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Planeta Giussani | No suelto nada

Planeta Giussani al cuadrado.

Laura recita una poesía de su hermana Virginia Giussani. A pesar del cansancio o el agotamiento, del hartazgo, la decepción o el aislamiento, una cosa es segura, ellas no sueltan nada. Escuchala acá.

NO SUELTO NADA / Virginia Giussani

En tiempos de dejar ir

no suelto nada

quiero conservar una a unatodas las sonrisas

sobre todo las ajenas

navegar como un cándido río

por cada lágrima vertida

recoger los besos despeinados

de las luminosas noches amorosas

no olvidar ni un milímetro de lucha

y menos aún el dolor de la derrota

no suelto nada

acaricio los desvelos que siempre precedieron

a una aventura un riesgo a jugarse el pellejo

abrazo las victorias y zurzo las heridas

los rostros siempre frescos de la ternura

el miedo como espada y el temple como escudo

las infinitas miradas de quienes hoy no están

clavadas en mis ojos como brújulas

no suelto nada

el murmullo del viento de todos los otoños

los tropiezos las caídas y nuevamente el vuelo

la tibia piel de mis hijxs entre los brazos

los sueños madrugados y aún los mutilados

la alegría encendiendo hogueras impensadas

la desesperación y el grito hermanas de la vida

cada paso y cada huella dejando rastro en la arena

claro que no

no suelto nada…

#vgiussani

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Yo quiero a mi bandera | Por Laura Giussani Constenla, desde Italia

Así como en Montevideo nos llamaron la atención los coloridos carteles colgados en balcones y ventanas con una identificación clara y precisa, “esta es una casa feminista”, hoy, en Toscana, impresionan las banderas que aparecen aquí y allá, con los colores del arcoiris, que solo dicen PACE. Sí, es fuerte verlas en este momento cuando la guerra en Ucrania – o la Invasión Rusa en Ucrania- está sacudiendo el mapa mundial y dejando miles de muertos. Pace, dicen las ventanas. Pace, insisten grandes organizaciones obreras como CGIL. Pace en los comercios. Paz, paz, paz, es la consigna.

Viví siete años en Italia, en Roma, entre el 76 y el 83 y nunca había visto esta bandera de la Paz. ¿Se inventó ahora? No, tiene toda una historia que espero poder resumir en pocos minutos.

Todo indica que el inventor de La bandera de la Paz en Italia fue Aldo Capitini, un filósofo y escritor pacifista llamado el Gandhi Italiano, defensor de la objeción de conciencia para la guerra, y precursor del vegetarianismo. Inspirado en otras banderas previas, mandó a cocer a unas amigas siete franjas de colores, con el violeta en primer lugar, para llevarla como estandarte a la marcha por la paz de 1961.

Capitini, oriundo de Peruggia y luego profesor en Pisa, comenzó a idear sobre el final de los años 50 una marcha entre su ciudad natal y San Francisco de Asis (santo italiano de la No Violencia). Estaba convencido que debía ser una marcha popular y regional, en contra del ‘Nuevo Orden Internacional’ surgido de la segunda guerra mundial. Contra el muro de Berlín y la guerra fría, contra los dos imperios que querían dominar el mundo, o que estaban dominando el mundo. El lema era: “La paz es algo demasiado importante para dejar en mano de los gobernantes”.

Cursé media carrera de sociología en Italia, participé en política y manifestaciones y feminismo, y nunca había escuchado hablar de Aldo Capitini, el que por primera vez llevó un estandarte contra la guerra en aquella histórica marcha que comenzó a las 8 de la mañana del 24 de septiembre de 1961, a la que adhirieron sectores diversos de obreros, intelectuales diputados y asociaciones diversas. Algunos de los inspiradores de Capitini fueron los pacifistas anglosajones que en 1958 marcharon con Bertrand Russell contra la base nuclear de Aldermaston.

Entre los varios lemas que tenía la movilización liderada por Capitini figuragan: el fin del imperialismo, del racismo, del colonialismo, de la explotación, el desarme total controlado, la suspensión de experimentos nucleares y tantas otras utopías. Año 61. Aldo murió en el 68, de muerte natural. Su bandera de la paz hoy está expuesta en la Biblioteca Comunal de Peruggia.

