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Carina Savone: «No quiero que mi hija tenga que luchar por lo que yo luché»
Carina Savone, la primera mecánica en la planta de Cargill Rosario y única mujer en la comisión directiva del Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario, charló con La Columna Vertebral acerca de su historia de vida, el duro recorrido para llegar adonde se encuentra actualmente y cómo es vista una mujer en una actividad predominantemente masculina.
Carina sentó precedente tanto en el sindicato como en la planta aceitera de Cargill en Rosario, en donde se transformó en la primer mecánica mujer. Esa pasión le viene desde chiquita, cuando visitaba a su padre mecánico de autos. Su objetivo estaba tan claro desde tan pequeña que, luego de convencer a su familia para que la cambiaran de escuela, se graduó en la Escuela Técnica Naval Sergio Santander. La pasión y el conocimiento estaban ahí; sin embargo, ser mujer en un mundo de hombres no es algo fácil.
LCV: ¿Cuánto tiene que ver el desarrollarse en un mundo de hombres con hombres que desde tu casa, en este caso, no te pusieron trabas?
-Tiene mucho que ver mi carácter. Yo tengo un carácter bastante caprichoso, decía mi mamá. Me decían que no y yo decía «no puede ser no». En realidad yo tengo una hermana melliza con la que íbamos juntas a la escuela primaria. Terminamos la primaria y nos metieron en la misma secundaria que era un perito contable, esa era la finalidad de la carrera. Los primeros tres años me llevaba contabilidad porque no me gusta la contabilidad, hubo una transición en mi familia, se separaron mis padres, y justo ese año le digo a mi mamá yo no quiero seguir estudiando esto, no me gusta, me gusta lo mecánico. Entonces mi mamá me anotó en la escuela técnica.
LCV: ¿Fue difícil la incorporación a la escuela? ¿Había más mujeres?
-En mi curso había una sola chica, Laura, que sigue siendo amiga mía y me ayudó un montón. Cuando terminé la escuela comercial tuve que hacer una transición y fue una decisión muy complicada, porque yo tenía que pasar a 4to año pero si ingresaba a 4to año de la escuela técnica tenía que rendir 36 equivalencias. Entonces me dijeron que si entraba a tercero tenía que rendir solamente 9. Entonces obviamente decidí volver a hacer 3ro. Aparte pensaba que así me iba acostumbrando porque tenía dibujo técnico y los talleres. Tuve que hacer todo el 3er año que hice doble turno y los primeros cuatro meses del primer trimestre y medio hacer desde primero y el otro trimestre y medio hice el taller de segundo año que era electricidad, carpintería, motores.
LCV: ¿Tenías 16 años en ese momento?
-Sí. Estábamos en unas condiciones muy complicadas de dinero, iba a la escuela en bicicleta. Era muy dura esa época pero era lo que yo quería y lo hacía. Me levantaba a las 6 de la mañana, agarraba la bicicleta, todo por circunvalación y hasta el puerto. Tenía más o menos 13km.

«En mi primer trabajo me ponían dos títulos menos. Ganaba menos haciendo el mismo trabajo que mis compañeros»
SOBRE SUS PRIMERAS EXPERIENCIAS LABORALES Y LA DISCRIMINACIÓN
LCV: ¿Cuánto te costó cuando ingresaste a tu primera planta? La desconfianza de tus compañeros y la de tus jefes ¿se hizo notar?
-Muchísimo. En realidad ingresé en el año 2000 a Coto. Me recibí en el ’99 e ingresé a Coto. En esa época mandaba currículum para todo, necesitaba trabajar y me acuerdo que había salido para Coto repositora y jefe de mantenimiento. Yo mandé a los dos. Me llaman de Buenos Aires, de Coto, y me dicen «tenés que venir a rendir a Buenos Aires» y yo dije: «¿tanto lío para repositora?». No tenía mucho dinero así que agarré el tren que era barato y me fui para Buenos Aires sola. Entro, averiguo y me dicen «tenés que rendir, es para mantenimiento». Yo digo «ah bueno, entonces me tomaron para jefa». Yo pensé que como era mujer no me iban a dar bolilla. Ahí entré y era un salón lleno de hombres. Rendí y al mes me llamaron para avisarme que había quedado pero ya empezaron con una discriminación importante porque cuando entra alguien de mantenimiento en Coto ingresa con el título de mecánico. Ahí yo empecé auxiliar, ayudante de mecánico. O sea que ya empecé con dos títulos menos, ganando menos, haciendo el mismo trabajo que mis compañeros. Se escudaban con que yo era auxiliar ayudante, no mecánica.
