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Uruguay: Carnaval, Gaza, Censura y verdad histórica, por María Urruzola
Como todos los años, el carnaval uruguayo produjo un sacudón en la política nacional. Una ola de indignación sionista se levantó contra la presentación de una murga, Doña Bastarda, que tituló “Patria o Tumba” su repertorio del Carnaval 2026, y su cuplé central “Juro por mi Patria” cuya letra va in crescendo denunciando los horrores que en su nombre se han cometido en la historia y se siguen cometiendo hoy. Para llegar al tablado, la murga bastarda debió superar varios intentos de censura, incluida una primera sanción por parte del INAU -Instituto del Niño y el Adolescente- quien no la encontró apta para un público familiar. La cuestión levantó polvareda, y más indignación aún de los protagonistas del Carnaval Uruguayo que saben que la libertad de sus letras es parte de su esencia. Hubo reclamos del sindicato de Carnavaleros y Carnavaleras, declaraciones de murgueros, y todo el episodio puso en evidencia la extorsión comercial a la que pueden ser víctimas las murgas uruguayas quienes para llegar a actuar en el Teatro de Verano y los principales tablados de la capital deben tener una financiación tan alta que impide que muchas formaciones del interior del país tengan acceso a pesar de su excelencia.
Pero vayamos por partes. Todo empezó en el 2025.
El puntapié inicial de la censura en Carnaval lo dio una de las grandes empresas uruguayas- el Frigorírico Centenario– reconocido por sus populares embutidos, que el año pasado, le exigió a la murga La Gran Muñeca, a la que auspiciaban, que le devolvieran la mercadería que ya habían entregado -chorizos y hamburguesas que ya habían sido vendidos en sus presentaciones para juntar fondos a cambio de publicidad-. La empresa, cuyos dueños son judíos pro Israel tomó la decisión durante el Carnaval del año 2025 al escuchar que La Gran Muñeca incluía versos que decían:
«Tantas son las personas/ Entre el mar y desierto/ Hoy en la Franja de Gaza/ Cárcel a cielo abierto/ En Palestina sufre un pueblo acorralado/ Los quieren borrar del mapa/ Pero la siguen peleando».
Visto el crecimiento en el mundo de la condena al genocidio perpetrado por Israel en Palestina y las horripilantes cifras de muertos a manos del ejército israelí, en particular niños, era previsible que el Carnaval 2026 trajera más que unos versos sobre la defensa del pueblo Palestino. Razón por la cual, este año decidieron adelantar su postura anunciando el quite del auspicio a La Gran Muñeca.
«Ante los hechos ocurridos recientemente en las presentaciones de murga La Gran Muñeca, que han generado una controversia vinculada a expresiones de antisemitismo, hemos decidido poner fin a nuestro vínculo de patrocinio con dicho conjunto», decía el texto enviado a la murga por la empresa, firmado por Alejandro Goldwasser, su director general.
El episodio fue fogoneado por la B´nai B´rith, cuya filial en Uruguay es probablemente la organización sionista más radical en defensa de Israel y sus políticas de “seguridad”, quien no sólo apuntó contra los murgueros sino que también a la organización de directores de murgas y al mismísimo gobierno de la ciudad de Montevideo que conduce el Frente Amplio, a quienes acusó que “con su silencio, convalidan el antisemitismo y son, en consecuencia, indirectamente responsables de su expansión y difusión”.
Curándose en salud, la empresa de los embutidos decidió enviar un comunicado a todos los conjuntos que participarían en el 2026 y que tuvieran intención a pedir apoyo financiero como cada año, a que previamente les hicieran «conocer los ejes temáticos o el enfoque general del guion [sic] que presentarán este año. Nuestro interés es asegurar que los contenidos que apoyemos promuevan valores de inclusión y respeto, evitando mensajes que puedan ser interpretados como discriminatorios hacia cualquier comunidad», decían, poniendo especial atención en «expresiones que puedan vincularse con el antisemitismo, con la demonización del Estado de Israel y el conflicto con Gaza». Un caso inédito de censura previa realizada por una empresa nacional
El Sindicato Único de Carnavaleras y Carnavaleros del Uruguay rechazó en declaraciones a la prensa «cualquier tipo de censura», ya que “el carnaval es la libertad de expresión en sí mismo”. «Me remontó a los años de la dictadura”, dijo una de sus dirigentes, “cuando había que decir las cosas con otras palabras porque si no, se los bajaba del escenario y terminaban todos detenidos».
El mismo semanario Brecha dio cuenta del efecto que produjo el intento de censura del Frigorífico Centenario: “Las redes explotaron en el mismo sentido e incluso Mocchi, cantante uruguayo actualmente radicado en Argentina, posteó un video en su Instagram con la leyenda «Se llama GENOCIDIO y la empresa no nos interesa». «Yo, que no soy una empresa y lejos estoy de poder hacer un aporte gigante, decido darle 1.000 dólares al conjunto, a los conjuntos que nombren con conciencia, humildad y respeto a la Franja de Gaza. Porque no somos indiferentes y no está bueno que esta pulseada de la guita logre sacar algunos temas que son importantes», aseguró mirando a cámara.
