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Tomás Astelarra: «Este Gobierno desconoce las alternativas que genera el pueblo; no es Popular»

Tomás Astelarra, licenciado en Economía de la Universidad Torcuato Di Tella y master en Periodismo de la Universidad del País Vasco, charló con Laura Giussani Constenla acerca de la economía popular como clave para revertir la crisis, los problemas de la concepción clásica de la economía y cuáles son las principales falencias del Gobierno.

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El economista, quien además colabora con La Luna Con Gatillo y Revista Sudestada entre otros medios, realiza una serie de talleres entre los que se encuentra el «Taller de Economía para el Buen Vivir», en el cual comienza respondiendo: ¿cómo nos vendieron este cuento?

-Al primero al que le vendieron el cuento fue a mí mismo. Siempre me gusta decir en mis charlas que vengo de cuna de oro, un nacimiento privilegiado, hombre de clase alta de una ciudad como Buenos Aires, gringuito y también con unos padres que me inculcaron valores muy lindos como la solidaridad. Mi mamá y mi papá los dos eran licenciados en economía así que mamé eso desde la cuna y en algún momento cuando me tocó estudiar me decidí por la economía. Me pudieron pagar una muy buena universidad y ahí me enseñaron la definición de economía, que es la que hoy en día se manejan las universidades que dicen que es la «ciencia que administra recursos escasos para necesidades infinitas». Bueno, la vida en esos valores que me inculcaron mis viejos me fue llevando a desistir de un montón de caminos, de caminos de ONG, de laburos del estado, de laburos en diarios hegemónicos, me fui corriendo viendo las contradicciones de esos espacios y finalmente me lancé a viajar por Sudacamérica con el arte que siempre me gustó mucho. Me fui a Bolivia, a Colombia, estuve como ocho o nueve años viajando por América Latina y ahí me gusta decir que hice un doctorado en economía. Aunque parezca raro hice un doctorado en economía con las mamitas bolivianas, las caseritas de los mercados y ahí me di cuenta que me habían enseñado mal en la Universidad di Tella, que en realidad la economía era otra cosa. Ahí también conocí un amigo hippie de San Marcos Sierra que me enseñó que en su raíz etimológica, que pensaron los griegos y romanos, la economía quiere decir «el cuidado de la casa común». Ahí después de todos esos viajes y esa reflexión, después de haber negado ser economista mucho tiempo me pregunté:¿cómo puede ser que de una definición tan linda como el cuidado de la casa común, de algo tan esperanzador para la humanidad en este momento tan cascoteadito que estamos, en algún momento nos enseñan que la economía es la ciencia que administra recursos escasos para necesidades infinitas? Lo cual es un problema insalvable y que muestra en muchos casos la gran crisis civilizatoria que estamos teniendo en el mundo con respecto a los recursos y a la administración de los recursos, un problema que el economista chileno Manfred Max Neef decía que era básicamente de estupidez.


«Estos economistas intelectuales de escritorio no son capaces de ver las maravillas que hacen las doñas de los barrios»

sobre las políticas de gobierno

LCV: Hemos hablado con Matías Kulfas y cuando hablamos sobre cómo el consumismo es el mayor de nuestros problemas, me dijo que eso es un tema de la filosofía ¿En qué momento se dividió la filosofía de la economía?