LCV: ¿Eso fue hasta que ganaste el derecho de piso?
-Exactamente. Porque después a los seis meses ya me pasaron a mecánica y estuve trabajando cuatro años hasta que llegué a encargada.
LCV: ¿Cómo reaccionaron tus compañeros a que la encargada fuera mujer?
-Primero las cargadas, las curtidas, pero después se acostumbraron. El problema era más que nada los gerentes del supermercado.
LCV: ¿En algún momento del lado de la gerencia o de los compañeros, parte de marcar la cancha tuvieron que ver con «qué bonita», o algún tipo de sugerencia, acoso?
-Sí. Cuando era encargada había un gerente de la sucursal en la que yo estaba que no me quería. Me hizo la vida total y enteramente imposible. Me comuniqué con mi auditor, o sea el jefe de mantenimiento, y le comenté esta situación, que me estaba haciendo hacer trabajos que no me correspondían, que me denigraba, me cambiaba los horarios, muchísimas cosas. Entonces me dijo, «vos no te preocupes, yo voy a ir para allá». Ese hombre fue como mi salvador porque en esa época me quería ir del país, estaba atosigada porque era un abuso de poder constante entonces yo ya estaba harta. Fue este muchacho y me llaman por teléfono temprano y me dicen «venite para la sucursal que estamos en reunión». Voy y adelante mío le dijo al gerente: «yo confío plenamente en ella, porque ella está encargada acá de todo el sector y si ella te dice que se te quemó un compresor de aire (que en esa época valía 40 mil dólares) vos lo tenés que cambiar. Ella sabe si se rompió o no. Ella te puede decir ‘se rompió, la reparación sale 30 mil’ y vos vas a pagar 30 mil. Yo confío en ella, con ella no me falta dinero, no rompe cosas, tiene la sucursal de 10. Así que la próxima vez que yo escucho que vos le haces algo, te echo». Esa vez se terminó el tipo de acoso por parte de gerencia. Pero bueno, tenía acoso por parte de los auditores. Los auditores venían de Buenos Aires y te decían ¿vos sabés lo que tenés que hacer para subir?
LCV: Después de esto pasaste a Cargill.
-No. Después de eso cuando me echaron de Coto fui a una empresa que se llama la Montevideana, la fábrica de helados. Fuimos con una amiga a buscar trabajo y había una fila de una cuadra y media para operadora de la planta de helados y en la otra puerta había seis personas para mantenimiento así que voy a la fila de mantenimiento y mi amiga se va al fin de la cola. Cuando me pongo en esa cola se da vuelta un hombre de ahí y me dice «esta fila es para mantenimiento». pensando que vi la fila larga y me quise colar. Le dije «sí, yo soy técnica». «¿Técnica en qué?». «Técnica electromecánica». De ahí pasé a la entrevista, el ingeniero que me tomó la entrevista me dijo «no te ofendas pero no creo que te llamemos». Entonces yo le dije: «usted pidió técnico mecánico, yo soy técnica electromecánica, vengo al puesto de trabajo. Si me llama o no ya no es mi problema. Usted pidió un servicio, yo lo brindo». Me fui y a la semana me llamaron. Ahí me llamaron hasta que renuncié para entrar en Cargill.

«Me mantenía alejada del sindicato porque no daba lugar a las mujeres. Pero ayudando a compañeras me cambió la cabeza»
SOBRE SUS PRIMERAS PARTICIPACIONES EN EL SINDICATO
LCV: Ahí vos también ingresaste a lo que es la lucha sindical y te convertiste en una delegada gremial. ¿Cómo se dio eso y qué repercusiones hay entre tus compañeros?
