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Del fascismo futurista al geronto-fascismo, por el filósofo Franco Bifo Berardi

UNO: cien años después

Como en un encantamiento, pronto a cumplirse el centenario de la Marcha sobre Roma, la descendencia directa de Benito Mussolini se prepara para tomar el poder en Italia.

Se da por segura una victoria de la coalición de derecha en las elecciones previstas para el 25 de septiembre, y Fratelli d’Italia podría resultar el partido más votado entre los tres que componen la coalición. Giorgia Meloni, secretaria de Fratelli d’Italia, tiene grandes posibilidades de ser el primer Presidente del Consiglio de género femenino en la historia italiana.

El fascismo está en cada rincón de la escena italiana y europea: está en el retorno de la furia nacionalista, en la exaltación de la guerra como la única higiene del mundo, en la violencia anti-obrera y anti-sindical, en el desprecio por la cultura y la ciencia, en la obsesión demográfico-racista que quiere convencer a las mujeres de tener hijos de piel blanca para evitar la gran sustitución étnica, y porque si las cunas están vacías la nación envejece y decae, como decía El.

Toda esa basura volvió.

Por lo tanto ¿vuelve el fascismo? No exactamente. Aquél, el de Mussolini, era un fascismo futurista, exaltación de la juventud, de la conquista, de la expansión.

Pero cien años después la expansión acabó, el ímpetu conquistador fue sustituido por el miedo a a ser invadidos por migrantes extranjeros. Y en lugar del futuro glorioso ahora tenemos en el horizonte la extinción inminente de la civilización humana.

“Sol que surges libre y fecundo

no verás otra gloria en el mundo

mayor que Roma”[1]

Eso decía la retórica nacionalista del siglo pasado.

Ahora el sol provoca miedo porque los ríos están secos y arden los bosques.

Lo que avanza es el Geronto-Fascismo: un fascismo de la época senil, el fascismo como reacción rabiosa al envejecimiento de la raza blanca.

También sé que muchos jóvenes votarán por la Meloni, pero el espíritu de esta derecha está entrampado en una especie de demencia senil, un olvido de las catástrofes pasadas, como si los hubiera provocado un Alzheimer.

El geronto-fascismo, agonía de la civilización occidental, no durará mucho. Pero en el breve período que esté en el poder podría producir efectos notablemente destructivos. Más de los que podamos imaginar. 

¿Qué fue el fascismo histórico?

Se necesita una breve lección de historia italiana.

Italia es un nombre femenino. En el Renacimiento, las cien ciudades de la península vivían su historia sin pensarse como nación, sino, sobre todo, como lugares de paso, de residencia, de intercambio.

La belleza de los lugares, la sensualidad de los cuerpos: la autopercepción de los habitantes de la península de cien comunas era femenina hasta que llegó la austera fanfarria de la nación. En los siglos posteriores al Renacimiento, la península fue tierra de conquista de ejércitos extranjeros, pero el pueblo se las arregla.

“Que sea Francia o España, con tal que se coma”, decía el refrán que en la lengua de la época rimaba con la frase “Francia o Spagna, basta che si magna.”

El país decae, pero algunas ciudades prosperan, y otras hacen lo que pueden.

Luego viene el Ottocento, un siglo retórico que cree en la nación, una palabra misteriosa que no quiere decir nada. ¿Es el lugar de nacimiento, o acaso la identidad fundada sobre el territorio que tenemos en común?

La identidad nacional es una superstición en la cual nunca creyeron los habitantes de la ciudad, pero que les fue impuesta por una minoría influenciada por el Romanticismo más reaccionario.

Los piamonteses, montañeses presuntuosos rehenes de Francia, pretenden que los napolitanos y los venecianos acepten someterse a su comando. Así, el Sur fue conquistado y colonizado por la burguesía del Norte, y comienza su decadencia: entre 1870 y 1915 emigran veinte millones de italianos del sur y del Véneto. En Sicilia se forma la mafia, que al principio era una expresión de las comunidades locales para defenderse de los conquistadores, y luego devino una estructura criminal de control del territorio.

La cuestión del Sur como colonia no terminó nunca, y aún hoy sigue profundizándose, aunque las ciudades como Palermo o Nápoles, viven una vida extra-italiana, cosmopolita.

Durante la guerra por la independencia, un joven de nombre Goffredo Mameli escribió las palabras de Fratelli d’Italia, que terminó siendo el himno nacional[2]. No es un himno bellísimo, no. Es un amontonamiento de frases retóricas, belicistas y esclavistas. Mameli murió muy joven, y no merecía continuar siendo expuesto al ludibrio de quienes escuchan esta musiquita que intenta ser viril, y en cambio provoca risa. 

Las posturas guerreristas terminan en un fracaso estrepitoso porque los habitantes de las ciudades italianas fueron siempre demasiado inteligentes como para dejarse tratar como italianos. Son venecianos, napolitanos, sicilianos, romanos, genoveses, boloñeses. ¿Qué más? Solo la burguesía piamontesa, que si se me permite decirlo, nunca fue demasiado brillante, pudo creer en esta ficción blanca, roja y verde.

Y luego llegaron los grandes desafíos del nuevo siglo, el siglo de la industria y de la guerra. Había que ser competitivos, agresivos, no más maricas.

En 1914, mientras Serbia y Austria entran en guerra, arrecia la polémica entre intervencionistas y no intervencionistas. Los Futuristas, intelectuales de poca monta, se agitan: desprecio por la mujer, la guerra es la única higiene del mundo vocifera el pésimo poeta Marinetti en su Manifiesto de 1909. ¡Abajo la Italieta! Gritan los estudiantes intervencionistas para convencer a los sicilianos y napolitanos de que vayan a hacerse asesinar a la frontera con el Imperio Austro-Húngaro…que para napolitanos y sicilianos no significa nada. La historia de la nación italiana es la historia de una sistemática traición.

