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La Columna Vertebral

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Entrevistas

Virginia Franganillo: «Tenemos que construir un lenguaje de rehumanización de la sociedad»

La socióloga y exfuncionaria Virginia Franganillo analizó el contexto político y social que atraviesa la Argentina, cuestionó el avance de las políticas del gobierno de Javier Milei y advirtió sobre el deterioro de las condiciones de vida, especialmente de las infancias, las personas mayores y quienes requieren cuidados. Además, explicó el trabajo de La Cocina de los Cuidados, un espacio interdisciplinario que monitorea el impacto del desmantelamiento de las políticas públicas y promueve un consenso nacional para reconstruir un sistema de protección social.

LCV: En este tramo del programa nos damos el lujo de invitar a gente que nos ayude a pensar, sin un temario rígido. Más allá de que después te voy a preguntar por el trabajo colectivo de La Cocina de los Cuidados, quiero empezar por otro lado. Hoy estuvimos conversando con distintos sindicalistas, entre ellos Daniel Yofra, sobre cómo la sociedad parece naturalizar situaciones que hace algunos años hubieran provocado una reacción mucho más fuerte. Desde Trump interviniendo en un Mundial hasta la ostentación obscena de la riqueza, pasando por una aceptación resignada de políticas que deterioran la vida cotidiana. ¿Cómo observás este escenario en el que pareciera imponerse una aceptación del caos?

Virginia Franganillo: «Quienes tenemos responsabilidades con lo público estamos muy preocupados por comprender lo que está pasando. No creo que exista una única explicación. Lo primero que impacta es la velocidad con la que se suceden los acontecimientos: las guerras, la violencia, el nivel de deshumanización. A veces sentimos que estamos viviendo una película del fin del mundo o, mejor dicho, del fin de lo humano. Lo vemos en el escenario internacional y también en la Argentina, que una vez más aparece como un país de laboratorio. Comprender esto no es tarea solamente de sociólogos, filósofos o psicólogos; es un desafío colectivo. Para mí hay una certeza: no toda la responsabilidad es de la política argentina. Hay un proceso más profundo que tiene que ver con el capitalismo. Desde la última dictadura militar hasta hoy se reconstruyó un modelo económico y social del que nunca logramos salir. Todos los gobiernos posteriores recibieron un país profundamente condicionado. Incluso las experiencias populares, con avances importantes, no consiguieron consolidar una nueva matriz económica e institucional. Esa frustración acumulada también explica parte del presente. Pero hoy estamos frente a algo distinto, de otra dimensión. La guerra parece haberse metido en nuestras casas. Mientras vemos cómo asesinan niños en Palestina, aquí las personas mueren lentamente por hambre o por abandono. No son bombas, pero el resultado también implica destrucción de vidas.»

LCV: Los estudios que ustedes realizan muestran que quienes más sufren este proceso son las infancias. Eso parece estar muy cerca de esa imagen que describís sobre Palestina.

Virginia Franganillo: «Estamos frente a un nivel de deshumanización enorme. No se trata solamente de atacar al peronismo o a determinadas políticas públicas; se está cuestionando buena parte de los consensos construidos desde la recuperación democrática e incluso desde mucho antes. Se pone en discusión la educación pública, las instituciones científicas, los organismos del Estado. Se destruyen referencias que formaban parte de nuestra identidad como sociedad. Argentina tuvo durante décadas un capitalismo con una fuerte impronta humanista, donde el trabajo, la industria, los sindicatos y la comunidad organizada ocupaban un lugar central. Hoy ese eje humano parece haber desaparecido. Al mismo tiempo, el deterioro económico genera graves consecuencias en la salud mental colectiva. Las violencias cotidianas, la exposición permanente a imágenes agresivas y la precarización de la vida afectan profundamente a la sociedad. Incluso quienes tuvimos trayectorias laborales estables hoy necesitamos varios trabajos para sostenernos. Imaginen entonces lo que ocurre con quienes perdieron el empleo, dejaron de recibir alimentos para los comedores o ya no pueden garantizar un plato de comida en sus hogares. Basta mirar los rostros de la gente en los colectivos o en el subte para advertir el nivel de angustia que estamos atravesando.»

LCV: Hace pocos días Jorge Macri llegó a decir que la Iglesia no debería seguir dando de comer porque eso fomentaría la vagancia. Son frases impensadas hace algunos años.

