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Planeta Giussani/ Houston, tenemos un problema
El 13 de abril de 1970, una frase entró a la historia. Creíamos que la humanidad tenía el poder de conquistar el universo todo. Naves intergalágticas surcaban el espacio. Estados Unidos ya había plantado bandera en la luna. Una nueva misión tenía al mundo en ascuas: el Apolo 13. Todo iba bien hasta que una serie de luces desconocidas y una explosión de origen ignoto obligó a la tripulación del Apolo a llamar a la base en tierra. El mensaje fue claro y conciso: “Houston, tenemos un problema”.
Desde entonces, cada vez que ocurre un imprevisto de difícil solución e incierto origen, apelamos a aquellas palabras de desesperación controlada con las que el astronauta del Apolo 13 compartió su alarma. Y sí, hoy, apelamos una vez más a ella: Houston, tenemos un problema.
Este domingo, la política argentina vio los destellos de luces jamás imaginadas y alguna explosión agitó los ánimos. Qué había pasado?
De manera inusitada, los hermanos Milei, en el peor momento de su gobierno arrasaban en casi todas las provincias, incluída la provincia de Buenos Aires, donde había sufrido una derrota aplastante pocas semanas atrás.
El desconcierto invadió a propios y extraños. Quizás pueda decirse que, de una forma u otra, salvo los Milei, perdieron todos. Y cuando digo todos, digo también la derecha. Curioso ¿no?
Desde el mes de agosto, incluso los medios ‘amigos’ del gobierno se dieron vuelta. Por primera vez se los veía a Feinman, Viale, Laje y hasta Trebucq, entrevistando de manera incisiva al presidente de la Nación. El escándalo Sapagnuolo, el 3% de Karina, las relaciones narco de Espert, eran tapa, día tras día.
Las redes estallaban con incomprobables brotes psicóticos de Milei. Hablábamos de un Plan B en marcha, mientras otros directamente mencionaban un operativo destituyente. Las elecciones intermedias parlamentarias se habían convertido en un referendum: Milei sí o no. Todos tensaron la cuerda. Blanco o negro. Milei o Kirchnerismo, representado por Cristina y su hijo.
El desdoblamiento de las elecciones en la Provincia de Buenos Aires le dieron aire a Kicillof, al no ser una consulta nacional, pudo mostrar el mapa político de el bastión peronista por excelencia. Seguía siendo peronista, es más, kicillofista.
Lejos de retroceder frente a una embestida política, mediática y hasta empresaria, el gobierno fue por más. Más represión, más ajuste, más agresión contra los ejes más sensibles para la población: salud, universidad, discapacitados, jubilados. ‘Ni un paso atrás’ decía Mussolini en pleno liderazco.
Los politólogos y periodistas, encargados de ‘leer’ el mensaje de la ciudadanía, se agarraban la cabeza. La derrota era el número ganador. Hagan sus apuestas señores, quien gana y quien pierde?
Perdimos todos.
Es que había ocurrido un imprevisto, un destello de luces violetas y una explosión: Donald Trump se metía en la campaña. Prometía una salvación económica sí y sólo sí Milei ganaba las elecciones.
Lejos de autoflagelarnos con las responsabilidades de cada uno de los protagonistas, y mucho menos de pensar que de la noche a la mañana el pueblo argentino decidió apoyar la represión a los jubilados, hacer aparte las exigencias del Garraham, reirse de los discapacitados, y escupir sobre la cabeza de centenares de miles de desocupados por un plan económico que detruye la industria junto con el Estado, esta vez, yo prefiero no creer. Prefiero no creer que se fascistizó el electorado de tal modo. Así que busco otras razones.
¿Y si el voto hubiera sido más sensato de lo que pensamos? Qué había enfrente a Milei. Si perdía, caía el gobierno, eso era lo que todos esperábamos con cierta euforia. Y si caía el gobierno ¿qué pasaba?
Posiblemente el electorado pensó: Houston, estamos en problemas.
Y aquí entra el factor Trump. Aceptar el manotazo de ahogado de Trump quizás era lo más pragmático porque si no era eso ¿qué? Sólo se veían dos opciones y ambas significaban ‘volver’. Al peronismo o al macrismo. Por si no hubiera quedado claro con la victoria de un personaje indefinible, nadie quiere volver a sentir el hastío de los mismos discursos vacíos. Quizás la sociedad está pidiendo a gritos dar vuelta la historia, no volver sino ir.
