Entrevistas
Claudio Lozano: «La Argentina se encarece en dólares mientras destruye empleo, salarios e industria»
El economista y dirigente político analizó el deterioro del poder adquisitivo, el crecimiento del endeudamiento de los hogares, el impacto del modelo económico de Javier Milei sobre la producción y el trabajo, y los desafíos de construir una alternativa política. En diálogo con La Columna Vertebral, sostuvo que el verdadero despilfarro no proviene de los sectores populares sino de la fuga de divisas y cuestionó el proceso de desindustrialización que, según afirmó, atraviesa el país.
LCV: Hay varias aristas de esto que yo te quiero preguntar. Por un lado, ese cambio de mentalidad. Siempre hubo un sector de «manteca al techo», de despilfarro, de no cuidarse, pero a medida que uno sabe lo que cuesta ganar la plata intenta ordenar sus gastos. Sin embargo, nos instalaron la idea de que la gente gastaba más de lo que tenía o que un trabajador no debía tener un lavarropas, un aire acondicionado o un televisor. La clase media tenía sus cuentas organizadas: la tarjeta era para viajar o darse un gusto. Hoy la usa para comprar alimentos en cuotas y pagar el mínimo. Cuando salí a preguntarle a la gente si le preocupaban las consecuencias de esa deuda creciente, muchos me respondían: «Ya debo tanto que el problema es del banco, no mío». A mí eso me sonó a derrota. ¿Cómo lo ves vos?
Claudio Lozano: «Más allá de ciertas tonterías que sostienen que tener un televisor, un auto o un aire acondicionado es una forma de despilfarro, hay que decir que el verdadero despilfarro en la Argentina no lo realizan los sectores populares sino los multimillonarios. La Argentina de Milei pierde sistemáticamente los dólares que genera. Desde enero de 2024 hasta hoy se fueron alrededor de 20 mil millones de dólares por turismo en el exterior, otros 20 mil millones por pagos de intereses y capital de la deuda, y cerca de 40 mil millones por fuga de capitales. Ese es el verdadero despilfarro: el consumo suntuario y las acreencias de los grandes grupos económicos sobre el país. Al mismo tiempo asistimos a un proceso sistemático de destrucción del empleo. En estos dos años desaparecieron cerca de 300 mil puestos de trabajo de los mejor remunerados y todos los trabajadores perdieron poder adquisitivo frente a la inflación. A eso se suma el brutal incremento de los servicios públicos: agua, luz, gas, transporte, telecomunicaciones y alquileres. Entonces los hogares sufren una doble pérdida: ganan menos y, además, deben destinar una porción mucho mayor de sus ingresos al pago de tarifas. El ingreso disponible termina siendo muchísimo menor. Detrás de esos tarifazos hay ganancias extraordinarias para grupos empresarios muy concretos que concentran el negocio petrolero, la distribución eléctrica, los peajes y las represas hidroeléctricas privatizadas. Mientras esos sectores acumulan rentabilidad, la sociedad pierde capacidad de consumo y calidad de vida.»
LCV: Y en ese contexto la gente trabaja cada vez más.
Claudio Lozano: «Exactamente. La primera reacción de cualquier familia cuando no le alcanza la plata es trabajar más. Hoy estamos en el pico histórico del pluriempleo. Hay casi tres millones de personas —más del 12% de la población ocupada— que tienen más de un trabajo. Un millón trabaja entre trece y dieciséis horas por día y más de cinco millones superan la jornada laboral habitual. A eso hay que agregar el fenómeno de los jubilados que siguen trabajando porque sus haberes no alcanzan: el 22% de los jubilados tiene un empleo y la mitad de ellos realiza más de una actividad.»
LCV: La semana pasada pasábamos un sketch de Capusotto con Mickey Vainilla que decía: «Esta gente trabaja cada vez más y todavía se queja».
Claudio Lozano: «Es una ironía que refleja una realidad muy dura. La Argentina resiste estas políticas trabajando más horas para tratar de mantener el nivel de vida. Pero cuando eso ya no alcanza aparece el endeudamiento. Primero se consumen los ahorros, después se recurre a familiares o amigos y finalmente al sistema financiero, a prestamistas informales o incluso a organizaciones vinculadas a la usura. Es una secuencia muy conocida en los procesos de empobrecimiento.»
