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La Columna Vertebral

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Entrevistas

Claudio Lozano: «La Argentina se encarece en dólares mientras destruye empleo, salarios e industria»

 

El economista y dirigente político analizó el deterioro del poder adquisitivo, el crecimiento del endeudamiento de los hogares, el impacto del modelo económico de Javier Milei sobre la producción y el trabajo, y los desafíos de construir una alternativa política. En diálogo con La Columna Vertebral, sostuvo que el verdadero despilfarro no proviene de los sectores populares sino de la fuga de divisas y cuestionó el proceso de desindustrialización que, según afirmó, atraviesa el país.

LCV: Hay varias aristas de esto que yo te quiero preguntar. Por un lado, ese cambio de mentalidad. Siempre hubo un sector de «manteca al techo», de despilfarro, de no cuidarse, pero a medida que uno sabe lo que cuesta ganar la plata intenta ordenar sus gastos. Sin embargo, nos instalaron la idea de que la gente gastaba más de lo que tenía o que un trabajador no debía tener un lavarropas, un aire acondicionado o un televisor. La clase media tenía sus cuentas organizadas: la tarjeta era para viajar o darse un gusto. Hoy la usa para comprar alimentos en cuotas y pagar el mínimo. Cuando salí a preguntarle a la gente si le preocupaban las consecuencias de esa deuda creciente, muchos me respondían: «Ya debo tanto que el problema es del banco, no mío». A mí eso me sonó a derrota. ¿Cómo lo ves vos?

Claudio Lozano: «Más allá de ciertas tonterías que sostienen que tener un televisor, un auto o un aire acondicionado es una forma de despilfarro, hay que decir que el verdadero despilfarro en la Argentina no lo realizan los sectores populares sino los multimillonarios. La Argentina de Milei pierde sistemáticamente los dólares que genera. Desde enero de 2024 hasta hoy se fueron alrededor de 20 mil millones de dólares por turismo en el exterior, otros 20 mil millones por pagos de intereses y capital de la deuda, y cerca de 40 mil millones por fuga de capitales. Ese es el verdadero despilfarro: el consumo suntuario y las acreencias de los grandes grupos económicos sobre el país. Al mismo tiempo asistimos a un proceso sistemático de destrucción del empleo. En estos dos años desaparecieron cerca de 300 mil puestos de trabajo de los mejor remunerados y todos los trabajadores perdieron poder adquisitivo frente a la inflación. A eso se suma el brutal incremento de los servicios públicos: agua, luz, gas, transporte, telecomunicaciones y alquileres. Entonces los hogares sufren una doble pérdida: ganan menos y, además, deben destinar una porción mucho mayor de sus ingresos al pago de tarifas. El ingreso disponible termina siendo muchísimo menor. Detrás de esos tarifazos hay ganancias extraordinarias para grupos empresarios muy concretos que concentran el negocio petrolero, la distribución eléctrica, los peajes y las represas hidroeléctricas privatizadas. Mientras esos sectores acumulan rentabilidad, la sociedad pierde capacidad de consumo y calidad de vida.»

LCV: Y en ese contexto la gente trabaja cada vez más.

Claudio Lozano: «Exactamente. La primera reacción de cualquier familia cuando no le alcanza la plata es trabajar más. Hoy estamos en el pico histórico del pluriempleo. Hay casi tres millones de personas —más del 12% de la población ocupada— que tienen más de un trabajo. Un millón trabaja entre trece y dieciséis horas por día y más de cinco millones superan la jornada laboral habitual. A eso hay que agregar el fenómeno de los jubilados que siguen trabajando porque sus haberes no alcanzan: el 22% de los jubilados tiene un empleo y la mitad de ellos realiza más de una actividad.»

LCV: La semana pasada pasábamos un sketch de Capusotto con Mickey Vainilla que decía: «Esta gente trabaja cada vez más y todavía se queja».

Claudio Lozano: «Es una ironía que refleja una realidad muy dura. La Argentina resiste estas políticas trabajando más horas para tratar de mantener el nivel de vida. Pero cuando eso ya no alcanza aparece el endeudamiento. Primero se consumen los ahorros, después se recurre a familiares o amigos y finalmente al sistema financiero, a prestamistas informales o incluso a organizaciones vinculadas a la usura. Es una secuencia muy conocida en los procesos de empobrecimiento.»

LCV: Nos pasó con las tarjetas de los supermercados. Yo misma me olvidé una vez que tenía una, me llegó una deuda enorme, la pagué y desde entonces cada vez que me ofrecen una tarjeta local salgo corriendo y les digo a todos que no la acepten.