Una vez más, invito a nuestros lectores y oyentes a pensar que no vivimos en un mundo aparte. Y el mundo, lamentablemente, hoy tiene como protagonista a otro esperpento al que todos hacen reverencia, cruza fronteras, se adjudica paces incomprobables, extorsiona con los impuestos a países de distinta índole. No queremos reyes, pero tenemos un emperador cuyo parecido con American Dad, es preocupante.
Por más que nos dediquemos a analizar de manera pormenorizada los errores de cada partido, partidazo o partiducho, lo que pasa en Argentina no es ajeno a lo que pasa en el mundo. Quizás Milei entendió eso y anda viajando de acá para allá, sembrando su demencial teoría anarcocapitalista en tiempos de tierra fértil.
Parace antiguo, pero la solución quizás no es sólo nacional. Que avance el internacionalismo, pues. Porque más allá de consignas perimidas como “Patria sí, Colonia no” o recordar “Braden o Perón”, el mundo entero está sufriendo un terremoto económico y moral. Las Colonias ahora son ‘países aliados’ y el entramado económico crea fronteras tan volátiles que resulta imposible analizar con la rigidez a la que estábamos acostumbrados.
No somos el peor país del mundo, son tiempos de una humanidad que ya no puede llamarse humana. Bombas, drones, hackers, ataques cibernéticos, enemigos más virtuales que reales.
Por eso, LCV también anda relojeando lo que pasa aquí y allá. Y, por ahora, parece que nadie se salva solo, tampoco a nivel internacional. Ningún país podrá enfrentar las fuerzas de este post capitalismo cínico y voraz.
Si volvemos al chiquitaje interno, y sí, el baile de Cristina en el balcón al conocerse que perdió el peronismo en la provincia de Buenos Aires fue lo más parecido a la quema del cajón de Herminio Iglesias. Pero no son Cristina ni Kiciloff el problema. Ni la izquierda ni los tibios ni los progres nisiquiera la derecha de buena o mala fé. Levantemos la mirada para ver lo que pasa a nuestro alrededor. Dejemos de acusarnos y empecemos a construir, y a coordinar con quienes están sufriendo tanto o más que nosotros.
Son tiemos difíciles, para todos, sobre todo para los que todavía tienen algo que perder. Esa clase media apedreada que se niega a bajar al séptimo círculo del infierno. Pero hay medio país que sabe que es difícil bajar otro peldaño. No son necesariamente gorilas, ni idiotas, ni todos los epítetos que se les ha endilgado en estos días. Muchos desposeídos apostaron a los hermanitos medio locos. Quizás por empatía. Hartos de ver tantos políticos racionales y nobles que los han llevado a la ruina.
Sigamos pensando y construyendo una sociedad más justa, desde abajo, simplemente como personas, aprendamos a escucharnos, dejemos atrás ese fugaz poder que puede dar una diputación o una secretaría.
Entre tanto, la vieja política tiembla. Cuando pase el temblor ojalá que nos encuentre más fuertes, libres, sinceros. Quizás desorganizados, quizás no unidos, pero dispuestos a llevar adelante las luchas en las que muchos estamos desde hace tiempo y sentimos que son robadas por representantes que no nos representan. La unidad no es todo en la vida. Seamos miles de luces, miles. Miles de fogatas, miles. Ya nos encontraremos de manera natural en un momento histórico en el que valga la pena escucharnos sin insultarnos.
Columna de Laura Giussani Constenla, emitida en La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores, el 27 de octubre de 2025.
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Planeta Giussani: «Estamos a la deriva»
Los opinólogos buscan explicaciones rápidas a fenómenos totalmente desconocidos. El éxito de Bolsonaro en Brasil rompió todas las previsiones. Lula declaró: «Votar a Bolsonaro es votar la incertidumbre total». ¿Y si los electores están hartos de tanta certidumbre de que todo seguirá igual? El humor de lo que alguna vez fue la izquierda sube y baja con velocidad de vértigo. Cualquier éxito o derrota se lee como definitiva. Las multitudes llenan las calles de Francia y España. En Alemania gana un nazi en un Estado. Horror. Una semana después gana la izquierda en Berlín. Estamos ganando! grita la clac. Naufragamos y abrimos demasiado la boca. El pánico nos hará ahogar. Mantengamos la calma, tratemos de comprender antes de pontificar.
Emitido en La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores el lunes 5 de octubre por larz.