Virginia Franganillo: «Es una aberración. Nunca imaginamos escuchar a un dirigente político pedirle a la Iglesia que deje de alimentar a quienes tienen hambre. Eso expresa hasta qué punto se está intentando destruir valores profundamente arraigados en nuestra cultura. Yo provengo de una familia de comerciantes. Mi abuelo tenía una fonda frente a la estación de tren de Balcarce y todos trabajaban allí de sol a sol. Sin embargo, siempre había una sopa gratuita para quien la necesitara, y además debía ser una sopa nutritiva. Mi abuela preparaba tortas fritas y dejaba un plato en la ventana para quien pasara con hambre. Esa solidaridad no requería grandes discursos: simplemente se compartía lo que se tenía. Ese era el país del que venimos.»

LCV: ¿Cómo surge La Cocina de los Cuidados y qué busca analizar?

Virginia Franganillo: «La Cocina de los Cuidados nació inmediatamente después del triunfo de Javier Milei, impulsada por la preocupación sobre el futuro de las políticas de cuidado. Cuando hablamos de cuidados hablamos de todas esas tareas indispensables para sostener la vida que históricamente realizaron las mujeres y que nunca fueron reconocidas como trabajo. Ese mandato cultural produjo enormes desigualdades y condicionó la inserción laboral femenina. Las políticas de cuidado hoy ocupan un lugar central en los sistemas de bienestar del mundo porque responden a transformaciones demográficas y sociales muy profundas: el envejecimiento de la población, la caída de la natalidad y los cambios en la organización familiar. Durante el gobierno anterior se avanzó mucho en esta materia, creando áreas de cuidado en todos los ministerios y una coordinación interministerial. Nuestra preocupación era cuánto de eso podía retroceder. La realidad fue mucho peor de lo imaginado. Las primeras políticas eliminadas fueron justamente las destinadas a niños, personas mayores, personas con discapacidad y políticas de género.»

LCV: ¿Qué encontraron durante este tiempo de monitoreo?

Virginia Franganillo: «Cada tres meses evaluamos y monitoreamos las políticas públicas. En apenas un año y medio prácticamente desaparecieron casi todas las políticas nacionales de cuidado: de unas cincuenta, hoy sobreviven solamente dos. También analizamos el impacto territorial mediante encuestas, encuentros presenciales y un mapa federal que permitió observar cómo el desmantelamiento afectó a cada provincia. Lo que encontramos fue devastador. Se destruyeron sistemas completos de protección social y de regulación económica. Aumentó la mortalidad materna e infantil en muy poco tiempo, algo extremadamente grave. Creció el endeudamiento de las familias, el hambre, el deterioro de la salud y la desarticulación social. Incluso estamos viendo niños que nacen con consumo problemático de sustancias durante el embarazo. Todo esto expresa un enorme sufrimiento colectivo. Por eso creemos que la reconstrucción de la Argentina debe comenzar por quienes más necesitan cuidados: las infancias, las personas mayores, las personas con discapacidad y también las trabajadoras del cuidado, que en su enorme mayoría son mujeres y trabajan en condiciones muy precarias.»

LCV: ¿Cuál es el objetivo de esta nueva etapa de La Cocina de los Cuidados?

Virginia Franganillo: «Después de más de dos años de trabajo, junto con una mesa intersectorial integrada por las cuatro centrales sindicales, movimientos sociales, especialistas, universidades e iglesias, estamos impulsando un Consenso Nacional por los Cuidados. Queremos convocar a todas las fuerzas democráticas y a la sociedad para construir un nuevo lenguaje de rehumanización. Buscamos instalar estos temas en la agenda pública y también acercar toda la información producida a quienes elaboren plataformas políticas de cara a las próximas elecciones. Nuestro trabajo ya tiene reconocimiento internacional porque el impacto de estas políticas en la Argentina ha sido muy grave y numerosos organismos internacionales han intervenido con informes, recomendaciones y acciones judiciales. Entendemos que es momento de empezar a construir un proyecto de país basado nuevamente en la dignidad humana y en el cuidado como principio organizador de la vida social.»

LCV: Entiendo que La Cocina de los Cuidados va a ocupar un lugar importante en este espacio porque creemos que estos debates tienen que formar parte de cualquier proyecto político que aspire a gobernar. Muchas gracias por la charla.

Virginia Franganillo: «Gracias a ustedes por el espacio y por ayudar a difundir este trabajo.»

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Destacada

Rodolfo Aguiar denunció que el ajuste en la CNEA es «un golpe al corazón del plan nuclear argentino»

Mientras el Gobierno nacional profundiza el ajuste sobre el Estado, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) atraviesa una nueva ola de despidos que, según denuncian los trabajadores, pone en riesgo el desarrollo científico y tecnológico del país. En diálogo con La Columna Vertebral, el secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, analizó la situación de la CNEA, cuestionó el modelo económico del gobierno de Javier Milei, defendió el rol estratégico del Estado y llamó a profundizar el plan de lucha de los trabajadores estatales. Además, trazó un paralelismo entre el contexto actual y algunos de los episodios más oscuros de la historia argentina, como la Noche de los Bastones Largos y la Noche de las Corbatas.

