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Natalia, colectivera de Rosario: «Me siento una heroína»
Por Florencia Vespignani
Estamos con Nati en la vereda de ATE, Asociación de Trabajadores y Trabajadoras del Estado de la ciudad de Rosario, participando del II Encuentro Feminismo y Sindicalismo organizado por ATE, la Fundación Rosa Luxemburgo, y las compañeras del Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario. Pasa un colectivo y nos toca bocina; a ella se le dibuja una sonrisa, levanta la mano entusiasmada y saluda. “Esa es Gaby, –me dice–, otra de las compañeras choferas”.
En Rosario hay aproximadamente 3000 choferes de transporte urbano, sólo 15 son mujeres. Para conseguir este puesto de trabajo, Nati y sus compañeras dieron pelea, que incluyó la apelación a la Justicia para denunciar la discriminación que sufrían por ser mujeres. “Hoy no llegamos a ser ni el 1%” me dice.
¿Cómo te sentís siendo parte de ese 1% y habiendo dado esta lucha?
Me siento parte del engranaje de este cambio, esto que tenemos que ir generando cada mujer, y más en estos ámbitos tan masculinizados. A veces me preguntan y nos es por agrandarme, pero me siento una heroína, por pertenecer a un gremio tan masculinizado y ser parte de este 1%, me hace sentir orgullosa.
Las empresas contrataban mujeres en forma temporaria, se sacaban fotos, y nunca quedaban efectivas. Los varones sí, tanto en empresas privadas como la estatal. Ante esta situación un grupo de mujeres decidió pelearla, e ir a la justicia. La estrategia fue agarrarse de una ordenanza que estaba dormida en un cajón. La difusión del tema llevó a la prensa a consultarle al secretario gremial de UTA (Manuel Cornejo, hoy fallecido). El sindicalista, quien debería defender los intereses de quienes trabajan en su sector, dio su opinión: “el cuerpo de la mujer no está preparado para manejar un colectivo», dijo, aunque aclaró que «la UTA no tiene ningún problema de que trabajen mujeres». Estas declaraciones machistas contribuyeron a ganar la batalla. Ya que feministas de Rosario, mujeres sindicalistas y ongs las repudiaron y ayudaron a visibilizar la injusticia, dando pelea también en el sentido común. ¿Por qué una mujer no podría manejar un colectivo?
Quedó claro que eran discriminadas por la empresa y dejadas de lado por el sindicato. Era 2018, la marea estaba tiñendo todo de verde. “Era el momento” me dice, y nos reímos juntas.
Nati y sus compañeras no son las únicas; otras mujeres tuvieron que recurrir a juicios y lograron fallos judiciales a su favor, en Salta, Buenos Aires, y Cuidad de Bs As. Muchas no lo lograron.

«El hombre piensa que la mujer viene a robarle su puesto de trabajo»
sobre su relación con compañeros de trabajo
¿Cómo te llevas con tus compañeros de trabajo? Le pregunto
Al principio se mostraban reacios a que haya mujeres. Porque el hombre piensa, en realidad, que las mujeres vienen a robarle su puesto de trabajo, o que venimos a querer competir con ellos. Creo que esa es la mentalidad. Al principio lo viví de esa manera que se mostraban reacios. Pero llevo más de 2 años en el transporte, y ya soy la Nati, la compañera, se dieron cuenta que soy una más, que podemos trabajar igual que ellos, y que nos han robado los derechos; ellos me lo dicen. Pero gracias a Dios lo van entendiendo, lo entienden.