LCV: Nos pasó con las tarjetas de los supermercados. Yo misma me olvidé una vez que tenía una, me llegó una deuda enorme, la pagué y desde entonces cada vez que me ofrecen una tarjeta local salgo corriendo y les digo a todos que no la acepten.
Claudio Lozano: «Porque antes la tarjeta se utilizaba para un gasto extraordinario, como comprar un electrodoméstico. Hoy reemplaza el ingreso que falta para llegar a fin de mes. Ya no se financia un gusto: se financian los alimentos. Ese es el cambio central. El problema es que esa solución dura muy poco porque las tasas de interés destruyen cualquier posibilidad de recuperación. Un crédito personal bancario ronda entre el 68 y el 70 por ciento anual, que ya es una tasa altísima. Pero los préstamos de las fintech, las billeteras virtuales, las cadenas de electrodomésticos y otros mecanismos de financiamiento llegan al 180 por ciento anual o incluso más. Al poco tiempo ya no tenés el dinero ni la mercadería: lo único que te queda es la deuda.»
LCV: Justamente hablábamos de Mercado Pago y esas ofertas permanentes de crédito. Una amiga quiso cerrar la pantalla y terminó aceptando un préstamo sin querer. Después descubrió que no podía devolver el dinero inmediatamente porque el sistema la obligaba a pagarlo financiado. Es una verdadera trampa.
Claudio Lozano: «Exactamente. Mucha gente cree que toma un crédito para resolver un gasto puntual, como un cumpleaños de quince, pero en realidad hoy esos préstamos se utilizan para comprar comida. Cuando una familia necesita endeudarse para financiar alimentos, estamos frente a un deterioro muy profundo de sus condiciones de vida.»
LCV: Esto también tiene una dimensión cultural. Venimos de muchos errores políticos y económicos que desembocaron en este presente. Recién hablábamos con Pablo Solana sobre procesos similares en otros países de América Latina. Pero si bajamos la discusión a la economía del hogar, aparece también esa idea del «dólar barato». Lo vemos con quienes viajan al Mundial y cuentan con naturalidad cuánto gastan en entradas o compras en el exterior. Es el «ya que estamos». Algo parecido ocurrió durante la convertibilidad. ¿Cómo se le explica a esa clase media, muy golpeada por este gobierno, que esos veranitos terminan teniendo consecuencias muy graves?
Claudio Lozano: «Hoy la franja social que puede sostener ese gasto en el exterior es mucho más reducida que en otras épocas. No es comparable la Argentina actual con la del ‘deme dos’ de Martínez de Hoz o con la convertibilidad de Cavallo. La Argentina de hoy es mucho más pobre y los ingresos disponibles son mucho menores. Cuando Milei dice que hizo en pocos meses lo que la dictadura no pudo hacer, en realidad omite que ese resultado es producto de un proceso de deterioro que lleva más de cincuenta años. Son varias generaciones acumulando retrocesos. Lo que sí tienen en común aquellos procesos con el actual es la lógica utilizada para combatir la inflación. Siempre se presenta como la gran justificación. Ocurrió después del Rodrigazo, tras la hiperinflación del final del gobierno de Alfonsín, y volvió a repetirse luego del fuerte proceso inflacionario del último año del gobierno de Alberto Fernández. Pero lo que realmente sucede es que se desacelera la inflación en pesos mientras la Argentina se encarece en dólares. Cuando un país se vuelve caro en dólares, el impacto no tarda en aparecer. Hoy tomar un café en Buenos Aires puede costar más que hacerlo en París, y comer en muchos restaurantes argentinos resulta más caro que hacerlo en el exterior. Por eso quienes viajan dicen que los precios afuera ya no les parecen tan altos. Sin embargo, esa aparente estabilidad tiene un costo enorme: destruye la competitividad de la producción nacional y termina golpeando de lleno a la industria.»
LCV: En definitiva, el resultado siempre es el mismo.
Claudio Lozano: «Exactamente. El resultado histórico de estas políticas es la destrucción del aparato productivo. Cada una de estas experiencias terminó debilitando la industria nacional y reduciendo la capacidad del país para generar empleo de calidad.»