Claudio Lozano: «Porque antes la tarjeta se utilizaba para un gasto extraordinario, como comprar un electrodoméstico. Hoy reemplaza el ingreso que falta para llegar a fin de mes. Ya no se financia un gusto: se financian los alimentos. Ese es el cambio central. El problema es que esa solución dura muy poco porque las tasas de interés destruyen cualquier posibilidad de recuperación. Un crédito personal bancario ronda entre el 68 y el 70 por ciento anual, que ya es una tasa altísima. Pero los préstamos de las fintech, las billeteras virtuales, las cadenas de electrodomésticos y otros mecanismos de financiamiento llegan al 180 por ciento anual o incluso más. Al poco tiempo ya no tenés el dinero ni la mercadería: lo único que te queda es la deuda.»

LCV: Justamente hablábamos de Mercado Pago y esas ofertas permanentes de crédito. Una amiga quiso cerrar la pantalla y terminó aceptando un préstamo sin querer. Después descubrió que no podía devolver el dinero inmediatamente porque el sistema la obligaba a pagarlo financiado. Es una verdadera trampa.

Claudio Lozano: «Exactamente. Mucha gente cree que toma un crédito para resolver un gasto puntual, como un cumpleaños de quince, pero en realidad hoy esos préstamos se utilizan para comprar comida. Cuando una familia necesita endeudarse para financiar alimentos, estamos frente a un deterioro muy profundo de sus condiciones de vida.»

LCV: Esto también tiene una dimensión cultural. Venimos de muchos errores políticos y económicos que desembocaron en este presente. Recién hablábamos con Pablo Solana sobre procesos similares en otros países de América Latina. Pero si bajamos la discusión a la economía del hogar, aparece también esa idea del «dólar barato». Lo vemos con quienes viajan al Mundial y cuentan con naturalidad cuánto gastan en entradas o compras en el exterior. Es el «ya que estamos». Algo parecido ocurrió durante la convertibilidad. ¿Cómo se le explica a esa clase media, muy golpeada por este gobierno, que esos veranitos terminan teniendo consecuencias muy graves?

Claudio Lozano: «Hoy la franja social que puede sostener ese gasto en el exterior es mucho más reducida que en otras épocas. No es comparable la Argentina actual con la del ‘deme dos’ de Martínez de Hoz o con la convertibilidad de Cavallo. La Argentina de hoy es mucho más pobre y los ingresos disponibles son mucho menores. Cuando Milei dice que hizo en pocos meses lo que la dictadura no pudo hacer, en realidad omite que ese resultado es producto de un proceso de deterioro que lleva más de cincuenta años. Son varias generaciones acumulando retrocesos. Lo que sí tienen en común aquellos procesos con el actual es la lógica utilizada para combatir la inflación. Siempre se presenta como la gran justificación. Ocurrió después del Rodrigazo, tras la hiperinflación del final del gobierno de Alfonsín, y volvió a repetirse luego del fuerte proceso inflacionario del último año del gobierno de Alberto Fernández. Pero lo que realmente sucede es que se desacelera la inflación en pesos mientras la Argentina se encarece en dólares. Cuando un país se vuelve caro en dólares, el impacto no tarda en aparecer. Hoy tomar un café en Buenos Aires puede costar más que hacerlo en París, y comer en muchos restaurantes argentinos resulta más caro que hacerlo en el exterior. Por eso quienes viajan dicen que los precios afuera ya no les parecen tan altos. Sin embargo, esa aparente estabilidad tiene un costo enorme: destruye la competitividad de la producción nacional y termina golpeando de lleno a la industria.»

LCV: En definitiva, el resultado siempre es el mismo.

Claudio Lozano: «Exactamente. El resultado histórico de estas políticas es la destrucción del aparato productivo. Cada una de estas experiencias terminó debilitando la industria nacional y reduciendo la capacidad del país para generar empleo de calidad.»

LCV: Recién escuchábamos Money, Money, Money. Yo decía que esa letra retrata bastante bien cierta cabeza del medio pelo argentino, esa idea de que la felicidad pasa exclusivamente por el dinero y el consumo. Cuando uno escuchaba a muchos votantes de Milei aparecía ese sueño de que finalmente iban a acceder a todo aquello que, según les hicieron creer, otros les habían quitado. Aun cuando la imagen del Gobierno cayó, sigue habiendo una parte importante de la sociedad que responsabiliza de sus problemas económicos a otros y no al modelo que eligió. ¿Cómo analizás ese fenómeno?

Claudio Lozano: «Ese fenómeno existe, pero la aparición de Milei también expresa nuestro propio fracaso. Cuando en la Argentina existió una construcción política de signo popular sólida, como ocurrió durante el primer peronismo, la única manera que encontraron los sectores dominantes para terminar con ese proceso fue un golpe de Estado y la proscripción política. No podían competir democráticamente porque la mayoría de la sociedad quería seguir viviendo como lo estaba haciendo.»