Cuando en 1914 estalla la guerra en Europa, Italia es aliada de Austria y Alemania, pero el gobierno italiano decide no entrar en guerra, y queda a la espera de ver cómo evoluciona la situación. En 1915 prevalecen los intervencionistas y ahí Italia entra en guerra del lado de Francia e Inglaterra, contra quienes eran sus aliados. El resultado de la guerra es catastrófico. Quince mil muertos en Caporetto[3].

Los veinteañeros mandados a morir cantan:

“Oh Gorizia, maldita seas

por cada alma que tiene conciencia,

dolorosa nos fue la partida

y para muchos no hubo regreso”[4]

Tras la guerra, las potencias vencedoras, Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos, que por primera vez entraron en los asuntos europeos, convocan al Congreso de Versalles para dar un nuevo orden a Europa, y tal vez al mundo.

Los vencedores franceses e ingleses quieren castigar a Alemania, pero en un libro titulado Las consecuencias económicas de la paz, John Maynard Keynes aconseja no exagerar, porque con los alemanes, incluso derrotados, no se juega.

El presidente norteamericano, un tal Woodrow Wilson, ignorante de Historia y de Antropología, piensa poner prolijidad a la cosa y proclama la Autodeterminación de los Pueblos. Pero Wilson olvida explicar qué quiere decir pueblo, aunque de hecho esta palabra no significa nada. Y la otra, Nación, tampoco. Dos palabras privadas de sentido lógico que transforman la historia del Novecento en un infierno de guerras sin fin.

En el Congreso de Versalles, los italianos desean ser tratados como vencedores, y reivindican para sí Dalmacia, Albania y algo de África. Pero los verdaderos vencedores, las potencias imperialistas consolidadas, tratan a los italianos como lacayos y traidores, y no toman en consideración sus petulantes reclamos. Sidney Sonnino, extravagante ministro del Reino de Italia, se retira con el pañuelo mojado por las lágrimas.

La humillación es arrasadora para quienes habían combatido, los veteranos, que habían creído que estar del lado de los vencedores les iba a traer la gloria, riqueza y colonias.

Un romagnolo llamado Benito, que se había ido del partido Socialista en 1914 para entrar en el bando de los intervencionistas, asume la dirección de los veteranos, que se dan cuenta de que han combatido por nada, y gritan ‘vendetta’ contra la Inglaterra plutocrática. Benito tiene una cultura retórica y de provincia, pero una buena memoria, y encarna la virtud del macho latino, arrogancia, fanfarronería, oportunismo. Su voz suena potente con la amplificación eléctrica, y sus poses son perfectas para el cine, el nuevo medio que acompaña la creación de los regímenes de masas en la primera parte del siglo XX.

En 1919 los obreros del norte industrial ocupan las fábricas y los labriegos de la Emilia-Romagna entran en huelga contra los terratenientes por mejores condiciones de trabajo. Benito Mussolini guía el orgullo de la nación contra los intereses mezquinos de los obreros. Es ‘la patria’ contra las organizaciones de la sociedad real. Y así, en octubre de 1922 tras haber conseguido la mayoría relativa en las elecciones, encabeza la Marcha sobre Roma, y nace el fascismo: un hombre solo al comando, violencia contra los sindicatos, persecución a los intelectuales, asesinato de los dirigentes de izquierda. Antonio Gramsci escribe en la cárcel sus Cuadernos donde explica qué era -y sigue siendo-, el núcleo central del fascismo: la violencia patronal contra la clase trabajadora.

Italia se volvió masculina, y la Italia masculina quiere un imperio, pero esto no le gusta ni a los ingleses ni a los franceses, naciones consolidadas que ya tienen un imperio.

Las naciones jóvenes, Italia, Alemania, Japón, reivindican el derecho de tener su lugar bajo el sol, y sellan la alianza. Nace el eje Roma-Berlín-Tokio (RoBerTo)

Mussolini manda tropas a Libia, Etiopía, Abisinia: hacia allá van los jóvenes italianos mandados a combatir en esas tierras, guiados por criminales de guerra como el general Graziani. Masacran pueblos enteros. Lanzan bombas con gas mostaza contra aldeas del Cuerno de África.

Desde su balcón romano Mussolini proclama a una multitud oceánica que ha renacido el Imperio de Roma. Es 1936, y desde España llega el ruido de una nueva guerra. Hitler manda a la Luftwaffe a bombardear Guernica, Mussolini envía 5000 militares para combatir en el bando del fascista Francisco Franco contra los Republicanos[5].

La potencia germana ha aumentado, como lo había previsto Keynes. La humillación genera monstruos, y los monstruos quieren venganza. Y la venganza de los alemanes humillados se desencadena en 1939 con la invasión de los Sudetes (Checoslovaquia), luego Polonia, y finalmente Francia. Millones de judíos que viven en Alemania, Polonia y otros países europeos son sindicados como los enemigos a exterminar. También en Italia, donde habían vivido pacíficamente en ciudades como Roma, Venecia, Livorno, fueron aislados, despedidos de sus trabajos. Las leyes raciales preparan las deportaciones, la entrega de los judíos italianos a su aliado nazi.

En 1939, por mar, escapan de Alemania ciento veinte mil judíos. Quieren llegar a Inglaterra, pero los ingleses los rechazan, como hoy rechazamos a los africanos que quieren desembarcar en nuestras costas.

Mussolini es aliado de Hitler pero no se fía, e incluso teme que quiera invadir la región noreste de Italia donde se habla alemán. Cuando Hitler lanza la invasión a Polonia el 1 de septiembre de 1939 para ir a conquistar su salida al mar Báltico, la guerra se precipita rápidamente, involucrando una tras otra a las potencias mundiales. Pero Mussolini duda.