LCV: Recién escuchábamos Money, Money, Money. Yo decía que esa letra retrata bastante bien cierta cabeza del medio pelo argentino, esa idea de que la felicidad pasa exclusivamente por el dinero y el consumo. Cuando uno escuchaba a muchos votantes de Milei aparecía ese sueño de que finalmente iban a acceder a todo aquello que, según les hicieron creer, otros les habían quitado. Aun cuando la imagen del Gobierno cayó, sigue habiendo una parte importante de la sociedad que responsabiliza de sus problemas económicos a otros y no al modelo que eligió. ¿Cómo analizás ese fenómeno?
Claudio Lozano: «Ese fenómeno existe, pero la aparición de Milei también expresa nuestro propio fracaso. Cuando en la Argentina existió una construcción política de signo popular sólida, como ocurrió durante el primer peronismo, la única manera que encontraron los sectores dominantes para terminar con ese proceso fue un golpe de Estado y la proscripción política. No podían competir democráticamente porque la mayoría de la sociedad quería seguir viviendo como lo estaba haciendo.»
LCV: ¿Y qué pasó después?
Claudio Lozano: «El primer gran derrumbe lo encontramos en el final del gobierno de Isabel Perón. Luego vino la dictadura y, tras la recuperación democrática, la experiencia de Alfonsín también terminó muy mal desde el punto de vista económico. Fueron acumulándose frustraciones que fueron debilitando la confianza social.»
LCV: ¿Es como esa idea de que la tercera generación termina fundiendo la empresa que levantaron el abuelo y el padre?
Claudio Lozano: «Es una comparación interesante, aunque siempre hay que mirar el contexto. Hay nietos que administran mal lo recibido, pero también hay procesos históricos que condicionan cualquier posibilidad de desarrollo. En la Argentina no puede analizarse la situación sin tener presente que durante cincuenta años atravesamos sucesivos procesos de destrucción industrial.»
LCV: Incluso grandes grupos empresarios terminaron abandonando la producción para dedicarse exclusivamente a la especulación financiera.
Claudio Lozano: «Exactamente. Muchos grupos económicos modificaron completamente su lógica de funcionamiento. Dejaron de apostar a la producción para privilegiar la valorización financiera. Pero, más allá de cada caso particular, lo importante es comprender que la Argentina atravesó cuatro grandes procesos de industricidio que fueron deteriorando su estructura productiva.»
LCV: Me quedan menos de cincuenta segundos. ¿Habías presentado un proyecto sobre el tema de las tarjetas?
Claudio Lozano: «No, no era un proyecto específico. Lo que planteaba era un análisis sobre el funcionamiento de este modelo económico y sus consecuencias sobre el endeudamiento de las familias.»
LCV: Entonces la pregunta es otra. Después de cuatro procesos de destrucción industrial, ¿cuál es la salida? ¿Nos unimos? ¿Nos ponemos a llorar todos juntos? ¿Qué hacemos?
Claudio Lozano: «Lo primero que hay que hacer es reunir inteligencia colectiva. Milei avanza como una topadora porque sostiene un proyecto muy definido y cada paso que da profundiza ese rumbo. Es cierto que ya no tiene la fortaleza política del comienzo: cayó su imagen personal, cayó la evaluación de su gestión y también disminuyó su popularidad. Pero, al mismo tiempo, quienes deberíamos construir una alternativa no hemos logrado resolver la enorme crisis de representación que atraviesa la política argentina.»
LCV: Porque del otro lado también nos seguimos pegando tiros en los pies.
Claudio Lozano: «Exactamente. Milei pierde apoyo, pero llega un momento en que esa caída encuentra un límite porque la sociedad no visualiza una alternativa capaz de reemplazarlo. Hay una creciente movilización social, un malestar evidente y múltiples conflictos, pero todavía no existe un canal institucional que logre expresar esa energía y transformarla en una propuesta política con capacidad de disputar el rumbo del país.»
LCV: Entonces el problema no es solamente que el Gobierno pierde respaldo, sino que todavía no aparece una alternativa capaz de capitalizar ese descontento.
Claudio Lozano: «Ese es el principal problema político de la Argentina de hoy. La sociedad empezó a castigar al Gobierno porque los resultados económicos afectan cada vez a más sectores. Sin embargo, la oposición todavía no consigue construir una referencia que genere confianza y represente una salida distinta. Mientras esa alternativa no exista, Milei seguirá encontrando margen para sostenerse, aun con un desgaste creciente.»
LCV: ¿Creés que el deterioro institucional también debería formar parte de la discusión pública?
