Opinión
Nací para matarte, por Eddie Abramovich
La frase «Nací para cuidarte» es una coartada manipuladora esencialmente falsa porque es, justamente, «esencialista». Nadie nació con un rol o una funcionalidad, salvo la impronta humana de ser libre y solidario. El resto se llama cultura.
Pero hay algo más; desde el punto de vista evolutivo el varón nació para proveer. El #cuidado, la organización, la creación y sostén del habitat, fueron originariamente femeninos. Sería entonces mucho más genuino que las mujeres nos dijeran «nací para cuidarte». Seguiría siendo un simplismo, pero mucho más cercano a la evolución de la especie.
Por centenares de miles de años, el varón de la especie fue un carroñero donante de semen, mientras que la mujer debía organizar el #cuidado de la cría y asegurar la cantidad de calorías diarias mediante su función de recolectora.
La mujer tenía y podía realizar más tareas #complejas de un modo simultáneo. El cerebro femenino desarrolló mucho antes destrezas asociativas y organizativas, mientras que el del macho se limitaba a encontrar animales muertos y copular para reproducirse.
Por eso la mujer tiene muchísimas más conexiones neuronales y maneja mejor casi todos los campos del saber, excepto los espaciales – matemáticas – porque el espacio externo era #territorio masculino. La memoria espacial es superior en los hombres porque la habilidad de movilizarse en el territorio era esencial para cazar y para escaparse de los predadores de mayor tamaño.
Las mujeres, en cambio, tienen el Hipocampo – región relacionada con la consolidación de la memoria – y la corteza prefrontal dorsal – estructura relacionada con la planificación y ejecución de las conductas – de un mayor volumen que los hombres.
Ventajas que aún conserva.
Cuando el macho empezó a tomar conciencia de su desventaja se sintió amenazado y descubrió que, además de la capacidad de fuga en el territorio, contaba con mayor masa muscular; así transformó el miedo en misoginia – probablemente la forma más primitiva de racismo – y a ésta en dominación o asesinato.
La cultura fue organizando esto hacia la complejidad de lo social, y durante otras decenas de miles de años se estructuró en torno de la fuerza #bruta y la capacidad de expansión espacial del macho.
Hasta que en los últimos cien años la cultura instaló la igualdad de género y la libertad de la mujer en el centro de la escena. Lo cual avanza a pasos espasmódicos porque el cerebro que usamos es, morfológicamente, el mismo del Paleolítico.
La mayoría de las teorías y conjeturas evolutivas que conocemos sobre la hominización se concentran más en el varón cazador-predador que en la mujer tapicera (tapiza su útero y tapiza el albergue) y #cuidadora. La hembra de la especie, la del instinto de cuidado por la cría, parece relegada en su rol, en la medida en que el macho es el proveedor, y la #falaz ecuación provisión=cuidado sigue dominando parte del debate.
El poder, la guerra, la eliminación, exclusión o invisibilización del otro, es cosa de varones, de la cultura patriarcal.
Hace falta un salto civilizatorio – o tal vez una «revelación» civilizatoria – que se producirá cuando ingresemos en una etapa de «feminización» social y cultural.
Mientras tanto, las tarjetas de crédito, los shoppings, la televisión y el marketing – una operación también territorial y bélica, al punto que a los consumidores se les llama “targets”- siguen dominando el espacio de significados y apropiándose indebidamente de una gesta social para trivializarla.
Hasta ahora, lo único debidamente #demostrado es que los varones nacimos para matarlas y que, afortunadamente, la mayoría aprendimos a reprimir y elaborar la pulsión femicida.
Dejemos de colgarnos cartelitos masturbatorios y trabajemos en serio para erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres,y sin reclamar el liderazgo, que es de ellas.
- Eddie Abramovich @ClassroomPrax
Consultor en Desarrollo Sostenible y Políticas Públicas. Periodista. Docente. Ex Senior Consultant en FAO/ONU. VP de la Fundación Internacional de DD.HH. Desde el año 2012 está trabajando sobre el tema de violencia de género expuesto en varias ponencias.
Opinión
«No alcanza con la formalidad de la protesta», por Héctor Amichetti
A falta de documentos orgánicos de análisis de la realidad y de directivas centralizadas para la acción, tal como ocurría en aquellos años en que nos llegaban en forma clandestina desde Madrid, cuando el Movimiento tenía conducción, voy a alimentar la práctica de muchos compañeros y compañeras que militan incansablemente, que enfrentan en las calles las políticas destructivas del actual gobierno y descargan por escrito algunas de sus inquietudes reflexionando acerca de cómo salir de esta encrucijada.
