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A los trabajadores de Teatro, salú
El 30 de noviembre de 1783 se creaba el primer teatro de lo que después se dio en llamar Argentina, fundado en la esquina porteña de Alsina y Perú, bajo el nombre de la Ranchería. Más que nombre, se trataba de una estricta descripción. Nada de simbólico había en él. El primer teatro fue un rancho, ubicado en terreno de los jesuitas, con techo de paja y paredes de adobe. Duró hasta que desapareció bajo las llamas. Un incendio, fortuito o intencional, terminó con aquella novedosa aventura oficial. Vaya aquí una breve reseña para comprender el contexto de semejante aparición.
Podemos ubicarnos en lo que por entonces era la ciudad Santa María de los Buenos Aires. Año 1783. El mapa de América respondía a los caprichos del rey de España. Juan José de Vértiz y Salcedo, nacido en el continente conquistado -en México, para ser más precisos-, dejó su cargo de gobernador de Buenos Aires, cuando todavía pertenecía al Virreinato de Perú, al crearse el nuevo Virreinato del Río de la Plata, el 1 de agosto de 1776. Dos años después obtuvo el título de Virrey de esa difusa y amplia región que abarcaba parte de los territorios de lo que hoy se llaman Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. Con Capital en Buenos Aires.

Cuenta la leyenda -o la historia, que no es lo mismo pero es igual- que los objetivos de Vértiz como funcionario de la Corona fueron múltiples y variados. El primero, militar: echar a los portugueses de la banda oriental y resistir a los malones de los habitantes originales de la región que se negaban a entender de qué hablaban estos extraterrestres llegados de las aguas.
Pero don Vértiz también se preocupó por el conocimiento y la cultura, fundó el Real Colegio San Carlos, actual Nacional Buenos Aires, censó la ciudad que resultó tener 24.754 habitantes, a los que había que sumar los 12 925 habitantes de la campaña bonaerense; agrupó a los artesanos en gremios tal como lo hacían en Europa, y creó el primer teatro de la incipiente ciudad, en la misma manzana del Colegio, ese solar de los Jesuitas en donde habían erigido su Iglesia. Estas fueron sus primeras medidas en el primer año de gobierno. Todo un accionar que dejó una huella identitaria, la sociedad empezaba a conformarse en torno a los militares, la Iglesia, el conocimiento científico, los gremios de artesanos, y el teatro.
Dicen que dicen que ya en 1717, en la ciudad de Santa Fé, se presentó la primera obra teatral argentina, escrita por Antonio Fuentes del Arco y protagonizada por tres hombres, en cuyo texto se agradecía a Felipe V por suprimir el impuesto a la yerba mate.
Hay que reconocer que teatro siempre hubo, con o sin edificios, con o sin actores, pero fue en 1783, cuando el Virrey Vértiz, quien ya había demostrado su voracidad militar en la campaña contra Tupac Amarú y la represión a la rebelión de Oruro, descubría que no solo de guerras vive el hombre y fundaba el primer teatro oficial.
Entre los fundamentos de la medida que ordenaba la creación de la primera ‘Casa de Comedias’ establecía que al teatro “no solo lo conceptúan muchos políticos como una de las mejores escuelas para las costumbres, para el idioma y para la urbanidad general, sino que es conveniente en esta ciudad que carece de diversiones públicas”.
Algo así como admitir que sin un poco de teatro la ciudad era un embole.

Historia de la Ranchería
“En todo acto fundacional hay un componente mitológico. Quizá también en eso resida la importancia de cierta clase de conmemoraciones, recordatorios o aniversarios. No se trata sólo de legar a las futuras generaciones la impronta de determinadas fechas ligadas a acciones que resultan necesarias salvar del olvido; por sobre todo se trata de lograr que, con el pasos de los años, incluso de los siglos, haya siempre una posibilidad de lo más esencial: seguir rescatando de entre los escombros de las palabras restos de verdad, por más mínima que sea, con la esperanza de dar un día con una muestra arqueológica lo suficientemente sólida capaz de revertir definitivamente un discurso homogéneo, discurso que generalmente está del lado del poder de turno. Mucho de esto hay en cada 30 de noviembre para quienes amamos el teatro en todas sus manifestaciones.”, escribe Sebastián Basualdo para Argentores.