Para las mujeres no es fácil. ¿Qué problema tendría un varón para ingresar en una empresa de colectivo? Seguramente ninguno y sería una alegría para sus familias, amigues y su entorno. Buen trabajo, estable y relativamente bien pago. Pero para las mujeres y las disidencias es una lucha más. Y para lograr un derecho tan básico, como no ser discriminadas por género, la pasaron mal. Ir a juicio, sostener la lucha, exponerse en los medios, bancarse la incertidumbre… Nati no tuvo costos en sus vínculos personales, como otras compañeras, pero sí en su salud. Me dice: “Pagué un costo con mi salud, porque al principio me re estrese mal, porque es una situación, si bien la lucha es linda, uno siente que gana un espacio, no para una sino para todas. Se genera un estrés, una mirada que tenés que saber cómo llevar adelante. Pero bueno, ya lo estoy superando”
Hablamos de su infancia: ¿cómo llegó a apasionarle manejar un colectivo? me pregunto. Y Nati me cuenta: su papá era bastante machista, pero a la vez nunca la cuestionó en las decisiones que tomaba, e incluso la apoyaba. La llevaba a jugar al fútbol cuando era chica y la alentó a que sacara el carnet profesional de conducir. Cuando pudo, la contrató para manejar una combi y trasladar personal en una empresa de parquización. Así Nati se entusiasmó con ser chofera.
Busco en el diccionario el femenino de chofer: me aparece choferesa. Suena raro, chofera me gusta más y así se nombran las choferas de Rosario. Seguiremos instalando palabras, problematizando el lenguaje como venimos haciendo desde los feminismos. Palabras para lo que no se nombra o simplemente no existían, como mujeres en el transporte.
Indago un poco más. ¿Qué hacen las mujeres transportistas cuando tienen que cuidar a un hijo o hija? Cuenta Nati:
“Yo no tengo hijes ni personas a cargo, pero tuvimos una situación, el convenio está hecho para hombres, las trabajadoras del transporte estamos incluidas hace dos años. Hay que rever el convenio, reformarlo. Una mamá soltera que necesita cuidar a su hijo le descuentan los días y el varón lo deja con su mujer al hijo. No está incluido en el convenio. Ya le pasó a una compañera, que tuvieron que internar al hijo de urgencia. Llamó a los delegados, le dijeron que lo tenía que dejar con alguien porque si faltaba le iban a descontar el día. No tenía con quien dejarlo y bueno no está en el convenio (fue la respuesta del delegado). Y cuando llamo a la empresa, le dijeron y bueno van a tener que ir a pelear por el convenio”. Parece un chiste, le digo. Y Nati concluye… “Por eso te digo, hay una lucha todavía muy larga”.
La discriminación en el acceso a puestos de trabajo en sectores formales con buenos salarios, refuerza las profundas desigualdades de géneros que existen en el mundo del trabajo, y amplía la brecha salarial que denunciamos desde los feminismos. La falta de cobertura en la tarea de cuidados, que recae fuertemente en las mujeres, genera doble jornada y más dificultades en el acceso al trabajo.
La perspectiva feminista y la participación de mujeres, trans, travestis, no binaries en los ámbitos sindicales, es importante para visibilizar la problemática y darnos estrategias claras. También aportan a deconstruir la división sexual del trabajo, signada por los mandatos sociales que nos asignan a las mujeres: actividades vinculadas al trabajo en casa particulares, enseñanza y servicios sociales; y nos excluyen de otras, como el transporte.
Las actividades donde predominan las mujeres, no casualmente, son remuneradas con salarios bajos y cuesta salir de la precarización. Desde los feminismos sabemos que esto dificulta la vida libre de violencias y las decisiones autónomas de las mujeres y las disidencias. Es un tema clave para erradicar estas violencias.
Cada vez más trabajadoras y algunas compañeras que logran representatividad en los sindicatos están dando este debate, ganando algunas batallas. Como Nati y las choferas de Rosario.
¿Lograremos las trabajadoras y feministas masificar estas luchas, como lo hicimos con el derecho al aborto y los derechos sexuales? Desde los sindicatos y los feminismos podemos construir esa articulación virtuosa, para seguir dando estas batallas y las que vendrán.
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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”
El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.
LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?
Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»
LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?
Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»
LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?
Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»
LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?
Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»
LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?
Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»
LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?
Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»
LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?
Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»
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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”
La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.
LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?
Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»
LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?
Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»
LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?
Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»
LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?
Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»
LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?
Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»
LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?
Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»
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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.
LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?
Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»
LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?
Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»
LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?
Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»
LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?
Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»
LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?
Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»
LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?
Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»
LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?
Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»
LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?
Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»
LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?
Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»
LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?
Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»
LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.
Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»