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Planeta Giussani

La V Columna | En defensa propia

No sé si la cabeza trabaja más en cuarentena o si tenemos menos capacidad de concentración y vamos de un lado a otro con miles de estímulos. Lo cierto es que no logré desarrollar una idea, apenas unos picoteos de aquí y de allá. 

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Aprendí a ser formal y cortés

Cursé toda la escuela primaria en tiempos de dictadura. Primer grado en 1966 y séptimo en 1972. Onganía-Levingston-Lanusse. Allí me enseñaban ‘Instrucción Cívica’. ¿En qué sistema político vivimos? Preguntaban en una prueba. La respuesta correcta era: ‘En Democracia’. 

Todos los golpes militares se hicieron en nombre de la democracia, la república y la Patria, obvio. De ahí que hubo toda una generación descreída de la democracia y la bandera generaba desconfianza. Palabras con poco sentido, que no decían lo que decían que decían. Podríamos inferir que fuimos formados para tergiversar la realidad. 

Quizás por eso ahora se de la paradoja de que hoy muchos creen que ‘vivimos en dictadura’ y hay que volver a la democracia ¿cómo? Con un golpe de timón, claro. 

En realidad, la democracia es imperfecta, al final, no resultó verdadero aquello de Alfonsín: ‘con la democracia se cura, se educa y se come’. Hasta ahora no, al menos. Pero sabemos que sin la democracia aquellos que queremos un mundo más justo en donde se coma, se cure y se eduque, estamos más jodidos. 


A desalambrar

Hay que respetar la Constitución, dicen. Pero la Constitución es contradictoria. Por un lado te dice que tenés derecho a la vida, la comida y a ‘La Propiedad Privada’. Privada de qué. De lógica? De razón? No sé. En un inicio el mundo era de todos, la tierra, un bien natural y había que pelear por un lugarcito, hasta que alguien inventó como Derecho, ser el dueño. Bien por él. Mal para nosotros. Tierra para quien la trabaja, dice hoy la UTT. A desalambrar cantabamos en los setenta.

Convengamos que sí, es un delito. Todo crímen tiene una motivación. En este caso lo mueve el hecho de no tener donde caerse muertos. Podríamos decir que es un “delito en defensa propia”. Hay quien mata en su propia defensa o en defensa de su automovil, hay quien roba también para no morir en el intento. 

Pero parece que todos los periodistas de este país -no todos, los de la tele- han sido robados y usurpados por esos energúmenos que no tienen donde caerse muertos. No informan, actúan. Lo que dicen tiene poca importancia, pero les ves las caras y te dan miedo. ‘Te van a ocupar tu casa!!!” Lo curioso es que mientras ellos te aterrorizan dicen que el gobierno hace una política del miedo con la pandemia. 

Créase o no, Estados Unidos se transformó en la primera potencia mundial porque cuando se constituyó entendió que ‘la tierra era de quien la trabajaba’. Al menos eso opina el señor Alan Beattie, ex economista del Bank of England y hoy editorialista del Financial Times. Allá, la conquista del desierto fue la del lejano oeste. Y se instalaron los Ingalls con un par de lotecitos, no los Martínez de Hoz con un cuarto de la Patagonia. Ambos, claro, aniquilaron a los pueblos originarios pero la conformación social del invasor fue diferente.

En su libro “Falsa Economía: una Sorprendente Historia Económica del Mundo”, don Beattie se pregunta porqué Argentina no fue EEUU y su respuesta es simple: mientras EEUU repartió la tierra en parcelas pequeñas, Argentina se la dio a unas pocas familias. “EEUU favoreció a colonos usurpadores, Argentina a terratenientes”.

Será por el ‘Espíritu protestante y la lógica del Capitalismo’ que menciona Max Weber? Lo ignoro.


Yo te llevo dentro, hasta la raíz. 

Desaparecidos. Así se llamaba en Italia a un fenómeno desconocido: los desaparecidos, que a juicio de Videla ‘no son ni muertos ni vivos, no están, son desaparecidos, no tienen entidad’. 

Nos cabe el triste orgullo de que los argentinos inventamos una palabra mundial: Desaparecidos. No éramos los únicos que los tenían pero fue gracias a la campaña de denuncia internacional que se conoció el peculiar procedimiento Latinoamericano. Habíamos inventado el dulce de leche, la birome, el colectivo y a los desaparecidos. Joder. Son miles, decenas de miles, en todo el mundo, por razones de las más diversas, pero la idea de ‘desaparecidos’ es toda nuestra. 

Estamos en democracia -esa imperfecta, imposible y necesaria- y pienso en Facundo Astudillo Castro. Más Castro que Astudillo. No sé qué le pasó, eso lo dirá la justicia. Lo impresionante del caso es que vivimos en un país en el que si ves a un pibe a quien detuvo dos veces la policía y después no aparece…¿qué podés pensar? Existe el Inconsciente colectivo del que hablaba Charly. No hay con qué darle: sos negro, pobre, te para la policía, y nunca más aparecés ¿qué pensar? Pudo haber sido un accidente, el tema es que un pibe morocho y rebelde, no tiene entidad, como diría Videla. Todos lo sabemos. 

