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Una historia de la Clase Obrera, por Leónidas Ceruti
Los libros de Leónidas Ceruti, «Aceiteros y Desmontadores Hacemos Historia 1947-2017. 70 años. Tomo I» (publicado por la Federación Aceitera) y en «Clase contra Clase. Argentina entre 1952-1976. El Quinto Relato», son una impecable investigación histórica sobre las luchas obreras en Argentina. Exceden largamente la memoria de los Aceiteros porque ningún gremio actúa solo, se encuentra ensamblado en un contexto social, histórico, cultural y económico. Aquí compartimos algunos fragmentos seleccionados por el autor.

El plan de lucha de l 1963 de la CGT.
Durante enero del año 1963, se celebró el Congreso Normalizador de la CGT, en el que se eligió una nueva conducción, formada por dirigentes de las 62 Organizaciones Peronistas, y de los gremios independientes en partes iguales, designándose un secretariado a cuyo frente se ubicó a José Alonso, con la bendición de Vandor. Se decidió un Plan de Lucha, con cinco etapas, desde mayo de 1963 hasta julio de 1965, con un programa que incluía reclamos en lo social, económico y político. (….) La primera etapa se inició el 27 de mayo de 1963, con una semana de protesta, culminando el 31 con una huelga general nacional de 24 horas. Las otras etapas del Plan de Lucha de la CGT se implementarían durante el gobierno de Illia, y la conflictividad iría en aumento. Finalizaba otra etapa de enfrentamientos entre la clase obrera y la burguesía. Se dieron negociaciones, traiciones, tomas de fábricas, presentación de programas obreros, lo que trajo nuevas experiencias, donde no faltó la represión.
El gobierno de Illia y la CGT.
Al entregarle el 12 de octubre de 1963 José María Guido a Arturo Illía los atributos presidenciales, le traspasó también el poco cómodo cargo de adversario de la CGT. La relación del movimiento obrero con el nuevo gobierno radical, desde el comienzo fue conflictiva, ya que estaba en pleno desarrollo el Plan de Lucha de la CGT, que no se interrumpió ni se levantó con la asunción del nuevo gobierno. Con los años, en 1970, Ricardo Balbín, denunció que dicho plan fue gestado por Levingston y Alonso. A partir de la segunda mitad del 63, el sindicalismo sufrió un aislamiento relativo. En agosto Miguel Gazzera, dirigente sindical peronista, realizó un informe en el que aconsejaba seguir una línea de oposición frontal al gobierno de Illía, al que “hay que golpear violentamente con huelgas”. Ese era uno de los flancos débiles del radicalismo, sus escasas vinculaciones con los gremios. El 6 de diciembre, la CGT convocó a la primera huelga contra Illía, y al mes el Comité Confederal decidió el calendario de la Segunda Etapa del Plan de Lucha. El mismo consistió en ocupaciones masivas de fábricas durante mayo y junio. El secretario general de la CGT, José Alonso, calificó al gobierno como surgido “de un acto electoral fraudulento, en el cual los trabajadores no pudieron votar por sus candidatos ni ser electos”. Se cuestionaba la capacidad del gobierno, su lentitud, el creciente costo de vida y la desocupación. En febrero de 1964, se informó la continuación del plan de lucha, y Alonso declaró que las ocupaciones de fábricas eran actos legítimos. El movimiento obrero estaba organizado a través de distintos agrupamientos. Por una parte, se encontraban las 62 Organizaciones, que agrupaban a la mayoría de los sindicatos de obreros fabriles; por otra los Gremios Independientes, entre los que se encontraban sindicatos importantes como la Unión Ferroviaria y la Federación de Trabajadores de Luz y Fuerza; el Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical (MUCS), de orientación comunista, y finalmente un agrupamiento antiperonista, que no forma parte de la CGT, los 32 Gremios Mayoritarios Democráticos.