Ambiente
+Colonia: El futurismo protofascista del siglo XXI, por Laura Giussani Constenla
Hace ya varios años que se habla del emprendimiento inmobiliario pretende llevar adelante el empresario argentino Eduardo Bastitta en Colonia. Se habló de una nueva Sillicon Valley o una ciudad inteligente pero no había nada concreto. Hasta el momento no pasaba de ser casi una fantasía. Luego de la reunión de Yamandú Orsi con Dryden Brown, CEO de Praxis, empresa vinculada a la tecnología, la inteligencia artificial y las criptomonedas y el anunció de su inversión de 1.000 millones de dólares en el emprendimiento de Bastitta, el proyecto comenzó a tener forma. Una forma preocupante, en la que se le da via libre a un grupo de emprendedores que no sólo piensan en una ciudad de elite, también en un territorio independiente, un “Estado virtual” con sus propias leyes instalado en una de las riberas más requeridas de Uruguay ¿Quiénes son y qué quieren hacer los nuevos magnates de la IA en Argentina y Uruguay?
¿Quiénes son?
Eduardo Bastitta Harriet, fundador y ex CEO de Plaza Logística -empresa dedicada a la construcción de Parques Industriales- declarado seguidor de La Libertad Avanza en Argentina, formó parte del consejo de asesores del presidente Javier Milei, y fue miembro de su círculo íntimo de consejeros, denominado» círculo rojo».
“Su cercanía con el presidente argentino es tal –dice el diario Perfil- que el mismo Milei recorrió personalmente los terrenos uruguayos en los que se está edificando la ‘ciudad del futuro’, en agosto de 2023, poco antes de ser electo presidente.” Entre los amigos o socios de este emprendedor libertario podemos encontrar a Cristiano Rattazzi o Marcos Galperín. Se recibió de economista en la Universidad Di Tella.
Dryden Brown pasó su infancia en Santa Bárbara, California, no asistió a la escuela y eligió estudiar en su casa para entrenarse en surf de forma profesional. Al terminar el secundario de esta forma aislada, fue rechazado por las principales universidades en las que se presentó –Harvard, Stanford, Oxford y Cambridge- luego de un fugaz pasaje por la Universidad de Nueva York abandonó la idea de recibirse de algo.
Hasta fundar Praxis en 2019 no era una persona conocida en el mundo de las finanzas, su único antecedente laboral fue como analista para un fondo de cobertura de donde fue despedido. Allí conoció a quien sería su socio, Charlie Callinan, quien luego de ganar un torneo de golf invirtió su dinero en un sueño común, Praxis, y la búsqueda de la ciudad feliz. El New York Times publicó que Brown es «grande en promesas y ligero en detalles», en el 2022 le confesó a un redactor de esa publicación que la idea de fundar una ciudad inteligente con una comunidad con valores en común se reforzó al ver los saqueos durante las protestas por el asesinato de George Floyd.
Brown y Callinan exploraron en 2019 la posibilidad de levantar un centro financiero en África, llegaron a entrevistarse con el presidente de Ghana Mahamudu Bawumia pero sin éxito. El plan luego se concentró en la costa del Mediterráneo e incluso en Groenlandia. Por entonces dijeron que pensaban fundar una comunidad ‘tecnológica y libertaria’, con una estética monumental y futurista. Algo así como el afiche de la película Metropoli. Ellos la definen como una estética “hero futurism”: ‘una arquitectura grandiosa que se conectara con la épica de las civilizaciones antiguas de occidente’. Futurismo. Idéntica definición elegida por aquel movimiento artístico que anticipó al fascismo nacido al son del progreso, las máquinas y la velocidad, símbolos de un mundo nuevo que venía de la mano de otro gran invento: la electricidad. En el siglo XXI, la Inteligencia Artificial era la herramienta que revolucionaba a los jóvenes soñadores del futuro.
¿Qué quieren?
“Si las máquinas llegaran a realizar buena parte del trabajo que hoy hacen las personas, cambiarían las razones para vivir en las grandes ciudades.” sostiene Praxis entre sus fundamentos. Más allá de un posible parque tecnológico o barrio de oficinas su discurso apunta a inventar un lugar en donde se viva en comunidad con una identidad compartida. Una identidad digital. Virtual. Una ciudad soñada. Sin conflictos, es decir, casi casi sin trabajadores –que son tan conflictivos-. Un oasis de la Inteligencia Artificial. Que, además, aspira a ser un Estado con sus propias reglas. El gran invento del siglo XXI o una burbuja espectacular, al estilo “The Truman Show”, habitado por Barbies. Algo raro, que evoca también esa serie de los sesenta en la que una pareja va a vivir a una comunidad ideal de la que es imposible escapar porque aparece una bola gigante que los persigue.
