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Entre la vida y la muerte en las cárceles de Turquía, por Alvaro Hilario
Miles de presos políticos kurdos mantienen una huelga de hambre en cárceles turcas, en protesta por las condiciones de reclusión de Abdullah Öcalan, líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán. Mientras crece la alarma por el precario estado de salud de muchos de los huelguistas, seis prisioneros se suicidaron en los últimos días ante la indiferencia del gobierno de Recep Tayyip Erdogan.
En el momento de publicar estas líneas, la diputada del Partido Democrático de los Pueblos y copresidenta del Congreso Democrático de Kurdistán, Leyla Güven, cumple 150 días de huelga de hambre en demanda del fin del régimen de aislamiento al que está sometido el líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (Pkk), Abdullah Öcalan, a quien se considera la llave para solucionar el largo conflicto entre el pueblo kurdo y el Estado turco. Güven comenzó su protesta el 8 de noviembre de 2018 en la prisión de la ciudad turco-kurda de Amed (Diyarbakir) –donde se encontraba presa por criticar públicamente la intervención militar turca en el cantón sirio de Afrin– y, desde el 22 de enero, en su propio domicilio. Allí ha sido visitada por diferentes personalidades de relieve internacional, como Nora Cortiñas, cabeza visible de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS. La política kurda no está sola en esta lucha: más de siete mil presos políticos, diputados y activistas prokurdos y por los derechos humanos de diferentes lugares del globo mantienen ayunos, en algunos casos, superiores a los cien días de protesta indefinida. Entre estos, se encuentran Nasir Yagiz, en Basur (Kurdistán turco), con 136 días; Imam Sis, en Gales, con 113, y las 14 personas que en Estrasburgo acumulan 113 días sin ingerir alimentos sólidos.
Es por esto que se teme por la vida de los huelguistas, como la del escritor Ilhami Cinar, en huelga desde el 5 de enero (90 días) en la prisión cerrada número 1 de Sakran, en Turquía. Su tía Havide Bayram, quien lo visitó en la última semana de marzo, señaló que Cinar, que ya ha perdido 11 kilos, acudió a la sala de visitas con la ayuda de otros presos. Respecto a su estado de salud, manifestó a la agencia de noticias kurda Anf que “su presión arterial cae constantemente. Tiene problemas en la vista. Su ojo derecho está casi completamente ciego. Otros prisioneros en su sala cubren las luces con un periódico para que no le hagan daño en los ojos. Su salud se deteriora cada día. A pesar de su situación, Ilhami está decidido a continuar con su protesta”.
A pesar de que Leyla Güven y sus camaradas ingieren agua con sal y azúcar, y un complejo de vitaminas que les permite aguantar tan prolongado reclamo, padecen náuseas, fiebres, migrañas, presión arterial inestable, graves déficits sensoriales, desnutrición severa y pérdida de la masa muscular.
Por otro lado, son ya seis las personas que han terminado con su vida para reclamar el fin del aislamiento de Öcalan: Zülküf Gezen, penal de Tekirdag, el 17 de marzo; Ayten Beçet, cárcel de mujeres de Gebze, el 22 de marzo; Zehra Saglam, prisión de mujeres de Erzurum, el 24 de marzo; Medya Cinar, prisión especial de Mardin, el 25 de marzo; Yonca Akici, penal de Sakran, el 29 de marzo, y en la última semana se sumó Siraj Yuksek, en huelga de hambre desde el 1 de marzo. Tampoco podemos olvidar al activista Ugur Sakar, quien el 20 de febrero se inmoló con fuego en Krefeld, Alemania, en protesta por el régimen de aislamiento impuesto al líder kurdo. Sakar falleció un mes después a causa de las gravísimas quemaduras que afectaban el 60 por ciento de su cuerpo.
Las organizaciones kurdas, sin embargo, condenan este tipo de acciones individuales y llaman a priorizar la lucha colectiva, encarnada en la huelga de hambre que Güven comenzó el pasado 8 de noviembre.