Hace algunas horas marchamos –una vez más- con un grupo de trabajadoras y trabajadores gráficos encolumnados bajo la bandera de nuestra Federación Gráfica Bonaerense hasta el Ministerio de Producción, la convocatoria fue de la CGT y la consigna: “Las Malvinas son Argentina y la Industria Nacional también”.
Si tomamos como referencia los duros datos de la realidad, esta movilización debería haber sido multitudinaria, desde que asumió el gobierno de Milei cerraron más de 30 mil empresas y se perdieron más de 460.000 puestos de trabajo, sin embargo, la foto de la concentración desnuda la característica formal que han adquirido desde hace algún tiempo las movilizaciones callejeras convocadas por las centrales obreras, presencia de mucho activismo militante, una dirigencia con mensaje de poco alcance, a la que por falta de un sonido amplificado, solo escuchan los que están más cerca y, de vez en cuando, algún oportunista que se suma como invitado para la foto aunque poco tenga que ver con las luchas que cotidianamente llevan adelante quienes sufren el cierre de sus fábricas y la incertidumbre de sus familias.
La cuestión es que se ha debilitado significativamente la conexión imprescindible y estratégica entre en las demandas de las bases y las decisiones de la estructura sindical creada para unificarlas y canalizarlas y, lo que es aún más preocupante, entre los sindicatos y el sector de la clase trabajadora que permanece en la informalidad, sin organización que los agrupe masivamente y defienda los derechos que tienen aunque no le son reconocidos.
SIN PROGRAMA NO HAY GUIA PARA LA ACCION
Lo más destacable de la valiosa historia de lucha de la clase trabajadora argentina desde el golpe militar de septiembre de 1955, acontecimiento que interrumpió su protagonismo esencial en la realización de un Proyecto Nacional basado en la producción, el trabajo digno y la reafirmación de la soberanía, es que superando la proscripción y las persecuciones, la estrategia de resistencia tuvo como eje la unidad en torno a un Programa que definía claramente las reivindicaciones sociales, políticas y económicas, junto a las estrictamente laborales, y delineaba un plan de acción orientado a derrotar el proyecto enemigo.
La Falda en 1957, Huerta Grande en el ’62, CGT de los Argentinos en el ’68… paros, sabotajes, plan de lucha con toma de fábricas, huelgas generales, Cordobazo e infinidad de puebladas, marcaron el camino que frustró las ambiciones dictatoriales, desbarató los planes liberales e hizo posible la recuperación de la democracia y el retorno de Perón a su patria.
Hoy, aún reconociendo un escenario distinto, esta concepción a la que llamamos Sindicalismo de Liberación, está ausente, no hay postura clara y contundente del movimiento obrero organizado con respecto al endeudamiento externo como lo señalábamos, más cerca en el tiempo, en aquel programa de 26 puntos de la CGT que conducía el recordado Saúl Ubaldini, es más, no se sabe muy bien que transmiten en nombre de la clase trabajadora los dirigentes de nuestra CGT cuando se reúnen con funcionarios del FMI. ¿Cuál es nuestra postura en relación con el sistema financiero y el comercio exterior?, o con respecto al control estatal en áreas claves y planificación de la economía.
No hay una definición contundente con respecto al alineamiento que nuestro país debería tener en el ámbito internacional, ni un claro rechazo ante la Embajada de los Estados Unidos frente al plan de apropiación de recursos por parte de las multinacionales y sometimiento de nuestro territorio a su doctrina de dominación.
SUPERAR LA CRISIS
En estos tiempos de desembozado intervencionismo imperial con capacidad para intervenir en una elección para salvar a un presidente afín o secuestrar en un operativo relámpago a otro porque no se disciplina a sus planes, se le impone al movimiento obrero organizado el desafío de recuperar una organización sindical con sentido de poder, voluntad de representar a la totalidad de la clase trabajadora y de liderar un gran frente patriótico, si ello no ocurre será muy difícil rescatar a la política de la profunda crisis que enfrenta, agotada en inexplicables tensiones, condicionada por injustas proscripciones y atrapada en una visión estrictamente electoralista que pareciera no comprender los límites que el sistema neoliberal la ha puesto a una democracia que apenas si respeta el derecho al voto.
