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Martín Bergel: “Génova 2001 fue una batalla global y una experiencia de enorme vitalidad política”
A 25 años de las jornadas de protesta contra la cumbre del G8 en Génova, el historiador Martín Bergel reconstruyó aquel episodio que marcó al movimiento altermundialista y que terminó con una feroz represión policial. En diálogo con Laura Giussani Constenla para La Columna Vertebral, Bergel recordó su participación en aquellas movilizaciones, analizó la vigencia de sus consignas y reflexionó sobre los vínculos entre Génova 2001, la crisis argentina de diciembre de ese año y las luchas sociales actuales.
En julio de 2001, mientras en Argentina comenzaba a gestarse la crisis que terminaría con el estallido del 19 y 20 de diciembre, en la ciudad italiana de Génova se desarrollaba una de las mayores movilizaciones del movimiento altermundialista. Más de 300.000 personas llegaron desde distintos países para protestar contra la cumbre del G8, en un contexto de fuerte crecimiento de los movimientos sociales que cuestionaban el orden neoliberal.
La respuesta del Estado italiano fue una represión brutal. El asesinato de Carlo Giuliani, las detenciones masivas y las torturas sufridas por cientos de manifestantes en la escuela Díaz y en la cárcel de Bolzaneto quedaron como una de las páginas más oscuras de la historia reciente italiana.
A 25 años de aquellos acontecimientos, el historiador e investigador del CONICET Martín Bergel, quien participó de las movilizaciones de Génova, volvió a reconstruir aquella experiencia a través de una serie de crónicas tituladas Retorno a Génova: memorias de una batalla global. En diálogo con Laura Giussani Constenla, repasó el contexto político de la protesta, la diversidad de movimientos que confluyeron en las calles y la vigencia de aquellas luchas en un presente atravesado nuevamente por la movilización social.
LCV: Martín, contanos brevemente qué ocurrió en Génova en el año 2001.
Martín Bergel: “En julio de 2001, en pleno verano europeo, se reunía en Génova el G8, el grupo de los ocho países más poderosos del mundo. Eran reuniones que se realizaban periódicamente y en las que se discutían cuestiones muy importantes para todos nosotros, en cualquier rincón del mundo. En ese momento se había producido un movimiento, mal llamado movimiento antiglobalización, que en Italia era conocido como movimiento no global o movimiento de movimientos, por la cantidad de organizaciones que lo integraban. Ese movimiento buscaba señalar que en esos cónclaves se estaban decidiendo cuestiones que afectaban a las poblaciones de todo el mundo y que, la mayoría de las veces, no iban en un sentido favorable para ellas. Desde algunos años antes, y particularmente desde la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, en noviembre de 1999, se había comenzado a organizar una gran galaxia de grupos y movimientos. Allí se produjo una victoria popular porque la reunión fracasó, y eso dio un enorme impulso a ese movimiento. Génova 2001 se inserta en ese contexto, entre Seattle y otras contracumbres que se fueron desarrollando en distintos lugares del mundo. En Buenos Aires, por ejemplo, hubo una movilización contra el ALCA en marzo de 2001. Génova llegó además en un contexto nacional italiano muy cargado, con movimientos sociales importantes de distintas tradiciones de izquierda. Había centros sociales autónomos, movimientos de los llamados desobedientes y una enorme diversidad de organizaciones. También estaba el contexto del gobierno de Berlusconi, que había asumido poco tiempo antes. Todo eso generó un verdadero escenario de una ciudad militarizada para proteger a los poderosos de la tierra de las manifestaciones. Las manifestaciones fueron gigantescas. Se calcula que participaron alrededor de 300.000 personas de toda Italia y de muchos otros países del mundo. Yo fui uno de esos miles de manifestantes. También hubo varios argentinos, como Hebe de Bonafini y Nora Cortiñas, además de muchísimas otras personas. Había un componente italiano muy importante, pero también sindicatos griegos, movimientos sociales españoles, grupos de Alemania e Inglaterra y distintas tradiciones políticas y sociales. Participaban movimientos cristianos progresistas, organizaciones pacifistas y una enorme cantidad de sensibilidades políticas. Fueron jornadas sumamente intensas y emotivas, pero con un saldo trágico. La cantidad de policías y de servicios especiales que llegaron desde toda Italia fue enorme. Era una cita en la que, de alguna manera, se venía preparando una batalla que finalmente se consumó en las calles.”