Si bien esta idea puede sonar irrisoria para quienes estamos fuera del mundo virtual, entre los informáticos hace rato se habla de la posibilidad de fundar un “Estado red”, o “network state”. Un estado red que se define así: “Un network state es una comunidad online altamente alineada con capacidad para la acción colectiva que recauda fondos para territorio alrededor del mundo y eventualmente obtiene reconocimiento diplomático de estados preexistentes.” Nótese este primer momento, por ahora se trata de recaudar fondos.
Y vaya si lo lograron. En septiembre de 2023, Mother Jones –portal dedicado a la temática- publicó una investigación en la que presentó Praxis como un proyecto de ciudad cripto y libertaria, y explicó que ya estaban organizando fiestas y eventos para atraer a posibles miembros, inversores y figuras de la cultura digital de Nueva York. Ya en ese año, declaró que uno de sus financistas era Peter Thiel a través de fondos y redes de inversión como Pronomos; se desconoce por el momento hasta dónde llegará la influencia de Thiel en la ciudad de Barbie pero está invirtiendo en ese proyecto millones de dólares desde 2021.
Peter Thiel parece ser quien está detrás de estos muchachos luego de que se gastaran el dinero ganado en el golf. Figura enigmática, convertido en protagonista de la política argentina, al que le dedicaremos una investigación especial.
¿Qué es un ‘network state”?
Recapitulando, se trata primero de crear una comunidad digital, un espacio virtual en donde un grupo de personas decida compartir identidad y objetivos para luego buscar un territorio (la tierra prometida, ay! Justo ahora!) y convertir esa virtualidad en una realidad: una ciudad, un territorio, en donde vivir con sus propias reglas. Así fue que luego de soñar con Africa o el Mediterráneo o Groenlandia, finalmente encontraron su lugar en el mundo virtual: +Colonia. Nunca un nombre más explícito, algo así como convertirnos en más colonia.
Hasta aquí tenemos varios vendedores de buzones, entre ellos un argentino, como no podía ser de otra forma, y un financista, Thiel, quien ya probó suerte con un Estado Virtual en Honduras, con sus propias leyes que ahora anda en litigio por ser catalogada como inconstitucional.
Veamos cómo definen el funcionamiento de estas ciudades del futuro en la red:
La energía, la basura, el tráfico, todo manejado por la eficiencia de la IA. En materia de seguridad pública también la IA estará allí para protegernos. Según dicen los modelos predictivos basados en inteligencia artificial ayudan a las ciudades a anticipar delitos. Un softward de vigilancia que ya se aplica, por ejemplo en el Departamento de Policía de Los Ángeles llamado software de vigilancia policial predictiva (PredPol) para pronosticar los lugares donde se cometerán delitos a partir del análisis de patrones históricos de delincuencia. Además, no harán falta consultas populares, quizás ni siquiera elecciones porque la IA tendrá la facultad de analizar las opiniones de los ciudadanos en un periquete. Y siempre habrá un bot a disposición 24 sobre 24. Aseguran que sin molestos humanos tomando decisiones estratégicas será un gobierno municipal ‘más recesptivo e inclusivo’.
Bastitta ya anunció que unas 2.700 personas de la comunidad expresaron interés y compromiso de mudarse e invertir en la futura sede y comenzarían a instalarse en el 2027.. +Colonia, estará ubicada a diez kilómetros de Colonia del Sacramento en un paraje llamado El Calabrés
Los costos
Dijo Penélope Cruz en el Festival de Venezia: “Nos dicen que gracias a la Inteligencia Artificial tendremos mucho más tiempo libre ¿Libre para hacer qué?” Quién sabe a qué dedicarán sus horas los ciudadanos de +Colonia. A cuestiones artísticas, quizás. Sí, hechos con las maravillas de la Inteligencia Artificial. Será tan fácil componer una sinfonía que ya nadie tendrá ganas de dedicarse a algo tan mecánico. O no. Quién sabe.
Más allá del profundo aburrimiento de llevar una vida artificial, se presenta otro problema, el agua que necesitan las instalaciones dedicadas a procesar los datos. La cifra que encontré es ciertamente escalofriante: «Para una ciudad inteligente, que incluya una infraestructura de IA, se estima que el consumo de agua podría ser equivalente a las necesidades básicas de vida de 1.300 millones de personas al año para 2030. Esto implica un uso significativo de agua para enfriar los servidores y generar la electricidad que los alimenta.» Ignoro la certeza de esta información ya que le pregunté a la IA. No parece posible imaginar que para que 2700 personas vivan en un mundo virtual se ponga en juego la vida de millones de personas. Es posible que la IA esté equivocada pero cabe imaginar que tanto Orsi como Milei estarán estudiando el asunto.