Como en otros momentos de nuestra interminable historia de resistencias, lo que no surja desde las tradicionales superestructuras sindicales, habrá de venir de esa organización que se construye y crece ineludiblemente desde abajo mismo de la comunidad con la maravillosa creatividad de quienes en cada batalla por lo esencial están disputando, de manera consciente o no, un pedazo del poder popular que pretende ser definitivamente arrebatado por otro que actúa abiertamente por fuera de cualquier regla democrática.
(publicación original en radiografica.com.ar / 11 de octubre de 2026)
Destacada
El Latinobarómetro y sus trampas, por María Urruzola
Destacada
AYSA: Negocio cerrado, derechos congelados, por Javier Touzón
Con la adjudicación del paquete accionario mayoritario, la red de agua y saneamiento del AMBA queda en manos privadas ¿Qué cambia para los usuarios y qué pasa con el histórico reclamo de agua potable en la periferia?
8 de octubre de 2026 — La escena se repite como un déjà vu trágico para la historia argentina. En los despachos del Ministerio de Economía, entre planillas de cálculo y discursos que celebran la lógica del mercado, se dio un paso decisivo para la privatización de AySA. Con la apertura de las ofertas económicas de la Licitación Pública Nacional e Internacional N° 504/2-0003-LPU26, el Gobierno nacional avanza en la entrega del 90% de las acciones de la compañía a manos privadas, dejando apenas un 10% para los trabajadores mediante el Programa de Propiedad Participada.
Entre las ofertas presentadas para asumir el rol de «operador estratégico», el Consorcio Rowing (integrado por Rowing S.A., Arcos, Transclor, PHX, entre otros) ofertó USD 340.200.000, mientras que el Consorcio Roggio Roas S.A.U. presentó un monto de USD 285.000.000.
La peor noticia en tiempos de riesgo hídrico
Las tormenta anunciadas por el fenómeno del Niño empeoran la situación en la barriadas populares y podría profundizar la falta de agua potable que padecen los asentamientos del país: 4.000 de los 6.467 barrios populares de Argentina están expuestos al riesgo hídrico. Quienes no solo se verán sometidos a una estructural carencia de agua para vivir sino a posibles inundaciones por falta de servicios de desagüe y cloacas que empeorarán el impacto de las tormentas.
Sin ir más lejos, hoy mismo, jueves 8 de octubre se anuncia posible falta de agua en distintos puntos de la zona oeste debido a una nueva inspección de Ríos Subterráneos en el Norte y Oeste del AMBA que se estará realizando durante la noche. Según informaron desde la empresa, la inspección de los tramos San Martín – Saavedra y Barrancas – Devoto se llevará a cabo para evaluar la situación estructural del río subterráneo. Después de un diluvio que azoto la región de AMBA, quizás no sea el mejor momento para tareas de infraestructura. Mientras empresarios y funcionarios festejan, los habitantes tratarán de sobrevivir en forma comunitaria a una situación insostenible.
La falacia del «costo cero» y el negocio del agua
Fiel al libreto oficial, el comunicado con el que la cartera de Economía festejó el avance de la licitación recurre a la estigmatización de la gestión pública. Calificando a AySA como un «modelo de disfunción administrativa», el Ejecutivo justifica el remate señalando los USD 13.400 millones recibidos en transferencias entre 2006 y 2023. Sin embargo, omiten deliberadamente que la extensión de redes de agua potable y cloacas en los barrios más postergados del Conurbano Bonaerense nunca fue ni será un negocio rentable para el capital privado, sino una obligación social e indispensable del Estado.
El nuevo esquema impone obligaciones de inversión al privado por más de USD 2.000 millones y un Plan de Acción contractual de $2,89 billones para el quinquenio 2027-2031. No obstante, la experiencia histórica en el país enseña que las metas de expansión en manos de concesionarios privados suelen quedar subordinadas a la rentabilidad financiera y al ajuste tarifario. Cuando los números no cierran para las empresas, los platos rotos los pagan los usuarios con tarifas impagables o con la suspensión de obras esenciales en la periferia.
Los trabajadores y las mayorías, los olvidados de siempre
El argumento de «cuidar los recursos de los pagadores de impuestos» encubre una retirada del Estado de su rol garante de derechos humanos fundamentales. El agua potable y el saneamiento no son mercancías sueltas en un mostrador de oferta y demanda; son condiciones esenciales para la salud pública, la dignidad y la vida.
Mientras las autoridades nacionales celebran que «la libertad y la Argentina avanzan» al ritmo de la enajenación del patrimonio público, los trabajadores del sector y las familias que aún esperan por una conexión de agua potable ven con incertidumbre cómo el acceso a un derecho primordial queda, una vez más, supeditado a la rentabilidad del mejor postor.