El Vandorismo
Durante esos años, se fue dando un proceso donde se consolidó fundamentalmente el llamado “Vandorismo”. Las características de esa dirigencia gremial fueron: burocratización de los dirigentes y de las estructuras sindicales, integración al sistema político institucional, métodos autoritarios, negociaciones, pragmatismo, matonaje, utilización de la representatividad de los sindicatos en las disputas políticas dentro del peronismo. El poder de la burocracia sindical estaba sustentado entre otros factores en:*.- La Ley 14.455 de Asociaciones Profesionales, sindicato único, no federaciones, sindicatos nacionales, sindicatos de primer grado: negociaciones y disciplina dentro del gremio.*.- Poder Financiero de los dirigentes sindicales y los sindicatos. *.- Violencia y gansterismo de los gremialistas: control de la oposición.*.- Dominio de las elecciones de los gremios: Potestad de las Juntas Electorales. Entre 1957 y 1972, sobre 25 sindicatos con más de 25.000 afiliados, solo 2 derrotas electorales.
El ejemplo de esos dirigentes sindicales fue el “lobo” Vandor, como lo apodaban sus incondicionales 220.000 metalúrgicos. Negociador con empresarios y militares, fogueado en la resistencia, estuvo preso tres meses durante la “Libertadora”. Patotero, violento, fue la pesadilla de los radicales en los años de Illía, que se puso el saco y la corbata para asistir a la asunción del golpista Onganía. Fue el cerebro dominante del poderoso aparato de la CGT, que agrupaba hacia 1964 a unos dos millones de trabajadores y movía anualmente un presupuesto superior a los cien millones de pesos. A los 16 años trabajó en la fundición Renaud, en Rosario, luego en 1941 se incorporó a la marina como aspirante a suboficial en la Escuela de Mecánica de la Armada, llegando a cabo primero maquinista. Luego en los establecimientos Philips lo eligieron delegado de la fábrica. Con el golpe del 55, fue detenido y estuvo detenido cuarenta y ocho días en la Penitenciaria y noventa en Caseros. Encabezó la línea blanda dentro del sindicalismo, buscando el poder por la estrategia de la evolución en contraposición a Framini, hombre de barricada, de la línea dura, que buscaba el poder por la revolución.
Vandor, era pragmático y oportunista, intentó la creación de un proyecto político de los trabajadores, o sea un movimiento político de base sindical. Entre sus amigos estaban los dirigentes Amadeo Olmos y Miguel Gazzera. Principalmente durante 1965 y 1966, se dio el enfrentamiento entre Vandor vs Perón-Isabel, impulsando el llamado “Peronismo sin Perón”. Rodolfo Walsh, en un artículo periodístico del 22 de mayo de 1969 titulado ¿Qué es el vandorismo?, luego de historiar los orígenes y desarrollo de la industria metalúrgica, comentó el surgimiento y la personalidad de Vandor de esta manera “A propuesta de Paulino Niembro, que en su carácter de componedor de tendencias declina aspiraciones propias, el congreso de la UOM reunido en el Luna Park elige secretario general de la Capital a un delegado de la firma holandesa Phillips. Lo apodan, precisamente “el holandés”, alguno de los antepasados debió sustituir el Van Thorpe original por el de Vandor, con que figura en las boletas. Su prontuario “depurado en agosto de 1958, dice que nació en Bovril, provincia de Entre Ríos, el 26 de febrero de 1923.
