Planeta Giussani
La V Columna de Laura Giussani Constenla: El zumbido de la tierra
Cuando era chica tenía un pasatiempo estrafalario: podía quedarme largo rato con el oído pegado a la madera de la mesa del comedor. Oía ruidos. Como de fábrica. Imaginaba hombrecitos que trabajaban a destajo adentro de la mesa. Me divertía inventar un universo encerrado en la madera. Podía estar media hora con ese runrun. Como Patoruzú cabeza en tierra con ese raro superpoder que tenía: escuchar a la tierra y saber lo que iba a pasar. Indio tenía que ser.
El ruido de esa mesa siempre me resultó curioso, hasta el día de hoy. Pues bien, resulta que sobre el final del siglo veinte, los científicos descubrieron que la Tierra produce algo que dieron en llamar oscilación libre. Una vibración contínua que suena como un ruido.
El primer grito de alerta vino de Escocia. Un verano, a finales de los 90, Georgie Helop quedó viuda y regresó a su lugar de origen, Escocia. Se instaló sobre la costa, en la ciudad de Largs, cercana a Glasgow. Allí escuchó el zumbido por primera vez. Un ruido que llegaba a enloquecerla, le provocaba hemorragias nasales y dolor de oídos. Curiosamente era más fuerte dentro de la casa que afuera. Pero no sabía de dónde provenía. Investigó y supo que no era la única en escucharlo. Ya en los años ochenta había investigaciones sobre el “zumbido de Largs” . Eso sí, solo una de cada 50 personas en la ciudad lo escuchaba. En su mayoría mujeres.
Así fue que se vino a descubrir que la tierra brama, aulla, habla. O bosteza, eructa, grita, canta. Lo que parecía una superchería se convirtió en una verdad científica. Lograron captar ese sonido metálico, casi marciano, y lo llamaron The Hum, o más poéticamente: el zumbido de la tierra. No tienen idea de qué es o porqué ocurre, pero existe.
En el 2011 consiguieron grabarlo y medirlo en distintos lugares. Y en diciembre de 2017 lo hicieron público de manera incontrovertible: «La tierra está sonando como una campana todo el tiempo», dijo Spahr Webb, sismólogo de la Universidad de Columbia.
Ruidos de baja frecuencia que primero se escucharon en Gran Bretaña y Estados Unidos, luego en geografías tan disímiles como la Antártida y Argelia y en los albores del 2018 se convirtió en certeza: la Unión Geofísica Americana anunció que pudo detectarlo en el suelo del Océano Índico. Fue necesario ubicar cincuenta sismógrafos cerca de Madagascar cubriendo un área de 2000 kilómetros cuadrados, para escuchar ese zumbido que tenía un nivel mil veces inferior al umbral de la percepción humana.
La noticia de semejante descubrimiento, por supuesto, nunca fue tapa de los diarios. Si hubieran existido los ‘mass media’ allá por el 1.500, Galileo jamás hubiera aparecido entre las noticias.
Existe algo que los científicos llaman ‘el zumbido de la tierra’. El zumbido no tiene porqué ser un ruido áspero y continuo, como el que produce algún insecto cuando se pone a revolotear alrededor de la cabeza. Acaso el zumbido que suelta la tierra sea otra cosa. Lindo sería escucharlo, en toda su dimensión, para entrar en sintonía.
Ignoro si ese ruido tiene algo que ver con el que yo escuchaba en la mesa o Patoruzú con su oreja apoyada en la tierra. O el mismo Scalabrini Ortíz con el oído atento al decir del subsuelo de la patria sublevada. Cuántas cosas habrá que no sabemos ver ni escuchar? Quizás solo tenemos que inaugurar un gran canto coral junto a aquellos que vibran y escuchan y viven en la misma frecuencia.
LCV
«Autorrepresentación y mitos de la memoria obrera». Charla con el historiador italiano Camillo Robertini
Camillo Robertini es un historiador italiano que tuvo un intercambio universitario en Argentina y eligió para su tesis de doctorado la historia de la Fiat en Argentina. Hijo de una familia de izquierda, llegó al ‘país de las revoluciones’ con una mirada impregnada de imágenes del Cordobazo o el Rosariazo, de puebladas y rebeliones. Comprobó que había cantidad de estudios, ensayos y bibliografía sobre la lucha obrera en nuestro país. Curiosamente, nadie apuntó su mirada hacia aquellos trabajadores que no fueron igual de combativos. Cuyos líderes no eran Tosco, Piccinini ni Ongaro.