Al igual que cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, el gobierno italiano espera un poco para decidirse a entrar en guerra. “No beligerancia” lo llama Mussolini, a quien le gustaban las palabras difíciles.

Sin embargo, en 1941, estaba claro que Hitler estaba ganando la guerra. Alemania había ocupado casi toda Europa, y entonces Mussolini decide intervenir del lado del nazismo vencedor, tras haber pronunciado la frase que, tal vez, mejor define el alma del fascismo: “Sólo necesito unos pocos miles de muertos para poder sentarme en la mesa de negociación”[6].

Los muertos fueron mucho más que unos pocos miles, y la mesa de negociación Mussolini la encontró cuatro años más tarde, en Piazzale Loreto, en Milán, donde fue colgado con la cabeza para abajo.

En junio de 1941 las tropas italianas entraron en Francia, ¡que ya estaba ocupada por los alemanes!, y alguien comentó, repitiendo las palabras de Francesco Ferrucci pronunciadas en 1530 a su verdugo: ”Vil Maramaldo, asesinas a un hombre muerto”

Mussolini pensaba que la victoria de los nazis estaba garantizada y que el fin de la guerra era inminente. Pero el infame se equivocaba: no había considerado el hecho de que el pueblo soviético había resistido, que había pagado el precio de 20.000.000 de muertos –bastante más que los pocos miles de muertos…y que voló por el aire la mesa de negociaciones a la que el infame hubiera querido sentarse. No había considerado que los Estados Unidos iban a entrar en el conflicto con todo el peso de sus armamentos.

La guerra italiana, una vez más, fue un desastre. Mientras los alemanes ocupaban todo el territorio europeo, Mussolini mandó a los desgraciados militares italianos, mal vestidos y peor equipados, a combatir a África, a Rusia y a Grecia. Había amenazado con quebrar la espalda de Grecia, pero las ofensivas italianas fueron reveses.

Hay un bellísimo filme de Gabriele Salvatores, Mediterráneo[7], que cuenta la historia de un grupo de militares italianos enviados a romperle los riñones a Grecia, y que están en una islita del Egeo donde se quedan por años, sin ningún contacto con el resto del mundo.[8]

Los italianos, que en su gran mayoría habían creído en las fanfarronerías del Duce, inclusive cuando parecía no haber peligro de quedar inmersos en una cosa tan horrible como la guerra, ahora comenzaban a darse cuenta de lo que era el fascismo, del abismo de horror que se ocultaba detrás de palabras sin sentido como Nación, Patria, Honor, Bandera, Fratelli d’Italia y muchas más.

El 25 de julio de 1943 el Gran Consejo del Fascismo, esto es, el parlamento de los infames que lo habían respaldado cuando parecía victorioso, lo destituyeron y metieron preso[9]. Los alemanes lo liberaron al poco tiempo, para que constituyera la República Social de Salò, que controló parcialmente el norte de Italia por casi dos años: los grupos residuales de fascistas que formaban parte de ella ayudaron a los nazis a perpetrar masacres que marcaron los últimos años de la guerra, como la matanza de Marzabotto y la de Santa Anna di Stazzena[10].

El 8 de septiembre de ese año el ejército italiano se disolvió, muchos se convirtieron en partisanos y combatieron en el bando de las tropas anglo-norteamericanos que atravesaron la península de Sur a Norte, y en abril de 1945 liberaron las ciudades del norte de la presencia de residuos nazis y fascistas.

Entre esos partisanos estaba mi padre, que me ha contado esta historia desde cuando era niño. Mi padre tuvo la suerte de morir antes de ver lo que está pasando hoy. Creo que le haría mal.

Pero ¿Qué está aconteciendo hoy en Italia? ¿Qué está aconteciendo en Europa?

Veamos.

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Roberto Bacman: “La campaña de Lula fue a buscar a quienes no habían votado”

En diálogo con La Columna Vertebral, el analista político Roberto Bacman analizó el resultado electoral de Brasil, el trabajo de la militancia que permitió ampliar el caudal de votos de Lula y las diferencias entre el escenario brasileño y el argentino. También evaluó el crecimiento de Javier Milei entre los jóvenes, las dificultades del peronismo para construir una alternativa electoral y el impacto del ajuste sobre la industria, el empleo y las economías regionales. La conversación abordó además el desarrollo de Vaca Muerta y los desafíos de transformar la explotación de recursos naturales en trabajo y riqueza para el país.

LCV: ¿Cómo estás, Roberto? Supongo que muy contento con el resultado electoral de Brasil. Era una parada difícil para Lula, pero lo logró. Recuerdo que la semana pasada, cuando conversamos, vos eras uno de los que pensaba que podía suceder. ¿Esperabas que se diera esta remontada?

Roberto Bacman: “La campaña de Lula se dirigió a distintos segmentos y los segmentó muy bien. Hubo un trabajo novedoso en redes sociales. Crearon una comunidad de WhatsApp, habilitaron militantes digitales y complementaron eso con la militancia tradicional, territorial. También fueron a buscar a electores habilitados que no habían votado en la primera vuelta y lograron movilizar a una parte de ellos. En un padrón de 158 millones de votantes, un punto y medio representa un número muy importante. Además, aprovecharon la disputa entre el gobernador de San Pablo y Flavio Bolsonaro para militar intensamente en ese estado y achicar las diferencias.”

LCV: Más que dar vuelta cuatro millones de votos, parece que consiguieron sumar nuevos votantes. ¿Cómo se explica ese movimiento?