Alrededor de este hombre ha de confluir la mayoría de expectativas, temores, ansiedades y mitos de la historia del gremialismo argentino. Es poco lo que se sabe de su pasado. Seis años transcurridos en la Armada, de donde egresó como cabo primero, alimentan la versión de que fue siempre un agente del servicio de informaciones navales. Otras fantasías se oponen a ésa: en junio de 1955 habría encabezado las columnas metalúrgicas que desafiando precisamente el bombardeo de la Marina acudieron en auxilio de Perón. Unos lo pintan regando con clavos Miguelitos los caminos de la represión, en el año 56, otro, negociando en secreto con los jefes de esa represión”. Luego vendría la época de Frondizi y el Plan Conintes, y de esa época Walhs dijo que “Doce mil metalúrgicos han caído en esa primera ola represiva, pero el gremio mantiene su poder. La influencia de Vandor es importante. Su despido de Phillips, tres meses de cárcel, cierto papel en la Resistencia, le abren el camino”. (33)
Otro dirigente de importancia y con gran poder en esos años fue José Alonso, designado secretario general de la CGT desde 1963. Fue un sindicalista con ilusiones “Neocorporativas”, plasmadas en un documento sobre el cambio de estructuras, titulado “La CGT en marcha hacía el cambio de estructuras”, publicado en enero de 1965. Por una parte había tejido cordiales relaciones tanto con las cúpulas eclesiásticas como militares, y por otra había logrado independizarse del todopoderoso Augusto Vandor. Así como el “lobo” era un hombre de acción, Alonso brillaba en los gabinetes, estudioso, muy lúcido y despierto estratega. Llegó a secretario general de la central obrera como mero títere del metalúrgico, pero fue sustentando ideas propias y no se lo podía desalojar de su cargo. Su fuente de poder residía en la burocracia cegetista y en su gremio integrado mayoritariamente por mujeres, al que un jerarca gremial descalifico llamándolo el sindicato de “Cincuenta costureras”. (34)
Las 11.000 fábricas tomadas en junio de 1964
El Comité Central Confederal, de la CGT, el 1º de mayo de 1964, aprobó “poner en ejecución la segunda etapa del plan de lucha que abarcó: a) entre el lunes 18 de mayo y el 15 de junio, ocupación parcial, zonal y por grupos en la forma que indicara el Consejo Directivo de la CGT; b) entre el 15 y el 16 de junio, como culminación de esta segunda etapa, ocupación total y simultánea en todo el país por el término de 24 horas; c) el Consejo Directivo de la CGT planificará con la consulta correspondiente a los organismos confederados todas estas acciones de lucha a los efectos de una perfecta eficacia y sincronización;…”. Las masivas tomas de fábricas se desarrollaron a lo largo de siete operativos, entre el 21 de mayo y el 24 de junio de 1964.
Las jornadas elegidas fueron el 21, 27, y 29 de mayo, 2, 3, 5, 18 y 24 de junio, en las cuales según datos de la CGT, 3.913.000 trabajadores ocuparon 11.000 establecimientos. Dichas ocupaciones se cumplieron con justeza matemática. No hubo ni un desajuste, ni una vacilación, ni una demora. “Nosotros no lo hubiéramos hecho mejor”, manifestó con asombro un militar en actividad. En junio, la revista Primera Plana, señalo a Vandor, como el principal inspirador del Plan de lucha de la CGT y como un activo opositor al gobierno, convencido de que caería y la necesidad de que el sector sindical participe activamente en ese proceso, junto a las FFAA. La tercera etapa, se inició el 3 de agosto de 1964, para exigir al gobierno “el cambio de estructuras económicas, social y política”. Las medidas de lucha esta vez fueron los cabildos abiertos entre agosto y septiembre. Mientras que durante noviembre y diciembre se desarrolló la cuarta etapa, con concentraciones y marchas en distintas ciudades, para culminar con una huelga general por 48 hs el 17 y 18 de diciembre. Ese mes dio comienzos el operativo retorno de Perón al país, que había declarado en Madrid “Volveré este año a la Argentina. Imagino que el presidente Illía, al insinuar mi regreso, lo hace de buena fe, ofreciéndome garantías”. A la vez, un vocero de la CGT, declaró “Nuestro próximo paso será lisa y llanamente, ocupar las fábricas para hacerlas producir. Es decir: una auténtica revolución social. Pero no tendremos que llegar a tanto. Antes deberá ocurrir algo…”.
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»