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LCV

«Autorrepresentación y mitos de la memoria obrera». Charla con el historiador italiano Camillo Robertini

Camillo Robertini es un historiador italiano que tuvo un intercambio universitario en Argentina y eligió para su tesis de doctorado la historia de la Fiat en Argentina. Hijo de una familia de izquierda, llegó al ‘país de las revoluciones’ con una mirada impregnada de imágenes del Cordobazo o el Rosariazo, de puebladas y rebeliones. Comprobó que había cantidad de estudios, ensayos y bibliografía sobre la lucha obrera en nuestro país. Curiosamente, nadie apuntó su mirada hacia aquellos trabajadores que no fueron igual de combativos. Cuyos líderes no eran Tosco, Piccinini ni Ongaro.

Cómo entender lo que pasó en el país si nadie estudiaba a ‘los otros obreros’? Los que no estaban dispuestos a dar sus vidas por la revolución. Eligió la planta de Palomar de la FIAT, cuyos delegados obedecían al vandorismo en los sesenta. Entrevistó a decenas de obreros, consultó archivos estatales, militares, policiales, empresarios, tanto argentinos como italianos, y escribió «Erase una vez la Fiat en Argentina (1964-1980)». Un material imprescindible para comprender el ascenso y caída del desarrollismo, el mito del progreso o del ascenso social. Aquí la versión completa de la charla realizada por Zoom por Laura Giussani C. desde el corazón de Italia, su centro geográfico en Umbria, y el profesor Robertini desde el sur profundo, en Messina.

En tiempos de Reforma Laboral, mientras Patricia Bullrich arenga empresarios para volver a aquellos buenos tiempos en los que cada fábrica negociaba con el sindicato local, y la FIAT Palomar tenía una dirigencia por demás dialoguista, en donde los obreros respondían a la propaganda del buen empresario paternalista que los invitaba a formar parte de una gran familia, que se jubilaba en el mismo establecimiento en el que había obtenido su primer trabajo, mientras la policía provincial realizaba informes sobre posibles organizadores subversivos. En esa planta ‘no combativa’ igual fueron secuestrados 14 obreros. Una entrevista sin prejuicios, que nos ayuda a entender que buena parte de esa clase media argentina, que apoyó el golpe, estaba conformada por obreros e hijos de obreros, también. Muchos de los cuales entraron a formar parte del país pobre y endeudado que los militares dejaron y la democracia no quiso o no pudo revertir. Hoy el 50% de los habitantes no ganan lo suficiente para comprar una canasta básica. Por eso, tenemos que revisar nuestra historia, no apelar sólo a la memoria. Agradecemos a Camilo Robertini por ayudarnos en este recorrido.

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Internacionales

El día que todos gritamos «No al Rey».

Planeta Giussani desde Italia. El día que todos gritamos No King. No sólo en Estados Unidos, en varios países europeos también. Roma tuvo la marcha más grade de la región, con 300.000 personas en Roma y una convocatoria a 10, 100, 1000 plazas que se hizo sentir en ciudades y pueblos. Aquí el relato de Laura de una ‘giornata particolare’

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LCV

50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.

Apertura de Laura Giussani Constenla, presente en la vigilia del 24 de marzo 2026, desde italia

El año pasado, una investigación especial de LCV echaba luz sobre las características de Agustín Laje y otros personajes que impulsan el discurso de la memoria completa, educados por el Opus Dei y una escuela de anti-insurgencia del Pentágono. Más allá de las ideologías, como concepto es inadecuado pensar en una ‘Memoria Completa’.

La búsqueda de una explicación única y absoluta, buscar una ‘completitud´de la memoria es simplemente imposible. Alguien decía por ahí, «las cosas no son como son sino como se las recuerda». Tampoco es acertado analizar lo que significó el golpe militar sin darle una proyección histórica. No basta la memoria, aún si la Historia tampoco es completa, al menos se basa en documentación que puede ser contrastada o complementar los conocimientos ya adquiridos. En este caso, carecemos de documentación por estricta decisión del gobierno militar que no aportó los datos necesarios para dar con los desaparecidos.

Si hablamos de razones históricas, disputar entre números de muertos no sólo es mezquindad asesina, también inconducente -inútil repetir que no es lo mismo la acción de grupos revolucionarios o sectores de oposición que la violación sistemática de reglas elementares de humanidad de parte del Estado-. Sin mencionar que era un gobierno ilegal que se apropio de todos los recursos del Estado gracias al apoyo de los grandes grupos económicos, sectores eclesiásticos y la venia de Estados Unidos que aportó su escuela de la Américas para enseñar los últimos avances en represión y tortura. Un horror por dónde se lo vea.

El tema es porqué necesitaron utilizar esa crueldad. Es cierto que todos sabíamos que se venía un golpe. Algunos lo esperaban con alivio, otros pensaban que formaría parte de la ya conocida experiencia de gobiernos militares en el país desde el año 1930 en adelante. Nadie -nadie- imaginó que habría campos de concentración en Argentina, con un plan de tortura y persecusión de una crueldad inenarrable. Tanta fue la perversidad, que dejaron que algunos de los sobrevivientes de las catacumbas salieran y pudieran contar lo que allí ocurría. Necesitaban sembrar el terror, y lo hicieron. Para qué?

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