-En realidad este año van a ser 10 años que estoy trabajando en Cargill. Yo nunca fui muy amante del sindicato. Si bien siempre acaté lo que decía el sindicato y siempre que entré a un trabajo nuevo lo primero que hice fue afiliarme al sindicato, pero me mantenía bastante alejada en el sindicato de aceiteros porque no era un sindicato que nos diera lugar a las mujeres. Hubo una época del sindicato que fue muy oscura. Yo entré en el 2012. Siempre me hablé con los delegados y nunca tuve ningún problema pero no participaba porque no te daban lugar. En el 2018 hacen el despido general de 40 compañeros. Ahí a una compañera le echan al marido, y yo la ayudaba y ella me decía «vamos a hacer esto o lo otro», y yo participaba pero para ayudarla a ella. Ahí me cambió la cabeza. Echaron a muchos compañeros con causa y a muchos otros sin causa, entonces ahí te sentís tocada porque vos ves que haces todo bien y te pegan un boleo. Ahí me empecé a ver y todo eso. Después en el 2020 estuvimos 21 días de paro, fui todos los días al paro, hablaba con los delegados y me decían «vos te tenés que postular para delegada» y yo le decía «no puedo, porque el sindicato en aceiteros es muy presente». Si los delegados tienen que ir a las dos de la mañana a detener un conflicto tenés que ir, y yo tengo a mi marido que trabaja de noche así que yo todas las noches estoy sola de noche con mi nena. Mi nena tiene cuatro años así que imaginate que si me llaman a las dos de la mañana y me dicen vamos a parar la planta mi preocupación es qué hago con la nena. Entonces les dije que delegada no podía ser. Me insistieron mucho pero la negativa era siempre la misma. Si hago algo quiero estar, a la mitad no me gustan las cosas. Entonces el año pasado en septiembre me busca uno de los chicos diciéndome que están formando una nueva lista y me querían en la comisión directiva del sindicato, no de delegada. Yo les dije que ya les había dicho que no, pero me dijeron «esto no es para delegada, sería en horarios normales, no tenés que venir a la noche, etc». Les dije que me dejaran pensarlo, pero cuando me dijeron que no era el horario extenso ya me gustó la idea. Lo charlé con mi marido y mi marido gracias a Dios me apoya en todo y le di para adelante y a partir del 19 de noviembre ingresé en la comisión directiva y ahí fue un revuelo. En 70 años del sindicato de aceiteros en Rosario nunca hubo una mujer en la comisión directiva.
LCV: ¿Tienen buena relación la Federación de Aceiteros de Daniel Yofra?
-Sí. Buenísima. Es más, después de que ingresé fue un revuelo. Me empezaron a buscar porque era la primera mujer en la dirección directiva. Si bien ya hay una secretaria hace muchos años, hace ocho años que está María Laura Merin, secretaria de Esperanza, sindicato de Esperanza y Rafaela, en el sindicato Rosario que es el que tiene más afiliados nunca pasó eso. Entonces ahí me llamaron a la junta electoral. Nosotros el 9 de marzo tenemos elecciones de Federación. Se conformó una lista con más o menos los mismos integrantes pero sigue Daniel Yofra a la cabeza del sindicato, porque cuando las cosas están bien no hay por qué cambiarlas. Entonces estoy viajando constantemente a Buenos Aires por el tema de la junta, el padrón y demás. La semana pasada nos juntamos con Daniel, estuvimos hablando y la verdad que también es un tipo de mente abierta que apoya a las mujeres y quiere ver más mujeres en el sindicato, pero lo que pasa es que el gremio de Aceiteros es muy masculinizado entonces si no ingresan mujeres al gremio por parte de las plantas vos no las podes tener en el sindicato.
LCV: Que se prepare la CGT porque entra una mujer no solo al sindicato sino también a la CGT y que es muy caprichosa así que cuando la vean llegar, tiemblen.
-Yo tengo el pensamiento de que no quiero que mi hija tenga que luchar por lo que yo luché, quiero dejarle un camino más allanado a ella y a todas las mujeres.
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»