LCV: ¿Cómo andás? Bueno, andan moviditas las cosas en el sector de los empleados públicos, con el enorme avasallamiento en la Comisión Nacional de Energía Atómica. No solo por los despidos, sino también por la forma en que se están llevando adelante. Contanos un poco cómo están las cosas.

Rodolfo Aguiar: «La verdad es que, en medio del Mundial, recrudecen los ataques al Estado y a sus trabajadores. No pasa en ningún otro país del mundo lo que está ocurriendo en la Argentina. Todos los Estados planifican el desarrollo de su energía nuclear; aquí, por el contrario, se intenta desguazar y desmantelar la Comisión Nacional de Energía Atómica, un organismo prestigioso con más de cien años de historia. Este intento de despedir de manera ilegal a trabajadoras y trabajadores con muchos años de antigüedad es un golpe al corazón mismo del plan nuclear argentino. La CNEA produce conocimiento, desarrolla tecnología nuclear propia, participa del diseño y la construcción de reactores nucleares y de la generación de energía. Además, desarrolla aplicaciones destinadas al diagnóstico y tratamiento de distintas enfermedades. No estamos frente a cualquier hecho. Estos despidos están directamente vinculados con otras iniciativas que impulsa el Gobierno, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que pretende subordinar a nuestro país a los intereses de las grandes multinacionales.»

LCV: Corría el año 1966 cuando se produjo la Noche de los Bastones Largos, con la irrupción de las fuerzas de seguridad en las universidades y el desplazamiento de cientos de científicos, muchos de los cuales debieron exiliarse. A más de sesenta años de aquel episodio, ¿estamos viviendo una situación similar, aunque en democracia?

Rodolfo Aguiar: «Sin lugar a dudas. Después de más de seis décadas nos encontramos nuevamente defendiéndonos de un régimen que llegó al Gobierno por el voto popular, pero con el mismo programa económico de la última dictadura militar bajo el brazo. Hoy quieren privatizarlo todo y para imponer ese modelo recurren a un protocolo represivo que demuestra que este proyecto de país no puede avanzar sin represión. Es un modelo en el que no tenemos lugar los trabajadores ni los jubilados. Pero tampoco la están pasando bien los comerciantes, que se funden; los pequeños y medianos empresarios; los productores; ni las economías regionales, que están siendo devastadas. Milei está siendo más letal que el COVID en términos económicos. Durante la pandemia cerraron alrededor de 14.000 empresas; ahora ya contabilizamos 27.000 cierres en apenas dos años y medio. En aquel momento la capacidad industrial instalada rondaba entre el 55 y el 60 por ciento; hoy apenas llega al 40 por ciento. Y mientras durante la pandemia se perdieron alrededor de 114.000 puestos de trabajo, ahora ya fueron destruidos más de 300.000 empleos registrados entre el sector público y el privado. Tenemos que frenar este desastre.»

LCV: Hoy, 6 de julio, también se conmemora un nuevo aniversario de la Noche de las Corbatas, cuando la dictadura secuestró y asesinó a abogados laboralistas. En la actualidad este Gobierno también intenta avanzar sobre la justicia laboral. ¿Dónde pueden reclamar hoy los trabajadores y los sindicatos?

Rodolfo Aguiar: «En primer lugar, hay que reafirmar que la estrategia debe ser confrontar con Milei en todos los planos. No solo desde la acción sindical y el trabajo parlamentario, articulando con los distintos bloques del Congreso, sino también desde el plano judicial. Desde ATE hemos conseguido logros importantes: logramos frenar decretos que buscaban la reestructuración, la fusión y el cierre de organismos del Estado, con el consecuente despido de trabajadores, como ocurrió con el INTA y el INTI. Creo que los abogados y las abogadas que decidieron ponerse del lado de los trabajadores cumplen un rol fundamental. No se puede estar de los dos lados del mostrador. En ATE nos enseñan desde que uno es delegado que tiene que elegir si quiere que lo aplaudan los jefes o los compañeros de trabajo, porque las dos cosas al mismo tiempo no son posibles. Sin embargo, hay una dirigencia sindical que cree que puede cosechar ambos aplausos y transita los grises. Eso no existe. En este nuevo aniversario de la Noche de las Corbatas debemos homenajear a aquellos abogados laboralistas que eligieron estar del lado de los más débiles, aunque no siempre sea el camino más rentable para ellos.»