Tal como recuerda José María Gutiérrez en la Revista de Buenos Aires: “La casa de comedias se construyó bajo un humildísimo techo de paja en La Ranchería”, el lugar elegido era un depósito de frutos y productos de las misiones de los Jesuitas. Esta hermosa conjunción de comidas, palabras, canciones y colores, formó parte del nacimiento de nuestro teatro nacional.
En la esquina de Chacabuco y Alsina, frente a la ‘Botica de los Angelitos’, la farmacia del lugar, había un cartel que decía: “Es la Comedia espejo de la vida’, y a modo de marquesina, cuando había función se encendía el farol de la botica. Entre obra y obra, se ofrecían las clásicas tonadillas españolas en donde se lucían actrices y actores quienes cantaban alegres boleras´´ y ‘seguidillas’ que solían culminar con un festivo baile en las calles.
Fue en La Ranchería en donde debutó en 1788, la actriz María Mercedes González y Benavidez. Viuda, con tres hijos a cargo, pudo ganarse la vida gracias a sus buenas dotes para la poesía y el baile. Recibía una paga de 100 pesos por función. Una precursora que tuvo que pelear contra su propio padre quien consideró el trabajo de su hija como una verdadera deshonra: «no sólo echa sobre sí la nota de infamia sino que la hace trascender a todos sus parientes«. Le inició juicio pero después de seis meses la justicia falló a favor de la actriz. En carnaval se imponía el Fandango, el más popular de los bailes.
A pesar de la incomodidad o la crítica abierta de algunos buenos vecinos de la aldea, el público fue en aumento y se transformó en lugar de reunión para asistir a su actividad lírica y teatral que ofrecía una rica selección de obras escritas por autores de la lírica y el teatro clásico español. Los sedientos burgueses de arte pudieron asistir a puestas de Lope de Vega y también del porteño Manuel José Lavardén.
Fue justamente Siripo, el drama de Lavardén que contaba la triste historia de Lucía, la últma que se representó en la ranchería. Rápidamente se quemó el techo de paja y con él se perdió el texto original de la obra.
Todo indicaba que las buenas costumbres no siempre iban de la mano de la diversión, y La Ranchería empezó a molestar a políticos y clérigos -tan parecidos ellos-. Lo cierto es que un día el teatro ardió. Así lo cuenta José María Gutiérrez: “se incendió en la noche del 16 de agosto de 1792, con uno de los cohetes disparados desde el atrio de la iglesia de San Juan Bautista del convento de Capuchinas, cuya colocación se celebraba. Algunos comentarios piadosos debieron hacer las madres y sus capellanes sobre aquel fuego del Cielo que reducía a cenizas la casa del error y de los placeres mundanos”.
“Siripo, considerada la primera obra no religiosa escrita en nuestro país, narra la destrucción del fuerte Sancti Spiritus y la leyenda de Lucía Miranda, cautiva española en manos de los indios. Sólo que Lucía Miranda nunca existió”, dice Sebastián Basualdo que dijo Lorena Misetich. La leyenda de Lucía Miranda, parece que fue una imaginería del conquistador y cronista Ruy Díaz de Guzmán, quien entre los cuentos publicados en el siglo XVII en el libro La Argentina manuscrita.
Lo cierto es que la leyenda continuó de boca en boca, fue vista y revista, y en el siglo XXI apareció de la Compañía Experimental Los Toritos, de Daniel Fermani, titulada: A Lucía Miranda, que perdió su belleza.
Dos conclusiones Dos
Con relación a los fundamentos de la creación del teatro, Basualdo concluye: “Quién sabe si durante su breve período de vida, no resultó demasiado bueno para las costumbres y el idioma. Sobre todo lo último, lugar de donde nace el pensamiento hasta volverse crítico, independiente. La esencia misma del Teatro.”
Por su parte, la actriz Antonia De Michelis así recuerda en su muro de Facebook este ’30 de noviembre, día del teatro nacional e independiente’:
“Un día como hoy pero de 1783 se inauguraba en Santa María de los Buenos Ayres, el teatro de la Ranchería. Dicen que molestó tanto a la sacrosante Iglesia vecina que, para purificar el lugar, lo prendieron fuego. Parece que el destino de algunos teatros es la fogata: el Nacional, el Picadero, el Argentino de La Plata y tantos otros a través del tiempo dan cuenta de esa fogosa costumbre. Mostrar el cielo y el abismo, los mostruoso y sagrado de la especie humana, es lo que enciende y también hace arder al teatro.”
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»