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Santuario en tiempos de guerra | África Mía #3

Llegar a Tacugama desde Freetown es bastante fácil. Una avenida que recorre la ciudad desde el centro conduce directamente hasta el camino que da al santuario, para luego transformarse en una autopista que cruza todo el parque nacional hasta la otra punta de la península, donde se une a la autopista de la costa para darle la vuelta completa. A la derecha montañas cubiertas de densa selva tropical, con nubes que cubren los picos en la época de lluvias, dándoles un aire místico. A la izquierda, montañas donde quedan pocos árboles en pie y hay construcciones de viviendas de abajo arriba hasta cubrir casi la totalidad de las laderas. 

El camino que lleva hasta la entrada del santuario va en ascenso, es de tierra roja y empieza directamente en la avenida-autopista. Cuando uno empieza a subir todavía se escuchan voces y bocinas, pero a medida que se avanza la selva crece en densidad y altura, hasta dejar atrás cualquier sonido urbano, en una espiral que termina en el corazón de un bosque tropical de árboles enormes, llenos de sonidos de diferentes tipos de animales, con cascadas y caminos que se meten dentro del verde. 

“En la actualidad quedan alrededor de 5500 chimpancés viviendo en su hábitat natural en Sierra Leone. Nosotros participamos del censo nacional donde se investigó el número. Es la mayor concentración de chimpancés en toda África occidental”, dice Noah, uno de los guías del santuario, que ofrece visitas guiadas todos los días para contar la historia de Tacugama e informar al público sobre las tareas de conservación y rescate para salvar a los chimpancés. Alguien del grupo de visitantes comenta que el número no parece muy grande, y Noah responde: “se calcula, pero sin exactitud, que a finales de los ’70 habían alrededor de 20000 chimpancés en el país. Pero la deforestación, la caza furtiva, la venta ilegal de carne y los más de 10 años de guerra civil fueron reduciendo su número hasta hoy.” 

Cuando la guerra civil estalló, el camino que hoy lleva a Tacugama no existía, solamente había una ruta que conectaba a la capital con el resto del país, y las montañas que rodean al santuario todavía estaban cubiertas de una densa y verde vegetación. 


En marzo de 1991 el Frente Unido Revolucionario (Revolutionary United Front, o RUF, en inglés) se alzaría en armas contra el gobierno de Joseph Momoh, dando comienzo a una larga, brutal y sangrienta guerra civil que se extendería intermitentemente hasta principios del 2002. Las causas y los orígenes del conflicto de Sierra Leone son complejas y múltiples, excediendo con mucho el propósito de este relato, por lo que lo mejor será resumir y dar un paneo general de su historia, para, en otro momento, poder hablar mejor y con más profundidad de un tema por demás sensible. 

Lo disparadores principales fueron un consenso generalizado sobre la debilidad del gobierno de Momoh, sumado a la corrupción extendida a todas las estructuras públicas. La bancarrota del Estado, que no llegaría a poder pagar los sueldos de los docentes de las escuelas públicas, ni la gasolina y energía importadas, por lo cual el país sufría de apagones que se extendían por meses. Un desempleo imposible de medir pero que superaba con creces el 50% de la población, una pobreza que ubicaba al país en los últimos puestos de los rankings internacionales. Una diáspora que aumentaba día a día con las pocas familias que podían pagarse un pasaje de avión.

A la corrupción, pobreza y desempleo se le sumarían dos elementos explosivos. En 1988 estallaba la guerra civil en la vecina Liberia, generando una estampida de refugiados que para 1991 se amontonaba en pésimas condiciones en la frontera con Sierra Leone, una masa de 80 mil personas que servirían como centros de reclutamiento para los rebeldes. El nombre del líder del Frente Nacional Patriótico de Liberia, quien “ganaría” la contienda, se haría mundialmente famoso por sus atrocidades y por la injerencia que tendría en el devenir de los hechos de ambos países: Charles Taylor. 

Charles Taylor

Finalmente el último elemento, al que en muchos casos se le atribuye, erróneamente, la causa única del conflicto: diamantes. El producto estrella de exportación de Sierra Leone. Los diamantes financiarían a todos los participantes de la guerra civil, y sin su presencia sería imposible explicar por qué el enfrentamiento se extendió por más de una década, pero son solo una de las varias causas de una guerra que dejaría cerca de 50 mil muertos, millones de desplazados y un sinfín de personas con alguna parte de su cuerpo amputada. 

Es en este contexto que el santuario de chimpancés Tacugama abre, a finales de 1995, durante el gobierno de Valentine Strasser, un capitán del ejército que había derrocado a Momoh en un golpe de Estado en 1992. Escasos tres meses después de su apertura, Stasser sería también depuesto en un golpe de Estado comandado por su mano derecha, Julius Maada Bio, quien organizaría elecciones inmediatamente después del derrocamiento, y en marzo de 1996 Alhaji Ahmad Tejan Kabbah sería electo presidente de Sierra Leone, en las primeras elecciones con sistema de multipartido en Sierra Leone en casi tres décadas. Pero menos de un año después, Kabbah sufriría un nuevo golpe de Estado, y las fuerzas rebeldes, ahora aliadas del nuevo gobierno, irrumpirían en Freetown y desatarían una carnicería pocas veces vista hasta entonces, sobre una población sin vías de escape, arrinconadas contra el mar.