LCV: ¿Hay posibilidades de que los trabajadores despedidos de la CNEA sean reincorporados?

Rodolfo Aguiar: «Yo siempre creo que sí. La resignación no hace historia. Si hace doce, catorce o dieciséis años, cuando me tocaba ser secretario general de ATE en mi provincia, me hubieran dicho que era imposible reincorporar trabajadores despedidos, hoy no tendría la responsabilidad nacional que tengo. Siempre existen posibilidades y todo depende de la fuerza de la lucha, de la capacidad que tengamos para sostener las distintas acciones que vayamos resolviendo. Lo que ocurre en la CNEA abre la posibilidad de avanzar hacia una nueva huelga general, un nuevo paro nacional de estatales, para seguir desgastando a este Gobierno. Algunos nos dicen que somos destituyentes, pero no es así. Lo que ocurre es que no comparto esa idea repetida por muchos dirigentes políticos de que hay que desear que al Gobierno le vaya bien porque así nos irá bien a todos. Eso es falso. Si a Milei le va bien con las ideas que está llevando adelante, a la inmensa mayoría del pueblo argentino le va a ir muy mal. Por eso nuestro trabajo es seguir generando las condiciones para que la sociedad rechace este modelo. Escucho ahora a algunos dirigentes de la CGT decir que recién ahora están dadas las condiciones para salir a la calle. Yo me pregunto de dónde creen que surgieron esas condiciones. ¿Cayeron del cielo? ¿Son producto de la magia? No. Las condiciones se construyen con cada una de las acciones que fuimos capaces de llevar adelante desde el 10 de diciembre de 2023. Y es sobre ese plan de lucha que vamos a seguir avanzando.»

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Destacada

Daniel Yofra: «No fui invitado a debatir el plan de lucha con la CGT»

En diálogo con La Columna Vertebral, el secretario general de la Federación de Trabajadores Aceiteros analizó la naturalización de la corrupción, cuestionó las políticas del gobierno nacional contra la clase trabajadora, defendió las paritarias del gremio y reclamó un plan de lucha con medidas más contundentes por parte de la CGT.

LCV: ¿Qué pensás de esto de Trump, que recién acabo de leer, sobre haber reconocido que le pidió directamente a la FIFA que le levantaran la sanción a un jugador para que pudiera jugar esta noche?

Daniel Yofra: «Es la impunidad que tienen estos personajes de la política actual, que se creen dueños del mundo. Siempre hicieron estas cosas, pero antes las ocultaban; ahora directamente te las cuentan. Hacen sus necesidades con la puerta abierta. Me hizo acordar a una canción de Serrat. Es la misma impunidad grosera y berreta que mostró Adorni cuando contaba todo lo que compraba a plena luz del día.»

LCV: El problema es que la sociedad parece acostumbrarse a normalizar todo eso. Incluso quienes critican la corrupción se ríen de estas situaciones. ¿Qué nos pasa? ¿Estamos anestesiados?

Daniel Yofra: «Después se quejan cuando aparecen gobiernos que perjudican a mucha gente, pero eso es justamente lo que son estos tipos: personas a las que no les importa la humanidad. La sociedad está anestesiada porque naturaliza este tipo de conductas. Como no invadieron un país o no mataron a nadie, parece que todo quedara reducido a un chiste de un político grosero. Mientras tanto invaden Palestina, atacan Irán y mueren miles de inocentes. Evidentemente para gran parte de la comunidad internacional eso tampoco parece ser tan grave.»

LCV: A mí me parece que lo de Adorni pegó en la línea de flotación del Presidente y de su hermana porque es algo tangible. Una persona que gasta ocho millones de pesos en sábanas mientras mucha gente abre la heladera y tiene apenas una cebolla y un limón hasta fin de mes.

Daniel Yofra: «La impunidad funciona de esa manera, sobre todo cuando quienes gobiernan sienten que tienen protección. Los jueces miran para otro lado, la sociedad muchas veces no reacciona, los sindicalistas no gritamos lo suficientemente fuerte y tampoco existe una oposición política que enfrente seriamente estas cosas. Entonces se sienten liberados para hacer y decir cualquier cosa. En algún momento la van a pagar, pero hoy se ríen de todo. Adorni, por ejemplo, se burló de los periodistas acreditados en Casa Rosada diciendo que habían despedido a más de 60.000 trabajadores del Estado y que estaban para festejarlo. Después aparecen los gastos millonarios en sábanas y parece que tampoco pasa nada. Todo eso termina generando una consecuencia muy grave: la sociedad empieza a creer que cualquier cosa está permitida. Esta impunidad supera ampliamente a la que vimos durante el menemismo. Por eso tenemos que empezar a buscar dirigentes que además de ser honestos sean personas cultas, con sensibilidad y empatía. No podemos seguir teniendo presidentes tan incultos porque eso termina degradando también a quienes los rodean.»

