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Gringo Castro: “La CTEP es un sindicato, y como tal, no juega en política”

El concepto de Economía Popular es uno de los más novedosos en el escenario político argentino. Reconoce un mundo que ha modificado su estructura social en el que un gran porcentaje de trabajadores ya no se identifican con el característico obrero del siglo pasado. A partir de esta realidad nace una estructura que reúne organizaciones de diversa orientación política o ideológica, y que ha logrado a lo largo de los años conformar una unidad de lucha casi inquebrantable. Movimientos territoriales, cooperativas, desocupados, kirchneristas, antikirchneristas, autónomos, izquierdistas, sectores ligados a la Pastoral Social o simplemente grupos vecinales.

¿Cómo lograron mantener unida semejante heterogeneidad? El Gringo Castro no tiene dudas, desde un principio marcaron el límite: “Si vos sos metalúrgico y estás en el sindicato de la UOM vos no es a través del sindicato que vas a ser candidato a algo. Nosotros somos un sindicato, el que juega en la política no lo hace como sindicato. Por ejemplo, el caso de Juan Grabois, el organizó un Frente, el Frente Patria Grande y de ahí juega en política. Después, los medios de comunicación quieren hacer creer que es la Ctep que juega en política pero esa es una estrategia del poder para dividir internamente a toda organización. Porque ése es uno de los primeros acuerdos que tuvimos para organizar la Ctep: iba a ser un sindicato. Por ejemplo, yo soy secretario general y soy militante del Movimiento Evita, yo podría trabajar en términos políticos pero hemos decidido que no, yo soy secretario general, sí puedo trabajar en términos políticos en el sentido que si los partidos políticos no construyen una unidad el pueblo va a terminar pensando que son unos traidores, le va a pegar a todo el mundo por igual, no va a hacer distinciones. Hay una responsabilidad enorme que es construir una unidad lo suficientemente amplia para que se pueda presentar una alternativa a este gobierno de hambre y de miseria. Y nosotros, los sectores vinculados al trabajo, hemos logrado niveles de unidad para la lucha que todavía los sectores políticos no han logrado”

 

 “Nadie quiere ser pobre, yo quiero que todos tengamos la posibilidad de tener un aire acondicionado o condiciones dignas

 

Ese parece ser el secreto que ha permitido en todos estos años caminar juntos a organizaciones tan distintas como el Mov. Los Pibes, la FOL, el Frente Darío Santillán, la Garganta Poderosa, Mov. La Dignidad, sectores de la Iglesia, o movimientos de desocupados como la UTD de Mosconi. Multitudinarias marchas junto a la CCC y Barrios de Pie están allí para demostrarlo. “En argentina tenemos un 35% de trabajo no registrado y en Mexico o Brasil es más del 65%, y el nivel de violencia allí es mucho mayor, por eso me salió decir la idea de ‘genocidio social’, no sé si es la más adecuada pero cuando empiezo a ver la muerte de trabajadores en situaciones evitables pienso que si el gobierno o cualquier gobierno que vengan toman nuestra idea de Economía Popular la cosa sería distinta.  Queremos que haya millones de compañeros con tierras para producir alimentos que se incluyan en la soberanía alimentaria, pero es difícil porque los grandes monopolios no quieren saber nada de eso”

“Nosotros nos reconocemos como un sindicato, luchamos por las conquistas de miles de trabajadores que no están siquiera reconocidos como tales”

 

Un diálogo con Nora Anchart y Laura Giussani Constenla que profundiza conceptos, quince minutos imperdibles para intentar comprender. Pasan por la charla ideas del marxismo, la definición de lo que el poder quiere hacer creer que es ‘trabajo genuino’, entre otras cuestiones. Rechazó de plano las perversas críticas que consideran que ellos ‘necesitan de los pobres para mantenerse’. Nada más alejado de sus objetivos. “Nadie quiere ser pobre, yo quiero que todos tengamos la posibilidad de tener un aire acondicionado o condiciones dignas, insisto, soy peronista, quiero lo mejor para los trabajadores”.

También repasamos su relación con la ministra Stanley y el gobierno. ¿Entendía antes o entiende ahora la ministra las cuestiones de desarrollo social? “No sé si entendía antes. A mí lo que me importa es lo que hace en la práctica. El ministerio de Desarrollo Social toma la ley de Emergencia Social y de unidades productivas, cosa que es muy difícil porque hay que promover también un compre nacional, o provincial o municipal de la economía popular, algo bien complicado. Y después pasan a un programa que se llama ‘Haciendo Futuro’ o algo así -me parece tan malo el programa que no me acuerdo ni el nombre- que es como decir ‘bueno muchachos, ustedes no están capacitados, entonces vayan a capacitarse, terminen la primaria y la secundaria y te doy el salario social complementario, que servía como complemento salarial del trabajo que hacían compañeros y compañeras, y ahora te digo: tenés que ir a estudiar. No está planteado como ‘organicemos formas educativas que tengan que ver con los compañeros de las organizaciones populares. Y a veces no es ni siquiera fácil que los compañeros encuentren escuelas de adultos y se quedan sin el papelito de inscripción que les permite cobrar”

Hay quienes desconfían de los logros que su organización consigue, como la Ley de Barrios Populares que otorgará títulos de propiedad a los habitantes de los asentamientos. Siempre existe un suspicaz que imagina algún acuerdo con el gobierno. Nada más alejado de la realidad, insisten que eso se logró con lucha y movilización. “Si un sindicato le arranca una buena paritaria a la patronal nadie piensa que está de acuerdo con los patrones, pues bien, con nosotros pasa lo mismo, solo que nuestro interlocutor es el Estado”.

Escuchá la entrevista completa:

https://soundcloud.com/user-106881388/grabois-tiene-todo-el-derecho-de-fundar-su-movimiento-pero-sus-posturas-no-representan-a-la-ctep

 

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

entrevista emitida en la columna vertebral del 23 de marzo de 2026

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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