Claudio Lozano: «Sin ninguna duda. Hoy la gravedad de los hechos que atraviesa el Gobierno debería llevarnos a discutir seriamente un juicio político al Presidente. No se trata solamente de las consecuencias económicas del modelo, sino también de la calidad institucional y del funcionamiento mismo de la democracia. Ese debate tendría que estar instalado con mucha más fuerza en la sociedad y en el sistema político.»
LCV: Claudio, como siempre, gracias por esta charla.
Claudio Lozano: «Gracias a ustedes por la invitación. Siempre es importante generar estos espacios para discutir en profundidad lo que está ocurriendo en la Argentina y pensar colectivamente una salida que permita recuperar el trabajo, la producción y las condiciones de vida de nuestro pueblo.»
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Hugo «Cachorro» Godoy: «Esta ley busca extranjerizar la tierra y limitar la capacidad del Estado para defender la soberanía»
En diálogo con Nora Anchart para La Columna Vertebral, el secretario general de la CTA Autónoma, Hugo «Cachorro» Godoy, convocó a las movilizaciones frente al Congreso y en todo el país en rechazo al proyecto de ley sobre la propiedad de la tierra. Además, destacó el homenaje al obispo Enrique Angelelli en La Rioja y llamó a fortalecer la unidad de las organizaciones populares en defensa de la soberanía, el trabajo y los derechos sociales.
LCV: ¿De qué se va a tratar la convocatoria frente a la inminente votación de la ley sobre la venta de tierras a extranjeros, prevista para este jueves 6 de agosto en el Senado de la Nación?
Hugo «Cachorro» Godoy: «Primero te cuento que estoy por subir al avión aquí en La Rioja, después de participar de una serie de actividades conmemorando el 50.º aniversario del martirio del obispo Enrique Angelelli. Se desarrollaron múltiples actividades y realmente fue muy impresionante la participación multisectorial. Particularmente estuve en un encuentro en la Universidad Nacional de La Rioja, convocado por el Episcopado, la Secretaría de Derechos Humanos y la universidad. Allí, además de reivindicar la vida y el legado de Angelelli y de los beatos mártires que fueron asesinados junto a él, resolvimos convocar con mucha fuerza a la movilización que el próximo jueves 6 se realizará en todas las provincias del país para rechazar esta ley que, bajo el argumento de la inviolabilidad de la propiedad privada, en realidad busca profundizar la extranjerización de la tierra. También pretende expulsar a los inquilinos de sus viviendas, avanzar sobre las tierras comunitarias de los pueblos originarios y limitar la capacidad del Estado para impedir que la concentración de la propiedad en pocas manos termine afectando la soberanía de nuestro pueblo y de nuestra Nación.»
LCV: ¿A qué hora será la convocatoria y cómo se organizarán las actividades en los distintos puntos del país?
Hugo «Cachorro» Godoy: «Habrá movilizaciones en todo el país. En la Ciudad de Buenos Aires nos concentraremos frente al Congreso Nacional a partir de las 12 del mediodía. Habrá una permanencia en la Plaza del Congreso, entrega de verduras a la comunidad, radios abiertas y distintos paneles de debate. Son muchas las organizaciones que día a día se están sumando a esta convocatoria.»
LCV: Contá con nosotros para la radio abierta… o para ir a buscar verduras.
Hugo «Cachorro» Godoy: [Risas.] «Para la radio… aunque nada sobra, querido. Por ahí llego con el changuito. Pero, más allá de la broma, les agradezco muchísimo el acompañamiento. Contamos con ustedes.»
LCV: Qué importante lo que contás sobre La Rioja. Ojalá ese espíritu de participación y compromiso que se vivió allí pueda trasladarse también a las jornadas del jueves y del viernes.
Hugo «Cachorro» Godoy: «Fue realmente muy conmovedor. No solo desde lo emocional y la recuperación de la memoria, sino también porque permitió traer el ejemplo, la obra y la coherencia de Angelelli a los desafíos del presente. En ese marco se resolvió respaldar no solamente las medidas de lucha del jueves, sino también las actividades del viernes y los paros que hoy están llevando adelante los trabajadores docentes y estatales para exigir aumentos salariales y el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Educativo. La convocatoria que estamos impulsando desde la CTA Autónoma junto a muchas otras organizaciones expresa una articulación muy amplia con distintos sectores sociales. Estoy convencido de que va a ser una movilización muy potente.»
