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La Columna Vertebral

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Entrevistas

Virginia Franganillo: «Tenemos que construir un lenguaje de rehumanización de la sociedad»

La socióloga y exfuncionaria Virginia Franganillo analizó el contexto político y social que atraviesa la Argentina, cuestionó el avance de las políticas del gobierno de Javier Milei y advirtió sobre el deterioro de las condiciones de vida, especialmente de las infancias, las personas mayores y quienes requieren cuidados. Además, explicó el trabajo de La Cocina de los Cuidados, un espacio interdisciplinario que monitorea el impacto del desmantelamiento de las políticas públicas y promueve un consenso nacional para reconstruir un sistema de protección social.

LCV: En este tramo del programa nos damos el lujo de invitar a gente que nos ayude a pensar, sin un temario rígido. Más allá de que después te voy a preguntar por el trabajo colectivo de La Cocina de los Cuidados, quiero empezar por otro lado. Hoy estuvimos conversando con distintos sindicalistas, entre ellos Daniel Yofra, sobre cómo la sociedad parece naturalizar situaciones que hace algunos años hubieran provocado una reacción mucho más fuerte. Desde Trump interviniendo en un Mundial hasta la ostentación obscena de la riqueza, pasando por una aceptación resignada de políticas que deterioran la vida cotidiana. ¿Cómo observás este escenario en el que pareciera imponerse una aceptación del caos?

Virginia Franganillo: «Quienes tenemos responsabilidades con lo público estamos muy preocupados por comprender lo que está pasando. No creo que exista una única explicación. Lo primero que impacta es la velocidad con la que se suceden los acontecimientos: las guerras, la violencia, el nivel de deshumanización. A veces sentimos que estamos viviendo una película del fin del mundo o, mejor dicho, del fin de lo humano. Lo vemos en el escenario internacional y también en la Argentina, que una vez más aparece como un país de laboratorio. Comprender esto no es tarea solamente de sociólogos, filósofos o psicólogos; es un desafío colectivo. Para mí hay una certeza: no toda la responsabilidad es de la política argentina. Hay un proceso más profundo que tiene que ver con el capitalismo. Desde la última dictadura militar hasta hoy se reconstruyó un modelo económico y social del que nunca logramos salir. Todos los gobiernos posteriores recibieron un país profundamente condicionado. Incluso las experiencias populares, con avances importantes, no consiguieron consolidar una nueva matriz económica e institucional. Esa frustración acumulada también explica parte del presente. Pero hoy estamos frente a algo distinto, de otra dimensión. La guerra parece haberse metido en nuestras casas. Mientras vemos cómo asesinan niños en Palestina, aquí las personas mueren lentamente por hambre o por abandono. No son bombas, pero el resultado también implica destrucción de vidas.»

LCV: Los estudios que ustedes realizan muestran que quienes más sufren este proceso son las infancias. Eso parece estar muy cerca de esa imagen que describís sobre Palestina.

Virginia Franganillo: «Estamos frente a un nivel de deshumanización enorme. No se trata solamente de atacar al peronismo o a determinadas políticas públicas; se está cuestionando buena parte de los consensos construidos desde la recuperación democrática e incluso desde mucho antes. Se pone en discusión la educación pública, las instituciones científicas, los organismos del Estado. Se destruyen referencias que formaban parte de nuestra identidad como sociedad. Argentina tuvo durante décadas un capitalismo con una fuerte impronta humanista, donde el trabajo, la industria, los sindicatos y la comunidad organizada ocupaban un lugar central. Hoy ese eje humano parece haber desaparecido. Al mismo tiempo, el deterioro económico genera graves consecuencias en la salud mental colectiva. Las violencias cotidianas, la exposición permanente a imágenes agresivas y la precarización de la vida afectan profundamente a la sociedad. Incluso quienes tuvimos trayectorias laborales estables hoy necesitamos varios trabajos para sostenernos. Imaginen entonces lo que ocurre con quienes perdieron el empleo, dejaron de recibir alimentos para los comedores o ya no pueden garantizar un plato de comida en sus hogares. Basta mirar los rostros de la gente en los colectivos o en el subte para advertir el nivel de angustia que estamos atravesando.»

LCV: Hace pocos días Jorge Macri llegó a decir que la Iglesia no debería seguir dando de comer porque eso fomentaría la vagancia. Son frases impensadas hace algunos años.