“Este tipo de resistencia no es nuevo en la historia del movimiento y la sociedad kurda. Es la forma de acción más elevada y emocional de la sociedad. La decisión de iniciar una huelga de hambre se debe a una profunda convicción política”, afirma la activista kurda Sozdar Koçer en una nota aparecida a mediados del pasado mes de febrero en Anf. Koçer recuerda también que la resistencia de Güven y los demás huelguistas “despierta el espíritu de las huelgas de hambre pasadas en las cárceles de Turquía y Kurdistán, en particular la del 14 de julio de 1982 en la prisión de Amed”. Kemal Pir, uno de los militantes muertos en aquella protesta, describió antes de morir las razones de su acción, que bien pueden extrapolarse a la actual movilización: “Amamos tanto la vida que estamos dispuestos a morir por ella”.
SIN DIÁLOGO. La masiva huelga de hambre no parece suficiente presión, empero, para que el gobierno turco, dirigido por el autoritario islamista Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía y líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (Akp), levante el aislamiento que sufre Öcalan o, al menos, se digne aceptar algún tipo de interlocución. Detentador de un poder casi absoluto (sólo cuestionado por las recientes elecciones municipales del 31 de marzo) y con el apoyo de la Unión Europea y los Estados Unidos, que mantienen al Pkk en el listado de organizaciones terroristas, los dos únicos gestos de Erdogan han sido la liberación de Leyla Güven, el 22 de enero, y la visita de cinco minutos a Abdullah Öcalan de su hermano, que diez días antes le fuera concedida, ambos gestos dirigidos a desactivar la protesta. Recordemos que el líder del Pkk no veía a sus familiares desde 2016 y que desde 2011 no ha visto a sus abogados. No son mejores las condiciones de vida de los 12 mil presos políticos kurdos en las cárceles de alta seguridad de Turquía.
Aunque el reciente declive electoral del Akp es adjudicado a la crisis económica y a la galopante inflación, desde la dirigencia kurda también se señala la creciente reacción popular al autoritarismo de Erdogan.
De este modo, los candidatos a coalcaldes de Diyarbakir por el Hdp, Selçuk Mizrakli y Hülya Alökmen Uyanik, que este domingo lograron el 62 por ciento de los sufragios, manifestaron que el resultado de los comicios “es una señal de la creciente oposición del pueblo contra el aislamiento. La victoria es para Leyla Güven y Gültan Kisanak (ex alcaldesa kurda sentenciada el mes pasado por la justicia turca a catorce años de prisión por cargos de terrorismo). “El pueblo kurdo ha manifestado claramente su determinación, fe y voluntad. Han expresado su deseo por la paz y la coexistencia de los pueblos”.
Nora Cortiñas:
“En esta lucha se entrega la vida de muchos modos”
La integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas, y la coordinadora de la organización argentina Diálogo 2000, Beverly Keene, llegaron el 1 de marzo a Amed desde Buenos Aires para solidarizarse con los huelguistas y visitar a la diputada Güven. El viaje forma parte de la campaña internacional que demanda el fin del régimen de aislamiento impuesto a Abdullah Öcalan. Cortiñas también mantuvo un encuentro con el movimiento turco de derechos humanos Madres de la Paz y participó, el 2 de marzo, en un foro urgente de solidaridad organizado en Amed por el Movimiento de Mujeres Libres. La militante argentina, que ya visitó Kurdistán con anterioridad, envió el 18 de enero una carta a Güven en la que manifestaba que las Madres llevan “más de cuarenta años de resistencia a las dictaduras, y sabemos por ello que en esta lucha se entrega la vida de muchos modos. Quisiéramos que con esta medida que se está multiplicando en diferentes cárceles no sólo logres realizar un gesto de dignidad y de ejemplo, en un mundo sacudido por la indiferencia, sino también que se alcance el objetivo de la libertad de todos los presos y presas políticas”.
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La murga como memoria, cuerpo e identidad popular
En exclusiva con LCV – La Columna Vertebral / Historias de trabajadores, Coco Romero recorre más de medio siglo de vínculo con la murga como experiencia vital, cultural y política. Desde la infancia atravesada por el carnaval hasta la prohibición impuesta por la dictadura, Romero reconstruye una historia silenciada de la cultura popular argentina: la murga como espacio de felicidad, protesta, memoria colectiva y disputa de identidades. Archivista, investigador y formador de generaciones, reflexiona sobre el cuerpo en la calle, la censura, el clasismo, la tradición carnavalera y el vaciamiento de las políticas culturales, reafirmando a la murga como una práctica viva que resiste y vuelve, incluso después de décadas de prohibición.