LCV: Te dejo para que no pierdas el avión. Como siempre, las puertas de La Columna Vertebral están abiertas para que vengas al estudio y podamos conversar con más tiempo. Antes de despedirte, querías recordar a una compañera.
Hugo «Cachorro» Godoy: «Sí. Quiero tener un recuerdo muy especial para Carmen Salcedo, una compañera que nos dejó este fin de semana. Un abrazo muy grande para Lisu y para toda la CTA Autónoma. Carmen fue una mujer luchadora durante toda su vida y permanecerá siempre con nosotros. Desde la CTA lamentamos enormemente su pérdida, pero es una pérdida que atraviesa a todo el campo popular.»
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Clarín avanza con el cierre de la planta Zepita y deja a decenas de familias sin trabajo
En diálogo con Nora Anchart para La Columna Vertebral, Alejandro Ontivero, delegado y trabajador de la planta Zepita, denunció que el Grupo Clarín cerró las instalaciones sin comunicación oficial, avanza con despidos encubiertos bajo la figura de «retiros voluntarios» y terceriza la impresión de sus publicaciones para reducir costos, afectando a trabajadores gráficos y de prensa.
LCV: Contanos qué es lo que está haciendo el diario Clarín en la planta Zepita con sus trabajadores.
Alejandro Ontivero: «La planta Zepita imprimía el diario Clarín y otras publicaciones. Hasta hace poco también se imprimía allí el diario La Nación. Lo que está haciendo Clarín es tercerizar la producción en otro taller gráfico para abaratar costos, dejando a los trabajadores en la calle. Eso significa dejar a muchas familias sin su fuente de ingreso.»
LCV: ¿Cuántos trabajadores están quedando en la calle con esta operación?
Alejandro Ontivero: «Hace aproximadamente un mes comenzaron a ofrecer un supuesto retiro voluntario, que en realidad no tiene nada de voluntario: es un despido encubierto. La planta está dividida entre trabajadores gráficos y trabajadores de prensa. Yo pertenezco al SiPreBA y formo parte del sector de expedición, que está bajo el convenio colectivo de prensa. Del lado gráfico había alrededor de 150 trabajadores y nosotros somos 23 trabajadores de prensa. Muchos gráficos aceptaron ese retiro porque fueron presionados. En los últimos días la empresa intensificó esa presión y les planteó que, si no aceptaban el retiro, recibirían el telegrama de despido. Es una herramienta claramente coercitiva: te dicen ‘aceptá el retiro o te despedimos de otra manera’.»
LCV: ¿Hay personal policial custodiando la planta de Zepita?
Alejandro Ontivero: «El lunes pasado nos presentamos a trabajar y nos encontramos con las puertas cerradas. La empresa no nos dejó ingresar a la planta. Lo único que permanecía abierto era la oficina de Recursos Humanos para quienes quisieran llegar a un acuerdo. El taller estaba completamente cerrado y había presencia policial que impedía el ingreso. Nosotros nunca recibimos una notificación formal de la empresa. Volvimos a presentarnos el miércoles y recién ahí nos enteramos de que la empresa no iba a continuar con la actividad en ese lugar. Hasta hoy no recibimos ningún telegrama ni ninguna comunicación oficial. Estamos en un limbo absoluto. Lo más grave es que Clarín no toma esta decisión porque esté atravesando una crisis económica. Durante años recibió importantes ingresos por pauta publicitaria y tuvo ganancias. Sin embargo, ahora pretende que los trabajadores paguemos el costo de una supuesta crisis. Como siempre, a los trabajadores nos hacen participar de las pérdidas, pero nunca de las ganancias.»
LCV: Allí se imprimían Clarín, Olé… ¿Qué otras publicaciones pasaron ahora a Color Press, en Avellaneda?
Alejandro Ontivero: «Se imprimían el diario Clarín con todos sus suplementos, Olé, La Nación, Revista Viva y varias publicaciones más. Muchas de esas impresiones ya habían sido tercerizadas progresivamente hasta llegar a esta situación.»
LCV: ¿Cuántas familias están perjudicadas hoy?