LCV: Aunque para muchas chicas el modelo de éxito parezca ser el de los cajones con dólares de Jesica Cirio.

Daniel Yofra: «Yo creo que los principales modelos siguen siendo los padres, la familia, los seres queridos y los amigos. Pero también es cierto que vivimos en una sociedad muy rota, donde varias generaciones crecieron sin ver a sus padres levantarse temprano para ir a trabajar, no porque no quisieran hacerlo sino porque no había trabajo. Se rompió esa imagen del esfuerzo cotidiano. Entonces aparecen las falsas salidas: las criptomonedas, las apuestas, la ludopatía o la idea de hacerse rico rápidamente. Al mismo tiempo se instala el discurso de que el trabajador es pobre porque no trabaja, cuando la realidad demuestra exactamente lo contrario. Hoy la enorme mayoría de los trabajadores vive con enormes dificultades. Frente a eso, quienes todavía conservan una mirada crítica tienen que levantar la voz porque son muchos más los que piensan correctamente que esa minoría de incultos que intenta imponer estos modelos.»

LCV: Estamos hablando con Daniel Yofra, secretario general de la Federación de Trabajadores Aceiteros. Hay una embestida del gobierno contra los convenios colectivos de trabajo. ¿Fueron convocados ustedes para discutir su convenio? ¿Cuál sería la postura del sindicato?

Daniel Yofra: «El ataque del gobierno no se limita a los convenios colectivos. Desde diciembre de 2023 le declaró la guerra a la clase trabajadora con la llamada modernización laboral. El resultado está a la vista: más de 25.000 pymes cerradas, más de 320.000 trabajadores despedidos y una creciente precarización laboral. En nuestro caso, tanto el gobierno como las empresas saben perfectamente que nosotros no vamos a incorporar al convenio ningún artículo que implique retroceder en derechos laborales. Eso no va a pasar. Sería como pedirnos que bajemos los salarios porque la mayoría de los trabajadores del país es pobre. Nosotros no tenemos inconvenientes en actualizar el convenio, de hecho lo hacemos desde hace muchos años incorporando mejoras como los comités mixtos de seguridad e higiene, incluso en provincias donde ni siquiera existe legislación sobre el tema. Las empresas no necesitan precarizar para producir. Lo que necesitan es consumo interno, políticas que favorezcan la producción nacional y resolver otros problemas estructurales. La precarización laboral únicamente sirve para explotar todavía más a los trabajadores.»

LCV: Ustedes cerraron una paritaria muy importante. ¿Cómo lograron ese acuerdo y cuál es hoy el salario mínimo de un trabajador aceitero?

Daniel Yofra: «El salario inicial quedó en aproximadamente 2.500.700 pesos a partir del primero de julio y llegará a 2.720.000 pesos desde septiembre para la categoría más baja. Eso no surgió de un día para otro. Hace más de veinte años que venimos construyendo conciencia entre los trabajadores sobre cuál debe ser el salario que permita cubrir las nueve necesidades establecidas por la Ley de Contrato de Trabajo y el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Las patronales estuvieron muy agresivas durante esta negociación e incluso intentaron desacreditar personalmente a los dirigentes del gremio difundiendo información falsa sobre los aportes sindicales. Sin embargo, nunca hablaron de las necesidades de los trabajadores, que incluso sostuvieron la producción durante la pandemia porque fueron declarados esenciales. Nosotros no íbamos a resignar el salario por un capricho del gobierno ni por la avaricia empresaria. Lo que realmente nos respalda es la conciencia y el apoyo de nuestros trabajadores.»

LCV: Para terminar, ¿qué pensás del plan de lucha acordado por la CGT y las CTA, con una estrategia de acciones progresivas, al estilo francés?

Daniel Yofra: «Conozco los detalles de ese plan porque en algún momento me iban a convocar para discutirlo, aunque finalmente no ocurrió. Desde mi punto de vista, un plan de lucha sin huelga es insuficiente. Hay sectores que vienen padeciendo desde hace mucho tiempo y este gobierno sigue golpeando a los más vulnerables: jubilados, trabajadores desocupados, personas con discapacidad y trabajadores pobres. La CGT debería adoptar medidas mucho más contundentes porque los tiempos de quienes no pueden poner un plato de comida sobre la mesa no son los mismos que los tiempos de algunos dirigentes sindicales que creen que todavía no existen razones para convocar a una huelga. Se puede sostener un plan de lucha durante meses esperando las elecciones del año próximo, pero quien hoy no puede alimentar a sus hijos no tiene ese tiempo. La respuesta tiene que ser ahora.»