LCV: “Bueno, Coco, contame por qué la murga, por qué a vos, digamos, hace 50 años que te dedicás a esta expresión musical.”
Coco Romero: “Porque de niño fui feliz con la murga. Durante la dictadura, en 1976, mediante el decreto 21.329, los militares prohíben el carnaval, que tuvo 36 años de prohibición. Esa prohibición se levanta recién con Néstor Kirchner, entre 2002 y 2011. En ese momento yo estaba con La Fuente, un grupo que tocó durante toda la dictadura, y me pregunté cómo algo que me había hecho tan feliz podía estar prohibido. Entonces escribí una canción llamada ¿Dónde fueron los murgueros? y a partir de ahí empecé a recibir señales constantes. En los años 80 tocábamos y veía pibes bailando como yo bailaba cuando era niño.”
LCV: “¿Dónde creciste? ¿Cómo fue tu infancia?”
Coco Romero: “Yo nací en Salta y mi madre me trajo a Buenos Aires cuando tenía entre un año y medio y dos años. Viví en Coghlan, Belgrano R y Villa Urquiza.”
LCV: “Bueno, chetito eras, ¿no?”
Coco Romero: “No. En ese momento Belgrano R estaba rodeado de pensiones. Yo me crié en el Santa Rosa, un hotel de 120 habitaciones. Éramos muchos niños y tuvimos una infancia muy feliz. La murga era parte de los juegos, de los rituales y de la vida cotidiana. Jugábamos a la pelota y jugábamos a la murga.”
LCV: “La murga como hecho cultural en la Argentina muchas veces fue vista como algo maldito.”
Coco Romero: “Sí. Hubo momentos en que determinados sectores sociales la veían como algo de negros. Tuvo períodos de gloria como discurso contracultural y político. Cuando yo era chico la veía mucho en la provincia, por ejemplo en San Luis. Esas murgas hablaban en contra de los patrones o se vestían como ellos para ridiculizarlos. Era un lenguaje de protesta muy directo.”
LCV: “¿Cuándo se origina ese lenguaje tan primario de protesta?”
Coco Romero: “Después de escribir la canción empecé a preguntar qué era la murga y nadie lo sabía. La respuesta era siempre la misma: los negros de la esquina. Hoy dicen los negros del peronismo o del kirchnerismo. Un pueblo bajo. Yo opté por entrevistar a los viejos murgueros. En 1982 empecé en San Martín y Villa Martelli y me encontré con un universo enorme. Me eduqué mucho con la revista Crisis. En 1975 Mauricio Kartun escribe un artículo muy importante, Del candombe a la murga, que me abrió la cabeza.”
LCV: “Ahí te das cuenta de que la sociedad no tenía idea de lo que era la murga.”
Coco Romero: “Exactamente. Murga era un término despectivo, como cuando se dice que un equipo de fútbol es una murga. Empecé a buscar material, a armar archivo, a recorrer Parque Rivadavia durante 15 o 16 años todos los domingos. Me convertí en un buscador de libros. En una librería de Avenida de Mayo encontré un libro de 1968 de Pedro Orgambide, Carnaval, carnaval. Eso me deslumbró. Después lo entrevisté y entendí que la murga tenía una historia profunda.”
LCV: “Y de ahí surge tu trabajo como autor.”
Coco Romero: “Junté tanto material que amigos me dijeron que tenía que sacar un libro. Así publiqué La murga porteña, historia de un viaje colectivo, Los talleres de murga del Rojas y El universo creativo del carnaval. Yo no sabía escribir, pero escribí. El Fondo Nacional de las Artes me aceptó el proyecto por el lado del folklore, en una época en la que la cultura todavía tenía apoyo.”
LCV: “Hoy pareciera haber una degradación en la política cultural.”
Coco Romero: “Totalmente. Hay dirigentes de cultura que no saben absolutamente nada. No leen, no conocen la cultura popular y no quieren profundizarla, cuando es parte esencial de la historia de los pueblos.”
LCV: “Estuviste más de 30 años en el Rojas.”