LCV: Una de las cosas que más impresionan al revisar los testimonios es cómo una manifestación gigantesca terminó siendo desvirtuada. Apareció el Black Bloc, comenzaron los rumores y la policía terminó realizando una verdadera cacería sobre toda la manifestación. Hubo detenidos en la escuela Díaz y en Bolzaneto, y organizaciones como Amnistía Internacional han señalado que fue una de las peores represiones ocurridas en Italia desde los años 70. Sin embargo, parece haber quedado una sensación de que quienes participaron hicieron algo mal. Incluso la consigna de las movilizaciones actuales es “Senza rimorso”, sin remordimiento. ¿Cómo explicás ese fenómeno?
Martín Bergel: “Hay varias cosas para señalar. En primer lugar, el escenario de represión se montó antes de la actuación del Black Bloc. Efectivamente, hubo mucho debate sobre su accionar. Era una tendencia que tenía un conjunto de prácticas que muchos otros manifestantes no compartíamos. Su lema era ‘Smash capitalism’, golpear al capitalismo, y entre sus prácticas estaba, por ejemplo, atacar bancos. Pero muchos otros manifestantes defendíamos la idea de la pluralidad de tácticas. Una de las riquezas de ese movimiento era precisamente que distintas sensibilidades políticas podían expresarse de modos diferentes. Eso se trató de hacer en Génova. La ciudad, además, es sumamente intrincada, con una geografía muy compleja. Había distintos grupos y distintos tipos de manifestaciones. Todo esto ocurría en un contexto en el que la ciudad estaba profundamente alterada. Se había establecido una zona roja, completamente vedada a la circulación de personas, para preservar un espacio para los presidentes que participaban de la cumbre. Finalmente, todo se desbordó y hubo una feroz represión, que se convirtió en un momento de violación sistemática de los derechos humanos, sobre todo por las torturas a cientos de manifestantes en la cárcel de Bolzaneto, en la escuela Díaz y en otros lugares. Hubo juicios y toda una historia posterior muy compleja. También se hicieron muchísimos documentales. Sin embargo, es interesante lo que señalás sobre cómo se recuerda hoy. El momento de la represión es la cara más visible y los medios italianos de aquel momento se encargaron de demonizar al conjunto del movimiento. Esa cara terminó oscureciendo la enorme vitalidad, la pluralidad y la esperanza que existían. En este momento, a 25 años de distancia, hay una recuperación de esa memoria. La alcaldesa de Génova dio un discurso muy interesante, recuperando la vitalidad de aquel momento y la participación juvenil. También señaló algo muy importante: el carácter global de ese movimiento. En Italia se lo recuerda mucho, pero en el mundo se lo ha olvidado bastante. Y, sin embargo, era realmente un movimiento global, tanto por la procedencia de sus participantes como por las resonancias que tenía en otros lugares. En Buenos Aires, por ejemplo, en esos días se hizo una acción en el barrio de La Boca evocando los vínculos entre Génova y Buenos Aires. Era también el momento de florecimiento de los grupos piqueteros. Por eso la conexión entre el 2001 de Buenos Aires y Génova no es en absoluto ociosa. Había muchos puntos de contacto, incluso en las consignas: ‘Otro mundo es posible’ o ‘Un mundo donde quepan todos los mundos’.”
LCV: En Argentina muchas veces pensamos que inventamos todo, pero en realidad había una circulación internacional de ideas y experiencias. En Italia, además, la crisis de los partidos tradicionales y la pérdida de legitimidad de las viejas izquierdas dio lugar a nuevos movimientos. ¿Cómo se relaciona aquella experiencia con las luchas actuales?
Martín Bergel: “En estos 25 años hubo muchos momentos de recuperación de la memoria de Génova. No es la primera vez que se la recuerda. Todos los años, por ejemplo, se recuerda a Carlo Giuliani, cuyo nombre es muy conocido en Italia y también en otros lugares del mundo. En la segunda edición del Foro Social Mundial, en Porto Alegre, el campamento de la juventud se llamó Campamento Intercontinental Carlo Giuliani. Ha habido muchos momentos de rememoración, pero es cierto que, por el contexto político italiano, primero con los gobiernos de Berlusconi y luego con el gobierno de Meloni, esta memoria tendió a quedar soterrada o a ocupar un lugar menor. Y ni hablar del resto del mundo, donde la experiencia quedó bastante evaporada. Sin embargo, en este contexto particular de los 25 años hay un revival general que tiene muchos puntos de contacto con las luchas actuales. En Génova, por ejemplo, fue muy importante la acción de los trabajadores portuarios. También hay movimientos contra el rearme y contra los bloqueos de puertos y trenes. Hay un tejido muy interesante de luchas. En marzo de este año estuve en Roma y participé de una manifestación muy grande del movimiento No Kings. Tiene muchos elementos de contacto con aquella experiencia. Son movilizaciones que, cuando las convoca un partido político, no suelen ser tan multitudinarias, pero en estos casos la gente sale masivamente a la calle, incluso sin saber si habrá represión o no.”