Y en ese clima se llegó al proceso de Concurso de Carnaval 2026, que tiene varias etapas. Una de ellas consiste en que las murgas deben enviar sus textos al Instituto del Niño y el Adolescente (INAU), que califica si el espectáculo es apto para todo público. Sorpresivamente, el organismo comunicó que un fragmento del libreto de la murga Doña Bastarda no era apto para todo público.
Por reglamento, esas decisiones se pueden apelar, lo que inmediatamente hizo la murga. El organismo conformó un tribunal con tres especialistas, y rápidamente se anuló la decisión y se autorizó el espectáculo para todo público.
Eso no evitó la polémica. La historiadora e investigadora especialista en Carnaval, Milita Alfaro, cuestionó duramente a la calificadora que había sido designada en primera instancia por el organismo, porque su decisión “dejó en evidencia problemas serios en la interpretación del contenido artístico”, explicó. Es “bastante inexplicable que el INAU trabaje con gente tan inepta y que tenga tantas dificultades para decodificar e interpretar correctamente las claves de un espectáculo”, dijo la historiadora, para quien el contenido del espectáculo de Doña Bastarda es “absolutamente transparente” y trae un mensaje “pacifista”. “Es interesante que dé lugar a que en un contexto familiar se pregunte y se diga por qué dicen estas cosas, y que tengamos posibilidad de explicar a los adolescentes cosas horrorosas que la humanidad ha cometido”, agregó.
Y entonces llegó al público el famoso cuplé, con entradas agotadas en el Teatro de Verano de Montevideo, donde se realiza la competencia oficial del Concurso de Carnaval. “Qué haría por mi Patria” es el estribillo, y el cuplé empieza refiriéndose a una ceremonia que se realiza en la educación uruguaya, llamada Jura de la Bandera, obligatoria para todos los ciudadanos, en la que se hace jurar a niños y niñas a “respetar y honrar la bandera” y a los adolescentes se les pregunta “¿defenderás la Patria con una vida digna?”.
Allí empieza el cuplé con una pregunta: ¿Y ustedes, qué harían por su patria”. La sucesión de respuestas van desde sembrar flores, componer poemas, jurarle lealtad, pasando por “a la guerra marcharía, y si un enemigo acecha, tal vez le dispararía”, hasta llegar a un personaje que responde: “ya no hay niños inocentes, disparemos sin piedad” y otro que concluye: “Yo juro por mi patria/ aunque cueste y aunque duela/ tiro abajo las escuelas/ y los hospitales vuelan/ y donde la prensa insista/ te fusilo periodistas/ lamento si alguien se enoja/ rompo la Cruz Roja/ y a los que me llamen nazi/ sin tregua y sin compasión/ los encierro en una jaula/ y los convierto en jabón».”.
Y al final concluyen: “como nos duele el holocausto también nos duele Palestina”. Y tratan de cómplices a los que “se callan la boca, como el gobierno uruguayo”. El Teatro de Verano los ovacionó de pie.
No fue óbice: al día siguiente, un programa de radio se encargó de entrevistar a uno de los judíos más visibles del primer gobierno de izquierda iniciado en 2005 bajo la presidencia de Tabaré Vázquez, Miguel Brechner, quien dirigió la implementación del famoso Plan Ceibal, que consistió originalmente en proporcionar una computadora a cada niño en el sistema de educación pública. Judío de izquierda y autodefinido como sionista, Brechner evitó el tema del actual genocidio en la franja de Gaza y volvió al holocausto afirmando que a sus tíos y sus abuelos “los hicieron jabón”.
Francisco Claramunt publicó en el semanario de izquierda Brecha un artículo que también provocó polémica al restablecer una verdad histórica, en la que responde: “No, los nazis no hicieron jabón con judíos. No, esta columna no busca negar el genocidio judío, en el que 6 millones fueron exterminados por los nazis y sus aliados. Pero quizás convenga tratar el Holocausto con seriedad. «
Escuchemos a Shmuel Krakowski, sobreviviente del genocidio y director de los archivos del Museo de la Historia del Holocausto Yad Vashem, con sede en Jerusalén: «Los historiadores han concluido que no hubo jabón fabricado con grasa humana» (Chicago Tribune, 25-IV-1990)
La historiadora judía experta en el Holocausto Deborah Lipstadt, ex enviada especial de Estados Unidos para combatir el antisemitismo, concluye: “Según los sobrevivientes, los guardias de los campos usaban el rumor para humillar a los prisioneros. Es comprensible que perdurara: ¿qué sentido tiene discutir una inexactitud anecdótica frente a una serie casi infinita de crímenes reales? Con el tiempo, «convertir en jabón» se volvió un símbolo, mítico, sí, pero elocuente y, a su manera, sincero, que condensa la profunda deshumanización que acarrean los genocidios. Todos los genocidios”.
En honor a la verdad histórica, lo que hacemos al fomentar el mito de los judíos hechos jabón es utilizar una de las peores expresiones inventadas por los nazis para aterrorizar a sus víctimas cautivas.
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»