Coco Romero: “El primer taller lo di en 1988 y estuve hasta 2009. Treinta y cuatro años. El Rojas fue fundamental. En la etapa democrática, Pacho O’Donnell le encargó a Eduardo Miñoña un trabajo sobre murga y así nació el documental Mocosos y chiflados. El conflicto era claro: un pibe de clase media al que no lo dejaban salir en la murga porque se iba con los negros. Eso es un conflicto de identidad y de cuerpos. La murga está en la calle y eso incomoda.”
LCV: “¿Cómo se eligen los temas y la estética de una murga?”
Coco Romero: “No es un proceso fácil. Nosotros impulsamos que haya un motivo, afinación, poesía. Todo eso ya existe en otros países. Los uruguayos desarrollaron una gramática muy fuerte. La murga gaditana tiene una estructura clara: saludo, cuplé y retirada, con la marcha camión como base rítmica. En Buenos Aires, después de 36 años sin carnaval, es muy difícil lograr organicidad.”
LCV: “El carnaval es una fiesta históricamente resistida.”
Coco Romero: “Es una fiesta prohibida. Momo es la deidad del carnaval, expulsado del Olimpo por criticar a todos. El carnaval es la inversión: el rico se viste de pobre y el pobre de rico. No todos se bancan eso. Por eso molesta. Pero el carnaval siempre va a seguir.”
LCV: “¿Dónde te encuentra hoy la gente que quiere aprender con vos?”
Coco Romero: “Estamos por abrir un espacio en la Fundación Educativa El Sapo y la Rana, en Boulogne, una escuela Waldorf. También me pueden encontrar en redes buscando Coco Romero, Murga y Carnaval. Divulgar cultura popular es una forma de fortalecer nuestra identidad.”
LCV: “Coco, muchas gracias. Vamos a escuchar tu trabajo.”
Coco Romero: “Gracias a ustedes. Primero vamos a escuchar un poema de Roberto Santoro, poeta desaparecido en 1977, Vocales. Después, una canción de la murga Sacala almidón, 14 de mayo.”
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Alberto Nadra: “La resistencia no se declama, se organiza fábrica por fábrica”
En diálogo con el programa La Columna Vertebral de La RZ Radio, Alberto Nadra analizó el paro nacional, el rol del sindicalismo y el impacto de la reforma laboral que se debate en el Senado. Durante la entrevista, sostuvo que la resistencia no puede reducirse a una consigna ni a una medida aislada: debe construirse desde abajo, fábrica por fábrica, barrio por barrio, recuperando la tradición histórica del movimiento obrero argentino. Nadra planteó una crítica tanto a la dirigencia sindical como a la dirigencia política, señalando que la organización en la base y el debate permanente con los trabajadores son claves para enfrentar el actual escenario social y económico. También reflexionó sobre el deterioro educativo, la pérdida de solidaridad y las consecuencias culturales que arrastra la Argentina desde la dictadura de 1976. “Si no organizamos, todo se diluye en el aire”, afirmó, llamando a reconstruir la conciencia colectiva frente a un modelo que —según advirtió— profundiza la desigualdad y la fragmentación social.
LCV: Recién escuchábamos a Hugo Moyano. Más allá de las controversias ideológicas, es un dirigente que ha combatido fuertemente a favor de su sindicato y del movimiento obrero. Tenemos anuncios de paros de las CTA y posiblemente de todas las centrales. El paro del otro día fue fuerte, con alto acatamiento. ¿Cómo lo viviste vos?
Alberto Nadra: Bueno, a mí me pareció un hecho muy importante, una demostración de fuerza necesaria, acorde a la gravedad del tratamiento de esa ley y a la inmensa traición de quienes se dicen representantes del movimiento nacional y popular, particularmente del peronismo, digamos.
LCV: Se criticó mucho a la CGT por si el paro fue o no con movilización.
Alberto Nadra: Bueno, yo creo que es fácil criticar a la CGT o al sindicalismo, pero quiero marcar dos cosas: primero, que la responsabilidad principal de conducir la lucha popular corresponde a los dirigentes políticos y no a los sindicalistas; y segundo, que no se puede reducir la crítica a si el paro fue con o sin movilización, porque eso depende de la coyuntura, digamos.
