plantas tenía Canale por entonces: Mendoza, Río Negro y Mar del Plata. No hubo caso, el menemismo invitaba a los inversores extranjeros a quedarse con las empresas argentinas en dificultades y las firmas pasaban de dueño con una rapidez nunca antes vista. Primero la compró la estadounidense Nabisco, luego Kraft, finalmente Alco se quedó con les compró la planta de hojalatas de Mendoza, mientras Kraft siguió con las galletitas. Los fideos Canale fueron adquiridos por Molinos Río de la Plata en 2014, quien también compró Vizzolini y Don Felipe.
Hace rato que el perfume Canale había desaparecido de San Telmo. El emprendimiento de don Giusseppe creció sin límites durante casi cien años y fue descuartizado en medio siglo. Hasta que llegó una nueva crisis, en el 2019, fin de Menem, asunción de De la Rúa. De la icónica fábrica nacional solo quedaba una planta enlatados en la provincia de Mendoza que quebraba y una agroindustrial mendocina, AVA, la compraba por 378 millones de dólares. La marca se mantuvo a pesar de los diversos dueños. El espíritu del panadero que la fundó había muerto hacía rato.
Despidos NN
Los casos aportados por el informe de CEPA dan cuenta de cómo influye también en grandes empresas el incierto programa económico del gobierno. Por la merma en la construcción fabricas de insumos sanitarios suspendieron y despidieron personas. FV decidió paralizar su producción por tres meses y suspender a 800 obreros de su planta en Pilar, provincia de Buenos Aires. Por su parte, Ferrum (la mayor fábrica de sanitarios de cerámica del país), ya despidió 100 trabajadores en lo que va de 2024. Los despidos masivos llegaron también al Grupo Techint que en junio despidió a 200 trabajadores de la planta Tenaris Siat de Valentín Alsina.
La danza de números continúa con la industria de electrodomésticos debido a la baja de aranceles para la importación de heladeras y lavarropas. Whirlpool tuvo que hacer a menos de 60 trabajdores del parque industrial de Pilar, y Briket, ya despidió a 300 obreros este año. Los metalúrgicos afirman que ya tuvieron 450 despidos en el sector, los textiles 470, alimentación 110, más de 3.600 en construcción, y sigue la industria química, automotrices, supermercadistas, y comercios de todo tipo.
Desde ya, es de público conocimiento la reducción de la planta estatal que ya suma más de 20.000 despidos y continúan anunciando que llegarán a 75.000. Hasta aquí sólo sabemos de números. Del famoso axioma menemista de ‘estamos mal pero vamos bien’. Imposible contabilizar la cantidad de pequeños emprendimientos que debieron cerrar sus puertas.

Aquí, un ejemplo al azar de aquellos que soñaron con un emprendimiento y el sueño les duró poco.
Cierra la conocida cervecería Schalke.
El local de La Plata lo anunció a través de las redes sociales y se suma a otros locales que también se despidieron en las últimas semanas.
La cervecería de 64 entre entre 13 y 14 cierra sus puertas tras 6 años en la zona de #ParqueSaavedra y sus dueños lo confirmaron a través de las redes, donde dejaron un breve y sentido mensaje para sus clientes, profundizando la crisis del sector.
«¡Hola amigos! Con mucha tristeza, queremos comunicarles el cierre del local. Estamos eternamente agradecidos por estos 6 años maravillosos que pasamos juntos», escribieron en una publicación en Instagram que rápidamente se llenó de comentarios de clientes sorprendidos.
Santa Fé
En las provincias la situación es dramática. La generalmente pujante provincia de Santa Fé anunció que están viviendo “una situación recesiva donde hay caída de actividad prácticamente todos los rubros”, tal como indicó el secretario de Trabajo de Santa Fe, Julio Genesini, quien se lamentó que “mes a mes se van dando una tendencia de pérdida de puestos de trabajo”.
Despidos y suspensiones son las formas en las que se expresa la crisis de consumo y producción en la provincia. Ya son 85 empresas que optaron por la suspensión de 11.000 trabajadores suspendidos. En la medida de lo posible intentan evitar la desvinculación laboral manteniendo algún porcentaje del sueldo hasta que la situación se disipe.
El Secretario de Trabajo provincial, afirmó en una entrevista al diario La Capital: “A fines de abril había alrededor de 6.500 desvinculaciones que se tramitaron ante el Ministerio de Trabajo. Si vemos los números del empleo registrado hay una caída interanual de 1.77 puntos, eso es un poco más de 9.000 puestos de trabajo. Si tomamos diciembre hay un poco más porque había alrededor de 522.000 trabajadores registrados y ahora estamos en 512.000”, apuntó y resaltó: “Hay un impacto en el empleo que se verifica en suspensiones y en algunos casos de pérdida de puesto de trabajo”.
A nivel nacional se conoció el viernes pasado que entre el 10 de diciembre de 2023 y el 4 de julio se tramitaron más de 38.000 procedimientos preventivos de crisis en el Ministerio de Trabajo de la Nación, un 40% más que en el mismo período del año pasado. Así lo señalaron fuentes de la cartera laboral, en el contexto de una crisis que se llevó ya 144.000 puestos de trabajo en el sector privado registrado.
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»