LCV: También llama la atención que en Italia se esté hablando tanto de desindustrialización. Parecía un problema exclusivamente argentino, pero ahora aparece con fuerza en Europa. ¿Qué ves en ese sentido?
Martín Bergel: “Sí, absolutamente. En estos días pude ver varias situaciones de conflictos laborales. En Génova hay una fuerte movilización de trabajadores portuarios. También hay fábricas que están cerrando y trabajadores que ocupan los lugares de trabajo. La desindustrialización es un problema muy importante en Italia y está generando conflictos en distintos lugares. Hay una continuidad entre las luchas de aquel momento y las luchas actuales, aunque naturalmente el contexto es diferente. La memoria de Génova funciona como un punto de referencia para muchas de estas experiencias.”
LCV: Hay algo que también me parece muy importante: en 2001 las redes sociales estaban comenzando y tenían una lógica muy diferente a la actual. Existía Indymedia, por ejemplo, y había una posibilidad de organizar acciones globales de manera horizontal. ¿Qué lugar ocupó esa experiencia?
Martín Bergel: “El año 2001 es fascinante y trágico al mismo tiempo. Es el año de las Torres Gemelas, del 19 y 20 de diciembre en Argentina y también un momento muy importante para la evolución de las redes sociales. En muchos sentidos, las redes de ese momento eran bastante más interesantes que las actuales. El correo electrónico tenía un primer momento revolucionario. Podías enviar un mensaje a diez personas en diez ciudades del mundo y organizar algo conjuntamente para el día siguiente. Las redes sociales no estaban todavía atravesadas por la oligarquización que tienen hoy, donde unas pocas personas concentran el poder sobre las plataformas. Indymedia es un símbolo de ese momento. Había una verdadera fascinación porque existía la idea de que era posible construir una alternativa al poder mediático mundial. Era una red organizada por ciudades, con nodos en Italia, Buenos Aires, Santiago de Chile, distintos lugares de África y muchas otras partes del mundo. Era una verdadera internacional mediática de la contrainformación. También proponía una nueva forma de hacer periodismo, donde la frontera entre el activista y el periodista era mucho más anfibia. Uno de sus lemas era ‘Don’t hate the media, be the media’: no te limites a decir que los medios mienten, sino construí tus propios medios. Había quizás un exceso de optimismo, pero también una enorme creatividad y una convicción de que era posible construir herramientas de comunicación alternativas. Esa experiencia forma parte de la vitalidad que tuvo aquel movimiento.”
LCV: Se nos está terminando el tiempo, pero seguramente vamos a volver a convocarte porque es muy interesante hablar con un historiador que, además, participó de los acontecimientos que analiza.
Martín Bergel: “Para mí fue una de las experiencias más fuertes de mi vida. Estas crónicas que estoy escribiendo tienen un sentido que no es solamente académico. Yo escribo libros y trabajos académicos, pero estas crónicas tienen también una dimensión afectiva. Estoy escribiendo una serie de textos que se titulan Retorno a Génova: memorias de una batalla global. En principio van a ser cuatro crónicas y quizás, si me da el tiempo y la energía, pueda convertirse en un pequeño libro. Hay muchos resortes afectivos en esta historia. Algunos amigos que participaron de aquellas movilizaciones murieron en estos 25 años. También murió recientemente en Roma un activista muy importante, muy conocido. Todo eso forma parte de una memoria personal y colectiva. Las crónicas se publican en la revista mexicana Común, que realizan historiadores, intelectuales y jóvenes profesores con una perspectiva internacional. Me pone muy contento que puedan circular en castellano y que también puedan publicarse en La Columna Vertebral.”
LCV: Sirva esta primera comunicación con Martín Bergel, a quien seguramente volveremos a convocar. Cerramos este espacio recordando Génova 2001 y a Carlo Giuliani, asesinado por la policía durante aquellas jornadas. Porque no se puede disparar a matar contra un joven de 23 años por el simple hecho de que un policía tenga miedo de que pueda arrojarle algo. Nos despedimos hasta la próxima.
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»