-El gobierno no solo no detiene la industrias masivas que contaminan sino que no fomenta la economía popular, que para mí es mucho más grave porque es una solución a largo plazo. A mí me parece que hay una gran ceguera de todos estos economistas intelectuales de escritorio que no son capaces de ver las maravillas que hacen las doñas en los barrios. Pero volvamos a la filosofía y al siglo XVIII cuando nace la ciencia positivista, cuando venimos del iluminismo, de la supuesta oscuridad, de la Edad Media y aparece el mundo de la razón que hoy nos compete. Mucha razón y poco corazón. Ahí empiezan a surgir las ciencias y este economista que les recomiendo mucho, Manfred Max Neef dice que en ese momento la física era la gran estrella de la ciencia porque justamente, siendo algo tan estructurado y tan cerrado y en búsqueda de certezas antes que la duda, los físicos tenían algo maravilloso que era una ciencia que era netamente matemática. Entonces ahí los economistas que estaban viendo cómo se acomodan en la ciencia dicen «pará, ¿cómo hacemos que esto que evidentemente no es matemático se ajuste a este modelo positivista? Entonces ahí Jeremy Bentham crea la teoría de la utilidad. El homosapiens racional toma decisiones económicas a través de maximizar una utilidad. Eso Matías Kulfas lo debe haber aprendido en la universidad, dentro de lo que él llama filosofía. Son modelos matemáticos donde cada persona maximiza su utilidad porque por ejemplo, para mí es muy importante poder exprimirme este jugo que me estoy exprimiendo de naranja orgánica, por lo tanto voy a pagar más la naranja que una persona que no ve los valores que puede tener una producción orgánica en cuanto al medio ambiente. Hay mucha gente que no le importa que se esté destruyendo el planeta entonces le vale lo mismo una naranja transgénica que una naranja orgánica. A mí no, a mi me importa el planeta y por lo tanto estoy dispuesto a pagar más por una naranja orgánica que por una naranja común. ¿Eso cómo lo ves en los números? Estos economistas del siglo XVIII decían «hacemos una función de utilidad que maximizamos la utilidad de las personas, después unificamos toda la utilidad y llegamos a un sistema de equilibrio». Obviamente que esto es imposible. Hace más de dos siglos y medio que los economistas están tratando de ver cómo carajo se mide una utilidad, pero lo cierto es que de todas las cosas que nosotros como seres humanos racionales podemos elegir, la única que es cuadradita es el dinero. Entonces ahí la economía para ser una ciencia exacta pasó a solo medir el dinero. El resto no le importa, lo único que le importa es el dinero porque es lo único que se puede medir como ladrillitos. 

LCV: Antes existía el objeto y a eso se le daba el valor pero ahora es al revés, primero está el dinero y si no hay dinero no hay producción. Ahora lo principal es el dinero, no la cosa. Entretanto la sociedad me parece que está cambiando por sí misma, porque ya hay un 50% de personas que hacen con su vida lo que pueden. Me parece que ya es estructural y que habría que ver si no estamos en una revolución estructural que nadie la está dirigiendo ni proponiendo. ¿Vos cómo la ves?

-Sí. Las compañeras de la economía popular dicen «nos inventamos nuestro propio trabajo». La economía popular surge de la crisis neoliberal, del menemismo, donde toda la gente queda sin trabajo y en un momento ya de tanta hambre surge el piquete. Los primeros famosos planes  sociales nacieron ahí, porque después de los piquetes para parar un poco la bronca crearon estos planes para parar la bronca. Entonces ahí se creó una lógica en todo el país que si vos organizabas la bronca y te bancabas las balas te iban a a tirar unos mangos del gobierno. No fue que la gente una vez que se juntó ahí y ya había armado una olla popular dijo «agarro la plata y me vuelvo a mi casa». No. Dijeron «¿con estos pesitos qué hacemos? Che, yo tengo una máquina de tejer», Santillán consiguió que le donaran una bloquera entonces hicieron una cooperativa de bloques de cemento y se organizaron para tomar tierras y ese proceso a través de la plata que fue inyectando el estado a través de la protesta fue generando un circulo vicioso donde la protesta pasó a ser propuesta. Se bien versaron los fondos para generar pequeñas cooperativas de agricultura familiar, textiles, de construcción.