LCV: ¿Entonces dónde pondrías la crítica principal?
Alberto Nadra: Bueno, la crítica de fondo es que la resistencia se ha reducido demasiado a definiciones teóricas generales; para mí era mucho más importante haber trabajado estos meses en la base del movimiento obrero, en cada fábrica y lugar de trabajo, esclareciendo qué está en juego y organizando un plan de lucha, digamos.
LCV: ¿Cómo se traduce eso en lo concreto?
Alberto Nadra: Bueno, asambleas en las fábricas, discusión con los trabajadores, coordinación de delegados, relación con el barrio, explicarle al vecindario lo que pasa, porque cuando cierra una fábrica el barrio es el primero que lo siente: el almacén, la farmacia, el bodegón, digamos.
LCV: Eso tiene antecedentes históricos muy claros.
Alberto Nadra: Claro, bueno, el movimiento obrero argentino y el peronismo tienen esa tradición: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre se sostuvo con el acompañamiento de todo el barrio de Mataderos, hay que recuperar esa experiencia y asentar claridad en la base sobre a qué nos enfrentamos, digamos.
LCV: Yo coincido, pero en las asambleas se ve mucha falta de empatía. Mucha gente cree que esto no le va a tocar.
Alberto Nadra: Bueno, coincido totalmente, y si me apurás no diría 20 años sino 40; ese vacío fue ocupado por la ideología dominante, por los grandes medios y por un sistema educativo debilitado, digamos.
LCV: El día del paro vi gente yendo a trabajar por miedo.
Alberto Nadra: Bueno, claro, hay una ilusión de que quedándose quieto no va a pasar nada, pero va a pasar igual, porque este sistema no valora al individuo, te reemplaza por otro más barato y más joven, digamos.
LCV: Incluso las búsquedas sobre la reforma laboral crecieron recién después de votarse.
Alberto Nadra: Bueno, sí, tarde, muy tarde, y eso muestra que no hubo un trabajo sistemático de discusión previa en los lugares de trabajo, digamos.
LCV: Vos mencionabas el ejemplo de Camioneros.
Alberto Nadra: Bueno, Camioneros hace trabajo político cotidiano; hablás con un recolector y tiene clarísimo lo que pasa porque discuten permanentemente y sacan conclusiones colectivas, digamos.
LCV: ¿Y qué pasó con experiencias anteriores, como De la Rúa o Macri?
Alberto Nadra: Bueno, no se discutieron en profundidad en la base; cerraron miles de empresas y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, y esa experiencia tenía que discutirse fábrica por fábrica para generar conciencia, digamos.
LCV: Yo pongo mucho el eje en la educación, especialmente en esto de pasar de grado sin aprendizajes reales.
Alberto Nadra: Bueno, coincido plenamente, ese psicologismo barato de “no frustrar” fue devastador; no poner límites es contraproducente y destruyó herramientas básicas como la comprensión lectora, digamos.
LCV: Vos vinculás esto con un proceso histórico más largo.
Alberto Nadra: Bueno, sí, esto es consecuencia de la derrota popular del 76, no solo por los muertos y desaparecidos, sino porque la dictadura destruyó deliberadamente el lazo social y el sistema educativo, y eso nunca se revirtió del todo, digamos.
LCV: Para cerrar, ¿qué esperás de lo que viene: resignación o despertar?
Alberto Nadra: Bueno, yo siempre apuesto a la esperanza, no a volver a algo anterior sino a construir algo nuevo, y el eje central es impedir la aplicación de la ley laboral y volver a organizar desde abajo, fábrica por fábrica y barrio por barrio, digamos.
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Rodrigo Romero, delegado en FATE: “No fue una crisis: fue una decisión patronal”
En el marco del conflicto por el cierre de la planta de Fate, La Columna Vertebral – Historias de trabajadores dialogó con Rodrigo Romero, delegado del SUTNA, mientras se desarrollaba una audiencia con el Ministerio de Trabajo.
Con 20 años de antigüedad en la fábrica, Romero describe no solo la situación laboral, sino también el capital humano, la experiencia obrera y las consecuencias sociales de una decisión empresarial que deja a cientos de familias en la incertidumbre.
