Planeta Giussani
¿Qué culpa tiene la O?, por Laura Giussani Constenla
Señoras y señores -¿señores? o ¿señoros? o señeros, quién sabe-. A ustedes les hablo, oyentes de mi corazón -oyentes y no oyentas ni oyentos- , periodistas que no son periodistos, estudiantes que desde hace rato votan a representantes que no son representantos, a ustedes, jueces de mis palabras, que no son juezos, yo les pregunto ¿qué culpa tiene la ‘O’?
Nadie con dos dedos de frente se negaría a admitir que la lengua se va modificando a lo largo de los siglos
Más allá de cualquier broma, el tema merece ser tratado con seriedad ya que justamente las palabras, ese conjunto arbitrario de letras, son las que ordenan nuestra caótica realidad, construyen o reflejan, vaya uno a saber.
Nadie con dos dedos de frente se negaría a admitir que la lengua se va modificando a lo largo de los siglos. Como la cultura, como las rocas oradadas por el mar. Sedimentos culturales que dejan entrever de qué están hechas las ideas que fueron dando paso a la humanidad.
Me temo que podemos quitar todas las ‘o’ sin que le tiemble el pulso al machismo.
La simplificación provocadora del ‘todes’ no solo suena mal sino que es peligrosamente autoritaria. Ningún cambio ideológico se logra por decreto o voluntad o imposición . Muerta la palabra no se acabó la rabia. Vean ustedes cómo les fue con el experimento a los militares de la Libertadora que prohibieron mencionar los nombres de Juan y Eva Perón durante años y sin embargo no lograron acabar con el peronismo. Me temo que podemos quitar todas las ‘o’ sin que le tiemble el pulso al machismo.
reducir los géneros a una ‘E’ provoca una suerte de uniformidad asfixiante
Más allá de su ineficacia, la mirada esquiva y molesta, casi extorsiva, de todas y todos y todes hacia quienes se niegan a usar ese lenguaje supuestamente inclusivo quizás produzca una reacción contraria. Rechazo a un movimiento hasta ahora vital, alegre, feminista que no debe caer en marcar con el dedo acusador a quienes no admitan su versión del lenguaje.
No seré machista por decir ‘todos’ ¿verdad? No me miren como si fuera discriminadora porque, justamente, a lo que quiero llegar es que reducir los géneros a una ‘E’ provoca una suerte de uniformidad asfixiante. ‘Todes’ no incluye a nadie, anula, más bien, a todas y a todos, y a todus y todis.
Los matices humanos son infinitos e indescifrables. No sólo en identidad de género, también de religión, ideología, color, cultura, apetitos, amores y odios. Colores y tonalidades que expresan una paleta existencial. El apresuramiento a cambiar una vocal, sin permitir que decante el lenguaje, que caiga cada letra en el lugar que quiera caer, puede provocar lo que sucede al girar con velocidad una rueda de mil colores: el ojo no llega a registrar las diferencias y la luz convierte ese universo multicromático en blanco, solo blanco, todo blanco.
Escuchá la columna completa:
https://soundcloud.com/user-106881388/que-culpa-tiene-la-o
LCV
«Autorrepresentación y mitos de la memoria obrera». Charla con el historiador italiano Camilo Robertini
Camilo Robertini es un historiador italiano que tuvo un intercambio universitario en Argentina y eligió para su tesis de doctorado la historia de la Fiat en Argentina. Hijo de una familia de izquierda, llegó al ‘país de las revoluciones’ con una mirada impregnada de imágenes del Cordobazo o el Rosariazo, de puebladas y rebeliones. Comprobó que había cantidad de estudios, ensayos y bibliografía sobre la lucha obrera en nuestro país. Curiosamente, nadie apuntó su mirada hacia aquellos trabajadores que no fueron igual de combativos. Cuyos líderes no eran Tosco, Piccinini ni Ongaro.