Roberto Bacman: “Aproximadamente, un poco más de diez millones de los nuevos votantes fueron para Lula y algo menos de cuatro millones para Bolsonaro. Es impresionante, sobre todo porque estamos hablando de un país muy grande. San Pablo, que tiene una cantidad enorme de electores, representa alrededor del 21,48% del padrón brasileño. En la Argentina, en cambio, la provincia de Buenos Aires concentra cerca del 48% del padrón nacional. Brasil tiene un territorio muy amplio y estados con millones de habitantes, de modo que la campaña debía tener en cuenta realidades muy distintas.”

LCV: ¿Cuánto pesó la figura de Lula y cuánto influyó el rechazo a Bolsonaro y a su discurso de odio, agresividad y negacionismo?

Roberto Bacman: “El voto más cercano al lulismo ya estaba bastante consolidado. Lula necesitaba llegar a personas que no eran tan cercanas a él, pero que no querían que continuara el bolsonarismo. Tenía que construir un discurso que integrara a esos votantes, incluso a sectores de derecha que rechazaban a los Bolsonaro y no querían más locura. La campaña buscó canalizar ese temor y ofrecer una alternativa. En eso hay una enseñanza para otros países, aunque las situaciones nunca sean idénticas.”

LCV: ¿Qué diferencias encontrás entre Brasil y la Argentina? ¿Puede servirnos esa experiencia?

Roberto Bacman: “Hay diferencias sustantivas. Lula iba por la continuidad y tiene un liderazgo propio. En la Argentina, el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner está condicionado por su situación judicial y por otras circunstancias políticas. Además, Lula abrió su espacio a sectores del centro, a pequeños industriales, comerciantes y personas que se incorporan a nuevas actividades. La campaña estuvo dirigida a quienes no habían votado por desinterés y a quienes podían ser convocados desde una propuesta más amplia. Esa estrategia puede servir como ejemplo para la Argentina: hay que hablarle a quienes no son seguidores de Milei, pero tampoco se sienten representados por determinados sectores de la oposición. No alcanza con dirigirse siempre a los propios.”

LCV: Lula habló de su intención de utilizar estos últimos cuatro años para dialogar con distintos sectores de la sociedad y desarrollar tecnología propia. ¿Qué importancia tiene esa definición?

Roberto Bacman: “Es importante que plantee la necesidad de hablar con todos los sectores: empresarios, industriales, comerciantes, estudiantes y trabajadores de la industria del conocimiento. También aparece la idea de desarrollar inteligencia artificial brasileña, no depender exclusivamente de la estadounidense. Hay una discusión de fondo sobre la capacidad de un país para negociar con el mundo sin que otros le impongan todas las condiciones. Eso está relacionado con el desarrollo, la soberanía y la posibilidad de construir una política industrial propia.”

LCV: También es interesante el uso que hicieron de las nuevas tecnologías durante la campaña. ¿Cómo se diferencia esa experiencia de la utilización de redes para difundir odio?

Roberto Bacman: “Lo que se demostró con la comunidad de WhatsApp es que se pueden utilizar herramientas tecnológicas para organizar personas, promover una campaña positiva y llegar a sectores que de otra manera quizás no se movilizarían. Eso no es lo mismo que usar bots, cuentas falsas o herramientas digitales para difundir odio e insultos contra el adversario. La tecnología no tiene por qué ser demonizada, pero hay que discutir para qué se utiliza y qué objetivos persigue.”

LCV: En la Argentina hay sectores que parecen atrapados en la lógica de la grieta. ¿Cómo se construye una alternativa que pueda llegar a más gente?

Roberto Bacman: “Es necesario ampliar la convocatoria y no hablar solamente para los convencidos. Hay que entender que existen personas que no quieren a Milei, pero tampoco se sienten representadas por determinadas formas de hacer política de la oposición. Si se pretende construir una alternativa, hay que encontrar una manera de hablarles y ofrecerles una propuesta concreta. La dificultad es que no resulta sencillo construir unidad dentro del peronismo ni ampliarla hacia otros sectores que podrían estar cerca. Además, hoy faltan figuras convocantes. Hay que encontrarlas y darles una oportunidad.”

LCV: ¿Qué papel deberían tener las PASO en esa construcción?

Roberto Bacman: “Es importante defender las PASO porque permiten que los liderazgos sean elegidos democráticamente. La unidad no puede resolverse solamente mediante acuerdos entre dirigentes. También tiene que existir una instancia en la que la sociedad pueda participar y elegir quiénes van a representar esa alternativa. Hay que buscar mecanismos para ordenar la competencia interna y construir una propuesta que tenga posibilidades electorales.”

LCV: En las últimas discusiones parlamentarias hubo acuerdos que después no se sostuvieron al momento de votar. ¿Qué impacto tienen esas situaciones?

Roberto Bacman: “Esas situaciones generan mucho daño. Cuando se llega a un acuerdo y, a la hora de votar, algunos legisladores desaparecen o no cumplen con lo que habían comprometido, se debilita la confianza. La política termina organizada alrededor de acuerdos circunstanciales y de intereses que no siempre responden a las necesidades de la sociedad. Mientras tanto, el oficialismo busca avanzar con sus iniciativas y puede aprovechar las divisiones de la oposición.”

LCV: ¿Cómo evaluás el apoyo que Milei consiguió entre sectores populares y jóvenes que históricamente habían estado vinculados al peronismo?

Roberto Bacman: “Milei logró instalar una identidad política que fue más allá del núcleo libertario tradicional. Llegó a sectores jóvenes, especialmente varones de hogares de clase baja y media baja que tenían antecedentes peronistas o cercanos al peronismo, aunque no necesariamente fueran militantes. El concepto de ‘casta’ fue importante porque le puso un nombre sencillo a un rechazo que ya existía hacia la vieja política. Muchas personas creyeron que la libertad significaba algo más amplio que lo que después terminó proponiendo el Gobierno. Ahora hay sectores que están volviendo a revisar esa decisión.”