LCV: ¿Y qué pasó después?

Claudio Lozano: «El primer gran derrumbe lo encontramos en el final del gobierno de Isabel Perón. Luego vino la dictadura y, tras la recuperación democrática, la experiencia de Alfonsín también terminó muy mal desde el punto de vista económico. Fueron acumulándose frustraciones que fueron debilitando la confianza social.»

LCV: ¿Es como esa idea de que la tercera generación termina fundiendo la empresa que levantaron el abuelo y el padre?

Claudio Lozano: «Es una comparación interesante, aunque siempre hay que mirar el contexto. Hay nietos que administran mal lo recibido, pero también hay procesos históricos que condicionan cualquier posibilidad de desarrollo. En la Argentina no puede analizarse la situación sin tener presente que durante cincuenta años atravesamos sucesivos procesos de destrucción industrial.»

LCV: Incluso grandes grupos empresarios terminaron abandonando la producción para dedicarse exclusivamente a la especulación financiera.

Claudio Lozano: «Exactamente. Muchos grupos económicos modificaron completamente su lógica de funcionamiento. Dejaron de apostar a la producción para privilegiar la valorización financiera. Pero, más allá de cada caso particular, lo importante es comprender que la Argentina atravesó cuatro grandes procesos de industricidio que fueron deteriorando su estructura productiva.»

LCV: Me quedan menos de cincuenta segundos. ¿Habías presentado un proyecto sobre el tema de las tarjetas?

Claudio Lozano: «No, no era un proyecto específico. Lo que planteaba era un análisis sobre el funcionamiento de este modelo económico y sus consecuencias sobre el endeudamiento de las familias.»

LCV: Entonces la pregunta es otra. Después de cuatro procesos de destrucción industrial, ¿cuál es la salida? ¿Nos unimos? ¿Nos ponemos a llorar todos juntos? ¿Qué hacemos?

Claudio Lozano: «Lo primero que hay que hacer es reunir inteligencia colectiva. Milei avanza como una topadora porque sostiene un proyecto muy definido y cada paso que da profundiza ese rumbo. Es cierto que ya no tiene la fortaleza política del comienzo: cayó su imagen personal, cayó la evaluación de su gestión y también disminuyó su popularidad. Pero, al mismo tiempo, quienes deberíamos construir una alternativa no hemos logrado resolver la enorme crisis de representación que atraviesa la política argentina.»

LCV: Porque del otro lado también nos seguimos pegando tiros en los pies.

Claudio Lozano: «Exactamente. Milei pierde apoyo, pero llega un momento en que esa caída encuentra un límite porque la sociedad no visualiza una alternativa capaz de reemplazarlo. Hay una creciente movilización social, un malestar evidente y múltiples conflictos, pero todavía no existe un canal institucional que logre expresar esa energía y transformarla en una propuesta política con capacidad de disputar el rumbo del país.»

LCV: Entonces el problema no es solamente que el Gobierno pierde respaldo, sino que todavía no aparece una alternativa capaz de capitalizar ese descontento.

Claudio Lozano: «Ese es el principal problema político de la Argentina de hoy. La sociedad empezó a castigar al Gobierno porque los resultados económicos afectan cada vez a más sectores. Sin embargo, la oposición todavía no consigue construir una referencia que genere confianza y represente una salida distinta. Mientras esa alternativa no exista, Milei seguirá encontrando margen para sostenerse, aun con un desgaste creciente.»

LCV: ¿Creés que el deterioro institucional también debería formar parte de la discusión pública?

Claudio Lozano: «Sin ninguna duda. Hoy la gravedad de los hechos que atraviesa el Gobierno debería llevarnos a discutir seriamente un juicio político al Presidente. No se trata solamente de las consecuencias económicas del modelo, sino también de la calidad institucional y del funcionamiento mismo de la democracia. Ese debate tendría que estar instalado con mucha más fuerza en la sociedad y en el sistema político.»

LCV: Claudio, como siempre, gracias por esta charla.

Claudio Lozano: «Gracias a ustedes por la invitación. Siempre es importante generar estos espacios para discutir en profundidad lo que está ocurriendo en la Argentina y pensar colectivamente una salida que permita recuperar el trabajo, la producción y las condiciones de vida de nuestro pueblo.»

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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”

El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.

LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?

Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»

LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?

Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»

LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?

Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»

LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?

Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»

LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?

Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»

LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?

Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»

LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?

Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»

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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”

La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.

LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?

Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»

LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?

Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»

LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?

Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»

LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?

Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»

LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?

Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»

LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?

Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»

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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.

LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?

Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»

LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?

Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»

LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?

Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»

LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?

Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»

LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?

Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»

LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?

Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»

LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?

Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»

LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?

Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»

LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?

Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»

LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?

Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»

LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.

Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»

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