LCV: “Estamos en comunicación con Rodrigo Romero, uno de los delegados del sindicato de neumáticos SUTNA. Vamos a hablar de este caso emblemático que puede transformarse en un caso testigo de la debacle de las grandes empresas: el cierre de Fate. ¿Cómo te va, Rodrigo?”
Rodrigo Romero: “Hola, buenas tardes. Acá estamos, tristes, pero dando la lucha.”
LCV: “¿Dónde estás en este momento? ¿Estás en la fábrica?”
Rodrigo Romero: “No, en este momento no estoy en la fábrica. Estamos en una audiencia con el Ministerio de Trabajo y con la patronal.”
LCV: “¿Es una audiencia por Zoom?”
Rodrigo Romero: “Sí, es por Zoom. Estamos esperando el cuarto intermedio y que termine.”
LCV: “¿Cómo la ves venir?”
Rodrigo Romero: “No se ve muy bien la cosa. La fábrica está muy dura. Está todo en discusión. Nosotros esperamos ver qué camino se puede tomar, si se puede conciliar, pero lo único que queremos es conservar nuestro puesto de trabajo, la fuente laboral para todos los trabajadores, de forma colectiva.”
LCV: “¿Está dictada la conciliación obligatoria?”
Rodrigo Romero: “Sí, fue dictada y la fábrica la acató. Por ley deberíamos volver todos a trabajar, pero la patronal dice que nos considera despedidos y que no nos va a dejar ingresar.”
LCV: “¿Cómo era trabajar en Fate?”
Rodrigo Romero: “Yo trabajo hace 20 años en Fate. Cuando entré, en 2006, ya había conflictos. La gente de adentro te advertía que Fate no pagaba bien. Igual, era una empresa grande, con prestigio, donde se ganaba un poco más que en otros lados.”
LCV: “¿Cuál es tu tarea dentro de la planta?”
Rodrigo Romero: “Soy operario. Manejo máquinas de radial auto que fabrican cubiertas 15, 16 y 17. Son máquinas automáticas, semiautomáticas y manuales.”
LCV: “¿Esa experiencia se puede trasladar a otro rubro?”
Rodrigo Romero: “Solo dentro del neumático. Podría trabajar en Pirelli o Firestone, pero siempre en este rubro. Hace 20 años que hago neumáticos, es el único oficio que tengo.”
LCV: “Eso implica una enorme pérdida de capital humano.”
Rodrigo Romero: “Exactamente. Hay compañeros con 20, 30 y 40 años de fábrica. Muchos están físicamente destruidos. Mi hermano, por ejemplo, perdió un brazo por falta de medidas de seguridad. La empresa quiso indemnizarlo y echarlo, pero como sindicato logramos su reincorporación. Él quería seguir trabajando.”
LCV: “¿Cuántos años tenés?”
Rodrigo Romero: “Tengo 44 años.”
LCV: “¿Cómo impacta esto en tu vida personal?”
Rodrigo Romero: “Tengo una hija de 10 años, vivo con mi compañera y sus dos hijos. Alquilo. Pensé que en cinco años iba a poder comprar algo, pero ya llevo 20 y no se pudo. Hace 14 meses que no tenemos aumento. Siempre fue una lucha.”
LCV: “¿Hace cuánto sos delegado sindical?”
Rodrigo Romero: “Hace 9 años. Todos los años era lo mismo: Fate nunca quería dar nada. Lo que logramos fue empatar o superar la inflación hasta que llegó el gobierno de Milei.”
LCV: “¿Qué opinión tienen sobre el empresario y el gobierno?”
Rodrigo Romero: “Creemos que Madanes Quintanilla siempre tuvo acuerdos con todos los gobiernos. Tiene espalda económica. La fábrica está llena de materia prima y las máquinas están listas. Cerraron justo antes de la reforma laboral. Creemos que es una maniobra.”
LCV: “¿Quiénes quedan en el medio de esa disputa?”
Rodrigo Romero: “Nosotros. Los trabajadores. Somos el jamón del sándwich.”
LCV: “¿Creés que la fábrica va a volver a abrir?”
Rodrigo Romero: “Sí, sin dudas. No se puede cerrar una empresa de esta magnitud. El problema es entre el empresario y el gobierno. Los que pagamos el plato roto somos los trabajadores.”