LCV: ¿Cuánta responsabilidad tiene la dirigencia política en haber dado por sentado que los sectores populares iban a acompañarla?

Roberto Bacman: “Hubo responsabilidad. Uno de los peores escenarios para un gobierno es tener una interna abierta desde el primer día, porque eso genera un desgaste enorme. También es un error creer que determinados sectores sociales están asegurados electoralmente. La gente no le pertenece a ningún partido. Si una fuerza política supone que los votantes de los conurbanos o de las provincias van a acompañarla automáticamente, deja de escuchar qué les pasa y por qué cambian su voto.”

LCV: En Brasil también hubo disputas internas dentro del espacio de Bolsonaro. ¿Eso influyó en el resultado?

Roberto Bacman: “Sí, las internas abiertas pueden hacer mucho daño. La disputa entre Flavio Bolsonaro y el gobernador de San Pablo tuvo consecuencias en un estado que concentra una cantidad muy importante de votantes. Allí se achicó la diferencia y Lula terminó obteniendo un resultado mayor al que muchos esperaban. Las divisiones internas pueden perjudicar a una candidatura, especialmente cuando la campaña depende de mantener cohesionados distintos sectores.”

LCV: Pasemos a la economía argentina. Se habla de una mejora en algunos indicadores y de un crecimiento en Neuquén asociado a Vaca Muerta, pero también hay preocupación por el empleo y por las condiciones de vida. ¿Cómo lo ves?

Roberto Bacman: “Hay que mirar qué tipo de trabajo se está generando y quiénes pueden acceder a él. En Neuquén existe una expectativa muy grande alrededor de Vaca Muerta y llega gente pensando que va a encontrar empleo. Pero gran parte de los puestos requiere mano de obra muy calificada, técnicos e ingenieros especializados en petróleo. No es una actividad en la que cualquiera pueda llegar y empezar a trabajar. Por eso hay que analizar qué pasa con las personas que se trasladan buscando una oportunidad y no la encuentran.”

LCV: Si Vaca Muerta puede generar tanta riqueza, ¿qué debería hacerse para que ese desarrollo beneficie también a los trabajadores y a las comunidades de la región?

Roberto Bacman: “Hay que planificar. Si va a crecer la población, se necesitan escuelas, hospitales, viviendas y servicios públicos. Ojalá se construyan escuelas de calidad, que los docentes tengan trabajo y que haya educación pública, no solamente instituciones privadas. También hacen falta barrios para los trabajadores, no solo viviendas de lujo para quienes tienen mucho dinero. El crecimiento puede ser una oportunidad extraordinaria, pero, si no se planifica, puede terminar siendo pan para hoy y un problema mañana.”

LCV: También se mencionan los problemas de infraestructura y el impacto del transporte de arena para el fracking. ¿Qué está faltando?

Roberto Bacman: “Hay problemas con los caminos, que reciben el tránsito de camiones muy pesados que transportan la arena utilizada en la actividad. Esa infraestructura se deteriora y no hay una inversión pública suficiente para resolverlo. Además, hay que preguntarse por qué no se transforma una parte mayor de los recursos en actividad industrial local. En Comodoro Rivadavia, por ejemplo, se puede discutir por qué el petróleo no genera más procesos de transformación y trabajo en la propia región. La explotación de recursos naturales podría generar riqueza no solo para una provincia, sino también para las provincias cercanas.”

LCV: Todo esto ocurre mientras se profundiza la crisis industrial. Se habla de cierres de fábricas, de la caída de la industria textil y de pequeñas empresas que no pueden pagar los servicios. ¿Qué relación encontrás entre esos procesos?

Roberto Bacman: “Hay un proceso de desindustrialización que no afecta solamente a las fábricas, sino también a los comercios y a las pequeñas y medianas empresas. La industria textil está muy golpeada por la competencia de productos importados baratos, mientras muchas pymes no pueden sostener los costos de los servicios. Una panadería pequeña puede tener dificultades para pagar la energía, incluso antes de pensar en los salarios o los impuestos. Y a eso se suma que cada vez hay menos gente que puede comprar. Cuando cae el poder adquisitivo, se perjudica toda la cadena económica.”

LCV: También se informó sobre la paralización de la producción de camionetas en plantas automotrices por la baja demanda. ¿Qué te dice ese dato?

Roberto Bacman: “Es preocupante porque una camioneta no es solamente un vehículo de consumo: también es una herramienta de trabajo para el campo, para transportar materiales y para distintas actividades comerciales. Si cae la demanda, eso refleja que hay menos actividad y menos capacidad de compra. Incluso pequeños comerciantes que antes podían utilizar una camioneta para transportar mercadería pueden encontrarse ahora con dificultades para sostener ese gasto. La crisis termina repercutiendo en distintos sectores de la economía.”

LCV: Para cerrar, ¿qué pensás de las denuncias de fraude que surgieron después de la elección brasileña y de la situación judicial de Flavio Bolsonaro?

Roberto Bacman: “Las denuncias electorales tienen que evaluarse con datos concretos y por las vías correspondientes. En la conversación se mencionó una cifra de alrededor de 34.000 votos en relación con una de esas presentaciones, pero habría que verificar con precisión a qué se refería. En cuanto a Flavio Bolsonaro, la situación judicial es un asunto distinto: que alguien pueda presentarse como candidato no significa que quede exento de responder ante la Justicia. Hay que distinguir entre la competencia electoral y las causas judiciales que puedan existir.”