¿No hay otra opción?
Sin computadoras a mano, y solo con un poco de sentido común, son las comunidades de pueblos originarios las que están resistiendo con mayor fuerza la instalación de estas plantas en sus territorios. Obviamente, saben que los que estarán entre esos millones de personas que sucumbirán de sed estarán ellos y no los pocos miles de habitantes de la ciudad barbie.
Mientras leía estas noticias, se me dio por ver una película coreana: “No hay otra opción”. Casualidad, o no, allí mostraban con un humor tan ácido como descacharrante los resultados de aplicar el nuevo modelo de un mundo sin trabajadores. Su título dice lo que todos piensan: es el progreso, no hay otra opción. Razón por la cual es lícito hacer cualquier cosa para vivir en la burbuja. No les cuento más, recomendadísima.
Por si fuera poco para ver similitudes con Uruguay, “No hay otra opción” cuenta qué pasa con trabajadores de una papelera que hicieron del papel toda una vida hasta que llegó el progreso.
Más allá de la clave cómica que elige el film, refleja a la perfección todo lo que un ser humano puede hacer para quedar de parte de los ganadores, ya que el juego está hechado y, como bien dice el título: No hay otra opción.
La pregunta es ¿no hay otra opción? ¿Ya todo está perdido? Entramos en la guerra individual de quién se salva de esta catástrofe? Como bien dice el maestro Tato Iglesias, un romántico de la universidad trashumante, “está en nosotros”.
Estamos dispuestos a aniquilar millones de personas, de puestos de trabajo, de paisajes y naturaleza, para que pocos miles de personas se inventen una realidad artificial?
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Cuba: La oscuridad más luminosa, por Laura Giussani Constenla
De nuevo en nuestra bella América del Sur. Cerca del río mar, a unos pocos quilómetros de Montevideo. La transición entre Italia y Uruguay tuvo un hilo en común que unió ambas orillas del Océano de manera impensada. Mi última semana en la Italia una noticia conmovió al país: Alessandro Di Battista, ex diputado Movimento 5 stelle, devenido periodista del Fatto Quotidiano, se encontraba en la Habana realizando una investigación especial en estos tiempos tan duros en la Isla. De pronto sintió un terrible dolor de cabeza que le duró un par de días hasta que perdió conocimiento. Terminó en terapia intensiva en un hospital público cubano. Días de oraciones, abrazos y reconocimiento de todo el arco político Italiano. Su estado era grave, según decían, sin demasiadas explicaciones. Finalmente, se recuperó, pudo agradecer en las redes a los médicos cubanos que le habían salvado la vida. Tuvo una recaída y fue operado de urgencia nuevamente en Cuba. Italia en vilo por su connacional internado en una isla a oscuras.
En un avión en donde la gente se niega a ver el cielo, todas las ventanillas cerradas, leo un posteo de Silvia Pérez Cruz de gira en la Habana: “Cuba querida, se necesitaría un poeta para contar todo lo que pasa y se siente aquí. Aquí siempre siento mucho y entiendo poco. …Ahora, que no hay luz hace un año tienen entre 40 minutos y 3 horas de luz al día, la gente se reúne más a tocar en el malecón, dicen. No hay medicamentos ‘no te puedes poner enfermo ahora’, dicen. No pasa el camión de basura. Los edificios están cansados. Algunos se fueron. …En la Habana es donde más amor, generosidad y luz he sentido de la gente, paradójicamente. Que no os apaguen esa luz vuestra tan indescriptible, ese amor vuestro tan poderoso y transformador, que no se apague…El objetivo era claro, tenemos que ir a La Habana a tocar sin luz. Eso significa encontrar un lugar que tenga resonancia, alguien que ofrezca un amplificador pequeño con batería de 2 horas y una luz igual” “Trajimos una maleta llena de velas que van con pilas desde Menorca. Empezamos a montar la escena. Tuvimos el mejor equipo del mundo…dos niñas me ayudaron a montar el círculo y lo decoramos con flores de la calle. Les dije que tenían que seguir cantando, organizando conciertos aunque no haya luz, e imaginar espacios hermosos y cuidarlos con flores…Cuidar, cuidar, cuidar, flores, flores, cantar…”
Al llegar a Uruguay, me espera una pareja de cubanos que decidió dejar la isla, con toda su nostalgia y esperanzas me cuentan porqué vinieron…(ver video completo)