Cómo entender lo que pasó en el país si nadie estudiaba a ‘los otros obreros’? Los que no estaban dispuestos a dar sus vidas por la revolución. Eligió la planta de Palomar de la FIAT, cuyos delegados obedecían al vandorismo en los sesenta. Entrevistó a decenas de obreros, consultó archivos estatales, militares, policiales, empresarios, tanto argentinos como italianos, y escribió «Erase una vez la Fiat en Argentina (1964-1980). Un material imprescindible para comprender el ascenso y caída del desarrollismo, el mito del progreso o del ascenso social. Aquí la versión completa de la charla realizada por Zoom por Laura Giussani C. desde el corazón de Italia, su centro geográfico en Umbria, y el profesor Robertini desde el sur profundo, en Messina.
En tiempos de Reforma Laboral, mientras Patricia Bullrich arenga empresarios para volver a aquellos buenos tiempos en los que cada fábrica negociaba con el sindicato local, y la FIAT Palomar tenía una dirigencia por demás dialoguista, en donde los obreros respondían a la propaganda del buen empresario paternalista que los invitaba a formar parte de una gran familia, que se jubilaba en el mismo establecimiento en el que había obtenido su primer trabajo, mientras la policía provincial realizaba informes sobre posibles organizadores subversivos. En esa planta ‘no combativa’ igual fueron secuestrados 14 obreros. Una entrevista sin prejuicios, que nos ayuda a entender que buena parte de esa clase media argentina, que apoyó el golpe, estaba conformada por obreros e hijos de obreros, también. Muchos de los cuales entraron a formar parte del país pobre y endeudado que los militares dejaron y la democracia no quiso o no pudo revertir. Hoy el 50% de los habitantes no ganan lo suficiente para comprar una canasta básica. Por eso, tenemos que revisar nuestra historia, no apelar sólo a la memoria. Agradecemos a Camilo Robertini por ayudarnos en este recorrido.
Internacionales
El día que todos gritamos «No al Rey».
Planeta Giussani desde Italia. El día que todos gritamos No King. No sólo en Estados Unidos, en varios países europeos también. Roma tuvo la marcha más grade de la región, con 300.000 personas en Roma y una convocatoria a 10, 100, 1000 plazas que se hizo sentir en ciudades y pueblos. Aquí el relato de Laura de una ‘giornata particolare’
LCV
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
El año pasado, una investigación especial de LCV echaba luz sobre las características de Agustín Laje y otros personajes que impulsan el discurso de la memoria completa, educados por el Opus Dei y una escuela de anti-insurgencia del Pentágono. Más allá de las ideologías, como concepto es inadecuado pensar en una ‘Memoria Completa’.
La búsqueda de una explicación única y absoluta, buscar una ‘completitud´de la memoria es simplemente imposible. Alguien decía por ahí, «las cosas no son como son sino como se las recuerda». Tampoco es acertado analizar lo que significó el golpe militar sin darle una proyección histórica. No basta la memoria, aún si la Historia tampoco es completa, al menos se basa en documentación que puede ser contrastada o complementar los conocimientos ya adquiridos. En este caso, carecemos de documentación por estricta decisión del gobierno militar que no aportó los datos necesarios para dar con los desaparecidos.
Si hablamos de razones históricas, disputar entre números de muertos no sólo es mezquindad asesina, también inconducente -inútil repetir que no es lo mismo la acción de grupos revolucionarios o sectores de oposición que la violación sistemática de reglas elementares de humanidad de parte del Estado-. Sin mencionar que era un gobierno ilegal que se apropio de todos los recursos del Estado gracias al apoyo de los grandes grupos económicos, sectores eclesiásticos y la venia de Estados Unidos que aportó su escuela de la Américas para enseñar los últimos avances en represión y tortura. Un horror por dónde se lo vea.
El tema es porqué necesitaron utilizar esa crueldad. Es cierto que todos sabíamos que se venía un golpe. Algunos lo esperaban con alivio, otros pensaban que formaría parte de la ya conocida experiencia de gobiernos militares en el país desde el año 1930 en adelante. Nadie -nadie- imaginó que habría campos de concentración en Argentina, con un plan de tortura y persecusión de una crueldad inenarrable. Tanta fue la perversidad, que dejaron que algunos de los sobrevivientes de las catacumbas salieran y pudieran contar lo que allí ocurría. Necesitaban sembrar el terror, y lo hicieron. Para qué?
