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Grecia: el día en que se incendió el infierno
* Carlos Iaquinandi Castro / Redacción de SERPAL
El pasado 8 de septiembre, en pocas horas, el fuego destruyó gran parte de campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos. Allí se hacinaban desde hace cinco años unos 13.000 hombres, mujeres y niños que habían escapado de sus infiernos particulares, sus propias patrias, asoladas por guerras ajenas, invasiones o déspotas. El elemento común, la inseguridad, el hambre y la falta de futuro. Europa ausente ante un problema que no solo le incumbe, sino del que en gran medida es responsable. Los gobiernos y los grandes medios olvidaron ese drama. Como dijo Marco Sandrone, voluntario de MSF ( Médicos Sin Fronteras), “para que el infierno sea noticia tiene que arder”. Y así fue.
Una catástrofe anunciada
El amanecer siguiente sorprendió a miles de los refugiados queriendo dirigirse a Mytilini, la ciudad más próxima. Pero la policía que les cortó el camino fue màs rápida incluso que los bomberos, y les cerró el paso. Se dispersaron por las colinas, y las cunetas de las carreteras. Los voluntarios de MSF llevan cinco años denunciando que en cualquier momento se podía producir una catástrofe. En ese lapso, las condiciones han sido pésimas y salvo la esperanza, ha faltado de todo.
El peso de la asistencia recayó en organizaciones solidarias. La ONG vasca Zaporeak, ha estado preparando 3.000 raciones diarias de comida. Pero el pasado miércoles tuvo que cerrar su cocina por el incendio y por los casos de coronavirus. El fuego destruyó también el hospital que habían donado los holandeses y que era utilizado por los sanitarios de MSF. En los días siguientes, los refugiados reclamaron poder salir de esa isla y evitar que los recluyeran en un nuevo campo que denominaban ”de concentración”. Pero el gobierno griego insiste en que deben quedarse en la isla, salvo unos 400 menores que estaban allí sin sus padres ni mayores que les acompañaran y que fueron trasladados a la zona continental. Para eso comenzaron a levantar tiendas de ACNUR, repitiendo una nueva provisionalidad.
Europa sigue ciega y sorda.
Los gobiernos europeos durante cinco años se han desentendido del problema, no diseñaron ningún plan para terminar con esta tragedia en episodios y tampoco parece que vayan a hacerlo ahora.
Es necesario recordar que este campo de refugiados incendiado, se levantó en el 2015, cuando miles de personas originarias de varios países, huían de guerras, represión, hambre y miseria. De Siria por una guerra que dura varios años, y en la que un conflicto interno provocó la intervención militar de varios países. Entre ellos Estados Unidos, Rusia, Turquía, varios grupos yihadistas Reino Unido, Francia, Irán, Alemania. En forma activa con bombardeos y tropas o en el abastecimiento militar a algunas de las fuerzas sirias en pugna. Eso provocó desplazamientos internos y huídas al exterior de casi 11 millones de personas, la mitad de sus habitantes. Pero luego fueron afganos , sudaneses, iraníes, congoleños… El primer país receptor en el dramático y complicado trayecto hacia Europa fue Turquía. En los primeros meses, decenas de miles cruzaron el Mediterráneo hacia Grecia, muchos de los cuales murieron ahogados. ONGs como la catalana Open Arms rescataron a miles que fueron llevados no sin dificultades a puertos seguros.
Turquía recibe dinero para que retenga a los refugiados
Los países europeos incumplieron sus propias reglas fundacionales sobre el derecho de asilo y comenzaron a cerrar fronteras, hostigando a las columnas de hombres, mujeres y niños. En otra operación vergonzosa, la Unión Europea encargó finalmente a Turquía impedir el cruce hacia Europa y hacerse cargo de los refugiados que llegaban a ese país a cambio de tres mil millones de euros, de los cuales España también fue país aportante. Varios millones de sirios quedaron retenidos y controlados por el gobierno turco viviendo en condiciones precarias, muchos en maquilas como mano de obra barata. Los que consiguieron llegar a Grecia, quedaron recluidos en Lesbos, sin perspectiva alguna sobre su futuro.
“Una Europa cruel, cínica y despiadada”
Marco Sandrone, uno de los voluntarios de MSF, explica: “Las tensiones de estos días en la isla de Lesbos demuestran una vez más el fracaso de Europa. Una Europa cruel, cínica y despiadada ante al destino de hombres, mujeres y niños que huyen de conflictos, como el que está ocurriendo en Siria. Es una total inconsciencia continuar fingiendo no entender lo que está sucediendo en Lesbos” Y añade luego: “la situación que vivimos aquí todos los días no es muy diferente de la de una zona en conflicto, una guerra que se libra contra la dignidad, los derechos humanos y la resistencia de quienes huyen en busca de seguridad. En Europa, un continente teóricamente seguro, hemos elegido deliberadamente mirar hacia otro lado”.
El papel de los medios de comunicación
Pero no solo los gobiernos prefieren ignorar estos dramas humanitarios de los cuales son responsables por acción y por omisión. Muchos medios de comunicación solo recuerdan Lesbos cuando la dimensión de una tragedia quiebra esa amnesia voluntaria. Y lo suelen hacer con lamentos, como si fuera un suceso fortuito o incluso producto de la insensatez de las víctimas. La mayoría de los medios comerciales no informan; manipulan, ocultan, y tergiversan todo lo que se refiere a los éxodos de los hombres y mujeres que huyen de sus países de origen por razones de supervivencia. Califican de “problema” a la migración, pero ocultando que son la consecuencia de las intervenciones coloniales o expansionistas para apropiarse de recursos ajenos.
¿Y el derecho de asilo ?
Esos refugiados solo quieren dejar de ser prisioneros “sine die”, recuperar su libertad y ejercer el derecho de asilo que fijan las leyes europeas. Gran parte de esos principios humanitarios y hasta de sentido comùn, han sido abandonados gradualmente por unas prácticas insolidarias, egoístas y alimentadas por los partidos y movimientos de extrema derecha. A veces, las claves de la tragedia están en las pequeñas cosas cotidianas. Como cuando un niño pequeño pregunta mirando a su familia: “¿vamos a ser prisioneros para siempre? ”. Por ahora, Europa sigue ciega y sorda. Si lo aceptamos en silencio, nos convertiremos en cómplices.-
*Carlos Iaquinandi Castro, redacción de SERPAL.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
Archivo
Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.

