Jeff Bezos, fundador de la empresa Amazon, fue reconocido por cuarto año consecutivo en en la revista Forbes como el hombre más rico del mundo con un capital declarado de 177.000 millones de dólares. Su fortuna el año pasado era de US$64.000 millones, en plena pandemia duplicó con creces su capital.

A pesar de esta buena racha, la idea de que sus 800.000 trabajadores -solo en Estados Unidos- pretendan organizarse le resulta inaudita. Sostiene que no hay necesidad alguna ya que es una persona generosa que paga más que la media, el salario mínimo de sus empleados es de 15 dólares la hora.

Hace tiempo que buena parte de sus trabajadores están peleando por sindicalizarse, y lograron el apoyo de personalidades y líderes políticos preocupados por la presión a la que son sometidos con una vigilancia permanente y sin ninguna protección laboral.

Esta semana se sometió a los empleados a una suerte de referéndum digital en la planta de Alabama que resultó un revés para los partidarios de los derechos gremiales. Según un recuento disponible en línea, los miembros de la Junta Nacional de Relaciones Laborales contaron 1.798 votos por el “no” frente a 738 afirmativos, certificando la derrota de la iniciativa sindical. Los diarios del mundo titulan: fracasó la sindicalización en Amazon. Sin embargo, vale recordar que esta prueba involucró a una mínima parte de los 800.000 empleados, pero sirvió como caso testigo.

Según el Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes, promotor de la campaña a favor del derecho a la agremiación, Amazon “creó una atmósfera de confusión, coacción y/o miedo a las represalias y, por tanto, interfirió en la libertad de elección de los empleados”, advierten que los trabajadores fueron bombardeados por mensajes antisindicales y debieron participar de decenas de reuniones convocadas por la empresa en donde se los intimaba a votar en contra de un posible sindicato. Por esta razón, anunciaron que impugnarán los resultados.

¿A qué le teme Jeff Bezos?

En realidad, el magnate nacido en Alburquerque, Nuevo México, en 1964, no debería perder el sueño por esta cuestión. De hecho, no lo pierde y entre sus tantas excentricidades promueve la de ‘dormir mucho que hace bien para la salud’.

Los especialistas, como el investigador de la Brookings Institution, Darrell West, sostienen que en esta votación hay mucho más en juego que la seguridad empresaria de Bezos. Se trata de “un caso de prueba para ver si la economía digital seguirá el mismo camino que la economía industrial”.

Un futuro para la economía digital, que aquí se le dió en llamar Economía del Conocimiento, que excede por lejos las fronteras nacionales.

Hace apenas una semana, Ezequiel Tosco, Secretario General de la Asociación de Computación de Argentina, denunciaba en La Columna Vertebral que las empresas digitales del país querían acabar con un modelo sindical.

De hecho, Marcos Galperín, dueño de Mercado Libre, festejó el resultado de la elección en Alabama con un tuit:

“Trabajadores de Amazon derrotan a la unidad sindical en el depósito de Alabama (71% vs 29%)”. Y acompañó el mensaje con una nota del New York Times que consideraba la elección de uno de los depósitos de Amazon como “la campaña laboral más significativa en la historia del gigante de Internet” cuyo resultado la terminó “aplastando”.

Una pelea que recién empieza a la que ya le quieren poner el punto final.

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