Claro está que nada nace de la nada. La bandera de Capitini se inspiró en una iniciativa previa de los llamados ‘Partigiani della Pace”, de Umbria, una organización obrera que diez años antes, en 1951, se reunieron en Potenza Picena, y en pleno dopoguerra dieron una conferencia de prensa para afirmar la paz con una bandera de fondo que tenía los colores del arcoiris, la paloma de Picasso y un texto: viva la pace.

Conferencia de prensa de los Partigiani della Pace, Potenza Picena, 1951. En el centro, Guido Morgoni, obrero de la Societá Ceramica Adriática; a su izquierda, Fernando Cutini, hermano de Mariano, asesinado por los nazi-fascisti. La iniciativa fue impulsada por los partidos comunista y socialista.
Conferencia de prensa de los Partigiani della Pace, Potenza Picena, 1951. En el centro, Guido Morgoni, obrero de la Societá Ceramica Adriática; a su izquierda, Fernando Cutini, hermano de Mariano, asesinado por los nazi-fascisti. La iniciativa fue impulsada por los partidos comunista y socialista


Y si seguimos indagando aparece una bandera parecida en 1913, obra de un pastor metodista norteamericano: James Van Kirk di Youngstown, Ohio (USA).

Nadie inventa nada, la historia se va completando, pieza a pieza, huella a huella. ¿Quién puede decir quién fue el inventor de una bandera? Hubo sí, una línea o curva de ideas que fue tomando símbolos.

La última evolución de la Bandera de Van Kirk o de los Partigiani de la Pace o de Aldo Capitini, fue la que le dio Gilbert Baker, en San Francisco, años 1978, y con el rojo en su franja superior se convirtió en insignia del movimiento Gay, denominado posteriormente LGTB. No deja de ser curioso este ensamble entre la paz, la no violencia, la lucha contra el racismo y los derechos LGTB.

Curiosidades de la historia olvidada, de la que no nos contaron. Parece haber un hilo conductor entre los guerrilleros de la paz y el LGTB.

En estos días, la bandera de Capitini volvió a mostrar su mensaje. Muchas organizaciones llamaron a rescatar aquel símbolo, con estas palabras:

“En un momento oscuro como este, volvemos a necesitar empuñar la bandera del arcoiris, salir a la calle, colgarla de nuestras ventanas, y reclamar el fin de una guerra que se está llevando vidas. Es hora de terminar con esta inútil masacre”.

La bandera de la paz debe volver a flamear. Como sucedió en el 2003 cuando millares de personas se manifestaron contra el conflicto con Irak. “No en mi nombre”, fue la consigna.

Hoy, quienes repudian la guerra de Ucrania en Italia, recuerdan que existe el artículo 11 en la Constitución Nacional que dice: “l’Italia ripudia la guerra come strumento di offesa alla libertà degli altri popoli e come mezzo di risoluzione delle controversie internazionali”.

Pero, como es sabido, mientras a las bandera las mueve el viento y a las palabras se las lleva.

En febrero de este año, apenas comenzado el conflicto, Italia fue la primera en prometer armas para la resistencia ucraniana. En pocos días, esas armas empezarán a llegar a Kiev. En estos días, el vicepresidente del 5Stelle -de la coalición de gobierno-, cuyo apellido es Turco, (curiosidades de la historia) pide la suspensión del envío y exige que lo trate el parlamento.

Una vez más, recuerdo a Bertrand Russell y su incisiva frase: “Nunca daría la vida por mis convicciones porque podrían estar equivocadas”. Y también al querido Lucio Dalla que en un hermoso  concierto, antes de cantar una canción que había escrito cuando empezaba la guerra de Bosnia, dijo: “Todas las guerras dan asco, y debería ser un derecho que uno pueda decir: yo no quiero morir por eso. Además, era una guerra fraticida en la que se mataban entre hermanos”. Algo parecido a lo que pasa ahora.

Insomma, hagamos flamear la bandera de la paz en el mundo entero. Una paz sin injusticias ni racismos ni explotación ni violencia de género.

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