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Entrevistas

Claudio Lozano: «La Argentina se encarece en dólares mientras destruye empleo, salarios e industria»

 

El economista y dirigente político analizó el deterioro del poder adquisitivo, el crecimiento del endeudamiento de los hogares, el impacto del modelo económico de Javier Milei sobre la producción y el trabajo, y los desafíos de construir una alternativa política. En diálogo con La Columna Vertebral, sostuvo que el verdadero despilfarro no proviene de los sectores populares sino de la fuga de divisas y cuestionó el proceso de desindustrialización que, según afirmó, atraviesa el país.

LCV: Hay varias aristas de esto que yo te quiero preguntar. Por un lado, ese cambio de mentalidad. Siempre hubo un sector de «manteca al techo», de despilfarro, de no cuidarse, pero a medida que uno sabe lo que cuesta ganar la plata intenta ordenar sus gastos. Sin embargo, nos instalaron la idea de que la gente gastaba más de lo que tenía o que un trabajador no debía tener un lavarropas, un aire acondicionado o un televisor. La clase media tenía sus cuentas organizadas: la tarjeta era para viajar o darse un gusto. Hoy la usa para comprar alimentos en cuotas y pagar el mínimo. Cuando salí a preguntarle a la gente si le preocupaban las consecuencias de esa deuda creciente, muchos me respondían: «Ya debo tanto que el problema es del banco, no mío». A mí eso me sonó a derrota. ¿Cómo lo ves vos?

Claudio Lozano: «Más allá de ciertas tonterías que sostienen que tener un televisor, un auto o un aire acondicionado es una forma de despilfarro, hay que decir que el verdadero despilfarro en la Argentina no lo realizan los sectores populares sino los multimillonarios. La Argentina de Milei pierde sistemáticamente los dólares que genera. Desde enero de 2024 hasta hoy se fueron alrededor de 20 mil millones de dólares por turismo en el exterior, otros 20 mil millones por pagos de intereses y capital de la deuda, y cerca de 40 mil millones por fuga de capitales. Ese es el verdadero despilfarro: el consumo suntuario y las acreencias de los grandes grupos económicos sobre el país. Al mismo tiempo asistimos a un proceso sistemático de destrucción del empleo. En estos dos años desaparecieron cerca de 300 mil puestos de trabajo de los mejor remunerados y todos los trabajadores perdieron poder adquisitivo frente a la inflación. A eso se suma el brutal incremento de los servicios públicos: agua, luz, gas, transporte, telecomunicaciones y alquileres. Entonces los hogares sufren una doble pérdida: ganan menos y, además, deben destinar una porción mucho mayor de sus ingresos al pago de tarifas. El ingreso disponible termina siendo muchísimo menor. Detrás de esos tarifazos hay ganancias extraordinarias para grupos empresarios muy concretos que concentran el negocio petrolero, la distribución eléctrica, los peajes y las represas hidroeléctricas privatizadas. Mientras esos sectores acumulan rentabilidad, la sociedad pierde capacidad de consumo y calidad de vida.»

LCV: Y en ese contexto la gente trabaja cada vez más.

Claudio Lozano: «Exactamente. La primera reacción de cualquier familia cuando no le alcanza la plata es trabajar más. Hoy estamos en el pico histórico del pluriempleo. Hay casi tres millones de personas —más del 12% de la población ocupada— que tienen más de un trabajo. Un millón trabaja entre trece y dieciséis horas por día y más de cinco millones superan la jornada laboral habitual. A eso hay que agregar el fenómeno de los jubilados que siguen trabajando porque sus haberes no alcanzan: el 22% de los jubilados tiene un empleo y la mitad de ellos realiza más de una actividad.»

LCV: La semana pasada pasábamos un sketch de Capusotto con Mickey Vainilla que decía: «Esta gente trabaja cada vez más y todavía se queja».

Claudio Lozano: «Es una ironía que refleja una realidad muy dura. La Argentina resiste estas políticas trabajando más horas para tratar de mantener el nivel de vida. Pero cuando eso ya no alcanza aparece el endeudamiento. Primero se consumen los ahorros, después se recurre a familiares o amigos y finalmente al sistema financiero, a prestamistas informales o incluso a organizaciones vinculadas a la usura. Es una secuencia muy conocida en los procesos de empobrecimiento.»

LCV: Nos pasó con las tarjetas de los supermercados. Yo misma me olvidé una vez que tenía una, me llegó una deuda enorme, la pagué y desde entonces cada vez que me ofrecen una tarjeta local salgo corriendo y les digo a todos que no la acepten.