Virginia Franganillo: «Es una aberración. Nunca imaginamos escuchar a un dirigente político pedirle a la Iglesia que deje de alimentar a quienes tienen hambre. Eso expresa hasta qué punto se está intentando destruir valores profundamente arraigados en nuestra cultura. Yo provengo de una familia de comerciantes. Mi abuelo tenía una fonda frente a la estación de tren de Balcarce y todos trabajaban allí de sol a sol. Sin embargo, siempre había una sopa gratuita para quien la necesitara, y además debía ser una sopa nutritiva. Mi abuela preparaba tortas fritas y dejaba un plato en la ventana para quien pasara con hambre. Esa solidaridad no requería grandes discursos: simplemente se compartía lo que se tenía. Ese era el país del que venimos.»

LCV: ¿Cómo surge La Cocina de los Cuidados y qué busca analizar?

Virginia Franganillo: «La Cocina de los Cuidados nació inmediatamente después del triunfo de Javier Milei, impulsada por la preocupación sobre el futuro de las políticas de cuidado. Cuando hablamos de cuidados hablamos de todas esas tareas indispensables para sostener la vida que históricamente realizaron las mujeres y que nunca fueron reconocidas como trabajo. Ese mandato cultural produjo enormes desigualdades y condicionó la inserción laboral femenina. Las políticas de cuidado hoy ocupan un lugar central en los sistemas de bienestar del mundo porque responden a transformaciones demográficas y sociales muy profundas: el envejecimiento de la población, la caída de la natalidad y los cambios en la organización familiar. Durante el gobierno anterior se avanzó mucho en esta materia, creando áreas de cuidado en todos los ministerios y una coordinación interministerial. Nuestra preocupación era cuánto de eso podía retroceder. La realidad fue mucho peor de lo imaginado. Las primeras políticas eliminadas fueron justamente las destinadas a niños, personas mayores, personas con discapacidad y políticas de género.»

LCV: ¿Qué encontraron durante este tiempo de monitoreo?

Virginia Franganillo: «Cada tres meses evaluamos y monitoreamos las políticas públicas. En apenas un año y medio prácticamente desaparecieron casi todas las políticas nacionales de cuidado: de unas cincuenta, hoy sobreviven solamente dos. También analizamos el impacto territorial mediante encuestas, encuentros presenciales y un mapa federal que permitió observar cómo el desmantelamiento afectó a cada provincia. Lo que encontramos fue devastador. Se destruyeron sistemas completos de protección social y de regulación económica. Aumentó la mortalidad materna e infantil en muy poco tiempo, algo extremadamente grave. Creció el endeudamiento de las familias, el hambre, el deterioro de la salud y la desarticulación social. Incluso estamos viendo niños que nacen con consumo problemático de sustancias durante el embarazo. Todo esto expresa un enorme sufrimiento colectivo. Por eso creemos que la reconstrucción de la Argentina debe comenzar por quienes más necesitan cuidados: las infancias, las personas mayores, las personas con discapacidad y también las trabajadoras del cuidado, que en su enorme mayoría son mujeres y trabajan en condiciones muy precarias.»

LCV: ¿Cuál es el objetivo de esta nueva etapa de La Cocina de los Cuidados?

Virginia Franganillo: «Después de más de dos años de trabajo, junto con una mesa intersectorial integrada por las cuatro centrales sindicales, movimientos sociales, especialistas, universidades e iglesias, estamos impulsando un Consenso Nacional por los Cuidados. Queremos convocar a todas las fuerzas democráticas y a la sociedad para construir un nuevo lenguaje de rehumanización. Buscamos instalar estos temas en la agenda pública y también acercar toda la información producida a quienes elaboren plataformas políticas de cara a las próximas elecciones. Nuestro trabajo ya tiene reconocimiento internacional porque el impacto de estas políticas en la Argentina ha sido muy grave y numerosos organismos internacionales han intervenido con informes, recomendaciones y acciones judiciales. Entendemos que es momento de empezar a construir un proyecto de país basado nuevamente en la dignidad humana y en el cuidado como principio organizador de la vida social.»

LCV: Entiendo que La Cocina de los Cuidados va a ocupar un lugar importante en este espacio porque creemos que estos debates tienen que formar parte de cualquier proyecto político que aspire a gobernar. Muchas gracias por la charla.

Virginia Franganillo: «Gracias a ustedes por el espacio y por ayudar a difundir este trabajo.»

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Destacada

Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”

El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.

LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?

Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»

LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?

Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»

LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?

Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»

LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?

Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»

LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?

Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»

LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?

Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»

LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?

Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»

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Destacada

Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”

La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.

LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?

Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»

LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?

Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»

LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?

Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»

LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?

Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»

LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?

Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»

LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?

Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»

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Destacada

Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.

LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?

Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»

LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?

Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»

LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?

Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»

LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?

Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»

LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?

Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»

LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?

Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»

LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?

Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»

LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?

Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»

LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?

Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»

LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?

Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»

LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.

Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»

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