Alejandro Ontivero: «Hoy somos 23 familias directamente afectadas, aunque ese número puede crecer. El viernes los compañeros mantuvieron una reunión con el gerente, Jorge Figueira, y con un jefe de personal. Como nosotros hicimos pública esta situación y comenzó a viralizarse, los directivos se molestaron. Es increíble que tengan el poder de dejarte sin trabajo y, además, se enojen porque uno cuenta lo que está pasando. Los empresarios se cuidan entre ellos y no quieren que estas situaciones se conozcan. Nosotros decidimos visibilizar el conflicto porque es la única manera de defender nuestros derechos. Además, todavía hay compañeros que no aceptaron el supuesto retiro voluntario y se siguen sumando al reclamo. No son solamente 23 trabajadores: son 23 familias que de un día para el otro quedaron sin saber qué va a pasar con su futuro. La empresa no cierra porque no pueda seguir funcionando, sino porque quiere reducir costos. Mientras durante mucho tiempo nos negó salarios acordes con la inflación diciendo que no tenía recursos, ahora sí aparece el dinero para financiar despidos, pero no para garantizar salarios dignos. Esa es la verdadera situación que estamos denunciando.»
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Guillermo Tello: «Derogar la ley del libro es atacar la soberanía cultural argentina»
El director y referente del sector cultural Guillermo Tello analizó junto a Nora Anchart en La Columna Vertebral el proyecto del Gobierno nacional para derogar la Ley de Defensa de la Actividad Librera y la Ley de Fomento del Libro. Advirtió que la medida favorecería la concentración editorial, pondría en riesgo la producción cultural argentina y afectaría tanto a autores como a librerías, editoriales y lectores.
LCV: En este contexto tan complejo, Guillermo, el Gobierno nacional parece tener una verdadera obsesión con la cultura. El presidente Javier Milei ha descalificado al INCAA, les dijo a los actores que manejen Uber si no consiguen trabajo y ahora avanza directamente sobre leyes que protegen la actividad cultural. Contanos qué implica el proyecto para derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera y la Ley 25.446 de Fomento del Libro. ¿Qué pretende hacer Federico Sturzenegger con estas normas?
Guillermo Tello: «Efectivamente, el Estado nacional, con Federico Sturzenegger como principal ideólogo de estos proyectos y con la decisión política del presidente Javier Milei, tiene un ensañamiento con la cultura como parte de su estrategia política. No atacan a la cultura por casualidad, sino porque entienden que nuestro capital cultural e intelectual constituye una resistencia frente a un proyecto que apunta a debilitar la soberanía nacional. Un país sin soberanía cultural pierde identidad, arraigo, memoria y sentido de pertenencia.
Un ejemplo muy claro ocurrió durante el último Mundial. Más allá del resultado deportivo, el hecho cultural más trascendente fue que la selección argentina exhibiera una bandera con la consigna ‘Las Malvinas son argentinas’. Ese mensaje recorrió el mundo y volvió a instalar un reclamo histórico que nació espontáneamente desde la identidad de nuestro pueblo y no desde una acción organizada por ningún sector político.»
LCV: Justamente, lo que quería señalar es que ese gesto de los futbolistas no fue impulsado por ninguna fuerza política, sino que nació de un sentimiento nacional muy profundo.
Guillermo Tello: «Exactamente. Lo que sucede es que muchas veces se pretende reducir toda oposición al Gobierno únicamente al plano partidario. Sin embargo, existe una oposición cultural muy fuerte que viene defendiendo las políticas públicas construidas durante estos cuarenta años de democracia. Esa defensa también es una posición política, porque protege derechos culturales y herramientas que permiten el desarrollo nacional.»
LCV: Entonces vayamos concretamente a las leyes. ¿En qué nos perjudicaría su derogación?
Guillermo Tello: «Cuando el Gobierno presentó originalmente la Ley Bases ya intentó eliminar estas normas junto con numerosos organismos descentralizados. Ahora vuelve a insistir sin ofrecer una sola fundamentación seria. El proyecto simplemente propone derogar las leyes, sin explicar por qué serían perjudiciales para la sociedad ni qué política las reemplazaría.
La consecuencia inmediata sería beneficiar a las grandes editoriales extranjeras y profundizar la extranjerización del mercado editorial argentino. Eso ya ocurrió durante la década de 1990: al principio los libros parecían más baratos, pero luego terminaron costando siete, ocho o diez veces más que en otros países. Precisamente por esa experiencia se sancionaron estas leyes a comienzos de los años 2000.
No estamos defendiendo normas antiguas o desactualizadas. Si hiciera falta modernizarlas podría hacerse, pero hoy contemplan perfectamente los nuevos formatos digitales y las tecnologías de la información. El problema no es tecnológico; el problema es proteger la producción cultural argentina.»