Claudio Lozano: «Porque antes la tarjeta se utilizaba para un gasto extraordinario, como comprar un electrodoméstico. Hoy reemplaza el ingreso que falta para llegar a fin de mes. Ya no se financia un gusto: se financian los alimentos. Ese es el cambio central. El problema es que esa solución dura muy poco porque las tasas de interés destruyen cualquier posibilidad de recuperación. Un crédito personal bancario ronda entre el 68 y el 70 por ciento anual, que ya es una tasa altísima. Pero los préstamos de las fintech, las billeteras virtuales, las cadenas de electrodomésticos y otros mecanismos de financiamiento llegan al 180 por ciento anual o incluso más. Al poco tiempo ya no tenés el dinero ni la mercadería: lo único que te queda es la deuda.»

LCV: Justamente hablábamos de Mercado Pago y esas ofertas permanentes de crédito. Una amiga quiso cerrar la pantalla y terminó aceptando un préstamo sin querer. Después descubrió que no podía devolver el dinero inmediatamente porque el sistema la obligaba a pagarlo financiado. Es una verdadera trampa.

Claudio Lozano: «Exactamente. Mucha gente cree que toma un crédito para resolver un gasto puntual, como un cumpleaños de quince, pero en realidad hoy esos préstamos se utilizan para comprar comida. Cuando una familia necesita endeudarse para financiar alimentos, estamos frente a un deterioro muy profundo de sus condiciones de vida.»

LCV: Esto también tiene una dimensión cultural. Venimos de muchos errores políticos y económicos que desembocaron en este presente. Recién hablábamos con Pablo Solana sobre procesos similares en otros países de América Latina. Pero si bajamos la discusión a la economía del hogar, aparece también esa idea del «dólar barato». Lo vemos con quienes viajan al Mundial y cuentan con naturalidad cuánto gastan en entradas o compras en el exterior. Es el «ya que estamos». Algo parecido ocurrió durante la convertibilidad. ¿Cómo se le explica a esa clase media, muy golpeada por este gobierno, que esos veranitos terminan teniendo consecuencias muy graves?

Claudio Lozano: «Hoy la franja social que puede sostener ese gasto en el exterior es mucho más reducida que en otras épocas. No es comparable la Argentina actual con la del ‘deme dos’ de Martínez de Hoz o con la convertibilidad de Cavallo. La Argentina de hoy es mucho más pobre y los ingresos disponibles son mucho menores. Cuando Milei dice que hizo en pocos meses lo que la dictadura no pudo hacer, en realidad omite que ese resultado es producto de un proceso de deterioro que lleva más de cincuenta años. Son varias generaciones acumulando retrocesos. Lo que sí tienen en común aquellos procesos con el actual es la lógica utilizada para combatir la inflación. Siempre se presenta como la gran justificación. Ocurrió después del Rodrigazo, tras la hiperinflación del final del gobierno de Alfonsín, y volvió a repetirse luego del fuerte proceso inflacionario del último año del gobierno de Alberto Fernández. Pero lo que realmente sucede es que se desacelera la inflación en pesos mientras la Argentina se encarece en dólares. Cuando un país se vuelve caro en dólares, el impacto no tarda en aparecer. Hoy tomar un café en Buenos Aires puede costar más que hacerlo en París, y comer en muchos restaurantes argentinos resulta más caro que hacerlo en el exterior. Por eso quienes viajan dicen que los precios afuera ya no les parecen tan altos. Sin embargo, esa aparente estabilidad tiene un costo enorme: destruye la competitividad de la producción nacional y termina golpeando de lleno a la industria.»

LCV: En definitiva, el resultado siempre es el mismo.

Claudio Lozano: «Exactamente. El resultado histórico de estas políticas es la destrucción del aparato productivo. Cada una de estas experiencias terminó debilitando la industria nacional y reduciendo la capacidad del país para generar empleo de calidad.»

LCV: Recién escuchábamos Money, Money, Money. Yo decía que esa letra retrata bastante bien cierta cabeza del medio pelo argentino, esa idea de que la felicidad pasa exclusivamente por el dinero y el consumo. Cuando uno escuchaba a muchos votantes de Milei aparecía ese sueño de que finalmente iban a acceder a todo aquello que, según les hicieron creer, otros les habían quitado. Aun cuando la imagen del Gobierno cayó, sigue habiendo una parte importante de la sociedad que responsabiliza de sus problemas económicos a otros y no al modelo que eligió. ¿Cómo analizás ese fenómeno?