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Sebastián Bravo: “La impresión de billetes argentinos se trasladó al exterior y entregaron conocimientos estratégicos”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Sebastián Bravo, delegado de ATE en Casa de Moneda, denunció el vaciamiento de la empresa estatal, la tercerización de la impresión de billetes, la pérdida de capacidades estratégicas y la persecución judicial contra los trabajadores que resisten estas políticas. También explicó la importancia de Casa de Moneda para la soberanía nacional y alertó sobre el futuro de sus trabajadores.

LCV: ¿Cómo estás? Estamos muy contentos con el resultado de las elecciones en Brasil. Los compañeros del sindicato gráfico brasileño se habían comunicado con nosotros porque estaban preocupados por la posibilidad de que ganara la ultraderecha. Nos pidieron consejos sobre cómo enfrentar estos tres años de gobierno. ¿Cómo viviste el resultado?

Sebastián Bravo: «Estamos muy contentos. Los compañeros de Brasil se comunicaron con nosotros y nos agradecieron el mensaje. Como país hermano, también estamos felices. La sociedad brasileña hizo lo que tenía que hacer. Creo que acá tenemos que aprender de esa experiencia: debemos dejar de lado los nombres propios y discutir qué país queremos construir.»

LCV: En Brasil hubo mucha gente que votó a Lula no necesariamente por ser lulista, sino porque no quería que ganara Bolsonaro. La sociedad tenía claro qué políticas rechazaba: la discriminación, el negacionismo, la mano dura y el rechazo a la inmigración. ¿Creés que acá tenemos que trabajar en esa misma dirección?

Sebastián Bravo: «Estoy totalmente de acuerdo. Hay muchas cosas que corregir. El peronismo ya no tiene el mismo núcleo duro y muchos jóvenes que no encontraban trabajo terminaron comprando el discurso de que podían ser sus propios jefes. Tenemos que hacer una autocrítica, reconocer lo que se hizo mal y entender el contexto. Hubo una pandemia, hubo sequías y ocurrieron muchas cosas, aunque no deben utilizarse como excusas. El próximo gobierno tiene que ser empático, escuchar a la gente y, especialmente, a los jóvenes. El trabajo cambia, la tecnología avanzó muchísimo y tenemos que adaptar los procesos a esta nueva realidad.»

LCV: Para entender el conflicto actual, contale a la gente qué era históricamente Casa de Moneda antes de la intervención de este gobierno. ¿Qué función cumplía?

Sebastián Bravo: «Casa de Moneda es la principal gráfica de seguridad del país. El Gobierno instaló durante la campaña la idea de que éramos responsables de la emisión monetaria porque fabricábamos monedas y billetes. Pero nuestra actividad iba mucho más allá: producíamos pasaportes, chapas patentes, títulos automotores, títulos universitarios, medallas, monedas, estampillas fiscales, entradas para parques nacionales y distintos documentos que contienen elementos de seguridad. También imprimíamos boletas electorales y padrones. Todo trabajo que necesitara medidas de seguridad y respaldo debía pasar por Casa de Moneda.»

LCV: ¿Qué formación y conocimientos técnicos necesita la gente que trabaja allí?

Sebastián Bravo: «Los técnicos se forman a lo largo de muchos años y reciben capacitación permanente. Son trabajadores gráficos especializados que incluso se capacitaron en el exterior. Para los últimos trabajos vinculados con los billetes, por ejemplo, personal de Casa de Moneda viajó a China para realizar cursos. También hubo capacitaciones en instituciones gráficas de primer nivel. Para llegar a trabajar directamente con las máquinas se necesitan aproximadamente diez años de formación. Es una tarea de enorme responsabilidad que exige conocimientos técnicos específicos y un alto nivel de seguridad.»

LCV: Estamos hablando de trabajadores que conocen los diseños y los mecanismos de seguridad de los billetes. Son personas que deben inspirar una enorme confianza para evitar falsificaciones y proteger los materiales que se utilizan para fabricar dinero.

Sebastián Bravo: «Esa es una de las principales denuncias que hicimos. Casa de Moneda dejó de emitir billetes para la Argentina, pero la impresión no desapareció: se trasladó a otros países. En las próximas semanas vamos a comenzar a imprimir billetes de Nigeria, las nairas. El trabajo continúa, pero las medidas de seguridad se transfirieron al exterior y los billetes argentinos dejaron de imprimirse acá. Es decir, se entregó a otros países un conocimiento estratégico.»

LCV: Es llamativo que un gobierno que cuestiona las relaciones con China termine trasladando allí conocimientos y capacidades vinculados con la impresión de dinero. Si mañana hubiera un conflicto, estaríamos entregando información estratégica sobre nuestra propia moneda.

Sebastián Bravo: «Exactamente. Se trasladaron conocimientos y medidas de seguridad a otro país. Eso genera una dependencia muy peligrosa. Si entráramos en un conflicto con China, tendrían información sobre nuestros materiales y nuestra economía. Es un riesgo enorme haber entregado esos conocimientos.»

LCV: También estaba el trabajo de los diseñadores. La selección de las imágenes, el desarrollo de los billetes y las técnicas de impresión eran parte de una especialización muy importante. Casa de Moneda recibió premios por sus diseños.

Sebastián Bravo: «En Casa de Moneda todos los sectores forman parte de una misma cadena de trabajo. El diseño también es fundamental. Nuestros billetes recibieron premios internacionales: el del yaguareté fue reconocido por su diseño y otro obtuvo una distinción como mejor billete de Latinoamérica. Casa de Moneda fue muy premiada. Durante la pandemia, además, el personal siguió trabajando las 24 horas para garantizar la producción.»

LCV: ¿Cuánto personal tenía Casa de Moneda antes de que comenzara este gobierno y cuántos trabajadores quedan actualmente?