«Kulfas presentó un programa para recuperar 2 millones de empleos. El IFE se dio a 10 millones de personas. Si en diez años solo vas a recuperar el 20% de empleo, es una solución un poco pobre»

sobre la economía popular y los programas del gobierno

Eso en algún momento entre Juancito Grabois y el barba Pérsico dicen «esto es una economía popular», y a pesar de que el kirchnerismo había hecho que se recupere la economía y que se recuperen los grados de bienestar de la sociedad lo cierto, como dice el compañero Pérsico, es que la industria en su máxima capacidad podía emplearse en millones de personas en los 70 antes de la dictadura y hoy pueden emplear lo mismo. Matías Kulfas presentó un programa a 10 años para generar dos millones de puestos de empleos y en el ReNaTep, que es el registro de los trabajadores de la economía popular, hay unas 6 millones de personas y el IFE se calcula que se dio a unos 9 o 10 millones de personas. Entonces si vos en 10 años solo vas a poder recuperar el empleo del 20% de la gente que no tiene empleo y que quiere trabajar, es una solución un poco pobre. El actual gobierno, el actual ministro de desarrollo, Juan Horacio Zabaleta, también lo dice Matias Kulfas, dice que esos planes no son trabajo y eso es una terrible ofensa a las doñas de los comedores populares, porque además están desconociendo algo fundamental de la economía en estos tiempos. Gracias a las compañeras feministas estamos en tiempos de la economía del cuidado, de revalorizar el trabajo que hacen las mujeres en las casas. Entonces decir que los Potenciar que reciben las doñas de los comedores populares que sostuvieron la población argentina en tiempos de pandemia no son trabajo es una actitud criminal, totalmente ignorante, y muestra que la economía, los funcionarios de este gobierno, están en manos de gente que no conocen las alternativas reales que está generando el pueblo y por lo tanto no es un gobierno popular. Quizá tienen la intención pero no tienen la calle, no tienen la conciencia. Me parece que lo de Kulfas es mucho más filosofía que lo mío, que estoy trabajando la tierra y que estoy asesorando a esas compañeras para que sepan cómo llevar adelante sus emprendimientos cooperativos. 

LCV: ¿Existe alguna posibilidad de cambiar? Nos quieren hacer creer que es imposible cambiarlo pero yo estaba pensando que en términos de la historia de la humanidad este sistema es bastante moderno, empezó hace 200 años, 300 máximo ¿Estamos a tiempo de cambiar este sistema de cosas?

-Sí. De hecho lo estamos cambiando. Más allá del pensamiento que difundo en torno a esta reflexión de la economía más de filosofía soy parte del cambio. Soy parte de varias cooperativas, soy parte de un territorio, Traslasierra, que está haciendo muchas propuestas alternativas. Por ejemplo yo formo parte de Humano, que es una mutual que empezó como un emprendimiento de 15 artesanos de la feria que se juntaron para alquilar un local, yo estaba entre ellos, y actualmente somos 80 familias con tres locales en Merlo, San Javier y Villa de las Rosas. Dos de esos locales, el de Marlo y las Rosas, lo abrimos en plena crisis del macrismo en el 2018, pudimos incorporar 60 familias más al trabajo que estábamos haciendo y además distribuimos productos de otros 200 emprendimientos de la economía popular. Todo en base al esfuerzo y en base a la reciprocidad que da trabajar en cosas bonitas. Muchas veces yo hago este ejercicio con respecto al trabajo. Cuando voy a los talleres les pregunto a las compañeras, por ejemplo a las de Humano, si yo les pago 500 pesos por trabajar en Humano donde pueden llevar a sus niñes, donde pueden tomarse una birra con los amigos, donde ustedes toman las decisiones en las asambleas, donde tienen 20% de descuento en todos los alimentos que comercializamos, o les pago los mismos 500 pesos por trabajar en el locutorio de enfrente con el viejo ese que es re hincha, ¿ustedes qué deciden? «Trabajamos en Humano», me dicen. ¿Y si en Humano les pago 500 y el locutorio del viejo hincha 1000? No, trabajamos en Humano ¿Entonces en Humano 500 y en lo del viejo hincha 2000? Y, ahí ya un par empiezan a dudar. Entonces yo les digo que un trabajo de la economía popular por un salario ahora de 500 pesos equivale a un trabajo de 2000 pesos con un patrón. Eso también explica de alguna manera por qué los empresarios del campo están tan indignados porque la gente no le trabaja por medio salario mínimo. Es que están trabajando en una cooperativa agrícola con sus familias, en buen clima de trabajo, sabiendo que producen verdura orgánica que hace bien al planeta, que se puede vender barata a los consumidores.