El Grupo de Monitoreo de la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (ECOMOG), una fuerza armada multilateral comandada por el ejército Nigeriano, entraría en Sierra Leone para pelear contra las fuerzas rebeldes y reinstalar al presidente depuesto, desatando duras batallas en las calles de la capital. Bala debería refugiarse en un hotel, que a la postre sería bombardeado por fuerzas rebeldes, y solo lograría salir por intervención de la Cruz Roja, y se exiliaría momentáneamente en Londres. 

El santuario quedaría en el medio del fuego cruzado, y la vida de los chimpancés, y del personal a cargo de ellos se suspendería en el tiempo como una moneda en el aire.

Desde Londres, Bala se pondría en contacto con diferentes organizaciones protectoras de los derechos animales para pedirles ayuda de emergencia para poder alimentar y atender a los chimpancés. Se añadía el problema de que la cuenta del santuario se encontraba congelada en un banco en Freetown, por lo que los fondos tenían que ser entregados mediante terceras organizaciones y personas, alargando un proceso que solamente lograba complicar aún más las cosas, ya que los chimpancés necesitaban comida y medicina de forma diaria. La organización Protección Animal Mundial le daría a bala financiamiento para que lleve a Sierra Leone cuando pudiese volver. Finalmente en Noviembre de 1997, y contra todas las recomendaciones de seguridad, Bala regresó a Freetown y, tras un viaje de 5 días sorteando obstáculos y puestos de control, pudo llegar al santuario. 

Durante su ausencia el santuario había sido asaltado dos veces por las fuerzas rebeldes, que saquearon todo el alimento posible y robaron las pertenencias y el dinero de los cuidadores que se habían quedado para hacerse cargo de los simios. Hubo batallas en los alrededores del santuario y hasta se tiraron bombas. Pero, sorpresivamente, no dispararon una sola bala en contra de los chimpancés. La fama de Bruno excedía al conflicto, así como el trabajo del recién abierto refugio. Años después Bala se encontraría de casualidad con uno de los soldados que invadieron el santuario (que por entonces era solamente un niño) y le preguntaría por qué no les habían disparado a los simios, teniendo en cuenta las atrocidades cometidas en la ciudad y en el país en los años de la guerra. La respuesta fue escueta: “los chimpancés no estaban en nuestra agenda, no teníamos necesidad de ello”. También se enteraría que muchos de los niños soldados convencieron a sus superiores de dejar a los “babús” con vida. 

Más de una vez el personal del santuario tuvo que esconderse en la selva para escaparse de un enfrentamiento armado, y pedir a las poblaciones locales que les ayudaran a darles de comer a los residentes del santuario. Buscaban comida en el bosque y llevaban lo poco que les había quedado para que los animales pudieran sobrevivir. Encontraron caminos entre los árboles para evitar los puestos de control y asegurar el suministro de agua y medicina. 

Pese a tamaño esfuerzo, 5 chimpancés murieron como consecuencia de la falta de alimento y medicamentos, y el resto quedaría traumatizado por el ruido de las bombas y las balas zumbando cerca de ellos. Perdieron peso y volver a la normalidad llevaría tiempo, esfuerzo y dedicación. Uno de los chimpancés, “Little Boy” (algo así como “pibito” en inglés), mostraría todas las características de un trastorno de estrés post-traumático severo: empezaría a arrancarse pelo de la cabeza, a mecerse hacia adelante y atrás sentado en su lugar, y llevaba su frazada para dormir a todos lados a donde iba. Tiempo después moriría por convulsiones. 

Con todo, la sola supervivencia de la mayoría, del personal a su cargo, y del santuario mismo era motivo de felicidad y esperanza, y una victoria contra las mayúsculas adversidades que habían tenido que enfrentar. Finalmente en marzo de 1998 los rebeldes fueron echados de la capital y el gobierno de Kabbah restituido, en una situación que no dejaba de ser inestable y precaria, con las fuerzas del Frente Unido Revolucionario refugiándose en los pueblos del interior del país, conectados por una red de carreteras en pésimo estado que dificultaban el avance de las fuerzas africanas del ECOMOG. 

En Noviembre de 1998 Protección Animal Mundial pudo visitar el santuario tras una postergación de un año, con apoyo financiero y logístico, ayudaron a Tacugama a construir tres cercas electrificadas que servirían para poder darles a los chimpancés que quedaban, veintinuno en el santuario más uno nuevo que Bala cuidaba en su casa, un espacio de 3 hectáreas donde poder mantener a los simios en condiciones un poco más parecidas a las naturales. 