Sebastián Bravo: «Antes de que comenzara este gobierno teníamos alrededor de mil empleados. Hoy quedamos aproximadamente 680, entre personal administrativo y trabajadores de planta. Hubo jubilaciones, retiros voluntarios y lo que nosotros llamamos despidos encubiertos. A muchos compañeros les plantearon que podían retirarse cobrando el 70 u 80 por ciento de lo que les correspondía, o quedarse sin nada. En un contexto de incertidumbre y endeudamiento, muchos aceptaron porque necesitaban el dinero, incluso cuando todavía les faltaban varios años para jubilarse.»

LCV: Hoy quedan 680 trabajadores y, al mismo tiempo, tienen que afrontar la impresión de una moneda extranjera. ¿Cómo es ese trabajo y qué relación tiene con la posible privatización?

Sebastián Bravo: «Tenemos que afrontar un trabajo complejo porque vamos a imprimir un billete que no conocemos, el de Nigeria. La producción está tercerizada y la empresa que contrata el servicio es inglesa. Por eso nuestro gran temor es la privatización. Nosotros venimos denunciando la posibilidad de que detrás de estas decisiones exista un negocio inmobiliario y un proceso de tercerización de los trabajos. Tememos que, como ocurrió en otras empresas estatales, después se diga que Casa de Moneda no cumple con las nuevas necesidades, que es deficiente y que hay que privatizarla. Así podrían terminar comprando una planta que tiene máquinas de última generación.»

LCV: Es decir, los argentinos podrían terminar imprimiendo billetes de Nigeria por encargo de una empresa inglesa, mientras se pierde la capacidad de producir nuestra propia moneda. A la cuestión de Malvinas se suma la discusión sobre la soberanía monetaria.

Sebastián Bravo: «Exactamente. Ese es uno de los grandes conflictos que estamos denunciando.»

LCV: ¿Cómo respondió el Gobierno frente a los trabajadores que se oponen a estas políticas?

Sebastián Bravo: «Esta lucha nos costó mucho. Llegamos a tener 18 sumarios administrativos, que nosotros llamamos carpetazos, porque te inventan causas para intentar someterte o extorsionarte. Como no pudieron avanzar de esa manera, ahora utilizan las demandas penales. Junto con otros cinco compañeros fuimos procesados después de impedir que uno de los responsables del cierre de una planta ingresara para negociar la tercerización de la producción de chapas patentes.»

LCV: ¿En qué situación está la causa judicial y qué pueden hacer las organizaciones para ayudarlos?

Sebastián Bravo: «Estamos esperando que se resuelva la apelación. Nuestro abogado presentó el descargo dentro del plazo correspondiente. No entendemos cómo el juez llegó a una conclusión sin tener en cuenta nuestras pruebas y resolvió todo en apenas quince días. Evidentemente, había una postura tomada. El objetivo es amedrentarnos, apartarnos de la representación de los trabajadores y buscar despidos con causa. Si no pueden avanzar mediante los sumarios administrativos, recurren a la Justicia para intentar sacarnos del camino.»

LCV: Resulta llamativo que el sistema judicial avance contra trabajadores que defienden sus puestos de trabajo mientras hay otras denuncias contra funcionarios que no reciben el mismo tratamiento.

Sebastián Bravo: «Nosotros sentimos que se está utilizando la Justicia para perseguir a quienes piensan diferente y defienden los derechos de los trabajadores. Si estás del lado del trabajador, intentan amedrentarte o correrte del camino.»

LCV: Quería que la gente conociera no solamente el conflicto, sino también todo lo que estamos perdiendo con el vaciamiento de Casa de Moneda. Para muchos, es una institución que fabrica billetes, pero detrás hay conocimientos técnicos, seguridad y soberanía nacional. ¿Querés agregar algo?

Sebastián Bravo: «Muchas veces se dice que los gremios están dormidos o callados, pero quiero que la sociedad sepa que los trabajadores y los representantes sindicales también sufrimos estos atropellos. Se meten en nuestra vida personal, recibimos amenazas, nuestros puestos de trabajo corren riesgo y sufrimos extorsiones. A través de denuncias penales y amenazas pueden quitarnos el sueldo. Nosotros también somos trabajadores, personas de carne y hueso que sentimos todo esto. Pero la lucha sirve, la lucha continúa y vamos a seguir adelante.»

LCV: Muchísimas gracias, Sebastián. Contá con nosotros para difundir el conflicto y mantener informada a la sociedad.

Sebastián Bravo: «Les agradezco que se acuerden de nosotros. La soberanía argentina, las Malvinas y todos nuestros recursos forman parte de una misma lucha. Tenemos que defender nuestras tierras, la educación, nuestros recursos y también nuestra moneda, porque la moneda es soberanía.»

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Francisca Staiti: “Estamos a punto de perder la educación industrial y las escuelas técnicas”

La secretaria general de CONADU Histórica, Francisca Staiti, dialogó con La Columna Vertebral sobre la crisis presupuestaria de las universidades nacionales, el deterioro de los salarios docentes y las consecuencias de las políticas educativas del gobierno de Javier Milei. Cuestionó el proyecto de libertad educativa por desplazar la responsabilidad del Estado hacia las familias y el mercado, advirtió sobre el riesgo de perder la educación industrial y las escuelas técnicas y reclamó el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. También se refirió a la represión durante la quinta marcha federal universitaria y pidió mayor responsabilidad a los dirigentes para evitar que las imágenes de enfrentamientos opaquen la masividad de las movilizaciones.

LCV: Uno de los ejes fundamentales de la campaña de Lula fue la educación, el tema de la alfabetización. ¿Qué importancia tiene para Brasil y qué diferencias encontrás con lo que sucede en nuestro país?