Claudio Lozano: «Ese fenómeno existe, pero la aparición de Milei también expresa nuestro propio fracaso. Cuando en la Argentina existió una construcción política de signo popular sólida, como ocurrió durante el primer peronismo, la única manera que encontraron los sectores dominantes para terminar con ese proceso fue un golpe de Estado y la proscripción política. No podían competir democráticamente porque la mayoría de la sociedad quería seguir viviendo como lo estaba haciendo.»

LCV: ¿Y qué pasó después?

Claudio Lozano: «El primer gran derrumbe lo encontramos en el final del gobierno de Isabel Perón. Luego vino la dictadura y, tras la recuperación democrática, la experiencia de Alfonsín también terminó muy mal desde el punto de vista económico. Fueron acumulándose frustraciones que fueron debilitando la confianza social.»

LCV: ¿Es como esa idea de que la tercera generación termina fundiendo la empresa que levantaron el abuelo y el padre?

Claudio Lozano: «Es una comparación interesante, aunque siempre hay que mirar el contexto. Hay nietos que administran mal lo recibido, pero también hay procesos históricos que condicionan cualquier posibilidad de desarrollo. En la Argentina no puede analizarse la situación sin tener presente que durante cincuenta años atravesamos sucesivos procesos de destrucción industrial.»

LCV: Incluso grandes grupos empresarios terminaron abandonando la producción para dedicarse exclusivamente a la especulación financiera.

Claudio Lozano: «Exactamente. Muchos grupos económicos modificaron completamente su lógica de funcionamiento. Dejaron de apostar a la producción para privilegiar la valorización financiera. Pero, más allá de cada caso particular, lo importante es comprender que la Argentina atravesó cuatro grandes procesos de industricidio que fueron deteriorando su estructura productiva.»

LCV: Me quedan menos de cincuenta segundos. ¿Habías presentado un proyecto sobre el tema de las tarjetas?

Claudio Lozano: «No, no era un proyecto específico. Lo que planteaba era un análisis sobre el funcionamiento de este modelo económico y sus consecuencias sobre el endeudamiento de las familias.»

LCV: Entonces la pregunta es otra. Después de cuatro procesos de destrucción industrial, ¿cuál es la salida? ¿Nos unimos? ¿Nos ponemos a llorar todos juntos? ¿Qué hacemos?

Claudio Lozano: «Lo primero que hay que hacer es reunir inteligencia colectiva. Milei avanza como una topadora porque sostiene un proyecto muy definido y cada paso que da profundiza ese rumbo. Es cierto que ya no tiene la fortaleza política del comienzo: cayó su imagen personal, cayó la evaluación de su gestión y también disminuyó su popularidad. Pero, al mismo tiempo, quienes deberíamos construir una alternativa no hemos logrado resolver la enorme crisis de representación que atraviesa la política argentina.»

LCV: Porque del otro lado también nos seguimos pegando tiros en los pies.

Claudio Lozano: «Exactamente. Milei pierde apoyo, pero llega un momento en que esa caída encuentra un límite porque la sociedad no visualiza una alternativa capaz de reemplazarlo. Hay una creciente movilización social, un malestar evidente y múltiples conflictos, pero todavía no existe un canal institucional que logre expresar esa energía y transformarla en una propuesta política con capacidad de disputar el rumbo del país.»

LCV: Entonces el problema no es solamente que el Gobierno pierde respaldo, sino que todavía no aparece una alternativa capaz de capitalizar ese descontento.

Claudio Lozano: «Ese es el principal problema político de la Argentina de hoy. La sociedad empezó a castigar al Gobierno porque los resultados económicos afectan cada vez a más sectores. Sin embargo, la oposición todavía no consigue construir una referencia que genere confianza y represente una salida distinta. Mientras esa alternativa no exista, Milei seguirá encontrando margen para sostenerse, aun con un desgaste creciente.»

LCV: ¿Creés que el deterioro institucional también debería formar parte de la discusión pública?

Claudio Lozano: «Sin ninguna duda. Hoy la gravedad de los hechos que atraviesa el Gobierno debería llevarnos a discutir seriamente un juicio político al Presidente. No se trata solamente de las consecuencias económicas del modelo, sino también de la calidad institucional y del funcionamiento mismo de la democracia. Ese debate tendría que estar instalado con mucha más fuerza en la sociedad y en el sistema político.»

LCV: Claudio, como siempre, gracias por esta charla.

Claudio Lozano: «Gracias a ustedes por la invitación. Siempre es importante generar estos espacios para discutir en profundidad lo que está ocurriendo en la Argentina y pensar colectivamente una salida que permita recuperar el trabajo, la producción y las condiciones de vida de nuestro pueblo.»

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