ECONOMÍA | Tomas Astelarra analiza como encarar esta crisis o pandemia -  Radio Garabato 88.3fm

Yo hace mucho estoy promoviendo que la gente siga el índice de inflación que está haciendo el centro de estudios de Scalabrini Ortiz basándose en productos de la economía popular. Los índices que vienen haciendo las compañeras hace más de dos años demuestran que la inflación en las comercializadoras de la economía popular ha sido mucho menor que la de los supermercados, drásticamente menor. Eso es porque nosotros no especulamos con el alimento. Para nosotros el alimento es un derecho y nosotros lo que hacemos es ser intermediario entre un productor que gana más y un consumidor que paga menos, y nosotros nos llevamos apenas lo necesario para mantener ese trabajo. Ahí hay propuestas concretas, hay un programa que es el mercado de cercanía que está la compañera Eva Verde, que es una prócer de la comercialización de la economía popular que viene del frente Darío Santillán. Entonces la solución está. Las soluciones las estamos creando, simplemente y lamentablemente están un poco invisibilizadas por los grandes medios y por los mismos funcionarios del gobierno que de buena fe voy a pensar que son ignorantes, de mala fe voy a pensar que ganan más dinero después como consultores de las empresas a las cuales les hacen el lobby ahora. Porque la verdad que algún día me gustaría que se discuta el déficit fiscal en torno a quién van los beneficios porque parece que es un escándalo que nos den 0,5 del presupuesto para fomentar la economía popular pero nadie se queja de Vicentín, de nacionalización de la deuda privada con Cavallo. Realmente si vemos la cantidad de dinero que el Estado le ha dado a las grandes empresas vamos a quedar bastante pasmados frente a la miseria que nos dan a los trabajadores y trabajadores de la economía popular que realmente estamos trabajando y estamos generando propuestas de otra economía posible, de otro mundo posible como vos decís. Entonces me parece que en estos tiempos de una sociedad tan cibercomputarizada y tan individualista y tan de departamento está bueno que la gente salga un poquito a la calle, salga al campo, se junte con esos negros y negras de mierda que parece que lo van a robar pero que le van a hacer un piquete y se fijen lo que están haciendo, porque me parece que están dando alternativas reales a los problemas que son de todos. También la ciencia exacta tiene que ver con la estadística que usan mucho los funcionarios y los medios de comunicación. El compañero Umberto Eco decía que la estadística era esa maravillosa ciencia según la cual si un hombre murió empachado con un pollo y la mujer murió de hambre los dos comieron medio pollo. La ecofeminista Yayo Herrero se pregunta por qué cuando se mide el PBI los estadistas toman en cuenta la fabricación de armas y no el cuidado de les niñes. Entonces hay que tener un poco de cuidado con estos números que se nos lanzan al boleo, porque en estos números, por ejemplo, yo soy un indigente y la verdad es que tengo un buen vivir bastante maravilloso. Entonces me parece que hay que ser cuidadosos con esto que nos vendieron de la economía exacta.

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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”

El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.

LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?

Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»

LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?

Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»

LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?

Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»

LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?

Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»

LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?

Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»

LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?

Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»

LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?

Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»

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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”

La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.

LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?

Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»

LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?

Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»

LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?

Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»

LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?

Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»

LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?

Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»

LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?

Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»

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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.

LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?

Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»

LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?

Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»

LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?

Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»

LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?

Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»

LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?

Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»

LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?

Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»

LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?

Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»

LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?

Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»

LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?

Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»

LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?

Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»

LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.

Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»

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