Francisca Staiti: «Creo que la educación debería ser un eje fundamental para Brasil, pero también para nuestro país y para toda América. En el caso de la educación superior argentina, está abandonada y ahogada presupuestariamente, con salarios realmente liquidados para los trabajadores y las trabajadoras de las universidades nacionales. La política que viene proponiendo el gobierno de Lula es diametralmente opuesta: busca intensificar y masificar la educación para que llegue realmente a todos los lugares. En la Argentina sucede todo lo contrario. Se plantea una ley de libertad educativa que desplaza la responsabilidad del Estado hacia las familias y deja la educación librada al mercado. Por eso, ¿cómo no apoyar todo lo que tenga que ver con las políticas públicas en educación y en salud?»

LCV: Estamos cumpliendo veinte años de la Ley Federal de Educación. Más allá de las críticas que se le puedan hacer, había una ley. Hoy parece haber una especie de anarquía, en la que cada provincia, municipio o universidad podría tener su propio plan, sin una idea de nación respecto de qué profesionales queremos formar. ¿Qué opina el sindicato?

Francisca Staiti: «Esta pretendida ley de libertad educativa que en algún momento quiere discutir Milei plantea una educación puesta fundamentalmente al servicio del mercado. Nosotros defendemos una universidad que tenga soberanía sobre el conocimiento. Esa soberanía tiene que ver con lo que la Argentina necesita para ser un país libre e independiente, para investigar sobre temas que no respondan exclusivamente a los intereses de las empresas, las grandes fortunas o las grandes compañías tecnológicas. Si queremos buenos ingenieros y profesionales, tenemos que invertir en educación industrial. Sin embargo, hoy estamos a punto de perder la educación industrial y las escuelas industriales de la Argentina.»

LCV: ¿Cómo se forma un chico que sale del bachillerato para ser ingeniero desde cero, cuando antes los egresados de las escuelas técnicas ya llegaban con una formación previa?

Francisca Staiti: «La escuela técnica también te formaba para el trabajo. Si queremos producir nuestros propios bienes, venderlos y ser buenos exportadores, necesitamos mano de obra calificada. No es ningún gran secreto. Sin embargo, hoy vamos a contramano de eso: desfinanciamos la escuela técnica y abandonamos la escuela pública, que es también un igualador social. La escuela pública permite el ascenso social y después abre la posibilidad de ingresar a la universidad. Todo eso es lo que está en juego.»

LCV: ¿Qué modelo de país representa la política educativa de Javier Milei?

Francisca Staiti: «Lo que representa políticamente Javier Milei es un país donde unos pocos puedan acceder a la universidad, una universidad para una élite, mientras quienes no puedan llegar a ella tendrán que dedicarse a otras tareas. Esto ya lo intentó el macrismo, pero creo que Milei lo profundiza. Para mí, la base de cualquier país es la educación. Los docentes son los ladrillos con los que se construye la patria. Me espanta ver que estuvimos cerca de tener el modelo educativo de la dictadura chilena. Hay que trabajar para que este Gobierno no tenga un nuevo período, porque, si no, ese modelo se va a profundizar.»

LCV: Además de los salarios y de los problemas presupuestarios, ¿estos son los motivos por los que van al paro?

Francisca Staiti: «Sí. Después de la quinta marcha federal universitaria hubo una represión realmente excesiva y absurda. Era una marcha que se venía desarrollando de manera absolutamente pacífica y en ninguna de las anteriores había habido una represión como esta. El paro es una respuesta a esa situación, pero también tiene que ver con que los trabajadores y las trabajadoras de las universidades ya no damos más. Nuestros estudiantes también están hartos. Estamos exigiendo, más allá de lo salarial, que se cumpla la Ley de Financiamiento Universitario. El Gobierno está fuera de la ley y hace todo lo posible para no cumplirla. Además, de cara al presupuesto de 2027 que se está discutiendo en el Congreso, vemos la posibilidad de un ahogo todavía mayor, tanto en materia salarial y presupuestaria como en las becas para nuestros estudiantes. No queremos volver a estar en la misma situación en la que comenzamos la pelea en 2024.»

LCV: En la última marcha hubo más de diez cuadras de manifestantes, familias, estudiantes, docentes y trabajadores. Sin embargo, muchas imágenes que circularon se concentraron en los enfrentamientos con la Policía. ¿Qué reflexión te merece?

Francisca Staiti: «Creo que tenemos que ser más inteligentes. Este es un llamado a los dirigentes para que cuiden a sus militantes y no los manden al frente. Una foto con una bandera desafiando los carros hidrantes puede ser muy impactante, dar la vuelta al mundo y tener una estética impresionante, pero no representa a las diez cuadras de estudiantes, familias, militantes, docentes y trabajadores que pusieron el cuerpo y marcharon de manera compacta y pacífica. Esas imágenes terminaron opacando la movilización. Por derecha y por izquierda se les dio más importancia a los enfrentamientos que a la marcha multitudinaria.»

LCV: ¿Considerás que esas imágenes terminaron favoreciendo el objetivo del Gobierno de que no se mostrara la marcha?

Francisca Staiti: «Sí. Creo que el objetivo del Gobierno era que no se mostrara la marcha, y lo lograron entre quienes buscaron esa foto, los infiltrados que rompían cosas y la propia Policía. Me dolió terriblemente porque hubo un enorme esfuerzo y una marcha hermosa, pacífica, con tranquilidad y consignas claras. Además, llovía y, a pesar de eso, nadie se movió. Por eso les pido un poco más de responsabilidad a quienes conducen esos grupos pequeños que después se llevan la foto. Para mí, esa foto no vale la pena. Incluso traté de no publicar esas imágenes porque quería mostrar las de la manifestación, que era lo que correspondía.»

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