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“La desigualdad es un gran causal de enfermedad”

¿Cómo surgió el coronavirus? ¿Qué propició su contagio global? ¿Cómo se detiene? Para responder estas preguntas, La Columna Vertebral decidió charlar con el bioquímico Horacio Micucci quien se refirió al destino de esta pandemia, su origen y qué nos enseña sobre el sistema en el que vivimos.

Para comenzar, el doctor se refirió al nacimiento de las epidemias como consecuencia de que existan las “condiciones sociales” aptas para que los virus se desarrollen, y destacó que la prevención se basa justamente en evitar que se desarrolle un ambiente favorable para el crecimiento de las bacterias y virus.

-En los últimos días volvió a salir una conferencia de Bill Gates, una de las fortunas más grandes del mundo, a quien no podemos acusar de zurdo o populista. En esa conferencia él decía: ‘¿vamos a seguir gastando dinero en prevención atómica contra otra potencia, o vamos a dedicarnos a tener un sistema de salud que incluya a todo el mundo? Prevengamos porque puede venir otra epidemia’. Eso lo dijo en 2015, y a fines de 2019 tenemos otra.

LCV: Se dice que todo nació con animales salvajes, un murciélago… ¿Cómo se forman las epidemias?

-A eso me refiero cuando digo que todo se puede prevenir. En el sudeste asiático hay una población que vive con animales domésticos y cerdos. El ave silvestre tiene virus que puede contagiar en sus migraciones a aves domésticas. A su vez, estas pueden contagiar al cerdo, que es como una mezcladora. Pueden surgir especies modificadas de virus que puedan atacar al hombre, porque es como si fuera un intermediario. Si yo tengo poblaciones que viven intensamente juntas, mezclado con los animales, será muy pintoresco pero es peligroso. En esos lugares, que tienen esas condiciones de vida que tienen que ver con la desigualdad social en el mundo, porque no es lo mismo vivir en Puerto Madero que en una villa del Conurbano profundo, tengo un terreno fértil para muchas enfermedades (…) Con el Ébola, los más pobres llegaron a lugares marginales y se encontraron con monos y murciélagos que transmitían la enfermedad. En esa mezcla del hombre pobre en una zona donde entra en contacto con virus que antes no estaban se produce el primer contagio y después se difunde.

“LA VACUNACIÓN TIENE QUE BUSCAR A LA PERSONA”

Por otra parte, Micucci se refirió a la importancia de la vacunación para mantener a raya las enfemedades ya vencidas y evitar que vuelvan a ser un problema.

-La vacunación tiene que buscar a la persona. Si yo digo ‘se vacuna de 10 a 12’ y una mujer que trabaja y tiene chicos va el primer día y le dicen que no hay vacunas, va dos veces y después tiene que faltar al trabajo, al último no lo lleva. Entonces fracasa la vacunación. Para que haya pasado el sarampión tiene que haber habido desidia en la colocación de esa vacunación. Cuando yo era pequeño, la vacuna me buscaba a mí en el colegio y me vacunaba (…) El ajuste mata. Uno escucha un periodista hoy diciendo ‘¿cómo no han previsto esto?’ y al otro día dicen ‘bueno, el déficit del Estado hay que resolverlo’. ¿Cómo lo van a resolver? ¿Bajándole el sueldo a jubilados, al obrero que gana una miseria, bajar el presupuesto de salud y educación y después pagamos la deuda?

LCV: Hay muchos que con este virus piensan: ‘esto le va a pasar a los gerontes, a mí no porque soy joven y bello’. ¿Desmitificamos eso?

-Las normas que se están pidiendo son muy simples. Ustedes se dan cuenta que todo el tema es el siguiente. Primero se produce el inicio de los casos exóticos. Tenemos un grado de contacto por el cual se produce el caso extranjero, que entra y contagia. Y después viene el contagio interno. ¿Vio cuando crece un río, que uno lo ve normal y de pronto viene la correntada? Uno puede tener un sistema de salud que atienda a la media de riesgo posible, o uno puede tener un sistema de salud que prevea lo imprevisible. Heráclito decía, ‘quien no espere lo inesperado, no podrá prevenirlo’. Si yo tengo un sistema de salud pensado para la “normalidad”, en cuanto pase la normalidad yo voy a estar en problemas (…) Hoy tenemos el virus en Argentina. Es importante la idea de estudiar las condiciones de la población para entender que un mundo con tal desigualdad es inviable. Hay que terminar con la desigualdad, que es un gran causal de enfermedad (…) Tenemos que evitar que el aluvión que viene, que después del contagio externo viene el interno, supere nuestro desvencijado sistema de salud, que tiene una historia de abandono, de decir ‘bueno, sobra personal, paguémosles poco y si no les gusta que se vayan’. Entonces después pasa lo que está pasando en Italia. Usted tiene una cantidad de respiradores, y hay enfermedades que están. Si usted calculó para lo que está y no para lo que puede venir, se encuentra que va a tener que elegir entre si se salva esta persona joven o esta mayor. Se está haciendo, en los hechos, eutanasia. Eutanasia por ajuste.

“SE ESTÁ HACIENDO UNA EUTANASIA POR AJUSTE”

Sobre la suspensión de clases, Micucci manifestó la importancia de las escuelas como sostén de los niños más pobres, quienes no tendrían donde ir y podrían quedar en cuidado de sus abuelos, que son población de riesgo. Sin embargo, reconoció que no todos los establecimientos educativos están preparados sanitariamente para continuar con la actividad, y destacó que existe un actor social que podría realizar un relevamiento sobre quiénes pueden y quiénes no: los movimientos sociales.

-Es una de las cosas que estamos viendo. El movimiento de Los Cayetanos, que es la CCC, el Movimiento Evita, es un movimiento de alta organización que tiene un conocimiento capilar de los barrios. Hay que apelar a ese movimiento, a las organizaciones del movimiento obrero (…) Quiero hacer notar una cosa. Siempre que ocurrió algo como esto, el primero que colapsa es el sistema privado, y el sistema de salud golpeado, abandonado, sin presupuesto, es el que le pone el hombro. Es hora de que pensemos en un sistema público, de atención gratuita, igualitaria y eficiente, paguemos los sueldos que hay que pagar y pongamos los trabajadores de salud necesarios en esos lugares (…) Esto es como un ensayo general de guerra. Las invasiones inglesas son un virus. Pongamos en marcha lo popular y lo profesional integrado para vencer este ataque.

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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.

Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.

¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.

LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.

Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?

Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.

LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?

Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.

LCV: ¿Todavía duele?

Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.

LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?

Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.

LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.

Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.

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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”

El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.

LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.

Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.

Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.

LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?

Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.

No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.

Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.

LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?

Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.

También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.

LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?

Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.

Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.

LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.

LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.

No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.

LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?

Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.

Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.

LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…

Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.

LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?

Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.

Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.

LCV: ¿Dónde se puede ver la película?

Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.

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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe

Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990

Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.

Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.

A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.

En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.

Otro abrazo.

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