LCV: Hasta ahora existía un precio de venta uniforme para todo el país. Un libro costaba lo mismo en Ushuaia que en La Quiaca. Con la derogación, según entiendo, cada empresa podría fijar el precio libremente. Cuando hablás de extranjerización, ¿te referís a que ingresarán libros importados mucho más baratos que los nacionales?
Guillermo Tello: «Las grandes editoriales multinacionales concentran la impresión y la distribución. Les resulta mucho más barato imprimir en el exterior porque allí el papel tiene otro costo. Además, naturalmente promocionan a sus propios autores y llenan el mercado con esos títulos, relegando a los escritores argentinos.
Las editoriales nacionales cumplen también una función de curaduría cultural, seleccionando y promoviendo contenidos vinculados con nuestra identidad. No se trata solamente de vender libros baratos; también importa qué tipo de libros llegan a los lectores y qué voces terminan ocupando ese espacio.»
LCV: Cuando hablás de los índices de lectura, ¿incluís los libros escolares?
Guillermo Tello: «No. Estamos hablando exclusivamente de libros de lectura general: novelas, ensayos, cuentos y otros géneros. Los textos escolares forman parte de programas específicos contemplados por otras políticas públicas destinadas a garantizar el acceso a los materiales educativos.»
LCV: ¿Cómo se compatibiliza esta avanzada contra los libreros, las editoriales nacionales y las pymes con el crecimiento de plataformas como Amazon y con la expansión del libro digital?
Guillermo Tello: «El formato digital no presenta ningún inconveniente porque ya está contemplado dentro de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Tanto la comercialización digital como la del libro físico cuentan con regulaciones específicas. El verdadero problema no pasa por el soporte, sino por la regulación del mercado. Lo que está en riesgo es nuestra capacidad de producir títulos propios, preservar la soberanía cultural y sostener a nuestros escritores y escritoras.
Y si a eso le sumamos que también se intenta derogar la Ley Nacional de Doblaje —que incluye el subtitulado, el caption y todas las herramientas de accesibilidad a los contenidos audiovisuales—, el daño es todavía mayor. No se trata únicamente del libro; hay un conjunto de políticas culturales que hoy están siendo atacadas.»
LCV: Quería cerrar el tema del libro con otra consulta. Los autores argentinos que hoy publican en grandes editoriales internacionales con sede en el país, ¿también resultarían perjudicados? Me interesa entender si el principal problema es el precio de tapa o también el sistema de publicación.
Guillermo Tello: «Todos vamos a resultar perjudicados, especialmente los autores argentinos, publiquen o no en una editorial extranjera. Las casas matrices concentran las decisiones y remiten sus ganancias al exterior. Funcionan bajo una lógica extractivista: obtienen rentabilidad en un territorio y la trasladan a su país de origen.
Además, cuando un autor registra su obra en la Argentina está generando patrimonio cultural argentino. Si ese ecosistema se debilita, también se debilita nuestra producción intelectual y nuestra soberanía cultural.»
LCV: Te doy un ejemplo concreto. Mariana Enríquez es una autora argentina reconocida internacionalmente que publica en una de esas grandes editoriales multinacionales. ¿Vos sostenés que esas empresas dejarán de publicar autores argentinos o que el problema pasa por otro lado? Porque yo entendía que el principal riesgo era que el precio de los libros se disparara como consecuencia de la concentración del mercado.
Guillermo Tello: «El aumento del precio va a ocurrir, pero el problema es todavía más profundo. Para entenderlo mejor podemos mirar lo que pasó con la ficción audiovisual argentina. Cuando desaparecieron gran parte de las producciones nacionales para televisión y cine también desaparecieron los espacios donde surgían nuevos actores y actrices.
Con los libros ocurrirá algo similar. Los autores ya consagrados seguirán teniendo alguna posibilidad porque sus obras ya venden. El verdadero problema lo van a sufrir quienes recién empiezan. Las grandes editoriales privilegiarán los títulos que ya tienen éxito comercial y dejarán de apostar por nuevas voces.
Cuando desaparece una legislación que promueve la diversidad cultural y garantiza la presencia federal de los libros, también desaparecen las oportunidades para descubrir nuevos escritores y nuevas escritoras. Esa renovación cultural es la que queda amenazada.»