Cómo entender lo que pasó en el país si nadie estudiaba a ‘los otros obreros’? Los que no estaban dispuestos a dar sus vidas por la revolución. Eligió la planta de Palomar de la FIAT, cuyos delegados obedecían al vandorismo en los sesenta. Entrevistó a decenas de obreros, consultó archivos estatales, militares, policiales, empresarios, tanto argentinos como italianos, y escribió «Erase una vez la Fiat en Argentina (1964-1980)». Un material imprescindible para comprender el ascenso y caída del desarrollismo, el mito del progreso o del ascenso social. Aquí la versión completa de la charla realizada por Zoom por Laura Giussani C. desde el corazón de Italia, su centro geográfico en Umbria, y el profesor Robertini desde el sur profundo, en Messina.
En tiempos de Reforma Laboral, mientras Patricia Bullrich arenga empresarios para volver a aquellos buenos tiempos en los que cada fábrica negociaba con el sindicato local, y la FIAT Palomar tenía una dirigencia por demás dialoguista, en donde los obreros respondían a la propaganda del buen empresario paternalista que los invitaba a formar parte de una gran familia, que se jubilaba en el mismo establecimiento en el que había obtenido su primer trabajo, mientras la policía provincial realizaba informes sobre posibles organizadores subversivos. En esa planta ‘no combativa’ igual fueron secuestrados 14 obreros. Una entrevista sin prejuicios, que nos ayuda a entender que buena parte de esa clase media argentina, que apoyó el golpe, estaba conformada por obreros e hijos de obreros, también. Muchos de los cuales entraron a formar parte del país pobre y endeudado que los militares dejaron y la democracia no quiso o no pudo revertir. Hoy el 50% de los habitantes no ganan lo suficiente para comprar una canasta básica. Por eso, tenemos que revisar nuestra historia, no apelar sólo a la memoria. Agradecemos a Camilo Robertini por ayudarnos en este recorrido.
Internacionales
El día que todos gritamos «No al Rey».
Planeta Giussani desde Italia. El día que todos gritamos No King. No sólo en Estados Unidos, en varios países europeos también. Roma tuvo la marcha más grade de la región, con 300.000 personas en Roma y una convocatoria a 10, 100, 1000 plazas que se hizo sentir en ciudades y pueblos. Aquí el relato de Laura de una ‘giornata particolare’
LCV
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
El año pasado, una investigación especial de LCV echaba luz sobre las características de Agustín Laje y otros personajes que impulsan el discurso de la memoria completa, educados por el Opus Dei y una escuela de anti-insurgencia del Pentágono. Más allá de las ideologías, como concepto es inadecuado pensar en una ‘Memoria Completa’.
La búsqueda de una explicación única y absoluta, buscar una ‘completitud´de la memoria es simplemente imposible. Alguien decía por ahí, «las cosas no son como son sino como se las recuerda». Tampoco es acertado analizar lo que significó el golpe militar sin darle una proyección histórica. No basta la memoria, aún si la Historia tampoco es completa, al menos se basa en documentación que puede ser contrastada o complementar los conocimientos ya adquiridos. En este caso, carecemos de documentación por estricta decisión del gobierno militar que no aportó los datos necesarios para dar con los desaparecidos.
Si hablamos de razones históricas, disputar entre números de muertos no sólo es mezquindad asesina, también inconducente -inútil repetir que no es lo mismo la acción de grupos revolucionarios o sectores de oposición que la violación sistemática de reglas elementares de humanidad de parte del Estado-. Sin mencionar que era un gobierno ilegal que se apropio de todos los recursos del Estado gracias al apoyo de los grandes grupos económicos, sectores eclesiásticos y la venia de Estados Unidos que aportó su escuela de la Américas para enseñar los últimos avances en represión y tortura. Un horror por dónde se lo vea.
El tema es porqué necesitaron utilizar esa crueldad. Es cierto que todos sabíamos que se venía un golpe. Algunos lo esperaban con alivio, otros pensaban que formaría parte de la ya conocida experiencia de gobiernos militares en el país desde el año 1930 en adelante. Nadie -nadie- imaginó que habría campos de concentración en Argentina, con un plan de tortura y persecusión de una crueldad inenarrable. Tanta fue la perversidad, que dejaron que algunos de los sobrevivientes de las catacumbas salieran y pudieran contar lo que allí ocurría. Necesitaban sembrar el terror, y lo hicieron. Para qué?