La paz duraría poco y en Enero de 1999 el RUF lanzaría un nuevo asalto sobre Freetown, desatando una brutal batalla calle por ccalle que dejaría tres mil muertos y miles de mutilados. Entre las víctimas se encontaba Prince Palmer, el primer director general del santuario. El personal se vio forzado, una vez más, a esconderse en la selva para sobrevivir e intentar conseguir comida para ellos y los chimpancés. Por su parte Bala vivía en una zona de la ciudad bajo control de ECOMOG, lo que le permitió quedarse en el país mientras el conflicto se resolvía. Sin embargo los problemas continuarían, uno de los chimpancés caería enfermo de tétanos y Bala rompería la vidriera de una farmacia abandonada para poder conseguir los medicamentos para salvarle la vida a Christo, el nombre del simio. 

Niños soldados en Sierra Leone

En Julio de 1999 el gobierno y las fuerzas rebeldes firmarían el polémico acuerdo de paz de Lomé (ciudad capital de Togo) y la guerra civil entraría en su fase final. A finales de 1999 la ONU establecería una misión especial para Sierra Leone, formada por varios ejércitos de diferentes países: India, Rusia, Reino Unido, Nepal, Ghana, Nigeria, Kenya, Ucrania, Pakistán. Las fuerzas serían comandadas por un general Indio en un principio, que luego sería reemplazado por un teniente general del ejército de Kenya. Las fuerzas desplegadas en el territorio alcanzarían los 17.500 hombres, haciendo de la misión de paz en Sierra Leone la más grande del mundo de su tipo en ese momento. El objetivo era lograr el desarme y la desmovilización de las fuerzas rebeldes, una tarea que se demoraría más de lo planeado originalmente por la resistencia de los miembros del RUF y algunas sospechas cruzadas entre los ejércitos. Finalmente, en Mayo del 2000, el Reino Unido enviaría tropas propias separadas de la misión, unos 1200 hombres con tanques, carros de combates y aviones, que inclinarían la balanza definitivamente en favor de las fuerzas gubernamentales, dando fin a una terrible, cruel, sangrienta y fratricida guerra civil, que se daría oficialmente por concluida en Enero de 2002. 

Mientras el proceso de paz continuaba, las fuerzas de los diversos ejércitos permanecerían en el terreno. Algunas personas verían una oportunidad de dinero y supervivencia en los soldados, y comenzarían a traer bebés chimpancés para venderle a los miembros de las misiones de paz. Al mismo tiempo el santuario profundizaba en la misión de sensibilizar a la población acerca de la situación de los chimpancés, y alertando sobre las multas a las que se enfrentaban por mantener un chimpancé como mascota. En poco tiempo, el número de simios en Tacugama se duplicaría. 

Por ese entonces Tacugama era el hogar de una chimpancé bebé albina, a la que llamarían Pinkie, algo que nunca antes se había registrado. El trabajo de Tacugama, la curiosidad de una chimpancé blanca y la fama de Bruno serían los protagonistas del primer documental del santuario, titulado “Forest of hope” (Bosque de esperanza). Pinkie moriría inesperadamente en 2002 al caer de un árbol, pero el documental atraería un gran interés internacional. Al primero, le seguiría un segundo documental de nombre “Chimps under fire” (chimpancés bajo fuego) que se centraría en la formidable historia de supervivencia del santuario durante la guerra civil, y sobre la continuación de su trabajo de concientización, conservación y educación. Para 2003, con fondos de la Unión Europea, Animal Planet y otras organizaciones mundiales, Tacugama se expandiría para contar con un centro de información y recursos, una clínica y un sector de cuarentena para chimpancés recién llegados (que son puestos en observación por 90 días para descartar cualquier tipo de enfermedad transmisible al resto) y una habitación para la preparación de la comida de los animales. Se construirían cuatro nuevos recintos cerrados para el creciente número de chimpancés que llegaban al santuario. Se le agregarían cuartos para hospedar a lxs voluntarixs que comenzaban a llegar al lugar para trabajar, aprender e investigar. Se crearía un puesto veterinario permanente y se estrecharía la colaboración con el instituto Jane Goodall para la creación de un plan de educación binacional que abarque a Sierra Leone y la vecina Guinea Conakry. 

En octubre de 2005 Tacugama marcaría el hito de cumplir diez años y sobrevivir contra todas las expectativas. El presidente Kabbah, otro superviviente de la guerra civil, se haría presente en las celebraciones. Las cosas parecían encaminarse hacia un rumbo más tranquilo y previsible. Pero…

Otra entrega de África Mía el próximo jueves.

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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”

El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.

LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?

Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»

LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?

Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»

LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?

Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»

LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?

Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»

LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?

Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»

LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?

Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»

LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?

Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»

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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”

La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.

LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?

Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»

LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?

Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»

LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?

Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»

LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?

Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»

LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?

Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»

LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?

Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»

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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.

LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?

Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»

LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?

Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»

LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?

Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»

LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?

Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»

LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?

Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»

LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?

Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»

LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?

Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»

LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?

Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»

LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?

Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»

LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?

Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»

LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.

Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»

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