LCV: Hoy participé de la asunción de la nueva comisión directiva de SAGAI, la entidad que administra los derechos de intérpretes, actores, bailarines y voces actuadas. Allí también hubo una fuerte defensa del trabajo cultural.
Guillermo Tello: «Es lógico. Todo el sector está preocupado porque cada vez resulta más difícil sostener la actividad cuando faltan políticas públicas que den previsibilidad. Son esas políticas de Estado las que garantizan la continuidad de una industria cultural.
Hoy muchas producciones se trasladan a otros países de América Latina donde existen mejores condiciones para producir. En Buenos Aires sigue habiendo muchísimo teatro, eso nadie lo discute. El problema es que cada vez cuesta más llenar las salas porque el público perdió capacidad de consumo.
Incluso empresarios teatrales como Carlos Rottemberg vienen señalando que las temporadas ya no tienen la duración de otros años y que también falta el recambio generacional de figuras jóvenes. Ese mismo proceso puede reproducirse en la literatura si desaparecen estas leyes: menos acceso, menos diversidad y menos oportunidades para los nuevos autores.»
LCV: Recién mencionabas que el problema no es solamente el precio del libro, sino también el hábito de la lectura.
Guillermo Tello: «Exactamente. Si estas leyes desaparecen no solamente se verá afectado el precio de tapa, sino también la promoción del libro y de la lectura. Eso termina deteriorando un hábito fundamental para cualquier sociedad. Leer no es solamente consumir un producto: es desarrollar la imaginación, construir pensamiento crítico, fortalecer la formación de las personas y consolidar una identidad cultural. Por eso sostengo que el sector cultural ha sido uno de los principales espacios de resistencia frente a las políticas de este Gobierno. Todas estas herramientas fueron construidas durante la democracia y forman parte de la cultura democrática argentina.»
LCV: ¿Cuántos puestos de trabajo podrían perderse si también se elimina la protección de la Ley Nacional de Doblaje?
Guillermo Tello: «Estamos hablando de más de 300 empresas dedicadas exclusivamente al doblaje, al subtitulado y a los servicios de caption. No están solamente en la Ciudad de Buenos Aires: también existen en Córdoba, Mendoza, Tucumán, Misiones y otras provincias. Detrás de cada una de ellas trabajan actores, actrices, directores, técnicos, traductores y numerosos profesionales vinculados a la industria audiovisual.
Con solo pensar en la cantidad de empresas involucradas ya se puede dimensionar el enorme volumen de trabajo que sostiene esta actividad. Son empleos que dependen de un marco normativo que garantice continuidad y previsibilidad.»
LCV: Da la sensación de que existe una estrategia muy precisa para desarticular la industria cultural.
Guillermo Tello: «Así es. Hay un trabajo muy meticuloso para ir desarmando cada uno de los componentes que sostienen la cultura nacional. En algunos casos se utiliza la motosierra y, en otros, un bisturí muy fino. Pero el resultado es el mismo: se va debilitando toda la red de producción cultural argentina.
Si esa misma energía estuviera puesta en generar empleo, probablemente estaríamos discutiendo otra realidad. Sin embargo, hoy el esfuerzo parece concentrarse en destruir políticas públicas que durante décadas permitieron desarrollar nuestra cultura y nuestras industrias creativas.»
LCV: Antes hubo un pequeño intercambio entre nosotros respecto de la actitud de la oposición política frente a distintos temas, como ocurrió con la prohibición de ingresar a los estadios con símbolos vinculados a las Islas Malvinas. Lo que yo planteaba era que prácticamente no hubo reacciones institucionales importantes.
Guillermo Tello: «Entendí la aclaración y comparto que hubo muy pocas manifestaciones desde la política institucional. Mi punto era señalar que el sector cultural nunca dejó de expresar su rechazo a estas políticas. Nosotros mantenemos un contacto permanente con gran parte del ámbito cultural y deportivo, y por eso no me sorprendió el gesto espontáneo que realizaron los futbolistas con la bandera de Malvinas.
Lo que sí me preocupa es que la dirigencia política todavía no haya comprendido plenamente la dimensión del ataque que está sufriendo la cultura argentina. Cada vez que se intentó desmantelar una política cultural construida en democracia, el sector respondió. Ahora habrá que ver qué ocurre con las próximas movilizaciones en defensa de la soberanía, del patrimonio nacional y de la protección del territorio argentino.»